• ¿Cómo enfrentar este tiempo de apostasía y blasfemias contra Dios y su Iglesia?

    Por Elias Lara

    Hay dos conceptos en esta pregunta, que son diferentes, pero coexisten y se potencian entre sí. Por un lado, la apostasía que afecta directamente a la Iglesia, y por el otro; el espíritu blasfemo de la actual generación que nos acontece. El punto es, cómo enfrentarlo y salir bien librados. No hay respuesta fácil para esta cuestión, y sabemos que debemos enfrentar este tiempo con el poder y la gracia divina, pero en el plano práctico los creyentes vivimos muchos peligros, tanto físicos como emocionales, y espirituales.

    Vamos a partir de un principio edénico pre mortem, ahí donde el proyecto de Dios era estéril y dependía en lo absoluto de Dios, y su relacionamiento con el ser humano y los otros seres creados. Este es “el principio del gobierno absoluto de Dios”.

    “Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.” 1 samuel 8:7 (RVR1969).

    Aquel momento histórico para la nación de Israel, fue cuando el liderazgo de Samuel, quien era profeta y juez de la nación; empezaba a envejecer. Los hijos de Samuel no respondieron a la expectativa de los ancianos de Israel para su continuidad; por lo tanto, le pidieron a Samuel un rey. Un acto que podría Samuel haber interpretado como rechazo a su investidura, pero no, Dios le aclara a Samuel que no era a él a quien desechaban, sino a Dios mismo. Fue un periodo de teocracia legítima, y no requirió de un pueblo perfecto moralmente, sino de un pueblo cuyos líderes eran responsables ante Dios; de impartir la ley de Dios y mantener la justicia de la ley de Dios en sus territorios. Por eso existían los jueces, aquellos hombres y aquella mujer, que juzgaron sus causas personales, nacionales e internacionales.

    Walter Cuadra, citando el Nuevo Diccionario Bíblico Certeza, define el periodo de los jueces de Israel de la siguiente manera: «Jueces es la continuación cronológica del Pentateuco y de Josué, y describe la historia de Israel desde la muerte de Josué hasta la aparición de Samuel”. (párr. 2).

    También, Cuadra agrega: “Por tanto, podríamos definir el período de los jueces como aquella parte de la historia de Israel que nos habla de sus primeros años de asentamiento en la tierra de la cual recientemente habían tomado posesión, un periodo de caos político y espiritual que abarca alrededor de 300 años, desde la muerte de Josué hasta el inicio de la monarquía, entre los siglos XII al XI a.C. Algunos consideran este período como la historia de la teocracia de Israel, considerando el hecho de que no existían reyes que gobernaran a las 12 tribus y, por lo tanto, tenían que regirse por sus leyes divinas y confiar en la fidelidad de Dios para que sus promesas se cumpliesen en ellos, afirmándolos en la tierra que se les había prometido y sometiendo a las naciones que los rodeaban. Ahora, el cumplimiento de estas promesas dependía de la obediencia de Israel a su palabra: “Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas”. Deuteronomio 28:13.

    Por consiguiente, cuando Israel desecha a Dios y pide un rey, lo hace con alevosía; ya que agregan en su petición, que ellos quieren ser como las demás naciones.

    Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día. Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: No, sino que habrá rey sobre nosotros; y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras. 1 samuel 8:18-20 (RVR1969).

    Este pensamiento no tiene que ver solo con Israel, atañe a la Iglesia en un sentido figurado, porque pone nuestro corazón al espejo de esta actitud. No hay forma que podamos sobrevivir a las naciones de hoy y a sus ideologías y hostilidad, sin el gobierno de Dios en nosotros. Desde que Israel desechó a Dios, fue perdiendo paulatinamente su herencia y sus conquistas en Canaán.

    En Cristo, Dios formó de judíos y no judíos un solo pueblo para él. Es una forma de teocracia en los corazones de los llamados, salvos y comisionados. Las condiciones son las mismas que tenían Adán y Eva en el huerto e Israel durante la teocracia de los jueces: simplemente obediencia. La obediencia es una distinción del cristiano, porque al obedecer confía en Dios y su soberanía en medio de cualquier circunstancia.  

    ¿Cómo enfrentar este tiempo de apostasía y blasfemias contra Dios y su Iglesia?

    Debemos enfrentarlo con obediencia y confianza en lo que Dios está haciendo, en lo que hará, pero sobre todo en lo que Dios está permitiendo en el mundo de hoy; lleno de hostilidad blasfema. También, debemos estar preparados para no ser seducidos dentro de la Iglesia, hacia una tolerancia participativa de las nuevas convenciones sociales respecto a todo; pero en especial, respecto a la familia, la vida y la sexualidad.  

    Dios debe ser Rey sin excusas, no necesitamos ser inmaculados (algo imposible per se) para aceptar su gobierno, solo confiar de verdad en Él. Si confiamos, obedecemos; si desobedecemos, podemos arrepentirnos para perdón, y seguir confiando. Pero sin Dios gobernando en nuestro corazón, no llegaremos muy lejos en este tiempo, y menos aún en tiempos venideros. Porque la hostilidad directa y de confrontación hacia Dios; va creciendo a tal punto, que el ateísmo no tendrá lugar; ya que tendrán que creer en Dios para poder atacarlo e intentar destruirlo. ¿Lo que digo es fábula? No, para nada. Es escatología bíblica (apocalipsis 20).

    ¿Signos de que Dios no está gobernarnando?

    1. Normalizar la conducta humana, tal como el mundo lo normaliza, aún en contra de lo que la Biblia diga acerca de esas conductas. Esa normalización; es el equivalente al rechazo de Dios por parte de Israel, para proponer un rey humano que los guiara.

    2. Tibieza espiritual, es otro signo, y quienes viven esos estados espirituales; es por falta de fe y disciplinas espirituales.

    3. Activismo estéril, refiere a la participación activa del cristiano, en activismos enfermizas, hostiles y “hates” (actitudes y pensamientos de odio).

    ¿Acaso se puede concebir como sano y natural la vida de creyentes que tienen como meta principal o única, las luchas humanistas sin propósito en Cristo?

    Hay luchas sociales, luchas ideológicas, luchas animalistas, luchas pro étnicas, sin mediar una meta espiritual de reino.

    Sin transformación de vida, sin salvación y sin vida eterna, toda lucha humana es estéril para el cristiano.

    Podemos ser ciudadanos ejemplares y servir a nuestra sociedad, es lo idóneo, pero nunca olvidar nuestra responsabilidad y oportunidad de compartir la vida en Cristo. Y la sociedad que nos sostiene ahora, cada vez más, nos exigirá no llevar a Cristo con nosotros.

    Hemos llegado al tiempo decisivo, donde los creyentes nos enfrentaremos a ceder o morir; quizá no literalmente moriremos, pero moriremos socialmente en las manos de la exclusión ideológica, hostilidad política, marginación intelectual y burla religiosa.

    ¿Dejarás a Dios reinar? Si tu respuesta es positiva, es casi seguro que el peregrinar cristiano en adelante sea a cuestas. Porque tu opinión no será tan valorada, pero sí es necesaria. Nuestra tarea es ser sal entre la desabrida sociedad que nos toca vivir. Y ser luz en la tiniebla más densa de la humanidad, la que estamos viviendo, y que se complicará mucho más.

    Al ejército de Dios en todos los rincones de la tierra, y hasta donde estamos llegando a través de este blog, les recuerdo que están muriendo cristianos en occidente por compartir la verdad y los valores bíblicos. Así que no retrocedamos, y seamos valientes en la hora de la prueba. ¿Cómo? Viviendo dignamente como conviene a los santos, y proclamando el Evangelio. Defender la verdad que creemos, es parte de ser una familia de fe.

    “sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros…” 1 Pedro 3:15 (RVR1969).

    Referencias

    Cuadra, Walter (s.f) El período de los Jueces de Israel., párr. 2. https://lassagradasescriturasestudio.blogspot.com/2024/09/el-periodo-de-los-jueces-de-israel.html#:~:text=Por%20tanto%2C%20podr%C3%ADamos%20definir%20el%20per%C3%ADodo%20de%20los,y%20sometiendo%20a%20las%20naciones%20que%20los%20rodeaban.

  • Dios y Cesar: Eternidad y temporalidad

    Por Elías Lara


    Hoy quizá es tiempo de que la Iglesia Cristiana como pasó en los primeros tres siglos, identifique; el significado que Jesús le dio a la política y a los líderes de una nación, al expresar; “Den al Cesar lo que es de Cesar, y a Dios lo que es de Dios”. Hay una separación de identidades, pero un compromiso de las personas con ambas.


    Traigo este tema al blog, porque personalmente he sido exhortado por la Palabra de Dios para no seguir el guion del mundo. Como sociedad en Costa Rica, estamos divididos por la política más que nunca. Es posible que quienes me leen en otros países y latitudes estén experimentando la misma crisis de masas. Pero el punto de este tema, es cómo afecta la integridad del creyente en su relación con los hermanos. El creyente puede votar con total libertad por el candidato que considere de su preferencia. Lo que no se vale es que los creyentes se denigren unos a otros por la política, pero es lo que nos está pasando.


    Hay una idea que recorre nuestras redes sociales, donde se cuestiona el voto de un cristiano a un partido político específico de ideas llamadas progresistas, altamente anticristiano. Pero si no votan por un progresista, quizá votarán por candidatos liberales, o transaccionales; que intercambian valores y fe, por votos. En ese sentido no tenemos una escala de moralidad válida y estaríamos condenados a ser anti ciudadanos al no votar. No creo que sea el camino, porque cuando Pablo instruye a Timoteo, exhorta a las iglesias a orar por los reyes y por los que están en eminencia, y agrega; que eso agrada a Dios. Pablo sabía que esto de orar por el César y gobernadores de las provincias, no era una idea apoyada por todos; pues la opresión del imperio romano era más agreste en unas provincias que en otras. Pero su mandato apostólico refleja el carácter de la oración: Una acción de fe, para sanidad del corazón cristiano, y la búsqueda de respuestas divinas.


    Entonces, mi opinión al respecto dista un poco de esa fórmula apologética, tipo cápsula que propone que los creyentes nos alejemos de todo lo que huele a mundo; no obstante, estamos en el mundo con un propósito que no es la guerra ideológica, sino modelar el Evangelio. Jesús oró por sus discípulos: “no te pido que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn. 17:15).
    Precisamente, al no cumplir la misión que como Iglesia tenemos, nos hemos ido perdiendo entre los contrasentidos del mundo del que Dios no ha querido quitarnos intencionalmente. ¡Qué tiempos tan peligrosos que estamos viviendo! Y tristemente una gran mayoría de creyentes viven alejados de la verdad que nos atañe y nos identifica como cristianos.

    A continuación, les dejo otros argumentos bíblicos para empezar a cambiar el rumbo de nuestras conversaciones y discusiones, hacia propósitos bíblicos.

    1. Somos una familia: El actuar de la Iglesia primitiva, aquella que experimentó los hechos del Espíritu Santo, era un actuar solidario, bajo autoridad y codificado en una conducta cristiana. Había discrepancias que podían resolver con respeto, firmeza y velando por el nombre del Señor y la salud emocional y espiritual de la comunidad.


    “vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”. 1 Pedro 2:10.
    “…un Señor, una fe, un bautismo, …” Efesios 4:5


    Tenemos los mismos desafíos y quizá unos cuantos más, que en el ayer de la Iglesia. Por ejemplo, el desafío de la divergencia. Pero divergir, hoy se agrava por la existencia y uso desmedido e imprudente de las redes sociales, donde los creyentes exponen temas que ni ellos mismos entienden o dominan, mucho menos los no creyentes. A la vez, algunos hemos entrado en discusiones estériles sobre, política, deportes, moralidad, etcétera. Y no es que no podamos hacerlo, o que sea pecado, pero hay acciones pecaminosas en la forma que muchas veces lo hemos hecho; usando lenguaje hostil, y en algunos casos palabras soeces. Debemos tener mucho cuidado de estas discusiones virtuales y/o presenciales que encienden pasiones incontrolables, que son las que generan y replican discursos de odio, repudio y calumniosas.


    Si hemos de expresar una opinión sobre algún tema abierto en redes sociales, grupo de trabajo, grupo de amigos, grupo de estudios; eso está bien, pero debemos hacerlo en el marco del respeto y el derecho a la libertad de expresión. Finalmente, recuerde nunca caer en ataques, ni provocaciones; donde respondamos con insultos y calumnias. Recordemos también, siempre defender la justicia, la verdad y al más débil.


    2. Somos un pueblo diferenciado por la conducta:
    Se les llamó cristianos, por ser seguidores con una conducta evidente ligada al Señor Jesucristo. En las redes sociales, también debemos evidenciar a Cristo en cada palabra y gesto.

    “Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía”. (Hechos 11:26).


    3. Somos un pueblo con propósito definido respecto a la sociedad:

    “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…”. 1 Pedro 2:9.


    Anteriormente hablábamos de un propósito definido, y es anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. ¿Sabe usted cómo debemos anunciar esas virtudes? No, no es predicando discursos, es viviendo las virtudes de Cristo, y entonces una vez que las podemos vivir, también las podremos predicar, recitar y exponer. Estas virtudes de luz, son las que deben brillar en la participación cívica y ciudadana; del voto y de las actividades comunitarias. Pero las discusiones necias no tienen virtud alguna.


    4. Somos peregrinos y extranjeros en este mundo:

    “Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra”. Hebreos 11:13.
    Como aquellos hombres y mujeres de la fe relatados en la lista de hebreos capítulo once, así debemos los creyentes hoy comportarnos. En esperanza eterna, no temporal y espacial. No somos de este mundo, y vamos en un peregrinaje hacia una tierra que no avergüenza, donde no hay dolor, ni tristeza. Una verdad que muchos creyentes ven como si fuese un mito. Y es uno de los motivos por los que una gran mayoría de creyentes se suelen perder en discusiones improductivas.


    “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”. Juan 15:14 (RVR1960).


    Al escribir este artículo, lo hago por una exhortación directa de la Palabra de Dios a mi vida, y padeciendo aún la tentación de debatir cosas superfluas; si las comparo con la eternidad.
    Hago el mismo llamado a los hombres y mujeres que lean este artículo y que son cristianos, para que volvamos a la esencia de nuestro “apellido” en la familia de la fe; ser un cristiano, es mucho más que ser un Lara, una Morales, un Mora, un Solórzano, etc. Manos a la obra, hagamos obra de ministerio en todo lugar y oportunidad que se nos presente.

  • Multitud de pensamientos

    Por Elías Lara

    Cuando yo decía: Mi pie resbala, Tu misericordia, oh Jehová, me sustentaba. En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma. Salmos 94:18-19 (RVR 1960).

    «Esos pensamientos según el uso hebreo del sustantivo, significa: “pensamiento inquietante y sentimiento ansioso”.


    Para el Salmista, dentro del contexto de su clamor; expresa su emoción respecto a Dios como juez justo que juzgará sus causas, y su pequeñez envuelta muchas veces en profundas encrucijadas.


    El Salmista en el momento describe su emocionalidad como un arraigo inseguro del “pie que resbala”. ¿Ha sentido usted alguna vez la sensación al tropezar o resbalar? Ya sea que caiga o no, la sensación de la caída genera como un vacío en el estómago.

    Así es la descripción del penitente que ora esta plegaria respecto a las acciones hostiles de sus enemigos reales o imaginarios.
    Inmediatamente que describe su situación, el penitente concluye, que en la misericordia de Dios estuvo y está su sustento.

    Cuando tenemos situaciones que sobrepasan nuestras fortalezas mentales, emocionales y espirituales; tendemos más a ubicar a Dios en la realidad que experimentamos. Es esa sensación de… ¿ahora qué hago? Y llegar a ese punto es clave para orar y ponernos de acuerdo con Dios y su voluntad revelada acerca del conflicto.


    Lo interesante, es que la causa del salmista es enteramente interior (dentro de mí), la raíz hebrea sitúa esta interioridad en los intestinos o entrañas. Es ahí donde la lucha se siente, pero su origen es el sistema nervioso central (mis pensamientos). Esos pensamientos según el uso hebreo del sustantivo, significa: “pensamiento inquietante y sentimiento ansioso”. De tal manera que, podemos entender una crisis de nervios que surge de sus propias ansiedades, ante situaciones de su entorno que lo aquejan y lo intimidan.


    Ante cualquier situación que provoque una fuerte ansiedad, debemos llevar nuestras almas a puerto seguro.


    Permítanme hacer una inserción explicativa de este concepto desde la psicología

    – Imagínense que ya la Biblia con su eterna sabiduría, refería toda situación emocional en crisis; como altamente patológica o enfermiza, ya que no solo es lo que se vive; sino dónde se siente y cuánto nos afecta. Es propio de las escrituras hablar de una afectación en las entrañas; ya sea intestinos, hígado y riñones. Todo ello está conectado al sistema digestivo y endocrino (hormonal). Es ahí donde sufrimos y sentimos las más grandes pasiones del alma – positivas y negativas –. Hace poco tiempo que desde la neurociencia se descubrieron y validaron las conexiones neuronales entre intestino y cerebro. Desde entonces se suele llamar al intestino, el segundo cerebro, ya que ahí hay contenido neuronal que se creía solo parte del cerebro; además, que es en los intestinos donde se producen en mayor cantidad; algunos neurotransmisores (sustancias para la comunicación cerebral) y algunas hormonas vitales, reguladoras del estado de ánimo –. Cerramos la explicación.

    El salmista entonces, es guiado por el Señor a puerto seguro del alma, por medio de las “consolaciones” del Señor. Y estas consolaciones del Señor, en hebreo sería “ta´abah”, significa esencialmente, los deseos de Dios. No es una palmadita en la espalda, son los deseos de Dios para la vida del penitente, sean del gusto o no, del sufriente. ¿Cuál es tu deseo en esta situación que estás viviendo? Es válido desear algo bueno, pero es mejor preguntarnos; cuál es el deseo del Señor en esto que me está pasando.


    Y debo recordarnos a todos, que Dios el Señor no cambia. Sus consolaciones para nuestras vidas no son palmaditas en la espalda. Son sus deseos que el quiere cumplir en nuestras vidas. Como lo expresó a través de Jeremías: “pensamientos de bien y no de mal”.

    Sin sus deseos no vamos a encontrar gozo, ni paz con nuestro entorno.

    No importa cuánto oremos; si nuestra oración y esperanza no van alineados a los deseos del Señor, es posible que nuestras respuestas al conflicto sean “parches viejos en odres nuevos”, tarde o temprano se romperá el odre. Lo que la metáfora implica, es que volveremos al conflicto y con mayores pérdidas y consecuencias.

    Solo los deseos de Dios para nuestras vidas son la vía para el alma a puerto seguro.

  • Juan 8: implicaciones de ser luz

    Por Elías Lara

    Los pricipales líderes religiosos y responsables de impartir la ley de Moisés, tropezaron con la luz que vencería las tinieblas; al pretender ser ellos la luz de los hombres, rechazando la luz venida del cielo.

    Jesús ha venido librando una serie de batallas; sus hermanos le discuten el por qué no va a Jerusalén a la fiesta de los tabernáculos, dudando de sus intenciones y llamado. La gente común hablan de él y se preguntan unos a otros, ¿será este el mesías o no? Y los fariseos, procuran aprehenderlo enviando alguaciles para ello. Pero, además le hostigan constantemente en todo lugar.

    El siguiente día, sigue el acoso, y Jesús se enfrenta argumentativamente a los fariseos, y plantea la daga final a aquellos ensoberbecidos guardas de la ley mosaica. Son los textos que quiero compartir ahora.

    12 Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. 13 Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero. 14 Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy. Juan 8:12-14 (RVR1960).

    Hay tres implicaciones en este texto, que debemos atesorar:

    1 Jesús la luz del mundo, que constriñe un despertar de la conciencia

    Como luz, Jesús trajo un despertar de la conciencia. No solo despertó el odio de los líderes de su nación; quienes se sintieron desplazados, sino también; un despertar en muchos samaritanos, publicanos, y otros paganos, a quienes les concedió el don de la vida eterna, dándoles sanidad y un lugar en su vida y la sociedad.

    Seguir a Jesús se convirtió inmediatamente, en una virtud moral y un poder espiritual inconquistable por la ley judía, el poder imperial romano y la hegemonía cultural helénica (de los griegos). Quienes le seguían podían conocer el bien y el mal.

    Juan 1:5 nos presenta una forma retórica de señalar y diferenciar entre la naturaleza humana caída y depravada, y la naturaleza divina de Cristo, que irrumpía en este mundo de tiniebla moral y espiritual (estado aletargado de conciencia).

    5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Juan 1:5 (RVR1960)

    Esta es la acción concreta o efecto de la luz del Señor, que nos ha alumbrado para que podamos proyectar su luz también a otros.

    2. La luz como testimonio: Cristo el testimonio viviente

    Cuando Jesús les indica a los fariseos que él es la luz, ellos responden: “Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero”. Esta expresión nos deja claramente establecido que, en el contexto del Evangelio de Juan, y en especial en este texto; luz es sinónimo de testimonio. Jesús se presenta a sí mismo como la luz para la humanidad, los enemigos suyos lo emplazan con una acusación: “tu testimonio no es verdadero”, en otras palabras; eres un mentiroso. Estos líderes estaban juzgando por la tenue luz de la ley, que pedía dos o tres testigos en cualquier asunto de conflictos o acusaciones. Era más importante la forma que el fondo o el contenido para esta casta de líderes, pero no para Jesús; quien se centraba en la esencia. Y su esencia era luz propia. Ya aquellas antorchas de la ley mosaica, habían sido opacadas por el resplandor de la luz de Cristo.

    Nosotros somos luz dice mateo capítulo cinco en el sermón del monte. Y somos luz no de manera etérea, sino por el testimonio. La gente nos verá, y serán impelidos y responsabilizados delante de Dios el Padre. El despertar de nuestra conciencia, es la luz moral que oprime la laxitud moral de las sociedades de hoy.

    3. La identidad en el testimonio

    No menos importante, la respuesta de Jesús habla y nos invita a revisar nuestra identidad en Cristo, así respondió él de manera segura: “…mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy”. Jesús los emplaza y les dice que él sabe quién es; de donde ha venido y su destino.

    Este saber, es crucial para responder con total seguridad a quienes le hostigaban. En nuestro tiempo no hay lugar para la ambivalencia. Nuestra identidad debe ser diáfana, sin componendas ni suspicacias. Jesús les dijo a esos religiosos que, por el contrario, ellos no sabían quién era él. Yo estoy seguro que eso afectaría la identidad del pueblo que ellos guiaban, no creer no queda como un simple escepticismo; es a la vez rechazar, y con ello se rechaza la identidad en Cristo.

    Es en el quehacer cristiano, dentro de la iglesia, la familia y otros círculos de interacción, que podemos alumbrar por medio del testimonio, que es nuestra identidad en Cristo.