• La piedra de donde fuimos cortados
    Por Elías Lara

    Poderosa metáfora que provee un marco simbólico, que alude a nuestra historia. Ese pasado salvífico, y nuestros antepasados espiritualmente relevantes.

    Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados.”

    Isaías 51: 1 (RVR 60)

    Isaías 51 es uno de esos capitulos que maneja un discurso metafórico poderoso, que despliega la “fidelidad” de Dios, y la fidelidad como tema.

    Isaías le habla al pueblo de Dios, en circunstancias muy críticas; como ya sabemos, en el exilio. No obstante, el mensaje es “mirar” al pasado y a sus antepasados (Abraham y Sara), no como un culto a los ancestros, sino como un testimonio de cómo Dios había actuado fiel y poderosamente con Abraham y Sara. De esa manera el pueblo debía esperar en Dios nuevamente; después de todo, ellos eran la posteridad del patriarca y su esposa.

    Al mirar a Dios actuando en el pasado, les haría reparar en el testimonio de fidelidad y obediencia de los antepasados para con Dios.

    Israel debía ver en Abraham, la piedra de donde ellos habían sido cortados (la esencia del material del cual estaban hechos).

    Sin duda, para nosotros es una gran lección de cómo debemos esperar en Dios. Claro está, que solo podemos esperar el obrar poderoso de Dios, si tenemos una conexión con un pasado igualmente poderoso. Pero si somos creyentes renacidos; ese pasado poderoso es una realidad, pues Cristo estuvo ayer poderosamente salvando, para que hoy tengamos el presente de fe y confianza que vivimos.

    Si Israel estaba desolada y recibió esperanza, cuánto más nosotros en la desolación de nuestras almas hemos recibido la esperanza bienaventurada de Cristo como Salvador.

    Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué. Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto.” Isaías 51: 2-3 (RVR 60)..

    ¿Recuerda usted el día de su salvación? No pierda sus raíces, y no perderá la fe. Los días son malos y agotadores. A veces perdemos el norte, se nos nubla la visión; pero miremos a la piedra angular que es Cristo, esa que muchos han desechado pero nosotros no.

    Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.” Hechos 4: 11 RVR 60.

    edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,” Efesios 2: 20 RVR 60.

    Pablo en su carta a los Efesios les habla de dos piedras de fundamento: los apóstoles y profetas (una tipología en este texto acerca del Evangelio anunciado por los profetas y predicado por los apóstoles) y Cristo como la piedra principal o angular.

    Estamos llamados a “mirar”. Así como el llamado de Isaías 51: 1-8, que exhorta en tres ocasiones al pueblo, a “mirar”. ¿Por qué? Porque el pueblo había quitado la mirada de los testimonios de Dios en el pasado; y por lo tanto, no podían mirar los portentos de Dios en le presente.

    Desanimarnos es muy fácil, perder la esperanza y la confianza es muy fácil. Pero ser reanimados es imposible sin mirar la piedra de donde hemos sido cortados. Eso significa dos alusiones tipológicas:

    1. Los apóstoles y profetas: La piedra del fundamento doctrinal de la Iglesia que es comparada con un edificio. Los profetas trajeron un mensaje, y los apóstoles lo predicaron y esparcieron.
    2. Jesucristo: La principal piedra del ángulo, o piedra angular de la Iglesia; que es Cristo, sobre la cual todo el edificio espiritual es construido.

    Cuando tus fuerzas fallen, cuando te sientas débil, cuando la esperanza divaga, cuando la fe languidece; mira el pasado fiel de Dios en tu vida y recuerda que Dios es siempre fiel.

  • La pertinente exhortación a los Filipenses

    Pablo nos ejemplifica una situación recurrente en las congregaciones, donde las evidencias de nuestra humana naturaleza se dejan ver con facilidad. Dentro de aquellas pequeñas estructuras sociales con halos religiosos y espirituales; no quedaron por fuera las dinámicas organizacionales (liderazgo, poder, cultura familiar, la cultura del cómo se hacían las cosas, etc.). No es extraño entonces, el tono de aquella solicitud pacificadora pero firme del apóstol.

    “A Evodia y a Síntique les pido encarecidamente que se pongan de acuerdo, como cristianas que son. Ayúdalas tú también, fiel compañero ya que lucharon conmigo por la causa del mensaje evangélico, junto con Clemente y el resto de mis colaboradores, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida. Vivan siempre alegres en el Señor. Otra vez se lo digo: vivan con alegría. Que todo el mundo los reconozca por su bondad. El Señor está a punto de llegar. Nada debe angustiarlos; al contrario, en cualquier situación, presenten a Dios sus deseos, acompañando sus oraciones y súplicas con un corazón agradecido. Y la paz de Dios, que desborda toda inteligencia, guardará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús.” FILIPENSES 4:2-7 BHTI.

    Dirigiéndose a algún líder de su confianza, le solicita que ayude a manera de intermediario, en los desacuerdos entre dos hermanas, que mantienen una discrepancia importante. Alrededor de aquella solicitud, el apóstol desarrolla una serie de argumentos para las mejores prácticas dentro de las congregaciones, que debemos mantener como “check list” ante situaciones de conflicto.

    1. Buscar acuerdos en temas de discrepancia. Por lo general eran temas de índole administrativo.
    2. Actuar acorde a una conducta bíblica. Ya que les anima a comportarse como cristianas, en tales desacuerdos.
    3. Vivir alegres como una muestra testimonial de la vida de Cristo en ellas.
    4. Carácter bondadoso: una necesidad de mostrar el amor de Dios entre ellas y entre la comunidad de fe.

    Es concluyente, el buscar acuerdos bajo la debida conducta cristiana, lo cual nos dará dicha y alegría; para ser dadivosos y bondadosos. Cuando hay conflictos en la Iglesia, y máxime si estamos personalmente involucrados; requerimos de mucha bondad.

     

    Las posibles causas de los conflictos de estas hermanas; Pablo las dilucidará en sus conclusiones:

    1. Angustia: Había situaciones tan fuertes que estaban generando angustia, e incluso les alienta diciéndoles; “el Señor esta a punto de llegar”, y es un tono alentador; no amenazante.
    2. Oraciones y súplicas con gratitud: Es una clara referencia a estados diversos de añoranzas humanas que posiblemente pudieran generar ansiedad. Por eso se les pide tener un corazón agradecido, pues la gratitud surge de un corazón que ha procesado sus emociones.
    3. Protección divina: Finalmente, Pablo les dice que solo la paz de Dios – que es mayor a todo argumento humano – guardará sus corazones y pensamientos en Cristo Jesús (por la fe).

     

    El consejo de Pablo al final se enfoca en dos señoras que como cualquiera otras personas en nuestras congregaciones, tienen una diferencia de criterio que defienden con voraz beligerancia. No obstante, alrededor de aquella situación algo desafortunada, Pablo nos da una gran lección de trabajo pastoral (no me refiero a la responsabilidad exclusiva de pastor, sino de todos los hermanos y hermanas llamados a amar pastoralmente).

    Todos y cada uno en particular, estamos llamados a pacificar todo conflicto con gratitud y bondad dentro de la congregación de los santos.

     

  • Cuál es el propósito sublime de la fe?

    Quizá es una pregunta con varias respuestas posibles. Pero nunca una pregunta de respuestas relativas, porque la Biblia nos enseña abundanente sobre este tema y nos da respuestas objetivas. No obstante, basaré mi argumento en la lectura de hebreos 11.

    La fe es primordialmente para ser aprobados por Dios:

    “Pero a pesar de haber sido todos aprobados por Dios en virtud de la fe, ninguno alcanzó la promesa.” Hebreos 11: 39 (BHTI).

    El problema que el escritor de hebreos nos narra a modo de ejemplo, es que en asuntos de fe; aquellos tenidos por baluartes de la fe, esperaban algo que no recibieron (la promesa). Es una forma interesante del escritor; de plantear el asunto. Pero la promesa aquí, se refiere no a cosas materiales, corruptibles o inmediatas. Se refiere a la redención de sus vidas como una acción vinculada a la fe. Por eso, continua escribiendo que ellos y nosotros los que estamos leyendo, recibiríamos juntos; el mismo beneficio de redención.

    “Y es que Dios había reservado lo mejor para nosotros, de manera que ninguno alcanzara la perfección a no ser juntamente con nosotros.” HEBREOS 11:40 BHTI

    Había reservado lo mejor, es una clara alusión a Cristo el mesías, en quien se une un solo propósito redentor por la humanidad.

    “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,” Efesios 2:12-14 RVR1960

    Así que la fe, nos acerca a la promesa igual que aquellos llamados héroes de la fe en hebreos. Y desde esta perspectiva, recibir o no, un bien material, temporal y circunstancial; no nos define como gente de fe; pues claro está que aún los que no son de fe reciben muchas dádivas de Dios (gracia general que provee el ambiente de subsistencia humana). Pero la fe, es la única forma en que el hombre puede recibir de la gracia salvadora (gracia especial de Dios que provee un don no merecido).

    ¿Cuándo Dios me dará lo que le pido? Dios en su sabio entendimiento sabe cuándo y qué darte. Si no recibes algo como lo quieres, o en el tiempo que crees que debe ser, y eres hijo e hija de Dios; entonces debes esperar con gratitud, más que con fe.

    Bástate la fe para haber sido redimido, pues Jesús ha dicho “tu fe te ha salvado”. ¿Pero necesito fe? Sí claro, la necesitas para agradecer, para servir a otros, para esperar en Él, para esperar su regreso, etc., pero si quieres saber si la fe opera en primer plano para recibir cosas, quiero decirte que aunque es parte de la fórmula; no es solamente fe lo que requieres para recibir cosas. Requieres de un compromiso con Dios y sus demandas: su señorío y su voluntad:

    “Ustedes, antes que nada, busquen el reino de Dios y todo lo justo y bueno que hay en él, y Dios les dará, además, todas esas cosas.” MATEO 6:33 BHTI.

    ¿Qué son todas esas cosas? Pues todas las que están fuera del ámbito de la espiritualidad del Reino de Dios (señorío y justicia o voluntad de Dios). El mismo contexto de esta cita bíblica habla de esas cosas que representan una necesidad en la vida de la gente, y no un deseo estético. Porque habla de: comida, bebida y vestido, como elementos de primera necesidad; donde podríamos agregar techo, educación, seguridad, y otras necesidades propias de nuestra época para vivir y convivir adecuadamente.

    Entonces, a manera de conclusión; diríamos que la fe es la semilla (como de mostaza) que nos puede ayudar a lograr lo que sería imposible sin Dios. Porque aún buscar el Reino de Dios y su justicia, requiere de fe. No obstante, cuando se exige a Dios que nos dé algo material, sin analizar el propósito espiritual de la supuesta carencia, hemos perdido la fe.

    Es un tema profundo, que requiere de usted, profundidad de pensamiento crítico.

    Por lo tanto, le animo a revisar estos textos bíblicos y reflexionar sobre necesidades reales y deseos someros. Recuerde que, las necesidades vitales ya han sido cubiertas por Dios.

  • Amar, o fracasar en la fe

    Si hablamos de Jesús y su vívida interpretación del propósito de la ley (la torá), podremos superar el mandamiento, para hacerlo nuestra doctrina.

    Cabe entonces distinguir entre ley y doctrina. Donde ley es un requisito obligatorio dentro de un reino para que se cumplan ciertas condiciones o beneficios; al cual llamaremos “bien común”. La implicación de no acatar estas leyes, es punitivo o de castigo meritorio. Mientras que doctrina, es un cuerpo de normas de libre condición, para alcanzar ese bien. La implicación de no adaptar mi conducta a este cuerpo de normas llamada doctrina, será la excomunión de ese reino; en tal caso no sería punitivo sino condicional. En otras palabras, cabe preguntarnos: ¿quiero los beneficios del Reino de los Cielos; por imposición de la ley, lo cual sería de seguro el castigo por la incapacidad de no romper la ley; o lo quiero por libre condición, donde cuento con gracia y misericordia? En ambos se persigue un bien común, el de los hijos del Reino de Dios. Pero solo uno nos asegura alcanzarlo, la libertad de la ley.

    En primer lugar, la ley toránica o de Moisés; nunca fue alcanzable para ningún hombre, excepto Cristo, Dios y hombre; quien claramente nos dice que Él no vino para abrogar la ley sino para cumplirla. Una vez que Cristo la cumplió, y nos encuentra en su misión salvífica, los creyentes por la fe, somos sometidos a la ley del conquistador de nuestras almas. Por eso, en el Nuevo Testamento se da relevancia a la ley de Cristo (Gál. 7:2 y 1 Cor. 9:21) Leamos:

    “No piensen que yo he venido a anular la ley de Moisés o las enseñanzas de los profetas. No he venido a anularlas, sino a darles su verdadero significado. Y les aseguro que, mientras existan el cielo y la tierra, la ley no perderá ni un punto ni una coma de su valor. Todo se cumplirá cabalmente. Por eso, aquel que quebrante una de las disposiciones de la ley, aunque sea la menos importante, y enseñe a hacer lo mismo, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. En cambio, el que las cumpla y enseñe a otros a cumplirlas, ese será considerado grande en el reino de los cielos. Y les digo esto: Si ustedes no cumplen la voluntad de Dios (si la justicia de ustedes no es mayor) mejor que los maestros de la ley y que los fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.” MATEO 5:17-20 BHTI.

    El texto es literalmente claro, sin embargo hay detalles que la comunidad cristiana hemos ignorado en su sentido, y nos afecta en nuestro crecimiento.

    Primeramente Jesús dice: no he venido a anular la ley, sino a darle su verdadero significado. Y cuando leemos los Evangelios el velo se va corriendo para comprender esa reinterpretación. Por eso nuestra fe debe ser Cristocéntrica; poniendo atención a su forma de explicar la ley.

    Luego, Jesús dice que aquel que menosprecia la ley y la quebranta, y también así lo enseña, será muy pequeño en el Reino de los Cielos. No dice Jesús que lo condenaría; pero sí que sería muy pequeño en su Reino. Era una forma de explicar a los que quieren enseñar a otros, lo serio que es hacerlo. Los maestros de la ley eran hombres de renombre y de buena posición, o sea, grandes.

    Finalmente, Jesús le dice a sus discípulos, que si la justicia se ellos (hacer la voluntad de Dios) no llegaba a ser mayor que la de los escribas y fariseos, no serían salvos. Tajantemente Jesús dice con eso; que la ley no puede salvar. Se requiere de algo más, y es lo que la Biblia llama justicia. Porque la justicia de Dios, que no es la misma idea de justicia del hombre, es intrínseca al verbo de Dios que es Cristo y su Palabra.

    La justicia que Jesús les demanda, debía superar las aspiraciones mosaicas de los líderes religiosos judíos, y posteriormente varios años después, Pablo; uno de esos maestros de la ley aludidos por Jesús en su interpretación de la ley y de los profetas, nos explica con lujo de detalles en su carta a los Romanos, cuál era esa justicia mayor. Pablo que antes veneraba la ley, ahora desvincula la justicia de Dios del cumplimiento de la ley, pero sometida a la fe en Cristo, y su obra redentora. Cristo nos redimió de la muerte segura: La muerte que demandaba la ley de Moisés a quienes no la cumplieran (Gál. 3:10), y la muerte de la ley del pecado (Rom. 8:2).

    “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,” Romanos 3:21 – 22, 24 (RVR 60).

    Es claro por qué Jesús refirió la comprensión de toda la ley en dos poderosos mandamientos:

    “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” Mateo 22:37, 39 – 40 RVR 60.

    Luego Pablo hizo eco de ello también:

    “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Gálatas 5:14 RVR 60 (ver también Rom. 13:9).

    La ley entonces podemos cumplirla, solamente bajo la ley de Cristo, que es el amor. Es por eso que en 1 Corintios 13, Pablo expresa la preeminencia del amor; o sea, que el amor una vez salvos en Cristo, está por encima de cualquier otra demanda y don celestial.

    Hasta aquí, he tocado un tema teológicamente trillado, pero poco comprendido y en algunos casos poco aceptado.

    Pero para poder ser cristianos gozosos y agradecidos, necesitamos vivir bajo esta doctrina del amor, y alejarnos lo más posible de obras que no son de fe. Y la ley por si misma sin Cristo, no es de fe:

    “y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.” Gálatas 3:12 RVR 60.

    Esta es la clave para que vivamos un cristianismo de altura que invite a otros a vivirlo. Si por el contrario estamos llenos de amargura por un dolor emocional real que no cuestiono, pero que no nos deja ser libres en la fe; entonces estamos siendo vulnerables a los ataques del enemigo y del mundo y sus aflicciones presentes. Por lo tanto, no podremos ser luz, no podremos amar al prójimo porque no somos capaces de perdonarnos a nosotros mismos por los pecados personales, los pecados generacionales que no nos son imputados pero nos afectan, y por los pecados en nuestra contra o en contra de nuestro prójimo.

    En este caminar cristiano, veo constantemente como se duelen las familias de sangre por las rencillas y las peleas; todo porque fracasa el amor. Créame, no es otra cosa más que el amor que no tiene cabida en los corazones, por la amargura de esas dolencias del alma. Si usted vive así con su familia; debe saber que la cura es el perdón a usted mismo (a) y a quien le agravió no importa cuantos años hayan pasado.

    Pero también, y más complejo; ver en las Iglesias a los hermanos hiriéndose mutuamente y con ello pisoteando el mandamiento del amor como nos lo presenta el apóstol Juan. Juan lo presenta como un mandamiento de libre condición, al igual que Pablo cuando nos habla en Gálatas, de cumplir la ley de Cristo, al ayudar y amar al hermano.

    A mi familia de sangre y a mi familia de la fe, les exhorto y les invito a reflexionar este tema y ajustar nuestra conducta bajo estas normas de fe.

    Ama, no menosprecies la ley de Cristo, porque habrás fracasado en la fe. Ama de verdad, ama a tus padres y hermanos, ama a la familia de la fe. Ama al prójimo.