¿Cómo responderías a esta pregunta? Honestamente es una respuesta abierta, o sea, no creo que una sola respuesta sea la correcta ya que habría que tomar en cuenta algunas variables de contexto. Pero la hago para que reflexionemos y a la vez para introducir el tema de este artículo.
Si leemos el libro de Hechos, nos arde el corazón de entusiasmo y deseos de ver nuevamente esa clase de maravillas. También, si leemos un poco de la historia de los llamados grandes avivamientos dentro del cristianismo a través de la historia, nos da una especie de añoranza. Pero déjeme decirle, que cada uno de estos ciclos de la Iglesia; tuvieron su propio detonante histórico, donde el propósito de Dios había de cumplirse.
Claro, estoy hablando de las vivencias más extraordinarias de la manifestación del poder de Dios, en vidas tan frágiles e infames como las nuestras. Y lo que debe llamarnos la atención, más que los hechos extraordinarios; son los compromisos extraordinarios de estas almas frágiles, al servicio de la agenda de Dios. ¿Cuál es la agenda de Dios?
—¿Por qué su maestro come con cobradores de impuestos y con gente de mala fama? Jesús los oyó y les contestó: —Los que necesitan al médico son los enfermos, no los sanos. Y yo vine a invitar a los pecadores para que regresen a Dios, no a los que se creen buenos. Marcos 2:16b-17 (TLA).
He querido usar esta versión de la Biblia porque explica mejor la respuesta de Jesús, y ya veremos en detalle eso.
Pero antes, permítanme explicar; el por qué y quiénes hicieron la pregunta a los discípulos de Jesús. Esta pregunta inquisidora viene de unos reconocidos líderes, que pertenecían al partido político-religioso de los fariseos. Y ellos no toleraban contaminarse con gente que no fuera devota a la ley de Moisés, y a los ceremoniales de la vida judía. En tal caso, cualquiera que no fuera judío practicante o prosélito (seguidor del judaísmo sin ser judío) era tenido por pecador, aunque los publicanos como Leví (Mateo) eran una clase especial de pecadores para estos judíos religiosos; primeramente, porque era un publicano (profesión hacendaria como recaudador de impuestos para el imperio), pero también era de Galilea; de donde los de ascendencia judía; eran subestimados y tenidos por torpes campesinos y desleales a la ley mosaica. El hecho es que Galilea era una provincia mayormente gentil; y por cierto, tampoco apreciaban a la gente de Judea y de Jerusalén. Por lo tanto, el antagonismo histórico, religioso y político era recíproco.
Ahora podemos ver que la pregunta no es simplemente caprichosa, sino que tenía un arraigo cultural, religioso y político muy marcado y enfatizado por contenidos religiosos. Por cierto, cualquier parecido con casos de las prácticas en algunas de nuestras iglesias, no es para nada una coincidencia. Mientras Jesús buscaba aliviar a las almas en oscuridad, los religiosos se preocupaban por el linaje, el buen nombre y la religiosidad.
Jesús entonces prepara su respuesta llena de propósito y vacía de maldad, como sigue:
“…yo vine a invitar a los pecadores para que regresen a Dios, no a los que se creen buenos…”. La expresión: “los que se creen buenos” es una muy buena traducción, por eso uso esta versión. Porque la palabra griega aquí usada es: Díkaios (δικαίους) que significa “inocente” (aparte de justo y correcto). La pregunta es: ¿Hay acaso alguien inocente ante Dios? Claro que no. La ironía de Jesús es evidente, atinada y propia de sus diálogos con estos religiosos que ciertamente se sentían inocentes, pero en una justicia propia. Realmente los cristianos sabemos que el significado de la justificación por la fe en Cristo Jesús nos declara “inocentes” ante Dios. No obstante, estos señores escribas y fariseos creían en su inocencia, como un derecho en Abraham y Moisés, y no como un beneficio de una relación restaurada con Dios a través de Jesús. Una vez más Jesús pone los puntos sobre las íes respecto a su agenda o misión, a la cual los creyentes debemos atender sin demora ni excusas. Cristo dice y nos dice también hoy: “yo vine a invitar a los pecadores para que regresen a Dios…”. Todos aquellos que se sientan pecadores, son la meta de Jesús y por lo tanto deben ser la meta de la Iglesia. Pero aquellos que se sienten buenos, sanos, limpios; no tendrán nunca un encuentro con el Señor y Salvador.
Tenemos en nuestros tiempos, una cantidad de cristianos que creen que ellos necesitan del culto, pero Dios nos ha salvado para que vayamos a los que están enfermos por el pecado. Si usted y yo hemos alcanzado la gracia y misericordia de Dios, entonces ahora sí que estamos libres de la enfermedad espiritual, pero no para ufanarnos de ello, sino para unirnos al sentir de Cristo por los enfermos espirituales.
Claro que eso no significa que los cultos sean un mal necesario, pero sí significa que debemos poner nuestros cultos en espacios estratégicos para la salvación de las almas, algo así como una campaña de salud en plaza pública; buscando captar la mayor cantidad de personas que necesitan de esa atención médica. De no ser así, mi respuesta a la pregunta que titula esta reflexión es: Sí, menos cultos y más testimonio a las personas que están a nuestro alcance.
Veo con tristeza, que entre más cultos egocéntricos tenemos, mayor posibilidad de pleitos entre los hermanos, heridas y mal testimonio. Todo por no hacer de la obra de Dios una prioridad, buscando nuestras propias agendas. También, eso ha hecho que hoy tengamos muchos líderes con el espíritu de Balaam, que no tienen más interés que ser protagonistas y ganar muchos “like” y de ser posible muchos billetes.
Solo puedo decir para cerrar: “Dios guárdame, perdóname y úsame”. ¿Lo dirás tú?



