Quiero compartir una historia de esos poderosos encuentros salvíficos de nuestro Señor. Se trata del encuentro que Jesús tuvo con la mujer samaritana, junto al pozo de Jacob.

Mientras recordamos algunos datos de la historia y leemos algunos de los versículos; quiero encaminar nuestra reflexión hacia el tema: Desarrollando una fe personal.

Jesús junto a los discípulos, camina rumbo a Galilea. En su paso se obliga pasar por Samaria. Pueblo que todo judío evitaba, ya que históricamente no se toleraban. Ya en las afueras de la aldea, se sientan a la par del pozo de Jacob para tomar agua. Y aquella mujer solitaria viene con su cántaro para llevar agua a su casa. Jesús le pide agua, a lo que la mujer replica: “¿como tú siendo judío me pides agua a mí que soy samaritana?”

Aquella pregunta encontró una respuesta normal en tal circunstancia. Cultural y socialmente, fue un encuentro improcedente. Pero entendemos que Jesús todo lo hacía con un propósito claramente divino.

Leamos y reflexionemos:

“Nuestro antepasado Jacob nos dejó este pozo, del que él mismo bebía y del que bebían también sus hijos y sus animales. ¿Acaso eres tú más que él?” Juan‬ ‭4:12‬ ‭DHH94I‬

Para judíos y samaritanos, los patriarcas eran una autoridad. De tal manera que ellos veneraban a sus antepasados, a veces casi al punto de la idolatría. Pero aparte de Jacob, aquí tenemos un elemento socio-religioso; el pozo.

¿Qué representaba para los samaritanos aquel pozo? No solo el agua que saciaba la sed y representaba vida; también representaba su fe o fidelidad a Jacob. Jesús entonces empieza a minar poco a poco con su diálogo, la falsa esperanza de aquella mujer. ¿Por que lo digo?

Por que aquí alrededor del pozo, la mujer se aferraba a un patriarca que le motivaba su fe, ella vivía de una fe prestada; que evidentemente no le había hecho libre de sus cadenas de pecado.

Ella le pregunta a Jesús: ¿Eres tú más que Jacob? Podemos ver en esta pregunta el grado de veneración que tenían los Samaritanos por Jacob. Y se abre una gran oportunidad para Jesús de hacerle entrega del don de la salvación.

¿Hay alguien más grande que Jesús en tu vida? Debes desarrollar una fe sólida solo en Jesús, sin ayuda y sin intermediarios.

Jesus entonces sigue el diálogo y la confronta con su pasado y presente, para llevarla a mirar un futuro diferente. En esa confrontación el corazón y el pecado de aquella mujer queda en desnudez, y profiere su primera palabra de afirmación respecto al Señor, al decirle que reconoce en él a un profeta. Pero Jesús, que sí es profeta, es más que profeta. ¡Es el Hijo de Dios y es Salvador! A la mujer aún le falta revelación.

¿Quién es Jesús para ti? Si no es “suficiente” Salvador, aún te falta revelación.

Así que la mujer, al reconocer a Jesús como un líder espiritual, se adentra en el tema adonde Jesús quería llevarla:

“Nuestros antepasados, los samaritanos, adoraron a Dios aquí, en este monte; pero ustedes los judíos dicen que Jerusalén es el lugar donde debemos adorarlo.”

‭‭San Juan‬ ‭4:20‬ ‭DHH94I‬‬

Ahora la mujer ve en Jesús alguien importante, y empieza a abrir su corazón respecto a su fe. Vienen las tradiciones a tema de conversación. Vienen sus ancestros a la mesa de diálogo. Ella dice: nuestros antepasados adoraron aquí en este monte (Monte Gerizin) pero los judios dicen que se debe adorar en Jerusalén. Esta es otra puerta abierta para la respuesta liberadora de Jesús:

“Jesús le contestó: —Créeme, mujer, que llega la hora en que ustedes adorarán al Padre sin tener que venir a este monte ni ir a Jerusalén. Ustedes no saben a quién adoran; pero nosotros sabemos a quién adoramos, pues la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora, y es ahora mismo, cuando los que de veras adoran al Padre lo harán de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios. Pues el Padre quiere que así lo hagan los que lo adoran. Dios es Espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios.” Juan‬ ‭4:21-24‬ ‭DHH94I‬‬

No será ni este monte, ni Jerusalén. Los verdaderos adoradores lo harán en el corazón. Desde su interior. Conformados a la manera del Espíritu Santo. Y a tales adoradores busca el Padre. Aquí Jesús está haciendo honor al título de profeta, y le está profetizando el bautismo del Espíritu Santo que vendría sobre la iglesia naciente.

¿Aún la religión de tus antepasados, te dictan formas y fórmulas para adorar y orar al Padre? Debes experimentar libertad para adorar al Padre, eso es lo que significa: “conforme al Espíritu de Dios ”. Es el bautismo del Espíritu Santo, que hemos recibido quienes hemos venido a Cristo.

La mujer poco a poco caía rendida ante el poder persuasivo del Mesías.

“La mujer le dijo: —Yo sé que va a venir el Mesías (es decir, el Cristo); y cuando él venga, nos lo explicará todo. Jesús le dijo: —Ése soy yo, el mismo que habla contigo.” Juan‬ ‭4:25-26‬ ‭DHH94I‬‬

Finalmente, Jesús se revela a la mujer mas pecadora del pueblo. Y ella, la que menos imaginaríamos, es la portavoz de la buena noticia en su aldea. ¿Por qué se convierte en portadora del evangelio? Porque fue libre de sus ataduras y desarrolló una fe personal. No hay creyente más poderoso y comprometido; que aquel que ha desarrollado una fe personal, sin dependencia emocional a una persona o religión. Solo fe en Cristo.

“La mujer dejó su cántaro y se fue al pueblo, donde dijo a la gente: —Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías? Entonces salieron del pueblo y fueron adonde estaba Jesús.

Muchos de los habitantes de aquel pueblo de Samaria creyeron en Jesús por lo que les había asegurado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho.» Así que, cuando los samaritanos llegaron, rogaron a Jesús que se quedara con ellos. Él se quedó allí dos días, y muchos más creyeron al oír lo que él mismo decía. Y dijeron a la mujer: «Ahora creemos, no solamente por lo que tú nos dijiste, sino también porque nosotros mismos le hemos oído y sabemos que de veras es el Salvador del mundo.»” Juan‬ ‭4:28-30, 39-42‬ ‭DHH94I‬‬

Cuando Jesús se revela a la vida de alguien, todo su pecado le es visible y gravoso, y la persona puede arrepentirse y ser perdonada.

Conclusión:

La fe es un don de Dios, es personal. No podemos tener fe para salvación por medio de las tradiciones de nuestros padres y abuelos. No podemos tener fe genuina por medio de las tradiciones de nuestra iglesia.

Puede que tu padre y madre hayan sido de buen testimonio, eso no te dará la fe para salvación. También puede ser que tus padres no te dieran buen ejemplo, aún siendo miembros de alguna iglesia, y eso no es obstáculo para que tengas el don de Dios, la fe en Cristo para salvación.

Como aquella samaritana, no mires el pozo que te heredaron, no mires a tus antepasados, ni un lugar para adorar. Solo hay un lugar para adorar y es tu corazón.

Recuerda lo que tajantemente Jesús le dijo a la mujer de Samaria:»La salvación viene de los judíos” Jesús fue judío y por eso hizo tal afirmación. Él es El Salvador y debemos saberlo. Debemos saber a quién adoramos. Lo importante aquí de esta afirmación que Jesús comparte con la mujer de Samaria; no es que él es judío. Ciertamente lo importante es que que él es el mesías. Pero Jesús lo hace porque sabía que los samaritanos tenían conocimiento de la Toráh y sabían que el mesías vendría de la tribu de Judá, y que nacería en Belén de Judea. Así que por eso le dice: «ustedes no saben a quién adoran» porque aquella enemistad quitaba la mirada de ellos del lugar correcto de donde debían esperar al mesías, el Cristo.

Quiera nuestro Señor, que tú tengas una fe genuina. La fe que salva. La fe que mira al lugar correcto para ver a Cristo el hijo de Dios. Y así le adores.

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