• La mies es mucha, y poco los obreros

    “Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” Mateo 9:37-38 (RVR60)

    Aquel fue un canto lema de los pocos misioneros que salían a los campos de misión. Era un canto bien intencionado pero sobre todo bíblico; quizá por eso tocaba las fibras de nuestros corazones y las lágrimas rodaban por nuestras mejillas mientras lo entonábamos.  

    Era entonces medianamente joven, e iba con otros jóvenes de la época, de un congreso a otro tratando de capacitarme a los pies de misioneros de carrera. Las iglesias locales eran a nuestro parecer, espacios limitados y asfixiantes para aquellas metas transculturales. Vimos salir algunos pocos amigos al campo, y luego estuvimos orando, animando y capacitando a otros, durante algunos años más. Hasta que un día dejamos de orar y cantar el canto, y creo que dejamos de leer el texto con atención.

    Me pregunto si hemos envejecido o enmudecido, pero también hemos dejado de mirar obreros saliendo a la mies. Incluso hemos mirado muchas iglesias locales adolecer de un pastor. Y es posible que hemos dejado de mirar multitudes sin pastor. La desobediencia galopa y pagamos el precio de nuestro atrevimiento.

    Ese es mi testimonio acerca del canto; “la mies es mucha”, que nos animó a muchos al servicio misionero. Pero hoy quiero reflexionar acerca de no olvidar, que antes que un canto; es un texto bíblico que salió de la boca de Jesús para sus discípulos. Mientras Jesús recorría las ciudades y aldeas, predicando, enseñando, sanando y liberando a los que estaban endemoniados; miró aquellas multitudes y tuvo compasión de ellos; y dijo: “a la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”.

    Cuando la Iglesia pierde la sensibilidad que tuvo Jesús, ya no mira multitudes en necesidad. Empezamos a obviar mandatos tan primarios y básicos como orar (pedir o rogar según Jesús)  para que Dios envíe obreros. Ya el canto pasó a ser un canto viejito, como pasado de moda. Y descubrimos el verdadero problema, aquello pudo ser una moda y no un compromiso al llamado de Jesús para todos los tiempos: “rogad al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”.

    Este texto nos deja enseñanzas muy sencillas pero poderosas en el quehacer misionero de la Iglesia:

    1. Las multitudes sin Dios, donde sea que estén; son la mies o la cosecha.
    2. Esas multitudes son como ovejas sin pastor. O sea, en peligro de muerte y sin un aprisco o corral, adonde volver cada noche. Es una imagen de desprotección.
    3. La única manera de ver las multitudes, es salir a predicar.
    4. La tarea primordial del creyente, comienza por la oración para que Dios proveea los obreros para ir a la cosecha.
    5. Es posible que mientras oramos, seamos llamados a ir. No debemos tener temor, y tampoco pensar que ir implica dejar nuestra casa; no en todos los casos será así. Aunque es posible que algunos serán llamados a ir lejos.

    En conclusión, esta reflexión nos lleva al ABC de la fe. Fuimos encontrados en el camino infructuoso de nuestras propias agendas; al igual que Jesús encontró a Pablo y a los demás apóstoles. Y estoy seguro, que al igual que ellos, también fuimos encontrados, salvados y llamados a ir por la cosecha.

    Querido hermano y hermana, no permitamos que los afanes de este tiempo nos roben la compasión por aquellos que vagan como ovejas sin pastor.

  • Lecciones del libro de Ester

    En el libro de Ester, Dios ha dado la espalda a Israel, pero se encuentra entre las sombras proveyendo cuidados y salvándoles. Además, si Ruth es el romance de la redención, Ester es el romance de la providencia divina. (Dr. McGee, Vernon. Audio #0348 #atravesdelabiblia).

    La historia de Ester se adentra mucho tiempo adelante, de la historia misma del imperio persa gobernante en Babilonia.

    Si referenciamos Ester, con la cronología de Esdras, donde Dios despierta a Ciro el grande para que se inicie una intención del retorno de judíos a Jerusalén; podemos ubicar el relato de Ester como en las postrimerías del retorno. Es posible que ya muchos judíos vivían en Jerusalén, pero otros se habían afincado en la capital del reino babilónico, y en otras regiones del imperio, ya que la práctica de los reyes persas era dar libertad de movimiento de sus súbditos dentro de los limites del imperio.

    Dado este panorama, el mencionado rey Asuero, quien es también conocido como Jerjes I (485-465 a.C.) se entrelaza en una historia de amor con la joven judía llamada Ester, y de ahí su libro homónimo (lleva su nombre).

    ¿Cuáles son las dificultades que algunos estudiosos encuentran en el libro? Según la introducción del libro en la Biblia de estudio Reina Valera 1960, se establecen las siguientes dificultades:

    1. El libro nunca menciona el nombre de Dios de manera explícita, aunque pueda sobrentenderse su presencia.
    2. Se habla del pueblo judío; concretamente, de “los judíos”; pero nada se dice de Israel ni como nación, ni como país.
    3. Los personajes principales son altamente notables, pero la acción dramática no se ajusta completamente a los actuales conocimientos de la historia de Persia y el carácter tolerante de sus reyes.

    A esto yo respondería desde una óptica como lector y no de experto; que para el primer argumento no solo se sobreentiende la presencia activa de Dios; sino que, además la trama se cierne alrededor de la pugna entre Mardoqueo (tío de Ester) y Amán el primer ministro de origen amalecita. Ya que este malvado personaje quería el exterminio del pueblo judío, y entre sus artilugios (plan amañado) se devela el tema religioso y fidelidad monoteísta de los judíos.

    En el segundo argumento, se hace referencia a una etnia y no a una nación, posiblemente porque dentro del imperio caldeo-medo-persa, no había otras naciones sino solo pueblos sojuzgados.

    En el tercer argumento que es de carácter sociocultural, no es determinante una misma conducta en siglos de poder. Cualquier incidencia pudo hacer que un rey de esta dinastía persa – por cierto, la más benevolente de entre las otras estirpes que gobernaron Babilonia – pudiese cambiar.

    Lo cierto es que como apunta el Dr. McGee en sus estudios sistemáticos, Ester es un libro que muestra mucho más de la providencia divina que cualquiera otro. Debemos tener en cuenta que estos judíos a los que aduce el libro; están ahí cautivos o desterrados de sus tierras, por una larga historia de desobediencia a Dios. Por lo tanto, la única manera en que Dios se puede mostrar es tras bastidores de la historia. La historia no se adelanta ni se atrasa a Dios, solamente se ajusta entre sus manos. Y aquí, tenemos a unos enemigos de Israel queriendo destruir a un pueblo por cierto rebelde; pero Dios no lo permite. Dios no era adorado en aquel imperio, pero llegó a ser reconocido por el imperio en varias etapas de su historia con diversos monarcas.

    El libro es una historia de romance real, parecido al moderno relato de la cenicienta. En el caso de Ester, ella era una joven hermosa que ganando un concurso de belleza, llega a ser la consorte real.

    Si leemos con detalle, encontramos que la providencia de Dios es un concepto que no se convalida necesariamente con su voluntad. Podemos recibir su providencia en vida, mas no su recompensa eterna. La providencia divina es parte de la soberanía de Dios, quien maneja con sabiduría y bondad el mundo, aún al mundo que le rechaza.

    Y es en ese sentido y por su plan redentor, que en su voluntad había elegido del linaje de Abraham, Isaac y Jacob, a su pueblo; al cual no permitirá en este contexto de Ester que fuera destruido. No lo permitió antes, ni después.

    Grandes lecciones podríamos aprender de este libro, pero me quedo con la lección de distinguir entre la providencia divina y la voluntad preceptiva de Dios (seguir sus preceptos en fe y obediencia).

    “Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” Ester 4:13-14.

    La expresión: “respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos”, hace referencia a este concepto de la soberanía de Dios, llamada providencia. Mardoqueo en su sabiduría piadosa entendía que Dios daría un salvoconducto a los judíos de cualquier manera; pero la mejor manera era que alguien cumpliera la agenda de Dios en su perfecta voluntad y oportunidad; y esa persona era Ester. Por eso Mardoqueo le dice: “¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?”. Y con esta pregunta dubitativa de Mardoqueo, se ejemplifica la voluntad preceptiva de Dios.  

    Nuestro reto este día como cualquier otro día, es estar atentos para cumplir la voluntad preceptiva (atender los preceptos) de Dios, caminando por encima de su providencia.

  • “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” Salmos 27:1 (RVR1960).

    ¿De dónde vienen nuestros temores? Vienen de nuestra frágil naturaleza y terminan siendo espinas y cardos. ¿Y no fue eso lo que se le dijo a Adán y a Eva, que obtendrían de la tierra? Bueno, es literal lo que génesis señala que la tierra contaminada daría. Pero es también una buena metáfora de lo que podemos sufrir en nuestras vidas; alcanzadas por esta hostilidad cósmica resultante de la desobediencia.

    El Salmo 27 me trae un poco de alivio, ante tan oscuro panorama. Es un salmo atribuido a David; quien enfrenta una montaña rusa de emociones.

    Por eso David empieza por lo que yo llamo, las vitaminas del alma quebrantada: “La confianza en Dios”. David inicia reconociendo que la luz de su alma es Dios El Señor, y que es su Salvación (libertador). Partiendo desde esta verdad que tristemente muchos niegan y se niegan a sí mismos…¿Qué podría salir mal? Y ésta es la confianza liberadora querido lector.

    Muchas veces en apariencia, las cosas no salen bien en nuestras vidas. Pero debemos tomarnos el tiempo para analizar la primera convicción de nuestra fe; ésta es la confesión modelada por David en este Salmo: “Jehová es mi luz y mi salvación”. Luego, debemos preguntarnos: ¿Es eso real y una verdad clara para mí? Porque si es así, venga lo que venga; el temor no nos ha de gobernar. Aunque de pronto vendrá y tocará nuestra puerta.

    También es necesario que seamos honestos con nosotros mismos y nos auto examinemos; porque muchos de nuestros actos, son generadores de estrés, ansiedad y temor. No obstante, sea la razón que sea que nos genera temor; debemos responder con igual confianza en Dios.

    Si usted lee todo el capítulo 27 que consta de 14 versículos; se dará cuenta que David intercala expresiones de confianza y de súplica. Trate de pensar en su vida y situaciones mientras lee este testimonio del salmista. Porque este pastorcillo, rey y adorador, vivió miles de situaciones complejas; algunas veces por amar a Dios y otras veces por desobedecerlo.

    Debemos concluir, que aunque frágiles; si Dios es nuestra luz salvadora o liberadora, no tenemos razón de temer jamás. Pero debemos recordarnos; que el temor va a tocar a nuestra puerta y no debemos darle la bienvenida.

    David termina esta oración suplicante, de la siguiente manera:

    “Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová.” Salmos 27:14 (RVR1960).

  • La cruz y el pez en el cristianismo

    -ΙΧΘΥΣ, ichthys (pez en gr.)- se corresponde con la sigla de Iēsous Christos Theou Yios Sōtēr: “Jesucristo, Hijo de Dios, el Salvador

    G.M. Abel. 03 de Abril 2023

    La cruz, el pez, el ancla, la tumba vacía y la paloma; son símbolos de la fe cristiana que marcan un momento histórico dentro de la experiencia del creyente. Y es además interesante, que los significados pueden variar en su intensidad dependiendo de la época. Pero el hecho que estos símbolos representen la fe personal del creyente en Cristo no significa que sean íconos propios de la fe cristiana, pues hay muchas otras culturas que han hecho uso de estos arquetipos (modelos o prototipos didácticos) para sus propios fines, ya sea de fe en otras deidades, o para significar otros valores.

    Pero ahora aboquémonos a este articulo para dar respuesta a quienes niegan, reniegan o nos acusan de usar símbolos con significados contradictorios al mensaje central del Evangelio y las doctrinas cristianas en general. Por ejemplo, la cruz, que es malinterpretada desde la óptica judicial y política de su uso en pueblos tan antiguos como los persas.

    Pero antes de la cruz, el pez fue el símbolo del cristiano en los primeros cuatro siglos d.C., solamente hasta después del edicto de Milán donde Constantino El Grande promulgaba el fin de las persecuciones por asuntos de fe. De ahí que, el pez está debidamente referenciado como un símbolo usado como código de seguridad durante las persecuciones esporádicas acaecidas en los primeros cuatro siglos, y así lo dejan ver algunas referencias fehacientes que cito:

    El ichthys (pez en gr.) era un símbolo de reconocimiento mutuo entre cristianos cuando esta religión era practicada clandestinamente: al encontrarse, uno de ellos dibujaba una línea curva y, si el otro la dibujaba a la inversa completando el símbolo de un pez, podían estar seguros de que ambos eran cristianos. Al ser un símbolo secreto, si uno de ellos resultaba ser un espía era descubierto enseguida; además, a ojos de extraños no era más que un simple garabato y no delataba la presencia de una comunidad cristiana. (G.M. Abel, 03 abril 2023).

    Algunas teorías acerca del uso del pez descansan en las alegóricas formas en que los Evangelios vinculan, por un lado, a varios de los discípulos llamados por Jesús de entre pescadores, y por otro lado a la imagen de una pesca que alude a la obra evangelística de Jesús y sus discípulos.

    “Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”. Mateo 4:19 (RVR 60).

    Dentro de los padres de la Iglesia, también se hizo común en su verbo y comunicación; usar estas imágenes como paráfrasis de una enseñanza profunda, arraigada en las doctrinas cristianas. Cito algunas referencias a continuación:

    El primero en hablar del símbolo fue Clemente de Alejandría, cerca del año 150 d.C., quien hace una curiosa sugerencia: les recomienda a los lectores de una de sus cartas que tengan sellos grabados con el pez o la paloma. Clemente no aclara la razón por la que hace esta recomendación, lo que nos lleva a pensar que los creyentes tenían muy claro el significado de estos símbolos; la explicación era innecesaria.

    Tertuliano, otro padre de la iglesia, también hizo una interesante mención al símbolo al decir: “Nosotros, pequeños peces, a imagen de nuestro Ichthys, Jesús Cristo, nacemos en el agua (aludiendo al nacimiento del agua y del Espíritu que habla Jesús)”. (Gómez Pérez, Geovany. 06 de abril, 2023)

    Finalmente, pero no menos importante citar que, “Por otra parte, su nombre en griego -ΙΧΘΥΣ, ichthys- se corresponde con la sigla de Iēsous Christos Theou Yios Sōtēr: “Jesucristo, Hijo de Dios, el Salvador” (G.M. Abel. 03 de abril 2023).

    De esta manera los primeros cristianos conectaron atributos de Cristo, con una parte de su mensaje y esencia a través del pez; usando un acróstico descriptivo de su maestro en la palabra griega “pez”.

    Respecto a la cruz, es más evidente para los creyentes actuales reconocer el mensaje de la cruz desde la teología misma. Tanto la teología bíblica como la teología hermenéutica.

    La cruz, en todo caso tiene muchos significados en la historia y las diferentes culturas. Por ejemplo:

    Aunque se haya convertido en el símbolo por antonomasia (por excelencia) del castigo romano, en sus orígenes la crucifixión fue concebida muy lejos de Roma. Los primeros registros que se tienen de este procedimiento como método de ejecución datan del Imperio Aqueménida -aunque probablemente se usara ya en Asiria- y responden a la fe zoroastriana, que se extendió notablemente bajo el mandato persa: según sus creencias, el fuego y la tierra son sagrados y enterrar o quemar a un criminal contaminaría estos elementos, por lo que se les clavaba a leños de madera para dejarlos morir y que las aves carroñeras dieran cuenta de sus restos. (G.M. Abel. 03 de abril 2023).

    Los romanos entraron en contacto con esta práctica durante su expansión por el Mediterráneo: griegos y cartagineses la conocían por mano de los persas, y el propio Alejandro Magno la practicó contra los supervivientes de ciudades que se habían opuesto con más tesón a su conquista. Para estos pueblos no zoroastrianos, la crucifixión representaba un método de ejecución particularmente cruel y humillante. El condenado podía morir en cuestión de horas o al cabo de varios días, dependiendo de las circunstancias, pero en cualquier caso resultaba una imagen terrible que servía de escarmiento y advertencia: en el siglo I a.C., tras aplastar la revuelta de esclavos liderada por Espartaco, unos 6.000 prisioneros fueron crucificados a lo largo de la Vía Apia. (G.M. Abel. 03 de abril 2023).

    En Cristo, la cruz toma un significado que nace en las mismas palabras del cordero sacrificado en ella; porque es Cristo mismo quien le enseña a sus discípulos la “cruz” como una obligatoriedad de su misión:

    “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado…” Juan 3:14 (RVR60).

    Era, además un símbolo de humillación, y para quien no la mereciera mucho más denigrante.

    “…y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Filipenses 2:8 (RVR60).

    Pero al estar Jesús colgado en ella, aquel madero impregnado de mortandad, dolor y despojo; se convirtió en instrumento de gracia, misericordia y salvación:

    “Y a todos nosotros, partes del mismo cuerpo, nos reconcilió con Dios mediante la cruz. ¡Allí en la cruz murió la enemistad!”. Efesios 2:16 (NVB).

    Como podemos ver, el proceso de comprensión del mensaje de la cruz; es progresivo de lo tenebrosa que puede resultar su significado, a la grandeza de su mensaje una vez que el madero ha sido dignificado y redimido por Cristo.

    “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”. 1 corintios 1:18 (RVR60).

    Si el pez representó la medida de gracia abundante del creyente que se sumerge en las profundidades de la vida en el Espíritu, y sirvió a la vez para codificar un mensaje secreto en tiempos angustiosos, tenemos en la cruz el símbolo por antonomasia de la obra salvadora de Dios en Cristo, el cordero inmolado. Y es que la cruz era un instrumento cruel y humillante, lo que usted y yo hemos merecido siempre pero que por su gracia nos ha sido evitado en Él. Pero fue, además, la forma de muerte que permitió que el cuerpo del Señor no fuese mutilado, algo que Dios había determinado de antemano por la profecía, que no pasaría. Cualquier otra muerte de la época hubiese mutilado el cuerpo; por ejemplo, por lapidación o por decapitación.

    De esta manera, me complazco en estos significados y vivo con fe y gratitud el sentido profundo y espiritual que en ellos hay.

    Referencias:

    G.M. Abel, (03, abril 2023) La Cruz de Castigo Ejemplar a Símbolo del Cristianismo. Historia National Geographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/la-cruz-de-castigo-ejemplar-a-simbolo-del-cristianismo_15197/amp.

    Gómez Pérez, Geovany (06 de abril, 2023) ¿Qué significa el símbolo del pez para los cristianos? Biteproject.com. https://biteproject.com/simbolo-del-pez/.