Estimados lectores. Hemos iniciado un nuevo año. Esto es un micro ciclo de vida en el que necesitamos ser más y no menos sabios.
El texto de hoy nos debe impactar de verdad, sin excusas ni dudas.
“Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.” Isaías 6:6-7 RVR1960
Isaías nos relata la experiencia de su conversión. Y de esta narrativa podemos aprender y aplicar conceptos bíblicos y teológicos muy poderosos. Destacaré tres temas generales:
1. Primeramente Isaías nos plantea el tema del llamado del creyente.
2. Luego nos plantea el proceso de purificación al que es llamado.
3. Pero también nos revela propósito en la salvación y llamado del creyente.
Ahora bien, antes de desarrollar los temas, creo importante entender más el contexto.
Isaías es llamado en una época en que Judá, se alejaba apresuradamente de Dios:
“E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho Uzías su padre, salvo que no entró en el santuario de Jehová. “Pero el pueblo continuaba corrompiéndose.” 2 Crónicas 27:2 RVR1960
Tenían un buen líder, al rey Jotam; pero sus corazones estaban corrompidos. Isaías sabe de primera mano que él y su gente tenían labios inmundos. O sea, incapaces de servir a Dios.
1. El llamado: Dios llama para salvar y para involucrar. Dios llama a Isaías para esta tarea. Enderezar el camino de una nación. Su tarea era comunicar el mensaje, no cambiar a las personas, pues no podía ni él ni ningún humano.
Hoy nada es diferente. Dios nos ha salvado y nos quiere involucrados en la predicación del evangelio.
2. Pureza del creyente: Bien vale recalcar que no estoy diciendo que la pureza es solo para el que sirve. Es para cada creyente. Pues cada creyente; a la vez es llamado a servir. El carbón encendido tomado del altar, es la presencia misma de Dios. Es Cristo mismo quien nos regenera. Es el Espíritu Santo de la promesa. Dios al igual que con Isaías; nos llama primeramente a ser libres y salvos. Luego nos da dones para que le sirvamos. Es lo que Isaías nos relata en el versículo 6 y 7.
El Serafín vuela hacia él y con el fuego purificador toca los labios del profeta. Y le dice:
A. Es quitada tu culpa: La culpa es un problema espiritual. No dejemos que la culpa se anide en el corazón. ¿Cuándo puede pasar que la culpa se apodere? Cuando no reconocemos nuestra inmundicia. Y si no reconocemos lo que nos hace inmundos (sucios) entonces resultará en una cadena opresora, de eslabones como: culpa crónica, indiferencia, amargura, vicios y alejamiento de Dios y de la piedad. Recordemos que la culpa es real, viene a nosotros cuando hemos actuado mal o decidido mal. Pero puede ser removida al ser regenerados por el sacrificio de Cristo.
B. Es limpio tu pecado: una vez que le expresa que su culpa ha sido quitada, le dice que ha sido “limpio” de su pecado. ¿Por qué? Porque al reconocer su pecado, inmediatamente de reconocerlo y confesarlo como lo hizo Isaías, la culpa es quitada. Así es para nosotros. Si reconocemos pecado y lo confesamos, tendremos libertad de la culpa.
Luchamos con el sentimiento de frustración y las consecuencias de algo que no hicimos bien; pero en el cielo ya no somos más culpables. Ahora sí, un creyente purificado está listo para cumplir su misión.
3. El propósito del llamamiento del creyente:
Isaías empieza su ministerio con la muerte de Uzias. Un rey calificado como bueno. Que Dios prosperó y ayudó. Pero este Rey que llego a ser poderoso en el reino del Sur; la Biblia dice que cuando se hizo fuerte, su corazón se enalteció y fue herido por Jehová hasta el día de su muerte. Es entonces que Dios llama a Isaías para enviarlo a una nación dura y terca.
El profeta empieza su ministerio bajo el reinado de Jotam hijo de Uzias, quien hizo un reinado agradable a Jehová, y fue fuerte también, como resultado de tomar en cuenta a Dios. La Biblia dice que Jotam se hizo fuerte porque preparó sus caminos delante de Dios.
Hay un hombre llamado Isaías, antes inmundo de labios, lo cual indica que su corazón estaba corrompido, porque la Biblia dice que de la abundancia del corazón habla la boca. Pero ahora Isaías se atreve en su inmundicia a ver a Dios y encuentra la misericordia que lo purifica y lo limpia de su pecado.
Concluimos que:
1. La culpa es el martillo del pecado. Si nos golpea debemos examinarnos a nosotros mismos.
2. El perdón es la solución a la culpa. Primeramente el perdón de Dios. Luego perdonarnos a nosotros mismos. Y finalmente perdonar a quienes nos agravian.
3. El servicio es la actitud agradecida de todo creyente perdonado. Esta debe ser la respuesta correcta del cristiano.
Si creemos esto y nos impacta, debemos tomar acción. Este año debería ser nuestro momento decisivo.
Claro, yo sé que para que esto ocurra, debemos buscar y permitir cambios.
Yo estoy comprometido con los cambios que necesito. Yo no puedo más ir a medias.
Tú?