Un salmo muy usado en la liturgia de las iglesias cristianas, ya que de primera entrada nos regala el propósito para congregarnos y convivir con otros. Leemos en su metafórica redacción, que ahí donde el pueblo de Dios se reúne, es donde Dios envía “bendición y vida eterna”.
Para Israel, el poema es la didáctica del Shalóm, o estado integral de paz y armonía con Dios y el prójimo. Es por esto que David lo compuso como canto gradual, o sea, un canto que se debía cantar mientras el peregrino subía a Jerusalén para la adoración anual (propiamente cuando subían a la pascua y las fiestas sagradas de las cosechas y de los tabernáculos).
Pero el poema hecho canción, expone un poderoso símil entre dos elementos vitales de la vida religiosa y económica de Israel:
- El óleo santo de consagración levita
- El monte Hermón, y la fertilidad provista desde este imponente monte en el norte lejano de Jerusalén.
El elemento de comparación es Israel, y la vida de los creyentes posteriormente.
“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocío del Hermón, que desciende sobre los montes de Sion, porque allí envía el Señor bendición y vida eterna”. SALMOS 133:1-3 RV2020
Con estas dos figuras de la literatura, llamadas símiles, se logran potentes comparaciones sin que la una absorba ni anule a la otra parte. De tal forma que, con el símil no se debe sustituir significados; solo se deben comparar sus cualidades.
El monte Hermón, el más alto de Israel con 2.224 msnm. Baña literalmente los valles y montes más bajos a su paso, hacia el sur de Israel. También da vida a ríos y afluentes del Jordán, enriquece los valles fértiles de Galilea y a través del río Jordán fertiliza Judea y Samaria.
La idea de David, era comparar la armonía y paz del pueblo, y las familias, con el poderoso Hermón cuyas aguas daban vida hasta la misma Sión. No hay mezquindad bajo el poderío de la armonía entre los hermanos.
Luego, David evoca el acto poderoso de la consagración de Aarón y los sacerdotes levitas. A quienes les ungían con el aceite aromático consagrado para consagrar. El buen óleo, hace referencia a un aceite no adulterado y hecho conforme a la Palabra de Dios. David plantea el hecho de la convivencia espiritual del pueblo tan agradable como un aceite bien preparado que provoque la presencia de Dios mismo.
Por favor, note que aquí no se está exaltando el imponente Hermón, ni el aceite como tal, sino la vida congregacional en armonía.
La armonía es un concepto que alude a un acto de varias personas que se proponen unir diferencias.
El diccionario de la RAE define armonía: “Unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes”.
De esta manera podremos visualizar mejor la armonía a la que alude el texto. Israel debía unir y combinar diferentes culturas, dialectos, vivencias y sueños, de manera simultánea al subir a Sión para adorar. Y todo debían hacerlo en acordes, los cuales se aplicaban de manera literal por medio de los instrumentos, los cantos y la danza.
Finalmente, fuera del contexto de Israel; la iglesia ha tomado esta lección didáctica del Salmo 133 para elevar a un nivel supremo, el acto de fe de congregarnos. Una vez más, lo hermoso de convivir los hermanos juntos, no depende del rocío de la montaña, ni del aceite aromático de consagración. Depende de habitar los hermanos juntos en armonía.
Para Israel, Dios les proveía vida abundante por medio de la fertilidad del Hermón y el servicio de un séquito de sacerdotes consagrados para ministrar vida. Para la Iglesia hoy, el lugar imperfecto más perfecto para que fluya la vida; es la congregación de los santos. Allí de manera condicionada, Dios nos da vida abundante. Le invito a pensar en la forma que lo plantea esta otra versión:
“Es tan refrescante como el rocío del monte Hermón que cae sobre los montes de Jerusalén. Donde se da esta armonía, el Señor concede bendición y vida eterna”. Salmo 133:3 NBV
Espero que ahora pueda leer este Salmo con el compromiso serio de participar activa y armoniosamente, del cuerpo de Cristo.


