• “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.” 2 Pedro 3:10 RVR1960

    El apóstol Pedro nos relata con detalle erudito, desde la sencillez del pescador; aspectos de la geofísica que hoy conocemos mejor.

    La palabra “elementos” en este texto alude a los átomos, partícula más pequeña de la materia que es fundamental para todo lo que existe. Estos “elementos” o materia constituyente arderá, se fundirán por el calor intenso. En este proceso de fundición, dice Pedro que estos elementos (composición atómica) serán “desechos”.

    La palabra “desechos” es una traducción que en su original significa entre varias acepciones: liberar, soltar o desencadenar. Un concepto propio de la física nuclear. Una explosión atómica es la liberación de energía a partir del “desencadenamiento” de los átomos.

    Es indudable el cataclismo del universo, pero no debemos perder de vista que el control del universo no está en manos de ninguna potencia mundial ni de ninguna milicia. Dios mismo hará que esto suceda porque él es el soberano. Aunque quizá sucederá a través de los avances nucleares armamentísticos.

    El propósito de Pedro al describir con exactitud lo que hoy vemos con nuestros propios ojos, fue y es hacer un llamado vehemente a la santidad y la piedad.

    “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,” 2 Pedro 3:11 RVR1960

    Consagración significa dedicación a Dios o apartados para Dios. Santidad es consagración (separación y dedicación) de nuestra vida, nuestro tiempo y nuestros recursos para Dios y su plan en esta tierra. Piedad es consagración del carácter cristiano, o sea, es nuestro comportamiento.

    La santidad y la piedad, no están diseñadas para ir al cielo (para salvación) aunque son un distintivo o fruto de la obra regeneradora del Espíritu Santo en los salvos. Así que, están diseñadas por Dios para que los creyentes vivamos en la tierra, como ciudadanos del cielo. Por eso la expresión de Pedro es exclamación… ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!

    El día del señor es tan incierto en fecha y hora, como la llegada de un ladron. Pero seguro, muy seguro que vendrá, trayendo esperanza a los salvos y destrucción a los incrédulos.

    ¿Y si viene hoy estás preparado-a? Solo los hijos e hijas de Dios escaparán del cataclismo relatado por Pedro.

  • Este tema es importante porque el evangelio nos invita a las buenas obras. Debemos delimitar en el contexto bíblico lo que son las buenas obras y diferenciarlas de ese “halo” de bondad humanista que se cierne sobre la humanidad que se cree buena, pero no le es. La biblia es contundente en señalar que no hay nadie justo o bueno (Salmos 14:3 / Romanos 3: 10-12). Precisamente las buenas obras, tienen que ver con ser justos ante Dios. El punto de vista del Salmista y de Pablo al decir que no hay ni una sola persona que haga el bien, no excluye que fuera de la fe hay gente bondadosa y de buenas costumbres; lo que señala es que esas personas tienen su propia visión de bondad y por tanto su propia agenda y no la de Dios. Si fuésemos salvos por obras, esas personas serían salvas también porque son gente de bien, pero sabemos que no es así. De hecho, la biblia llama a los que no hacen bien: malhechores, malos, malvados, perversos, inicuos, etc.

    Así que tenemos tres categorías a distinguir: Los malos o perversos, las personas de bien, y las personas justas ante Dios; a la cual pertenecemos los creyentes que hemos nacido de nuevo en el Espíritu.

    Si usted leyó el último artículo acerca de la ley de la generosidad, es importante que conecte estos estudios. Porque justamente mi objetivo es complementarlos, ya que hablábamos que Dios nos proveerá de toda clase de bienes y bienestar acorde a su criterio santo, y que nos dará hasta que sobre; para que nosotros participemos de toda buena obra. Pues estas buenas obras están relacionadas a la tercera categoría, la de ser hijos de Dios (Los creyentes nacidos de nuevo).

    Somos creación de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios de antemano ya había planeado. Efesios 2:10 (RVR 1960).

    Pablo a los hermanos en Éfeso y a todos los creyentes, nos explica en el capítulo dos de Efesios, que fuimos salvos por gracia y no por obras buenas que pudiéramos hacer nosotros. Luego hace referencia a las “Buenas Obras”. Pero son aquellas que Dios había preparado de antemano para que cada uno de sus hijos e hijas una vez salvos, camináramos en ellas. Debemos notar claramente que aquí Pablo expone las dos creaciones de Dios:

    1. “Somos creación de Dios”: es una frase referente a la creación universal, donde el hombre y la mujer fueron creados a su imagen y semejanza.
    2. “Creados en Cristo”: es una frase que refiere al nuevo nacimiento por la fe en Cristo Jesús el hijo de Dios, único medio de salvación.

    Cada creyente tiene un camino diseñado para su peregrinar hasta la eternidad futura. Es en esta voluntad específica de Dios para usted y para mí, que debemos estar atentos para aplicar nuestra generosidad. Recuerde que la generosidad no es monetaria en primera instancia, es afectiva, o sea, es producto del fruto del Espíritu Santo en nosotros (amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza). Tenemos la provisión necesaria para ser generosos en todos estos frutos para con los demás. Hay para nosotros y para nuestros hermanos y aún para los de afuera. La manera de ministrar este fruto a otros, tanto en casa, como en la iglesia y los demás ambientes espacio-tiempo, es por medio de los ministerios o talentos que Dios nos ha dado para administrar. Por eso, la carta a los hebreos también nos llama al estímulo entre los hermanos para que esta fórmula sea funcional:

    “y estimulémonos mutuamente en la práctica del amor y de las buenas obras”. Hebreos 10:24 (La Palabra Hispanoamericana)

    Otra vez podemos hacer dos acepciones de este texto:

    1. Estimulémonos mutuamente a la practica del amor”: esto es la provisión personal que Dios nos da para nuestras necesidades propias. Comprende entonces nosotros mismos y nuestras familias de sangre y de fe. Hasta este punto no estamos usando los recursos extras que Dios nos da. Tenemos la obligación y no la opción de practicar el “ágape” en la familia. No compartir con la familia nuestro tiempo, amor, bondad, solidaridad y otros recursos de múltiples formas, es fallarle a Dios.
    2. Estimulémonos mutuamente a las buenas obras”: ahora sí estamos hablando de los recursos extra que Dios nos provee.

    ¿Cuáles buenas obras? Las que Dios preparó de antemano para que los nacidos de nuevo anduviésemos en ellas.

    Tenemos sin duda una grande responsabilidad con nuestros bienes y beneficios recibidos de parte de Dios. Usted sabe que el mundo sin tomar en cuenta a Dios hace lo que quiere con sus recursos, pero usted y yo no deberíamos seguir ese camino. No obstante, los creyentes hemos fracasado casi todos en esto. Hemos sido malos mayordomos. Pero Dios sigue esperando nuestra obediencia. No debemos olvidar que Dios nos da primeramente para nuestras propias necesidades, y luego nos da un poco más para apoyar “sus obras”, no las del mundo.

    Jesús dijo claramente que el mundo amará los suyo, eso significa que será bondadoso con su propia agenda:

    “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”. Juan 15:19 (RVR 1960)

    Es bueno concluir entonces con un desafío directo a su vida creyente. Si usted no está aportando tiempo a la obra de Dios, si usted es incapaz de ser solidario-solidaria con el menesteroso, con las viudas y los huérfanos (representando a los más necesitados), si usted es incapaz de amar al extranjero que deja su propia patria no por gusto sino por necesidad, entonces usted está en pecado de omisión a la voluntad de Dios para su vida, no se sienta condenado o condenada al infierno, pero siéntase un mal hijo, una mala hija.

    Si no aportamos oración y finanzas a la obra misionera global, seremos traidores del plan de Dios, para la salvación del mundo. Una vez más, no cargue condenación por eso. Pero es alta traición al reino de Dios.

    Contexto Bíblico

    Este es el año de la restitución (de volver a darle a Dios) si usted se lo propone. Dios te ama, Dios nos ama y por eso nos habla con rudeza para que nuestra “dura cerviz” sea ablandada.

  • Las leyes universales de Dios son el soporte de todo cuanto existe. Hay leyes físicas por medio de las cuales el universo existe en equilibrio y hace posible la vida. Pero también hay leyes espirituales que rigen la pre existencia, existencia y eternidad de la humanidad. Ignorar estas leyes es razón para consecuencias, que en muchas ocasiones terminan siendo graves.

    Así como las leyes de la física no están escritas en un manual, sino que al hombre le fue dada la inteligencia y potestad de descubrirlas y registrarlas, las leyes espirituales también fueron registradas. Los libros de ciencia dan fe de las leyes de la física, la Biblia da fe de las leyes espirituales.

    Hoy les invito para que juntos repasemos una de estas leyes espirituales:

    «Dios puede darles a ustedes con abundancia toda clase de bendiciones, para que tengan siempre todo lo necesario y además les sobre para ayudar en toda clase de buenas obras»

    2 corintios 9:8 DHH

    Es una ley que conocemos como: “La ley de la Generosidad” (La Ley de la Siembra y la Cosecha). Y es ley por cuanto sus axiomas o verdades son universalmente válidas, son rectoras (sostienen y gobiernan) No olvidemos que ley o principio, rige todas las áreas de nuestra vida, dándonos esa naturaleza integral.

    1. Primer Axioma: “Dios puede darnos con abundancia toda clase de bendición”. ¿Puede Dios hacerlo? Sí, pero como todo principio físico o espiritual, está condicionado. La abundancia que Dios nos puede dar está condicionado a demandas diseñadas especialmente para hijos e hijas de Dios. Ejemplo: La obediencia es una condición, la fe es una condición, la paciencia es una condición, etc. Por lo tanto, no dudemos de lo que Dios puede hacer, aunque sí, podemos dudar de nuestra perseverancia.

    2. Segundo Axioma: “Dios quiere darnos lo necesario, hasta que sobreabunde”. Una vez más Pablo les deja muy claro a los hermanos de Corinto (y a nosotros), que Dios está pendiente de nuestras necesidades básicas. A la luz de la Palabra de Dios, nuestras necesidades están cubiertas, pero debemos interpretar con cuidado qué es “una necesidad básica” en nuestra vida, porque solo así aprenderemos a ser agradecidos con Dios. Quizá necesitamos agradecer mas y pedir menos.

    3. Tercer Axioma: “Dios nos manda a usar lo que nos da demás, en toda buena obra”. Es importante que sepamos discernir las “buenas obras” a las que el Señor nos está llamando. La envoltura religiosa no es siempre el mejor indicio de que sea una buena obra para nuestra generosidad. Es importante a estas alturas comprender que la generosidad específica; a la que Pablo estaba exhortando a los hermanos de Corinto, era de carácter económico y emocional. En su carta habla de una ofrenda monetaria envuelta en amor y no en la envoltura de la necesidad ni mucho menos de una mala actitud.

    Por lo tanto, hay un propósito cuando te percatas que te queda dinero extra.

    Porque aparte de la generosidad monetaria, esta ley se circunscribe a otras necesidades humanas como las emocionales. Debemos ser generosos en amor, en fidelidad, en paciencia, en bondad, en servicio, en gentileza, también con nuestro tiempo, en cuidar de otros que lo necesitan, con los débiles, etc.

    Porque al llevar esta ayuda a los hermanos, no solamente les llevamos lo que les haga falta, sino que también los movemos a dar muchas gracias a Dios. Y ellos alabarán a Dios, pues esta ayuda les demostrará que ustedes obedecen al evangelio que profesan, al evangelio de Cristo. También ellos honrarán a Dios por la generosa contribución de ustedes para ellos y para todos. Y además orarán por ustedes con mucho cariño, por la gran bondad que Dios les ha mostrado a ustedes. 2 corintios 9:12-14 DHH

    Así concluye Pablo su disertación a los hermanos, expresando que aquello es más que dinero, ropa y comida. Es alegría, contentamiento y gratitud de los hermanos receptores.

    Pablo nos recuerda a todos, que antes de dar apreciemos el regalo más grande jamás ofrecido y recibido, que es Cristo:

    ¡Gracias a Dios, porque nos ha hecho un regalo tan grande que no tenemos palabras para expresarlo! 2 corintios 9:15

    ¿Existe alguna razón para dudar de la generosidad? Ninguna.

    Si eres de los que cree que la gente se aprovecha de tu generosidad, estás sintonizando en la actitud incorrecta. Solo gira un poco la perilla y sincronízate con esta ley espiritual: “Siembra generosamente, recibirás generosamente para seguir sembrando”.

    Fija bien el propósito de la siembra (de tu generosidad). No es para recibir más, sino para poder ayudar solidariamente a otros. ¡Ese es el propósito de esta ley! ¡Es la voluntad de Dios!

    Te desafío a compartir de lo poco que tienes, desde tu necesidad comparte con alguien más: alimentos, tiempo, bondad, esperanza y si se requiere y se puede, también dinero.

    Y no siembres el mal, porque la ley también actúa sobre ese terreno para mal.

    Dios te bendiga

  • ¿Cuantos peros puede haber en nuestra vida que nos incapacitan para ser creyentes comprometidos?

    Es posible que sean muchos peros que afloran en nuestra mente y nuestros labios. Porque las demandas del reino de Dios son incompatibles con la cultura que nos envuelve.

    “Otro le dijo: —Señor, quiero seguirte, pero primero déjame ir a despedirme de los de mi casa.” Lucas‬ ‭9:61‬ ‭DHH94I‬‬‬‬

    En su camino a Jerusalén para entregar su propia vida, este es el desafío que Jesús va lanzando a los emocionales aldeanos que le confiesan el deseo de seguirlo, un deseo efímero que con el primer desaliento muere.

    Aquella frase: “…Señor quiero servirte, pero, primero…” es una frase que repetimos constantemente. No solo hay un pero, sino que hay otra prioridad.

    Tan pobre argumento requería una contundente respuesta:

    “Jesús le contestó: —El que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás, no sirve para el reino de Dios.” Lucas‬ ‭9:62‬ ‭DHH94I‬‬‬‬

    La célebre cita de la época, Jesús la aprovecha, y les dice a propios y extraños; “si ponen la mano en el arado y siguen mirando atrás, no sirven para el reino de Dios”.

    El “pero” es toda razón, excusa, causa y hasta pecado que no le permite a nadie seguir a Jesús (seguirlo es obedecerlo y servirlo).

    Le sigue la prioridad: “déjame ir primero”. ¿A dónde quieres ir primero? ¿Qué es lo primero que te ha propuesto hacer? ¿Se relaciona con obedecer y honrar a Dios?

    Y el resultado final es que quien tenga peros y prioridades por encima del Señor, no es apto o no sirve para el reino de Dios.

    Hay muchos que quieren seguir este camino cargando muchos peros y dando prioridad a cosas banales antes que a Dios. La Biblia dice que no pueden servir en este reino (una frase amplia que va desde la falta de compromiso hasta el rechazo de la fe).

    Oremos meditando en nuestro corazón, cómo podemos despojarnos de los peros que nos imponen otras prioridades en nuestra vida, y nos alejan de la vida abundante en Cristo. Y peor aún, a muchos los aleja de la vida eterna.