Pablo a los Romanos les escribe una carta altamente teológica con un enfoque eclesiástico de cuerpo y de reino. La iglesia es un cuerpo. Un organismo vivo, cuya vida es espiritual.
Como hemos señalado en otras ocasiones:
- El primer llamado de parte de Dios para el hombre es al arrepentimiento para salvación.
- El segundo llamado es a la santificación y a la santidad.
- Y el tercer llamado es al servicio.
Las principales razones para que no prestemos un servicio a Dios, pueden ser a nivel de esos llamados.
- Hay quienes anhelan servir a Dios, pero no se han arrepentido de sus pecados:
veamos un ejemplo en Hechos 8
13También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.
14 cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan;
15 los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo;
16 porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.
17 entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.
18 cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,
19 diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo.
20 entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.
21 no tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.
22 arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón;
23 porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás
2. Hay quienes quieren servir, pero rehúyen al compromiso, que es parte de la Consagración o Santidad a Jehová.
1 Tes. 4:7 Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación.
Somos llamados a la santidad porque Dios es santo. La santidad no es para servir, es para pertenecer. Y si pertenecemos, servimos.
15sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. 1Pedro 1:15-16
¿Quién nos llamó? Dios
¿Cómo es Dios? Es Santo
Eso es pertenencia, y solo esa pertenencia nos capacita para servir. Por lo tanto, no debemos rehuir al compromiso que implica nuestro llamado.
3. Hay quienes no sirven porque creen que no fueron llamados al servicio
Romanos 6:19 Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que, así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.
1 corintios 14:12 Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.
Pablo insiste en que cada uno de nosotros debe presentar cada miembro del cuerpo para servir.
Ninguno que llamándose cristiano puede estar improductivo en su obra. Manos, pies, oídos, boca, ojos, mente y corazón deben abonar a la edificación de los hermanos.
Entonces, cuando nuestras manos, pies, oídos, boca, ojos, mente y corazón infligen daño al hermano; estamos en desacuerdo con toda la verdad de la Palabra de Dios.
Actitud en el servicio:
Finalmente, sirvamos correctamente al Señor. No hay otra manera de hacerlo, que sirviendo a los hermanos y al prójimo. Sino lo hacemos a los hermanos que vemos, no mintamos diciendo que lo hacemos a Dios, a quien no vemos. Aquí se aplica el mismo principio del mandamiento del amor:
Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? 1 juan 4:20
Y al presentar nuestra vida en servicio nunca lo hagamos a la expectativa del ojo humano, pues nunca lograremos quedar bien en esa dirección. Hagámoslo para el Señor, quien nos llamó.
Efesios 6:6” no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios;