• Si hay un aspecto que define e identifica a quienes son parte del reino de Dios; es el Amor.

    1. Nos define por cuanto es por amor que Cristo nos salvo. Por tanto si alguien nos ha amado así, eso nos definirá eternamente:

    “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan‬ ‭3:16‬ ‭RVR1960‬‬

    “Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.” 1 Juan‬ ‭4:11‬ ‭RVR1960‬‬

    2. Nos identifica por cuanto los que somos de la fe, hemos de aprender a amar más allá de simples emociones y se hace visible al mundo incrédulo.

    “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” Juan‬ ‭13:35‬ ‭RVR1960‬‬

    “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte.” 1 Juan‬ ‭3:14‬ ‭RVR1960‬‬

    ¿De qué clase de amor nos habla la Escritura?

    Creo que la Biblia es clara respecto a este amor. 1 corintios 13 nos da una especie de especificaciones con las que podemos medir el amor de Dios.

    Así que el amor de Dios es un amor medible, es un amor que podemos promediar. El mayor promedio de amor es el que Dios tuvo al decidir enviar a su único hijo al mundo para morir en un madero. Luego de Dios, Cristo mismo, entregó su vida en obediencia al padre y de manera voluntaria.

    Esa es la dimensión, diámetro y espesor correctos para medir nuestro amor.

    En Lucas 6: 27-36 Jesús nos exhorta a no medir nuestro amor y altruismo con los impíos. Esa es una medida falsa con la que a veces medimos nuestros logros de piedad. Pero con que claridad Jesús nos desafía a más.

    Esta clase de amor es definido en la Biblia como: “Ágape” y alude a reunión, comunión y convivencia. ¿Le ha pasado que usted no quiere ir a la iglesia porque no quiere ver a cierta persona o familia? O ¿quizá no quiere que le critiquen por algo que le pasó y usted considera vergonzo? Nuestro Ágape en ese momento está en el congelador.

    A mí me ha pasado. Y cuando esto pasa, el que está mal soy yo. Y el Espíritu Santo que mora en mí; me reprende. Ahora, una vez que el Espíritu Santo me motiva, me anima y me reprende sobre esto que siento, si yo no hago caso, estoy naufragando en la fe. Pues el amor es un “no” negociable en los súbditos del reino de Dios.

    Entonces, el amor de Dios no es un sentimiento caprichoso como al que desde niños nos acostumbramos. Ni mucho menos es egoístamente erótico. Esta clase de sentimientos y emociones tienen su momento en nuestras vidas, pues experimentamos esta clase de amor afín y filial. Pero nada puede permanecer sin el Ágape.

    La Biblia hace referencia a que el Ágape se puede enfriar.

    “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.” Mateo‬ ‭24:12‬ ‭RVR1960‬‬

    Por haberse multiplicado la cantidad de “gente sin ley” en la tierra, esa es la interpretación más cercana al vocablo griego. Cada vez más, hay gente sin respeto ni temor a la ley. Pero se refiere a la ley de Dios.

    El dejarnos enfriar es resultado de un acto voluntario. Eso es lo que significa la palabra griega “psújo” en Mateo 24:12 para referirse a “enfriar”. Un enfriamiento cómplice. No se refiere a un enfriamiento accidental y hace la diferencia, a lo que significa ser afectados indirectamente por la maldad de los tiempos finales que estamos viviendo, y la complicidad con lo que está sucediendo alrededor

    La maldad puede afectarnos, pues aunque no somos de este mundo, estamos en el mundo. Por eso Jesús oró al padre: “no te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mundo”. Así que, hay diferencia entre ser afectados y caer en frialdad.

    Enfriarnos implica dejar de hacer la obra de Dios, implica dejar de hacer más por el reino y para el reino de Dios e inclinar la balanza en hacer más por el reino perecedero de este mundo. Así lo denuncia Cristo mismo a la iglesia de Éfeso:

    “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.

    Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.” Apoc. ‭2:4-5‬ ‭RVR1960‬‬

    Hay una amonestación, un llamado al arrepentimiento y una advertencia.

    Para Cristo, el amor se traduce en obras. Pues llama al pastor y a los hermanos de Éfeso al arrepentimiento y a volver a las primeras obras. La advertencia es: “quitaré mi presencia de en medio de ti”

    El candelero aquí simboliza la presencia de Dios en medio de su iglesia.

    Ahora, podemos personalizar esta amonestación y advertencia. Cada uno de nosotros, si no nos arrepentimos de nuestra vida cómoda y fría, dejaremos de contar con la presencia de Dios. No podremos experimentar aquellas primeras obras de amor genuino cuando vinimos a Cristo llenos de grandes espectativas e ilusiones por conquistar al mundo, y hemos terminado casi siendo conquistados por el mundo.

    Al terminar este mensaje, soy el primer penitente. Y espero que ustede no sea duro de cerviz, y sea un penitente más viniendo al padre para ser restaurado, restaurada.

    El amor Ágape es una meta del reino de Dios, no solamente un medio. Donde amar es una exigencia y no una opción.

    El Ágape no es ausencia de conflicto, no es ausencia de ofensa, no es ausencia de rencor, no es ausencia de rencillas, no es ausencia de equivocaciones, etcétera.

    El Ágape es lo que nos define e identifica con la responsabilidad de resolver apegados a la Palabra de Dios; todos nuestros vanales conflictos con el prójimo.

  • «En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.” Isaías‬ ‭6:1‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    El rey Uzías, también rey Ozías según algunas otras versiones, reinó sobre judá 52 años y fue un rey que hizo lo bueno delante de Dios y fue prosperado por su mano. Pero al final de su servicio, se llenó de soberbia contra Jehová y quiso hacer una de las tareas consagradas para los levitas en el templo; y que estaban prohibidas para cualquiera otra persona. Intentó ofrecer incienso en el altar. Al ser confrontado por el sacerdote Azarías, el rey se enojó y Dios le hirió con lepra hasta el día de su muerte.

    Inmediato a su muerte, aparece en escena Isaias, quien en vision ve la gloria de Dios en el templo. Aquella misma gloria que el rey Uzías había desafiado. Isaías lo tiene claro. Ve aquella escena de gloria y su temor a morir es muy justificado.

    “Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.” Isaías‬ ‭6:5‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Ante la majestuosidad y santidad de Dios, solo nos quedaría ser aniquilados en nuestro pecado e inmundicia. Pero hay gracia fluyendo del Señor para Isaías, y de seguro lo hay para nosotros.

    “Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.” Isaías‬ ‭6:6-7‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Aquel ser de fuego, trayendo en sus manos fuego que purifica, fuego que transforma; vuela directo al profeta en ciernes y con aquel carbón encendido; toca sus labios.

    1. El fuego simboliza purificación. Simboliza avivamiento espiritual. Es la limpieza del pecado y la preparación para hacer la obra de Dios. Un hombre, una mujer de labios impuros que algunas veces ha proferido alguna que otra palabra de enojo, de dolor, de frustración, de celos, de envidia, de despecho, etc. Debe ser purificado por el fuego de la santidad de Dios.

    Y una vez purificado; la Palabra de Dios es puesta en su boca, es Palabra Santa de autoridad, para alguien más.

    2. El carbón encendido tocando los labios del profeta. Simboliza la palabra profética impuesta en Isaías para el pueblo de Dios. Para nosotros hoy, es esa inquietante necesidad que nos ha sido impuesta a los que hemos sido llamados. No es posible simplemente ignorar sus palabras y su llamado.

    Una vez que Dios purifica a Isaías, lo ha preparado para desarrollar su ministerio. Un ministerio por demás poderoso y fructífero.

    “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.” Isaías‬ ‭6:8‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Isaías no tuvo ningún problema, no puso excusas y dijo: “heme aquí, envíame a mí”.

    Cuando hemos sido lavados y limpios, no hay ninguna razón para dejar de hacer la obra de Dios. Solo requerimos ser limpios por la obra purificadora del Espíritu Santo y de su Palabra.

    Permanecer ociosos espiritualmente, es poner en peligro nuestra frágil vida y mezquina fe.

    He visto y he experimentado, que la mayoría de creyentes ociosos y perezosos; solemos creerle más al adversario de Dios y enemigo de nuestras almas, que a Dios mismo.

    Conclusión:

    Si ya estás lavado por la sangre de Cristo, sellado por su Espíritu Santo para el día de la redención y sirviendo a Dios y a los hermanos; solo cuídate de no caer en soberbia como lo hizo Uzías. Ese pecado sutil que está separado por una delgada línea de la pasión con la que servimos.

    Si te sientes lleno o llena de inmundicia, al igual que Isaías; dilo a Cristo para que te limpie.

    Ahora que ya estás limpio y purificado por el fuego de su santidad, solo responde con disposición al Señor.

    “Heme aquí, envíame a mí”

  • Juan el Bautista su mensaje fue para arrepentimiento:

    “Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados.” Marcos‬ ‭1:4‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Jesús constantemente habló del arrepentimiento:

    “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” Lucas‬ ‭5:32‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Los profetas terminaron su carrera proclamando arrepentimiento y promesas celestiales para aquellos que se arrepintieran y se volvieran a Dios.

    Luego Juan el Bautista vino después de 400 años de silencio profético con la misma demanda, y la promesa de vida eterna.

    Μετάνοια = metánoia: es la palabra griega usada en el Nuevo Testamento, que traducimos al español como: arrepentimiento. ¿Qué implica arrepentirse?

    1. Una profunda pena: La palabra griega indica compunción, palabra que deriva del verbo: compungir y que significa: “sentir una pena profunda por haber actuado mal y / o haber causado daño”

    2. Una profunda vergüenza por contradecir la voluntad de Dios. O por quedar mal y/o dejar en mal a terceros.

    3. Un cambio de mentalidad. Revertir la decisión que se ha tomado y ha causado el mal. Cambio de conducta.

    El arrepentimiento genuino, nos llevará a tomar decisiones. Actos concretos. Cambios de conducta y de dirección.

    Quizá a veces cometemos una ofensa y nos sentimos mal después de un periodo reflexivo. Pero no estamos muy dispuestos o seguros de no volver a hacer aquello. Eso lo sabe cada persona, pues su pensamiento y corazón lo saben. Es ahí donde ha habido un arrepentimiento a medias, o sea, quizá hubo compunción o pena profunda. Remordimiento. ¡Y eso no es malo! Pero para ser libres del pecado que nos asedia, debemos ir hasta el cambio de mentalidad y las decisiones concretas.

    En resumen; el arrepentimiento es: tomar decisiones.

    Cuando leía el texto arriba, de Marcos 1:4 en la Biblia interlineal griego – español; encontré que dice literalmente: “Juan proclamaba la inmersión y el cambio de mentalidad para dejar ir los pecados”

    La frase clave: “dejar ir” o sea, soltar el o los pecados. Eso es una acción. No es simplemente una confesión.

    Ciertamente la confesión está presente en el proceso del arrepentimiento, pero no se queda en una confesión. Al final, confesar es la parte más fácil del proceso. Es la parte pública y visible. Pero la parte complicada para nuestra débil humanidad es: “el cambio de mentalidad y dejar ir aquel pecado que ha estado seduciendo quizá por años”. Pero si no es así, si no lo dejamos ir, no habrá perdón. Y tampoco habrá un cambio.

    Quiero que aprendan a ver en la Biblia a quienes se les dirige un mensaje, es vital para tener el mensaje claro. Y hacer una mejor aplicación a nuestra vida.

    Los textos arriba usados, son mensajes dirigidos primeramente a Israel, pero en Cristo se volvió un mensaje universal. Es un mensaje dirigido a los perdidos. Habla de arrepentimiento: “volverse de sus malos caminos” hacia Dios. Gente que requería salvación.

    En algunos textos, arrepentimiento significa lo mismo que salvación. O sea, sobre todo en los evangelios con pocas excepciones; significa lo mismo que salvación.

    En otros textos, significa un cambio de pensamiento y actitud. Aplicado sobre todo a los ya convertidos.

    Ya en las cartas dirigidas a creyentes convertidos, el arrepentimiento implícito luego de un pecado; tiene también ciertas connotaciones algo diferentes a puramente salvación. Veamos lo que Juan nos explica al respecto en sus cartas:

    “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” 1 Juan‬ ‭2:1‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Juan nos escribe a los ya salvos. Nos dice de manera clara y sin paños tibios: ¡no pequen! Y luego introduce un “pero” de esos que retumban en el oído: la frase “y si alguno” es un pero. La podemos sustituir por un “PERO” enorme que indica que la posibilidad de pecar es inminente aunque no se implica que se busca. Y en este caso, dice que tenemos en Cristo nuestra propiciación por el pecado.

    “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan‬ ‭1:9‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Juan, a los ya salvos nos recuerda la importancia de confesar el pecado o la contaminación, para ser perdonados y ser limpiados. El concepto aquí es de ser limpiados. Necesitamos ser limpios constantemente. El contexto de estas cartas de Juan es extrapolar el concepto de pecar seducidos por nuestra debilidad humana siendo consientes de nuestro lugar en Cristo, con el pecado como estilo de vida de aquellos que nunca se han arrepentido genuinamente para salvación. Algunos textos muestran al creyente y otros señalan al inconverso: “el que practica el pecado”. Veamos:

    1. Textos referidos a creyentes: en los siguientes textos, Juan nos explica que aún no tenemos una naturaleza “glorificada” y por eso necesitamos ser limpiados y también buscar la pureza.

    “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.”

    ‭‭1 Juan‬ ‭3:2-5‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬

    “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.”

    ‭‭1 Juan‬ ‭1:8-10‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬

    2. Textos referidos a no creyentes: los siguientes textos dentro de la misma carta de Juan, señalan una conducta repetitiva: una práctica cotidiana.

    “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.” 1 Juan‬ ‭2:19‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.” 1 Juan‬ ‭3:8‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Conclusión: el tema es paradójico, porque tiene sencillez y es a la vez complejo. Algo extenso también. Pero lo que quiero es que leamos estos conceptos y los textos con sed de justicia. De ello depende nuestra eternidad. Quiero que como yo, cada uno de ustedes tenga claro el tema de la salvación, para que no tengan que sufrir pérdida el día final.

    Debemos saber diferenciar entre arrepentimiento genuino, y mero remordimiento.

    Debemos saber la diferencia entre pecar o dejar de hacer lo correcto en nuestra humana necedad, y vivir consumidos en el pecado cotidianamente.

    Para los creyentes hay perdón y purificación. Para el no creyente solo hay condenación, a no ser que se reconozca pecador imposibilitado, y busque en el arrepentimiento genuino; la vida eterna que emana de Cristo.

  • Quiero compartir una historia de esos poderosos encuentros salvíficos de nuestro Señor. Se trata del encuentro que Jesús tuvo con la mujer samaritana, junto al pozo de Jacob.

    Mientras recordamos algunos datos de la historia y leemos algunos de los versículos; quiero encaminar nuestra reflexión hacia el tema: Desarrollando una fe personal.

    Jesús junto a los discípulos, camina rumbo a Galilea. En su paso se obliga pasar por Samaria. Pueblo que todo judío evitaba, ya que históricamente no se toleraban. Ya en las afueras de la aldea, se sientan a la par del pozo de Jacob para tomar agua. Y aquella mujer solitaria viene con su cántaro para llevar agua a su casa. Jesús le pide agua, a lo que la mujer replica: “¿como tú siendo judío me pides agua a mí que soy samaritana?”

    Aquella pregunta encontró una respuesta normal en tal circunstancia. Cultural y socialmente, fue un encuentro improcedente. Pero entendemos que Jesús todo lo hacía con un propósito claramente divino.

    Leamos y reflexionemos:

    “Nuestro antepasado Jacob nos dejó este pozo, del que él mismo bebía y del que bebían también sus hijos y sus animales. ¿Acaso eres tú más que él?” Juan‬ ‭4:12‬ ‭DHH94I‬

    Para judíos y samaritanos, los patriarcas eran una autoridad. De tal manera que ellos veneraban a sus antepasados, a veces casi al punto de la idolatría. Pero aparte de Jacob, aquí tenemos un elemento socio-religioso; el pozo.

    ¿Qué representaba para los samaritanos aquel pozo? No solo el agua que saciaba la sed y representaba vida; también representaba su fe o fidelidad a Jacob. Jesús entonces empieza a minar poco a poco con su diálogo, la falsa esperanza de aquella mujer. ¿Por que lo digo?

    Por que aquí alrededor del pozo, la mujer se aferraba a un patriarca que le motivaba su fe, ella vivía de una fe prestada; que evidentemente no le había hecho libre de sus cadenas de pecado.

    Ella le pregunta a Jesús: ¿Eres tú más que Jacob? Podemos ver en esta pregunta el grado de veneración que tenían los Samaritanos por Jacob. Y se abre una gran oportunidad para Jesús de hacerle entrega del don de la salvación.

    ¿Hay alguien más grande que Jesús en tu vida? Debes desarrollar una fe sólida solo en Jesús, sin ayuda y sin intermediarios.

    Jesus entonces sigue el diálogo y la confronta con su pasado y presente, para llevarla a mirar un futuro diferente. En esa confrontación el corazón y el pecado de aquella mujer queda en desnudez, y profiere su primera palabra de afirmación respecto al Señor, al decirle que reconoce en él a un profeta. Pero Jesús, que sí es profeta, es más que profeta. ¡Es el Hijo de Dios y es Salvador! A la mujer aún le falta revelación.

    ¿Quién es Jesús para ti? Si no es “suficiente” Salvador, aún te falta revelación.

    Así que la mujer, al reconocer a Jesús como un líder espiritual, se adentra en el tema adonde Jesús quería llevarla:

    “Nuestros antepasados, los samaritanos, adoraron a Dios aquí, en este monte; pero ustedes los judíos dicen que Jerusalén es el lugar donde debemos adorarlo.”

    ‭‭San Juan‬ ‭4:20‬ ‭DHH94I‬‬

    Ahora la mujer ve en Jesús alguien importante, y empieza a abrir su corazón respecto a su fe. Vienen las tradiciones a tema de conversación. Vienen sus ancestros a la mesa de diálogo. Ella dice: nuestros antepasados adoraron aquí en este monte (Monte Gerizin) pero los judios dicen que se debe adorar en Jerusalén. Esta es otra puerta abierta para la respuesta liberadora de Jesús:

    “Jesús le contestó: —Créeme, mujer, que llega la hora en que ustedes adorarán al Padre sin tener que venir a este monte ni ir a Jerusalén. Ustedes no saben a quién adoran; pero nosotros sabemos a quién adoramos, pues la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora, y es ahora mismo, cuando los que de veras adoran al Padre lo harán de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios. Pues el Padre quiere que así lo hagan los que lo adoran. Dios es Espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios.” Juan‬ ‭4:21-24‬ ‭DHH94I‬‬

    No será ni este monte, ni Jerusalén. Los verdaderos adoradores lo harán en el corazón. Desde su interior. Conformados a la manera del Espíritu Santo. Y a tales adoradores busca el Padre. Aquí Jesús está haciendo honor al título de profeta, y le está profetizando el bautismo del Espíritu Santo que vendría sobre la iglesia naciente.

    ¿Aún la religión de tus antepasados, te dictan formas y fórmulas para adorar y orar al Padre? Debes experimentar libertad para adorar al Padre, eso es lo que significa: “conforme al Espíritu de Dios ”. Es el bautismo del Espíritu Santo, que hemos recibido quienes hemos venido a Cristo.

    La mujer poco a poco caía rendida ante el poder persuasivo del Mesías.

    “La mujer le dijo: —Yo sé que va a venir el Mesías (es decir, el Cristo); y cuando él venga, nos lo explicará todo. Jesús le dijo: —Ése soy yo, el mismo que habla contigo.” Juan‬ ‭4:25-26‬ ‭DHH94I‬‬

    Finalmente, Jesús se revela a la mujer mas pecadora del pueblo. Y ella, la que menos imaginaríamos, es la portavoz de la buena noticia en su aldea. ¿Por qué se convierte en portadora del evangelio? Porque fue libre de sus ataduras y desarrolló una fe personal. No hay creyente más poderoso y comprometido; que aquel que ha desarrollado una fe personal, sin dependencia emocional a una persona o religión. Solo fe en Cristo.

    “La mujer dejó su cántaro y se fue al pueblo, donde dijo a la gente: —Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías? Entonces salieron del pueblo y fueron adonde estaba Jesús.

    Muchos de los habitantes de aquel pueblo de Samaria creyeron en Jesús por lo que les había asegurado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho.» Así que, cuando los samaritanos llegaron, rogaron a Jesús que se quedara con ellos. Él se quedó allí dos días, y muchos más creyeron al oír lo que él mismo decía. Y dijeron a la mujer: «Ahora creemos, no solamente por lo que tú nos dijiste, sino también porque nosotros mismos le hemos oído y sabemos que de veras es el Salvador del mundo.»” Juan‬ ‭4:28-30, 39-42‬ ‭DHH94I‬‬

    Cuando Jesús se revela a la vida de alguien, todo su pecado le es visible y gravoso, y la persona puede arrepentirse y ser perdonada.

    Conclusión:

    La fe es un don de Dios, es personal. No podemos tener fe para salvación por medio de las tradiciones de nuestros padres y abuelos. No podemos tener fe genuina por medio de las tradiciones de nuestra iglesia.

    Puede que tu padre y madre hayan sido de buen testimonio, eso no te dará la fe para salvación. También puede ser que tus padres no te dieran buen ejemplo, aún siendo miembros de alguna iglesia, y eso no es obstáculo para que tengas el don de Dios, la fe en Cristo para salvación.

    Como aquella samaritana, no mires el pozo que te heredaron, no mires a tus antepasados, ni un lugar para adorar. Solo hay un lugar para adorar y es tu corazón.

    Recuerda lo que tajantemente Jesús le dijo a la mujer de Samaria:»La salvación viene de los judíos” Jesús fue judío y por eso hizo tal afirmación. Él es El Salvador y debemos saberlo. Debemos saber a quién adoramos. Lo importante aquí de esta afirmación que Jesús comparte con la mujer de Samaria; no es que él es judío. Ciertamente lo importante es que que él es el mesías. Pero Jesús lo hace porque sabía que los samaritanos tenían conocimiento de la Toráh y sabían que el mesías vendría de la tribu de Judá, y que nacería en Belén de Judea. Así que por eso le dice: «ustedes no saben a quién adoran» porque aquella enemistad quitaba la mirada de ellos del lugar correcto de donde debían esperar al mesías, el Cristo.

    Quiera nuestro Señor, que tú tengas una fe genuina. La fe que salva. La fe que mira al lugar correcto para ver a Cristo el hijo de Dios. Y así le adores.