Hace unos días me llamó la atención una publicación en Facebook, referente a un prominente motivador y pastor que explicaba una buena obra desarrollada con unos ancianos en Costa Rica. Leyendo los comentarios que alabaron aquella buena obra a la que hacían referencia, encontré uno que me impactó; por lo que yo considero una falta de criterio al definir la fe y distinguirla de la buena voluntad y las obras que nos deslumbran haciéndonos perder de vista lo importante que es la intención en todo lo que hacemos. Les voy a copiar el comentario tal cual, para luego ver el tema entre líneas.
Aquí cito: “Como tica quiero agradecer este gesto lleno de amor, que Dios multiplique cada semilla que es sembrada en este ministerio, y aquellos que se llenan la boca de críticas y comentarios negativos para el pastor, hagan por lo menos la mitad de lo que hace con su ministerio, bendiciones desde Costa Rica”. (tomado de un posteo en el Facebook de la Fundación Grítalo, 27 de febrero 2024).
En este comentario, lo que menos encontramos es una reflexión anclada en la Palabra de Dios y mucho menos, teológica. La idea que salta a la vista es que hacer buenas obras y de manera abundante y ruidosa, son sinónimo de fe, obediencia y buena mayordomía, porque ella reta a los que critican estas mega iglesias a hacer al menos “la mitad” de lo que una congregación, ministerio o persona con muchos recursos y poder, pueden hacer. No parece cuerdo que le pidan a una persona sin poder mediático y financiero, igualar o intentar igualar a grandes franquicias de la fe. Es además humillante e igualmente pecaminoso este comentario, como lo es pensar que seremos pesados por cuánto hicimos de manera evidente. Cuando la dinámica del Reino es:
“Cuando socorras a un necesitado, hazlo de modo que ni siquiera tu mano izquierda sepa lo que hace tu derecha” Mateo 6:3 (BHTI).
En el Sermón del monte, Jesús nos advierte acerca de la intención. Mateo 6:1 dice: “Cuídense de hacer el bien en público solo para que la gente los vea…”.
Luego, el comentario reta a hacer al menos “la mitad” de aquella obra, poniendo como parámetro a otro hombre que ha sido llamado por Dios para trabajar así, pero no a todos y cada creyente por igual se le habrá encomendado un ministerio igual. Y no por eso dejan de ser ministerios fructíferos en la viña del Señor. Y es más bajo el comentario, si no ha tomado en cuenta la medida de la perfección del creyente, que es Cristo El Señor. Hagamos o demos al menos el diez por ciento de las obras del Maestro. En todo caso Jesús mismo dijo, que mayores cosas que él haríamos hablando de obras. Pero si queremos tener la intención adecuada y correcta para cada cosa que hacemos, solo Cristo es seguro ejemplo. Sus intenciones o motivaciones están todas registradas en la Biblia.
Esta anécdota la conecto con otras que he escuchado y leído acerca de ancianas y ancianos que oran, no dan nada más que muchas horas de oración por los pastores y misioneros y desarrollan así poderosos ministerios no conocidos, de alguna manera humanamente empobrecidos. Y yo agrego que estos fieles llamados tienen muchas veces más fe que aquellos grandes ministerios colmados de mucho.
Como pueden advertir en esta lectura, mi intención no es mencionar o desvalorizar los ministerios de misericordia aludidos. Por el contrario, me he enfocado en el comentario porque me parece que ignora la Biblia de principio a fin. Creyentes así corren grave peligro de ser deslumbrados y engañados por los poderes de este mundo y por el anticristo. El mundo está lleno de buena voluntad, y con un corazón empobrecido que solo tienen mucho material para dar. Hay que distinguir la fe salvífica de la buena voluntad humana.
Lo que sí quiero destacar como loable, es la encomiable obra de misericordia que hacen ministerios como estos que tienen medios financieros, recurso humano y recursos mediáticos. Sea donado o no, son ministerios con muchos recursos para hacer mucha obra social y eso no debería ser una razón para la crítica ácida y mal intencionada.
El llamado a mis lectores a modo de conclusión es no criticar ministerios ni ministros a los que Dios les ha dotado de mucho, solo por tener. Pero seamos firmes críticos contra aquellos ministerios y ministros que promueven falsas doctrinas y un cristianismo egoísta sin compromiso.
Y no olvidemos para no dejarnos deslumbrar por muchas obras, que otros ministerios igualmente fuertes en evangelismo y misiones; que no cuentan con tantos recursos, ellos también hacen una gran diferencia en alcanzar almas. Por lo tanto, no es cuestión de dinero, sino de fe, obediencia y metas acordes al Reino de los Cielos.
“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. Romanos 14:17 (RVR 1960).

