¿Cuantos peros puede haber en nuestra vida que nos incapacitan para ser creyentes comprometidos?
Es posible que sean muchos peros que afloran en nuestra mente y nuestros labios. Porque las demandas del reino de Dios son incompatibles con la cultura que nos envuelve.
“Otro le dijo: —Señor, quiero seguirte, pero primero déjame ir a despedirme de los de mi casa.” Lucas 9:61 DHH94I
En su camino a Jerusalén para entregar su propia vida, este es el desafío que Jesús va lanzando a los emocionales aldeanos que le confiesan el deseo de seguirlo, un deseo efímero que con el primer desaliento muere.
Aquella frase: “…Señor quiero servirte, pero, primero…” es una frase que repetimos constantemente. No solo hay un pero, sino que hay otra prioridad.
Tan pobre argumento requería una contundente respuesta:
“Jesús le contestó: —El que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás, no sirve para el reino de Dios.” Lucas 9:62 DHH94I
La célebre cita de la época, Jesús la aprovecha, y les dice a propios y extraños; “si ponen la mano en el arado y siguen mirando atrás, no sirven para el reino de Dios”.
El “pero” es toda razón, excusa, causa y hasta pecado que no le permite a nadie seguir a Jesús (seguirlo es obedecerlo y servirlo).
Le sigue la prioridad: “déjame ir primero”. ¿A dónde quieres ir primero? ¿Qué es lo primero que te ha propuesto hacer? ¿Se relaciona con obedecer y honrar a Dios?
Y el resultado final es que quien tenga peros y prioridades por encima del Señor, no es apto o no sirve para el reino de Dios.
Hay muchos que quieren seguir este camino cargando muchos peros y dando prioridad a cosas banales antes que a Dios. La Biblia dice que no pueden servir en este reino (una frase amplia que va desde la falta de compromiso hasta el rechazo de la fe).
Oremos meditando en nuestro corazón, cómo podemos despojarnos de los peros que nos imponen otras prioridades en nuestra vida, y nos alejan de la vida abundante en Cristo. Y peor aún, a muchos los aleja de la vida eterna.
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