¿Qué responderías si alguien te pregunta por qué amas a Dios?
Quisiera que pienses primeramente si lo amas. Luego piensa por qué lo amamos. Sería interesante que escribieras tu respuesta pensada, reflexionada.
En el Salmo 116 encontramos una respuesta honesta, sincera y sorprendente. Leamos:
“Amo al Señor porque ha escuchado mis súplicas,” Salmos 116:1 DHH94I
Y en el versículo 2 la respuesta sigue sorprendiendo:
“porque me ha prestado atención. ¡Toda mi vida lo invocaré!” Salmos 116:2 DHH94I
El salmista escribe un canto de gratitud por el favor de Dios ante un hecho de inminente peligro. Pero en su canto de gratitud deja al descubierto el corazón humano. Un corazón que muestra en su miedo y pequeñez, el egoísmo que es inherente a nuestra naturaleza. Ese egoísmo contra el que batalla nuestro espíritu redimido.
1. Nuestros porqués: salmo 116:1 devela nuestros porqués, de tal manera que nos convertimos en seres condicionales. Y no es algo de lo que podemos librarnos a nuestro antojo. Es propio de la naturaleza caída. Así que no es un asunto de simplemente controlar nuestros porqués egoístas. Es un asunto de nacer a una nueva naturaleza y permitir que sea el Espíritu Santo quien nos vaya formando a la imagen de Cristo en una transformación constante, hasta la glorificación.
Por eso es que hoy escuchamos o decimos que amamos a Dios porque hizo esto o aquello. Porque me dio tal o cual cosa. Porque me salvó. Porque me amó.
Pero el desafío es amar al Señor por quién es Él. Es un desafío porque saber quién es Dios, nos lleva a concerlo. Y conocerlo es un asunto de fe. Y la fe no es de todos.
2. Nuestra falta de atención:
Salmo 116:2 expresa otra sorprendente razón. Los seres humanos necesitamos de atención. Fácilmente siempre estamos buscando atención en la vida. Desde que nace, el ser humano necesita la atención de su madre, y si no la tiene la busca.
El salmista dice: “porque me ha prestado atención, toda mi vida lo invocaré”
Esa búsqueda y ese amor siguen siendo condicionales en nosotros. Pero es imposible para el ser humano no condicionar su búsqueda, porque está apegado a su naturaleza de manera inseparable. Dichosamente, Dios es quien nos hizo y nos conoce a la perfección. Dios nos entiende en esta condición:
“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” Hebreos 4:15 RVR1960
Sí, amamos a Dios por que nos da seguridad. Así empieza este romance con Él, pero ese amor debe madurar. Debemos amarlo cada vez más por quién es ahora para nosotros. Ciertamente lo amamos a Él, porque el nos amó primero; eso dice Juan en su primera carta.
La mejor respuesta es aquella que reconoce que aún amarlo a Él, es fruto de su gracia. Y es nuestra oportunidad y responsabilidad amarlo con emoción pero también con uso de razón; o sea, comprendiendo quién es Él.
Aprendamos a amar a Dios, porque amarlo va más allá de necesitarlo y mas allá de lo que recibimos de Él.
Si para Dios, amarnos fue un acto de negación a sí mismo; para nosotros amarlo es un acto de fe.
Deja un comentario