Este tema es importante porque el evangelio nos invita a las buenas obras. Debemos delimitar en el contexto bíblico lo que son las buenas obras y diferenciarlas de ese “halo” de bondad humanista que se cierne sobre la humanidad que se cree buena, pero no le es. La biblia es contundente en señalar que no hay nadie justo o bueno (Salmos 14:3 / Romanos 3: 10-12). Precisamente las buenas obras, tienen que ver con ser justos ante Dios. El punto de vista del Salmista y de Pablo al decir que no hay ni una sola persona que haga el bien, no excluye que fuera de la fe hay gente bondadosa y de buenas costumbres; lo que señala es que esas personas tienen su propia visión de bondad y por tanto su propia agenda y no la de Dios. Si fuésemos salvos por obras, esas personas serían salvas también porque son gente de bien, pero sabemos que no es así. De hecho, la biblia llama a los que no hacen bien: malhechores, malos, malvados, perversos, inicuos, etc.

Así que tenemos tres categorías a distinguir: Los malos o perversos, las personas de bien, y las personas justas ante Dios; a la cual pertenecemos los creyentes que hemos nacido de nuevo en el Espíritu.

Si usted leyó el último artículo acerca de la ley de la generosidad, es importante que conecte estos estudios. Porque justamente mi objetivo es complementarlos, ya que hablábamos que Dios nos proveerá de toda clase de bienes y bienestar acorde a su criterio santo, y que nos dará hasta que sobre; para que nosotros participemos de toda buena obra. Pues estas buenas obras están relacionadas a la tercera categoría, la de ser hijos de Dios (Los creyentes nacidos de nuevo).

Somos creación de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios de antemano ya había planeado. Efesios 2:10 (RVR 1960).

Pablo a los hermanos en Éfeso y a todos los creyentes, nos explica en el capítulo dos de Efesios, que fuimos salvos por gracia y no por obras buenas que pudiéramos hacer nosotros. Luego hace referencia a las “Buenas Obras”. Pero son aquellas que Dios había preparado de antemano para que cada uno de sus hijos e hijas una vez salvos, camináramos en ellas. Debemos notar claramente que aquí Pablo expone las dos creaciones de Dios:

  1. “Somos creación de Dios”: es una frase referente a la creación universal, donde el hombre y la mujer fueron creados a su imagen y semejanza.
  2. “Creados en Cristo”: es una frase que refiere al nuevo nacimiento por la fe en Cristo Jesús el hijo de Dios, único medio de salvación.

Cada creyente tiene un camino diseñado para su peregrinar hasta la eternidad futura. Es en esta voluntad específica de Dios para usted y para mí, que debemos estar atentos para aplicar nuestra generosidad. Recuerde que la generosidad no es monetaria en primera instancia, es afectiva, o sea, es producto del fruto del Espíritu Santo en nosotros (amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza). Tenemos la provisión necesaria para ser generosos en todos estos frutos para con los demás. Hay para nosotros y para nuestros hermanos y aún para los de afuera. La manera de ministrar este fruto a otros, tanto en casa, como en la iglesia y los demás ambientes espacio-tiempo, es por medio de los ministerios o talentos que Dios nos ha dado para administrar. Por eso, la carta a los hebreos también nos llama al estímulo entre los hermanos para que esta fórmula sea funcional:

“y estimulémonos mutuamente en la práctica del amor y de las buenas obras”. Hebreos 10:24 (La Palabra Hispanoamericana)

Otra vez podemos hacer dos acepciones de este texto:

  1. Estimulémonos mutuamente a la practica del amor”: esto es la provisión personal que Dios nos da para nuestras necesidades propias. Comprende entonces nosotros mismos y nuestras familias de sangre y de fe. Hasta este punto no estamos usando los recursos extras que Dios nos da. Tenemos la obligación y no la opción de practicar el “ágape” en la familia. No compartir con la familia nuestro tiempo, amor, bondad, solidaridad y otros recursos de múltiples formas, es fallarle a Dios.
  2. Estimulémonos mutuamente a las buenas obras”: ahora sí estamos hablando de los recursos extra que Dios nos provee.

¿Cuáles buenas obras? Las que Dios preparó de antemano para que los nacidos de nuevo anduviésemos en ellas.

Tenemos sin duda una grande responsabilidad con nuestros bienes y beneficios recibidos de parte de Dios. Usted sabe que el mundo sin tomar en cuenta a Dios hace lo que quiere con sus recursos, pero usted y yo no deberíamos seguir ese camino. No obstante, los creyentes hemos fracasado casi todos en esto. Hemos sido malos mayordomos. Pero Dios sigue esperando nuestra obediencia. No debemos olvidar que Dios nos da primeramente para nuestras propias necesidades, y luego nos da un poco más para apoyar “sus obras”, no las del mundo.

Jesús dijo claramente que el mundo amará los suyo, eso significa que será bondadoso con su propia agenda:

“Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”. Juan 15:19 (RVR 1960)

Es bueno concluir entonces con un desafío directo a su vida creyente. Si usted no está aportando tiempo a la obra de Dios, si usted es incapaz de ser solidario-solidaria con el menesteroso, con las viudas y los huérfanos (representando a los más necesitados), si usted es incapaz de amar al extranjero que deja su propia patria no por gusto sino por necesidad, entonces usted está en pecado de omisión a la voluntad de Dios para su vida, no se sienta condenado o condenada al infierno, pero siéntase un mal hijo, una mala hija.

Si no aportamos oración y finanzas a la obra misionera global, seremos traidores del plan de Dios, para la salvación del mundo. Una vez más, no cargue condenación por eso. Pero es alta traición al reino de Dios.

Contexto Bíblico

Este es el año de la restitución (de volver a darle a Dios) si usted se lo propone. Dios te ama, Dios nos ama y por eso nos habla con rudeza para que nuestra “dura cerviz” sea ablandada.

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