¿Qué podemos hacer para estar alegres?
Las respuestas pueden ser diferentes entre nosotros los seres humanos. Para algunos su alegria depende de alcanzar sus metas. Para otros depende de su cónyuge. Para otros la alegría es resultado de su situación económica. Para otros sus hijos. Y así podríamos pensar en muchas otras expectativas humanas.
Pero si pensamos detenidamente, podríamos llegar a la conclusión que todas estas cosas y añoranzas; que son buenas para nuestra vida, deberían estar presentes en dosis adecuadas y supeditadas a la presencia genuina de Dios en nuestras vidas y decisiones. De ahí que pienso que el equilibrio es sabio consejo.
Lo cierto es que la alegria, ese estado de ánimo adecuado y equilibrado es indispensable para la salud de cuerpo y alma. Así lo deja ver con claridad la Biblia, sobretodo en las escrituras de sabiduría.
Hay un par de proverbios que quiero dejarles para pensar en esta oportunidad. Ellos resaltan con belleza y sabiduría, cuán importante es “el corazón alegre” y cuanta implicación conyevan para la salud integral.
Usaré dos versiones, para que podamos apreciar más la sabiduría que fluye.
“La alegría es como una buena medicina, pero el desánimo es como una enfermedad.”
Proverbios 17:22 PDT
“Buen remedio es el corazón alegre, pero el ánimo triste resta energías.” Proverbios 17:22 DHH94I
Estamos de acuerdo que la alegría del corazón o del alma, dará como resultado buen ánimo. ¿Cómo sabremos entonces que tan sanos estamos por dentro? No necesariamente se refleja con la salud del cuerpo. Pues hay personas que cargan una enfermedad física y sus almas están lúcidas y son personas agradecidas y felices.
Sabremos entonces qué tan sanos estamos en nuestro interior, al reflejar con cuánto ánimo vivimos nuestros días. La tristeza del alma se puede reflejar de maneras diferentes en las personas: persona melancólica, persona ensimismada, retraída, en soledad, se muestra hipersensible, mal carácter, poco sociable, silenciosa. Puede presentar episodios de llanto, de ira desmedida en casos más preocupantes. Y ya en casos avanzados y clínicos; son personas que llegan a sufrir paranoias, esquizofrenia, desórdenes mentales, y pueden incluso atentar contra sus propias vidas.
He querido presentar un cuadro de menos a más. No todos los casos psiquiátricos de las personas que lo sufren, son el resultado de un mal pasado o de malas decisiones. Algunos casos son somáticos, o sea tienen su raíz en problemas que sus propios cuerpos han generado. Pero aquellos casos que se vinculan al alma, a las emociones, debemos atenderlas en el alma y no desde el cuerpo o desde la parte meramente orgánica.
En primer lugar debemos recordar:
1. Las personas que sufren de ansiedad, tristezas profundas y depresiones repetitivas o clínicas. Estas personas sufren mucho. Estas personas quieren vivir bien.
2. Si nos toca lidiar de manera directa con casos así. Debemos buscar siempre las causas. Esta búsqueda debe hacerse con temor de Dios. Debe hacerse con respeto por la persona doliente. Y debe hacerse con fortaleza emocional propia.
Ahora quiero que cada uno de nosotros al leer, entendamos que esta tristeza aguda del alma que habla proverbios, la hemos vivido todos en la vida. Quizá tuvimos la gracia de Dios de no avanzar a otros estados más agudos de tristeza. Pero la verdad es que hemos vivido desánimos en la vida. Y déjeme decirle. De un estado de desánimo a un desastre hay solo una pequeña gran diferencia: La gracia de Dios.
Miremos otro proverbio relacionado:
“La mente tranquila es vida para el cuerpo, pero la envidia corroe hasta los huesos.” Proverbios 14:30 DHH94I
Aquí la palabra mente es sinónimo de “corazón” y de “alma”. Este proverbio una vez más repite el principio del primero que leímos. Una mente o un corazón tranquilo, en paz, sin enredos; es vida para el cuerpo. O sea, está hablando de salud. Pero a diferencia del primer proverbio que leímos, aquí nos presenta una causa para perder esa tranquilidad o esa paz que necesitamos para estar bien.
Comparemos de cerca:
El el primer proverbio dice que la ausencia de alegria nos enferma con “desánimo”.
El segundo proverbio dice que la “envidia” enferma el cuerpo. Poniendo una causa en una debilidad humana, que es lo mismo que: pecado.
El pecado como sea que se presente, siempre nos quita la tranquilidad del corazón. Y como resultado viene el quebranto del cuerpo.
Cuando salmos y proverbios hablan de quebranto o corroer los huesos, habla de quebranto de la salud física.
Y no tengo que explicar mucho este sabio principio. Pues no dudo que usted al igual que yo hemos vivido situaciones de intranquilidad del alma o la mente, porque no tenemos el debido balance en nuestra vida.
Busquemos las causas. Vale la pena enmendar y buscar vivir mejor. Pero no busque vivir mejor a su manera. No busque solamente, relajación mental, masajes a las contracturas, mente positiva, respiración profunda, etc. Yo le doy valor a estas prácticas, tienen beneficios inmediatos pero cortos.
Pero lo que empecemos a decidir a partir de reconocer nuestros yerros y enmendar, eso es para la eternidad. Los resultados no son tan inmediatos como quisiéramos; pero a mediano plazo los veremos y serán más poderosos con el tiempo hasta la eternidad.
“El honrar al Señor es una firme esperanza que da seguridad a los hijos. El honrar al Señor es fuente de vida que libra de los lazos de la muerte.” Proverbios 14:26-27 DHH94I
El mismo proverbista nos ilumina con la cura: “Honrar a Dios”
La honra es el valor que damos a alguien o a las cosas. Entonces…¿estamos honrando a Dios? Creo que por ahí debemos empezar a buscar las causas de nuestro dolor, de nuestra tristeza, de nuestro desánimo.
Según este proverbio, la envidia es una causa poderosa para la tristeza y la depresión. Quizá usted diga algo aliviado o aliviada: no es mi caso, ¡nunca padecí de envidia!
Bueno, detrás de la envidia; hay soberbia, codicia, avaricia, celos, contiendas, e insatisfacción. Y cualquiera de ellas nos llevaron alguna vez a tomar decisiones equivocadas. En algunos casos fueron desastrosas.
¿Una vez que encontramos la causa que hacemos?
Si estás en capacidad de decidir, decide con energía y dominio propio, cambiar tus patrones de conducta. No lo simplifiques a: “con la ayuda de Dios” o “en sus fuerzas”. Esas son solo frases. Si somos hijos de Dios ya tenemos las herramientas: el fruto del Espíritu. Eso es todo. Si deshojamos este fruto encontramos que tenemos “dominio propio”. En otras palabras nada o nadie nos domina. Sino solamente su Espíritu, pues esta es una manifestación del don espiritual.
Si la persona ha sido seriamente dañada, requerirá de apoyo externo, yo le llamo muletas emocionales. Esas ayudas que son necesarias para que una persona seriamente dañada emocionalmente; pueda volver a caminar por sí misma.
Tanto los que aún tienen dominio propio, como los que han sido quebrantados hasta la postración y ya no lo tienen; ambos requieren de Dios absolutamente.
Recuerdo a Job al hablar de esto. Porque aunque muchos han criticado mucho a los amigos de Job, ciertamente ellos fueron muletas emocionales para aquel que había tocado la puerta del hades en vida. Sus amigos pecaron contra Dios, pero no contra Job. Dios les reclama que no hablaron de Él lo correcto, ya que se dedicaron a defender a Dios, y no a cuidar de un hombre destruido emocionalmente
No obstante, aquel acompañamiento fue valioso para Job. Ellos fueron muletas emocionales. Y Dios perdonó a los amigos de Job, por no haber hablado correctamente de Dios mismo. Y no es que dijeron algo malo de Dios. Pero al hablar mal de Job y al juzgarlo y acusarlo y decirle que Dios lo había castigado, ahí pecaron contra Dios. Pues Dios nunca quiso aquel mal contra su hijo ni tampoco lo mandó. Así que aprendamos, mucho cuidado con hablar en nombre de Dios, juzgando a hijos de Dios. Es fácil, podemos juzgar de acuerdo a la Palabra de Dios a los incrédulos, y podemos juzgar lo que se ve. Aquello que no logramos ver, en nuestro hermano; ni siquiera debemos pronunciarlo.
¿Saben que? Dios hizo algo maravilloso en este cierre de la historia de Job. Dios manda a los amigos a que vayan donde Job para que ore por ellos y sean perdonados. Yo creo que Dios podía perdonarlos sin más. Pero aquel acto que pasamos de lejos al leer el libro; nos hace ver que la salud emocional, la salud del alma; Dios no se la toma a la ligera.
Me imagino que aunque la Biblia no entra en detalles de aquel reencuentro de Job y sus amigos. Es un momento emotivo. Pudo pasar que Job estuviera enojado, resentido o con algo de orgullo, y les dijera que ellos se habían equivocado cuando lo acusaban de pecador. Pudo pasar que alguno de los amigos dijera en evidente rebeldía: “no voy a ir para que ese perdedor ore por mi”.
Pudo pasar. Y claro que estoy haciendo una inferencia a la historia. Porque así es el comportamiento humano promedio.
No obstante, eso no pasó. Job amaba a sus amigos y oró por ellos.
Ellos posiblemente llegaron hasta él pidiendo perdón, pues ya Dios había hablado con ellos por aparte. Y aquel encuentro fue para sanidad de almas. Después de todo de eso se trata el evangelio. Sanidad de almas.
“Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job.”
Job 42:10 RVR1960
¿Cuándo actúo Dios en favor de Job? Cuando él oró por sus amigos. Para que Job pudiera orar por sus amigos, cualquier dolor agregado a su pena; debió ser removido de su corazón. Estoy seguro que así fue cuando tuvo sus diálogos con Dios y dijo: “de oídas había oído de tí, más ahora mis ojos te ven”. Job había nacido de nuevo.
Nuestras almas no pueden ser sanas sin nacer de nuevo. No pueden sanar sin la existencia de aquellos que directa o indirectamente nos causan daño. Sin la debida convivencia. Pero una convivencia a la manera de Dios, bajo el temor suyo.
Las causas de nuestros males no son las personas. Son las emociones de la carne que compiten y anulan el fruto del Espíritu.
Dios, gracias. Gracias porque nunca es tarde para entender estas verdades. Saber que cuando tengo un sentimiento o una emoción adversa, que me hace mal, y la relaciono con un nombre, estoy yendo en la dirección equivocada.
Ahora puedo entender que ninguna persona es capaz de poner en mi corazón: envidia, avaricia, soberbia, celo, ira, amargura, ansiedad, contienda, lujuria, etc.
Espero oh Señor, que aquellos que lean esta reflexión; sean también iluminados.