«Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.”
Mateo 2:10-11 RVR1960
Dichosos aquellos a quienes les es dado entender las señales divinas. Aquellos misteriosos reyes magos, de los que la humanidad ha generado leyendas y mitos; eran indudablemente personas importantes en algún lugar del lejano oriente. Por cierto no eran magos de hacer magia, sino más bien personas entendidas en la astronomía de la época, pero aparte de ello tenían conocimiento de las profecías de Isaías sobre el nacimiento de Cristo; fecha, lugar y señal en los cielos. Aquella señal es la “estrella” que se iluminó como presagio de la Luz resplandeciente de la mañana que nacía en Belén efrata. Así que la Biblia no da detalles de aquellos reyes, porque la historia no trata de ellos.
Aquellos misteriosos hombres, llegaron a Belén sabiendo más de lo que podemos imaginar. Definitivamente eran iluminados de Dios para el momento profético que se estaba cumpliendo. Supieron que Jesús nació para morir, en sus regalos lo profetizan. Pero también sabían de las intenciones de Herodes de matarlo antes de tiempo. Por eso cambiaron su ruta de regreso.
¿Pero qué regalos fueron?
Oro, incienso y mirra. Los regalos proféticamente más apropiados para el recién nacido rey.
Oro que replicaban que había nacido un rey. Majestuosamente divino, pobremente humano. Una profecía de antaño que finalmente aperturaba una nueva era.
Incienso que profería alabanzas merecidas y adoración irresistible.
Mirra que profetizaba su muerte. Como recordándole a la historia, la misión del nacido.
Al preguntarnos del por qué de aquellos regalos, nos recordamos a nosotros mismos que no tenemos nada que ofrecer al rey nacido en Belén, más que:
Honor y Gloria: oro
Adoración constante; no solo de palabra sino de acciones: incienso
Nuestros pecados que lo llevaron a la cruz: mirra.
En esta navidad, en la que todavía habremos quienes celebramos a Jesús, debemos entender que; es solamente una parte de la historia. Un historia que se complementa con su muerte y resurrección.
Cristo ha nacido, es hora entonces de abrir nuestros tesoros.