Si hay un aspecto que define e identifica a quienes son parte del reino de Dios; es el Amor.
1. Nos define por cuanto es por amor que Cristo nos salvo. Por tanto si alguien nos ha amado así, eso nos definirá eternamente:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16 RVR1960
“Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.” 1 Juan 4:11 RVR1960
2. Nos identifica por cuanto los que somos de la fe, hemos de aprender a amar más allá de simples emociones y se hace visible al mundo incrédulo.
“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” Juan 13:35 RVR1960
“Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte.” 1 Juan 3:14 RVR1960
¿De qué clase de amor nos habla la Escritura?
Creo que la Biblia es clara respecto a este amor. 1 corintios 13 nos da una especie de especificaciones con las que podemos medir el amor de Dios.
Así que el amor de Dios es un amor medible, es un amor que podemos promediar. El mayor promedio de amor es el que Dios tuvo al decidir enviar a su único hijo al mundo para morir en un madero. Luego de Dios, Cristo mismo, entregó su vida en obediencia al padre y de manera voluntaria.
Esa es la dimensión, diámetro y espesor correctos para medir nuestro amor.
En Lucas 6: 27-36 Jesús nos exhorta a no medir nuestro amor y altruismo con los impíos. Esa es una medida falsa con la que a veces medimos nuestros logros de piedad. Pero con que claridad Jesús nos desafía a más.
Esta clase de amor es definido en la Biblia como: “Ágape” y alude a reunión, comunión y convivencia. ¿Le ha pasado que usted no quiere ir a la iglesia porque no quiere ver a cierta persona o familia? O ¿quizá no quiere que le critiquen por algo que le pasó y usted considera vergonzo? Nuestro Ágape en ese momento está en el congelador.
A mí me ha pasado. Y cuando esto pasa, el que está mal soy yo. Y el Espíritu Santo que mora en mí; me reprende. Ahora, una vez que el Espíritu Santo me motiva, me anima y me reprende sobre esto que siento, si yo no hago caso, estoy naufragando en la fe. Pues el amor es un “no” negociable en los súbditos del reino de Dios.
Entonces, el amor de Dios no es un sentimiento caprichoso como al que desde niños nos acostumbramos. Ni mucho menos es egoístamente erótico. Esta clase de sentimientos y emociones tienen su momento en nuestras vidas, pues experimentamos esta clase de amor afín y filial. Pero nada puede permanecer sin el Ágape.
La Biblia hace referencia a que el Ágape se puede enfriar.
“y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.” Mateo 24:12 RVR1960
Por haberse multiplicado la cantidad de “gente sin ley” en la tierra, esa es la interpretación más cercana al vocablo griego. Cada vez más, hay gente sin respeto ni temor a la ley. Pero se refiere a la ley de Dios.
El dejarnos enfriar es resultado de un acto voluntario. Eso es lo que significa la palabra griega “psújo” en Mateo 24:12 para referirse a “enfriar”. Un enfriamiento cómplice. No se refiere a un enfriamiento accidental y hace la diferencia, a lo que significa ser afectados indirectamente por la maldad de los tiempos finales que estamos viviendo, y la complicidad con lo que está sucediendo alrededor
La maldad puede afectarnos, pues aunque no somos de este mundo, estamos en el mundo. Por eso Jesús oró al padre: “no te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mundo”. Así que, hay diferencia entre ser afectados y caer en frialdad.
Enfriarnos implica dejar de hacer la obra de Dios, implica dejar de hacer más por el reino y para el reino de Dios e inclinar la balanza en hacer más por el reino perecedero de este mundo. Así lo denuncia Cristo mismo a la iglesia de Éfeso:
“Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.
Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.” Apoc. 2:4-5 RVR1960
Hay una amonestación, un llamado al arrepentimiento y una advertencia.
Para Cristo, el amor se traduce en obras. Pues llama al pastor y a los hermanos de Éfeso al arrepentimiento y a volver a las primeras obras. La advertencia es: “quitaré mi presencia de en medio de ti”
El candelero aquí simboliza la presencia de Dios en medio de su iglesia.
Ahora, podemos personalizar esta amonestación y advertencia. Cada uno de nosotros, si no nos arrepentimos de nuestra vida cómoda y fría, dejaremos de contar con la presencia de Dios. No podremos experimentar aquellas primeras obras de amor genuino cuando vinimos a Cristo llenos de grandes espectativas e ilusiones por conquistar al mundo, y hemos terminado casi siendo conquistados por el mundo.
Al terminar este mensaje, soy el primer penitente. Y espero que ustede no sea duro de cerviz, y sea un penitente más viniendo al padre para ser restaurado, restaurada.
El amor Ágape es una meta del reino de Dios, no solamente un medio. Donde amar es una exigencia y no una opción.
El Ágape no es ausencia de conflicto, no es ausencia de ofensa, no es ausencia de rencor, no es ausencia de rencillas, no es ausencia de equivocaciones, etcétera.
El Ágape es lo que nos define e identifica con la responsabilidad de resolver apegados a la Palabra de Dios; todos nuestros vanales conflictos con el prójimo.