"La ética estudia los principios y valores que guían el comportamiento humano en su contexto de convenciones morales. Se centra en lo que se considera correcto o incorrecto, bueno o malo, y busca establecer normas para una conducta deseable en sociedad. En nuestro caso de estudio, refiere a la conducta del cristiano, frente al perdón".
Por Elías Lara
Tome nota por favor, que perdonar a los que nos ofenden, es un mandamiento bíblico y convierte esta ordenanza en un valor moral para los creyentes. Además, este valor condiciona el perdón de Dios hacia nosotros. Entonces, se vuelve una dinámica ética; donde debemos ser tratados como iguales. En ese sentido, si no perdonamos a quienes nos ofenden, Dios no nos perdonará a nosotros nuestras ofensas.
14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Mateo 6: 14-15 (RVR1960).
Perdonar aparte de ser un mandamiento condicionado y con promesa; conlleva sanidad, restauración y gozo de la persona agraviada que acciona el perdón, así como gracia remisora a la persona ofensora. Mientras no se dé el acto perdonador, la persona que más sufrirá y perderá es la agraviada u ofendida, porque aparte de la herida, la vergüenza, la decepción y el enojo; endurecerá su corazón, contristará al espíritu, y su alma languidecerá. Toda esta cadena de inconvenientes emocionales y espirituales, podría poner a esta persona al borde de renegar la fe. Entonces, es una forma de apostasía (La apostasía es el rechazo de la fe cristiana, ya sea a través de la negación de verdades esenciales o la renuncia de la Iglesia como cuerpo universal). De hecho, la connotación más evidente de los verbos referidos a este concepto del perdón, es: soltar, dejar ir, conceder.
Veamos con ejemplos bíblicos las tres palabras usadas en el Nuevo Testamento para referirse al perdón.
- La salvación en el perdón (libertad)
La primera palabra es Afíemi – un verbo – (Strong griego 863 ἀφίημι) Se traduce como “Dejar ir”. Y el significado concreto es, perdonar, remitir, consentir, permitir. Se define en algunas versiones de la Biblia como: “enviar, en varias aplicaciones del significado”.
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para (afíemi) perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. 1 Juan 1:9 (RVR1960).
Es la palabra que más veces aparece en el Nuevo Testamento. La connotación es clave para una comprensión completa y compleja del significado y aplicación del perdón, y en este caso la connotación relevante es: liberar dejando ir. Es una doble vía de comprensión, se libera el corazón de las heridas, y se libera de alguna manera la opresión del pecado del ofensor.
Esto hace un guiño de ojos a la obra perfecta de Cristo, por el perfecto amor y el perfecto perdón. En este caso se deja ir… la falta en contra o el agravio y se libera el alma propia de quien perdona. No podemos liberar espiritualmente a una persona, solo Cristo, pero sí podemos nosotros como creyentes salvos; liberarnos de las ofensas, heridas y efectos; y eso es lo que hay que dejar ir. Este es el concepto que más se usa en el texto bíblico para indicar la forma en que Dios nos ha perdonado, dejando ir y/o pasando por alto todo cuanto hemos hecho contra Él, contra el prójimo y contra nosotros mismos.
La segunda palabra es Jarízomai (Charísomai) – un verbo – (Strong griego 5483 χαρίζομαι) Se traduce como “perdonándose por bondad inmerecida”. Y el significado concreto, es perdonar, conceder, entregar. Se define en algunas versiones de la Biblia como, “conceder como favor, es decir gratuitamente, en bondad, perdón o rescate”.
“soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”. Colosenses 3:13 (RVR1960).
En este nivel de involucramiento emocional, Pablo visualiza escenas típicas de las congregaciones, donde la falta de empatía, tolerancia, respeto, consideración y sobre todo paciencia, motiva al apóstol hacer el oportuno llamado de “soportarse” unos a otros. Y si al final algunos se han deslizado en pleitos, heridas y ofensas, pues perdonarse como Cristo lo hizo con ellos. ¿Cómo lo hizo Cristo? Por gracia, Él nos redimió como un favor inmerecido. Y cuando usted perdona lo hará sí y solo sí, se cumple la regla: “Esa persona no se lo merece”. Pero cuando el mérito escasea, la gracia o bondad es la respuesta cristiana única.
3. La ética del perdón
La tercera palabra es Apolúo – un verbo – (Strong griego 630 ἀπολύω) Se traduce como “Dejando ir”. Y el significado concreto, es perdonar, poner en libertad, repudiar, retirar, soltar, enviar, dejar libre, despedir. Se define en algunas versiones de la Biblia como, libertar completamente (literalmente), aliviar, soltar, dimitir (reflexivo), o (figuradamente) dejar morir, perdonar o (específicamente) divorciarse.
No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Lucas 6:37 (RVR1960).
En este uso hay una evidencia retórica, ya que es una forma casi metafórica de indicar una disposición del ofendido, a dejar en libertad y sin castigo al ofensor. Solo aparece dos veces, y es en el pasaje anterior de Lucas (6:37) mostrando una temática de índole moral y ético. Se apela a la reciprocidad como la regla de oro (Mateo 7:12) y al principio de la siembra y la cosecha como advertencia (Gálatas 6:7). Hay una implicación de separación entre las partes en conflicto, lo cuál muchas veces es necesario. El perdón no exige reconciliación, ¿por qué? Porque la reconciliación obliga a la relación vinculante, y perdonar no conlleva un compromiso a establecer relaciones o vínculos con la persona que hizo daño. El perdón se satisface solo con soltar el dolor que vincula a la persona agresora y agredida. Mantener el vínculo puede llevar a conductas vengativas, hostiles y a situaciones insuperables; dependiendo de lo traumático que haya sido el evento.
A modo de conclusión, quiero animarlos al perdón, mirando cada ejemplo aquí compartido desde las citas bíblicas. Pero también recuerde que perdonar no es negar la ofensa, el agravio y las heridas; ya sean del alma o sean del cuerpo. Tampoco es pasar por alto la ofensa si te está marchitando, si es así debes tratar el asunto con todos los recursos posibles. Por ejemplo, si es un crimen, si es un acto de violencia de género (física, psicológica, económica), violencia de tipo sexual, y otros delitos graves, pues habrá que trabajar integralmente la restitución y las acciones penales y civiles según corresponda. Pero recuerde, eso es en el plano físico y el mundo tangible, pero tu alma (pensamientos, emociones y voluntad) no puede ser apoyada por ningún juez, abogado, corte judicial, ni médico. Solo Cristo lo puede hacer, pero a la manera de Él a través del perdón. Recuerde, es dejar ir, es soltar esa mochila que pesa. No es requisito que busques a la persona que te agredió ni en el plazo inmediato, y quizá en ningún plazo. Puede incluso que sea contraproducente, pero sí es necesario que empieces lo antes posible tu propio proceso y tu caminar; apoyándote con personas idóneas que te ayuden espiritual y emocionalmente.
Ahora, si el problema es una situación menor como opiniones y discusiones en la familia o en la iglesia, la Biblia ya establece para los cristianos una forma de resolver los conflictos (Mateo 18: 15-22).
Este artículo esgrime la relación del perdón con la vida dentro de la Iglesia; o sea, son una serie de aspectos liberadores y sanadores del perdón para cristianos nacidos de nuevo. No puede una persona natural, y mucho menos una persona religiosa y charlatana, perdonar con este grado de comprensión y verdad.

