• No nos dejemos deslumbrar

    Hace unos días me llamó la atención una publicación en Facebook, referente a un prominente motivador y pastor que explicaba una buena obra desarrollada con unos ancianos en Costa Rica. Leyendo los comentarios que alabaron aquella buena obra a la que hacían referencia, encontré uno que me impactó; por lo que yo considero una falta de criterio al definir la fe y distinguirla de la buena voluntad y las obras que nos deslumbran haciéndonos perder de vista lo importante que es la intención en todo lo que hacemos. Les voy a copiar el comentario tal cual, para luego ver el tema entre líneas.

    Aquí cito: “Como tica quiero agradecer este gesto lleno de amor, que Dios multiplique cada semilla que es sembrada en este ministerio, y aquellos que se llenan la boca de críticas y comentarios negativos para el pastor, hagan por lo menos la mitad de lo que hace con su ministerio, bendiciones desde Costa Rica”. (tomado de un posteo en el Facebook de la Fundación Grítalo, 27 de febrero 2024).

    En este comentario, lo que menos encontramos es una reflexión anclada en la Palabra de Dios y mucho menos, teológica. La idea que salta a la vista es que hacer buenas obras y de manera abundante y ruidosa, son sinónimo de fe, obediencia y buena mayordomía, porque ella reta a los que critican estas mega iglesias a hacer al menos “la mitad” de lo que una congregación, ministerio o persona con muchos recursos y poder, pueden hacer. No parece cuerdo que le pidan a una persona sin poder mediático y financiero, igualar o intentar igualar a grandes franquicias de la fe. Es además humillante e igualmente pecaminoso este comentario, como lo es pensar que seremos pesados por cuánto hicimos de manera evidente. Cuando la dinámica del Reino es:

    “Cuando socorras a un necesitado, hazlo de modo que ni siquiera tu mano izquierda sepa lo que hace tu derecha” Mateo 6:3 (BHTI).

    En el Sermón del monte, Jesús nos advierte acerca de la intención. Mateo 6:1 dice: “Cuídense de hacer el bien en público solo para que la gente los vea…”.

    Luego, el comentario reta a hacer al menos “la mitad” de aquella obra, poniendo como parámetro a otro hombre que ha sido llamado por Dios para trabajar así, pero no a todos y cada creyente por igual se le habrá encomendado un ministerio igual. Y no por eso dejan de ser ministerios fructíferos en la viña del Señor. Y es más bajo el comentario, si no ha tomado en cuenta la medida de la perfección del creyente, que es Cristo El Señor. Hagamos o demos al menos el diez por ciento de las obras del Maestro. En todo caso Jesús mismo dijo, que mayores cosas que él haríamos hablando de obras. Pero si queremos tener la intención adecuada y correcta para cada cosa que hacemos, solo Cristo es seguro ejemplo. Sus intenciones o motivaciones están todas registradas en la Biblia.

    Esta anécdota la conecto con otras que he escuchado y leído acerca de ancianas y ancianos que oran, no dan nada más que muchas horas de oración por los pastores y misioneros y desarrollan así poderosos ministerios no conocidos, de alguna manera humanamente empobrecidos. Y yo agrego que estos fieles llamados tienen muchas veces más fe que aquellos grandes ministerios colmados de mucho.

    Como pueden advertir en esta lectura, mi intención no es mencionar o desvalorizar los ministerios de misericordia aludidos. Por el contrario, me he enfocado en el comentario porque me parece que ignora la Biblia de principio a fin. Creyentes así corren grave peligro de ser deslumbrados y engañados por los poderes de este mundo y por el anticristo. El mundo está lleno de buena voluntad, y con un corazón empobrecido que solo tienen mucho material para dar. Hay que distinguir la fe salvífica de la buena voluntad humana.

    Lo que sí quiero destacar como loable, es la encomiable obra de misericordia que hacen ministerios como estos que tienen medios financieros, recurso humano y recursos mediáticos. Sea donado o no, son ministerios con muchos recursos para hacer mucha obra social y eso no debería ser una razón para la crítica ácida y mal intencionada.

    El llamado a mis lectores a modo de conclusión es no criticar ministerios ni ministros a los que Dios les ha dotado de mucho, solo por tener. Pero seamos firmes críticos contra aquellos ministerios y ministros que promueven falsas doctrinas y un cristianismo egoísta sin compromiso.

    Y no olvidemos para no dejarnos deslumbrar por muchas obras, que otros ministerios igualmente fuertes en evangelismo y misiones; que no cuentan con tantos recursos, ellos también hacen una gran diferencia en alcanzar almas. Por lo tanto, no es cuestión de dinero, sino de fe, obediencia y metas acordes al Reino de los Cielos.

    “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. Romanos 14:17 (RVR 1960).

  • Imputación

    ¿En qué momento se nos imputa el pecado?

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    Desde el punto de vista de la personalidad, los atributos de Dios se han clasificado en dos grupos generales.

    Los atributos incomunicables, que son atributos únicos de Dios que no comparte con nadie, por ejemplo, su eternidad, omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia, su gloria y soberanía.

    Los atributos comunicables, son aquellos que denotan el carácter moral de Dios; y son atribuibles a los hombres. Podemos mencionar el amor, la fidelidad, la bondad, entre otros.

    Luego, una tercera categoría que yo personalmente quiero incluir, son los atributos imputables de Dios a los redimidos. Como la justicia, y la santidad.

    Dada esta introducción, quisiera enfocar en el atributo imputable de justicia. Para ello haré una analogía entre la justicia de Dios y la justicia del hombre.

    En nuestros tribunales de justicia, por ejemplo, no existe la figura de “imputación” de la justicia, pues todo juicio y veredicto se relaciona directamente con la prueba material y testimonial que servirá de luz, para que un juez emita su veredicto. Mientras tanto, en el contexto bíblico, la justicia tiene el significado de: “una declaración del juez justo”.

    Antes de continuar, comprendamos este concepto de imputabilidad o imputación. La imputación es la decisión judicial por la que se atribuye a un sospechoso la presunta participación en un hecho delictivo.

    Precisamente en derecho penal, la imputación es un medio de implicación negativa. Pero en teología cumple una doble función tanto negativa, como positiva.

    Negativa en tanto el pecado “llamado original” (del huerto) nos ha sido imputado a toda la humanidad:

    “Por tanto, del mismo modo en que el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a toda la humanidad, por cuanto todos pecaron”. ROMANOS 5:12 (RV2020)

    Pero ¿en qué momento se nos imputa el pecado? Con la llegada de la ley.

    “Antes de la ley ya había pecado en el mundo; pero como no había ley el pecado no se imputaba”. ROMANOS 5:13 (RV2020).

    Pablo nos ilumina con la tésis de que la ley también tiene como objetivo, imputarnos (culparnos) del pecado de desobediencia original, ya que en todo caso la muerte como consecuencia de aquella grave desobediencia, ya reinaba desde Adán.

    “No obstante, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, también sobre los que no habían pecado de un modo semejante a la rebelión de Adán, el cual es figura del que había de venir.” ROMANOS 5:14 (RV2020).

    Si el pecado de Adán no se nos hubiera imputado o atribuido por falta de instrumento judicial (la ley), las consecuencias de la caída igual hubieran seguido sobre toda la humanidad y la creación, pero no el delito del Edén.

    Entonces es muy claro que la condenación cayó sobre toda la humanidad, por el delito de uno llamado Adán. Y luego su pecado se nos imputó, con el objeto de poder recibir también por imputación, la justicia de Dios. ¿Por qué es esto así? Bueno, imagina que no eres culpable de la misma rebelión del huerto, pero sí cargas las consecuencias? No podrías ser perdonado y justificado de lo que no eres culpable (pecado original).

    “Así que, como por el delito de uno vino la condenación a toda la humanidad, de la misma manera por la justicia de uno vino a toda la humanidad, la justificación que produce vida”. ROMANOS 5:18 (RV2020).

    Y en este texto, tenemos ambas figuras de imputación, tanto la negativa del pecado adámico, como el positivo de la obra redentora de Cristo.

    “Y con el don no sucede como en el caso de uno que pecó, porque por un lado el juicio vino a causa de uno que pecó para condenación, pero por otro lado la gracia vino a causa de muchos delitos para justificación”. ROMANOS 5:16 (RV2020).

    Debemos concluir con una seria reflexión para aquellos que menosprecian la ley. Si bien debemos tratar de entender el sentido de la ley y su aplicación; también es necesario que comprendamos, que una parte incuestionable del objetivo de la ley, fue imputarnos en la responsabilidad de la desobediencia, para tener la posibilidad de que nos fuera imputada la justicia de Dios en Cristo.

    “porque el cumplimiento de la ley es Cristo, para justicia de todo aquel que cree”. ROMANOS 10:4 (RV2020).

    Y esto es en manera resumida de lo que se trata la justicia de Dios. No es para nada igual o parecida a la justicia del hombre.

    Si una persona no reconoce su pecado, y su responsabilidad ante Dios por su alejamiento e impiedad, esa persona no podrá ser declarada “inocente” (imputación de la justicia de Dios dada a Jesús).

    Recibe a Jesús hoy, y te será imputada la justicia de Dios a través de Cristo.

  • Autoimagen, nuestro dilema 

    “Yo sé que en mí el bien no tiene vida, es decir, no reside en mi naturaleza humana. Hay en mí el deseo de hacer el bien, pero no puedo llevarlo a cabo”. Romanos 7:18 (PDT)

    Desde génesis capítulo tres, estamos fuera del propósito original de Dios. Pero el diseño de Dios no ha cambiado, Él como ingeniero de nuestros sistemas orgánicos y psíquicos, también arquitecto de nuestras vidas, nos diseñó e hizo a su imagen y semejanza, y en el catastrófico episodio del huerto de Edén, fuimos seriamente dañados en nuestro carácter y forma de pensar (La voluntad), que también han sido diseñados a la semejanza del Creador.

    La Biblia nos enseña que satanás estuvo detrás de este ataque violento en el huerto, y aunque la intención de este ser malévolo era la destrucción total y eterna; no tenía el poder ni el permiso para destruir la obra que Dios hizo perfecta. Por lo tanto, solo logró desvirtuar nuestra voluntad (carácter y pensamientos) y con ello “autoimagen”. Es por esta razón, que aun viniendo a Cristo para ser regentados, muchas veces no logramos ver con claridad quiénes somos en Él, y por ende para Dios, y dejamos de ser lo Dios quiere que seamos, tampoco logramos cumplir el propósito de Dios sin antes sufrir muchos tropiezos.

    El deseo original de Dios para nuestra vida es milimétricamente la perfección, pero tal característica ha sido seriamente dañada en nosotros, y estamos lejos de ser perfectos en nuestra manera de pensar, decidir y relacionarnos; generando mucho conflicto a nuestro alrededor.

    Para una mejor comprensión de esta perspectiva existencial, usaremos un referente muy común. Por ejemplo, las computadoras y los celulares. Estos equipos tienen un componente llamado tarjeta madre. Es como el cerebro electrónico del equipo, y si se daña esta tarjeta; el aparato físico o la carcasa, sigue intacta pero su función es irregular o del todo no funciona. Cuando una tarjeta madre se daña solo queda el reemplazo por una nueva, ya que no se puede reparar, y una vez que se reemplaza, la tarjeta debe calzar con el modelo y compatibilidad del equipo para que integre los otros componentes, de lo contrario sufriremos por un inadecuado desempeño.

    Así nosotros al haber sido seriamente dañados en nuestra voluntad (la tarjeta madre), somos disfuncionales; aunque nuestra carcasa o cuerpo sigue siendo fiel al diseño, funcionamos mal o no funcionamos del todo, en detrimento del propósito de Dios para nuestras vidas.

    No podemos ser reparados, ya que la Biblia enseña que estamos en una condición de muerte, esto es, totalmente destruidos en nuestra voluntad para buscar y agradar a Dios. Y no podemos agradar a Dios porque no tenemos voluntad para hacerlo, ya que ahí está el daño fatal.

    La única salida es que nuestra voluntad (como la tarjeta madre) sea reemplazada por completo, y precisamente eso es lo que Cristo puede lograr por sus propios méritos.

    Debo resaltar, que incluso las ciencias de la salud desde la psicología y la psiquiatría intentan apoyar positivamente para reparar daños a este nivel de la autoimagen y sus alcances como la autoestima y el autoconcepto, y ciertamente a través de terapia mucho se logra. Sin embargo, no pueden reemplazar nada en la psique. Pero Dios nos da una solución compleja, pero funcionalmente eterna. Dios nos ofrece un reemplazo de la voluntad, y a la vez, una transformación progresiva hasta la perfección milimétrica con la que nos diseñó.

    Lo primero entonces es que Dios trabaja nuestra voluntad a través de la obra de Cristo que cambia nuestra forma de pensar. Luego por medio del Espíritu Santo nos capacita para discernir el bien y el mal, corrigiéndonos cuando fallamos. Finalmente, por medio de la Palabra de Dios nos limpia, santifica y fortalece. Todo esto mientras Cristo regresa para llevarnos con Él y vestirnos de perfección absoluta. Como podrá usted deducir de la lectura, en este proceso no hay reparaciones, sino conversiones o cambios completos.

    Precisamente la parte que nos ha sido afectada a gran escala es la “autoimagen”, y no es que quiera forzar el tema, pero pensemos en la escena de Adán y Eva en el huerto. Ellos pensaron de sí mismos (autoimagen) de manera equivocada creyendo que podían compararse con Dios, y despreciaron la dependencia que tenían en Él, para despertar con rudeza en la mentira que habían comprado a precio de la verdad.

    Desde la psicología, “La autoimagen se configura a través de cómo nos vemos tanto a nivel físico (altura, peso, color de pelo, etc.) como a nivel intelectual, social y personal. Esta representación mental influye en cómo nos tratamos, influye en nuestra autoestima y también en nuestro autoconcepto” (Ruíz Mitjana Laura (agosto, 2022) Autoimagen: Qué es, características y cómo mejorarla. Autoimagen: qué es, características y cómo mejorarla – La Mente es Maravillosa. Pár 4).

    Ya nos vamos dando cuenta entonces que luchamos con esa configuración de nuestra mirada al espejo, pero no de una mirada banal y física, sino una mirada a nuestra estructura “yoica” que se identifica con las emociones, la autoestima y los deseos. De tal manera, que nos vemos seriamente afectados en lo que pensamos de nosotros mismos e involucramos a terceros evadiendo nuestra responsabilidad y acusando a otros de cómo nos sentimos, y escondiendo muchas veces esa imagen interior degradada, en una imagen externa distorsionada. También afecta la autopercepción, ya que al no tener una imagen equitativa de nosotros mismos la violentamos, y es lo que más estamos padeciendo actualmente en esta sociedad, un dilema ético, psicológico y espiritual de autopercepción donde cada vez más personas sufren de creer que son otra cosa que no son; por ejemplo, personas que se creen un animal, o se creen otro género atrapados en cuerpos equivocados, o se autoperciben de otra edad. La pregunta es, ¿se puede reparar este tipo de voluntad dañada? El dilema es que la misma psicología no tiene el alcance porque valida estas conductas, con el propósito de no generar más conflicto en la personalidad de quienes están viviendo estos trastornos. Por lo tanto, la única solución es Cristo, pero es un desafío en tanto la voluntad está dañada y no queremos cambiar nuestros hábitos, aunque deseamos un arraigo eterno y una vida mejor.

    Recuerde entonces que en Cristo tenemos una esperanza para esta autoimagen distorsionada:

    1. Garantía de voluntad nueva: “Él nos salvó gracias a su misericordia, no por algo bueno que hubiéramos hecho. Nos salvó lavándonos, dándonos una vida nueva al renovarnos por medio del Espíritu Santo”. Tito 3:5 (PDT)
    • Proceso de perfeccionamiento: “No quiero decir que ya llegué a la perfección en todo, sino que sigo adelante. Estoy tratando de alcanzar esa meta, pues esa es la razón por la cual Jesucristo me alcanzó a mí”. Filipenses 3:12 (PDT)

    Concluiré animando a nuestros lectores a una seria autoevaluación de su autoimagen. Recordándoles que Jesús le dijo a Nicodemo en la penumbra de la tarde, que al ser humano le era necesario “nacer de nuevo” para ver y ser parte del Reino de Dios. Nacer de nuevo es justamente un cambió de la voluntad esclava del hombre sin Dios. Y ser nuevas criaturas, es una garantía no solo de sanidad psíquica, sino de vida eterna.

  • Degeneración: Una reflexión bíblica y psicológica

    Degeneración alude al acto y el resultado de degenerar. Este verbo, por su parte, procede de degenerāre y refiere a un menoscabo o un deterioro del estado original o de la primera calidad de algo (Publicado por Julián Pérez Porto y María Merino. Actualizado el 9 de marzo de 2019. Degeneración – Qué es, definición y concepto. Disponible en https://definicion.de/degeneracion/).

    Los efectos de la rebelión acaecida en el huerto del Edén no describen las consecuencias, en suma, ni la magnitud de lo que había ocurrido. Como suele pasar cuando ocurre un evento traumático de gran proporción, el cerebro no permite asimilar todo el impacto en un acto; pues prepara el cuerpo para una respuesta adecuada y proporcional.

    “Y lo sacó el Señor del huerto de Edén, para que labrara la tierra de la que había sido tomado.” GÉNESIS 3:23 RV2020.

    El huerto representaba el equilibrio cósmico, la plusvalía ecológica y el Shalom divino. Una vez tocaran tierra extraña, debían vivir con las inclemencias propias de una tierra que ya no era amigable; pues su ecosistema había perdido plusvalía, y con respecto al cosmos no existía equilibrio y entonces el Shalom (Paz más allá de las circunstancias) se extinguió.

    Hoy en día es interesante que muchas sociedades han adoptado prácticas “amigables con el medio ambiente”; lo cual es loable, pero no olvidemos que al principio fue la tierra con su flora y su fauna; que se mostró amigable para con el género humano.

    Y es que el ser humano busca reconciliarse con la naturaleza y el universo, pero no con Dios. Y sin reconciliación con Dios no puede haber amistad con el resto de su creación.

    Fue a medida que pasaron los días, los años y los siglos, que la raza humana fue experimentado el alcance devastador del pecado.

    “Vio el Señor que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos de su corazón solo era de continuo el mal;”. GÉNESIS 6:5 RV2020

    En retrospectiva, cuando Dios castigó con todo el peso de su ley y amor al hombre y a la mujer; así como a la creación, lo que hizo fue desvincular al humano de esa conexión con la vida, sentenciándolo a una muerte inmediata y a la vez mediata; ya que murieron espiritualmente sin mediar condición alguna, pero a la vez empezaron a morir lentamente mediante el deterioro fisiológico, la violencia multifacética, los ataques de bestias del campo, las guerras, fratricidios, etc.

    El concepto de vida en el huerto implicaba una existencia holística, que alcanzaba sintonía perfecta e incorrupta del ser humano con su entorno y con Dios. No había derramamiento de sangre, y esto debe recordarnos un detalle que solo mencionaré, pero es importante meditar en otro momento: “En el contexto del huerto la dieta era de frutas, y no estoy con ello, validando o invalidando la costumbre vegetariana de hoy día puesto que nuestro contexto es diferente, y agrega proteína cárnica”.

    Pero un adecuado equilibrio con el cosmos y su ecología, demandará respeto por la vida, y según la Biblia en su amplio sentido; la vida está contenida en la sangre. De tal manera que, todo derramamiento de sangre es un clamor de redención y venganza. Por cierto, este perfecto equilibrio no es posible en este planeta y en esta era, por más civilizada y consciente que pretenda ser nuestra sociedad. Solo será posible al lado de Dios, quien sustentará toda necesidad humana que ha llevado al hombre a violentar a sus congéneres y el hábitat de las otras especies.

    “El Señor es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia”. SALMOS 103:6 RV2020

    Padecemos entonces devastadoras consecuencias a nivel físico, mental y espiritual. Padecemos guerras, epidemias, enfermedades, males congénitos, violencia en las calles, las escuelas, los hogares, la política, la religión, etcétera. Y todo por una fuerte inclinación “dopaminérgica” (efecto placentero que la dopamina genera en el cuerpo, con actos que la estimulan) y que ha quedado grabado en nuestro cuerpo en forma de hábitos. Mismos que son llamados comúnmente, vicios de la carne.

    ” Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;” ROMANOS 3:10 RV2020

    Esta economía psicosocioespiritual plateada hasta este momento desde la perspectiva bíblica, está además bien documentada en los descubrimientos de la psicología y la neurociencia.

    Hoy se sabe, que la parte más emocional del cerebro, esto es, el cerebro límbico, propiamente en el “cuerpo estriado”; que entre muchas otras funciones tiene por tarea: “La regulación de la conducta motivada (en función de la dopamina un neurotransmisor que sustenta de placer y disfrute el cuerpo)”. Permite que queden registrados los hábitos que se compensan con alguna clase e intensidad de placer.

    Este placer no es necesariamente un factor de buenas costumbres o gestores de felicidad, por el contrario, son vinculaciones adictivas de las que muchas veces la voluntad humana quisiera liberarse. Por medio de la imagenología cerebral como las distintas categorías tomográficas, se ha llegado a observar huellas o surcos de actividades repetitivas a modo de grabados, que sugieren registro de actividades repetitivas. En esos hábitos hay que centrar la atención para estudiar, comprender y atender la conducta humana, ya que esta ha venido involucionando (retrocediendo o degenerándose) tanto a nivel moral como neurológicamente (mayores trastornos mentales y enfermedades mentales).

    En el huerto, Adán y Eva es muy probable que mantuvieron conversaciones por largos días, creando así un hábito que los fue convenciendo de que lo prohibido por Dios, no era tan malo. Aquello fue una motivación llena de dopamina pura, que los hizo disfrutar el momento, para luego sufrir con amargura (Una característica de una saturación de dopamina, es el sentido placentero inmediato, seguido por una contracción abrupta del placer).

    Así las cosas, la consecuencia más cruda de haber sido botados del huerto, es que en nuestro sistema límbico; por la naturaleza de la transgresión, ha quedado plasmada la huella dopaminérgica y la selección de acciones en función de la recompensa inmediata. ¿Por qué? Bueno, es simple decir que somos débiles y que nos cuesta controlar esas acciones que recompensan al cerebro (placer per se). Pero Pablo ya lo aclaraba en la carta a los romanos:

    “No comprendo mi forma de actuar, pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco”. Romanos 7:15

    “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”. Romanos 7:19

    Y Pablo lo que nos argumenta es que fuimos seriamente dañados en nuestra estructura espiritual llevándonos a la imposibilidad por nosotros mismos, pues desde la carnalidad (sin vida en el espíritu) la humanidad fue vendida a esclavitud de su amo, el pecado.

    “Sabemos que la ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido como esclavo bajo el pecado”. Romanos 7:14

    Y la respuesta que nunca cambiará en nuestro guion de cristianos redimidos en Cristo, es que solo por medio de Jesús podremos optar por la libertad de nuestra consciencia, pero de igual manera debemos a la vez esforzarnos en trabajar los hábitos, para lo cual la iglesia es un proyecto de Dios bien pensado.

    ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? 25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado. Romanos 7:24-25

    La Biblia nos indica claramente que Dios ha preparado una serie de obras en las cuales debemos andar si somos obedientes, y esas obras si las ponemos en práctica, serán nuestros nuevos hábitos que sustituirán el vacío de aquellas costumbres que hemos ido dejando por el amor de Dios hacia nosotros, y nuestro amor por Él.

    “Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. Efesios 2:10.

    La única manera de vivir un reposo de esta dopamina (sustancia del placer y la aventura) que nos atrapa en la envoltura del placer y la amargura posterior, es bajo el poder de Dios mismo, Él nos hizo, nos botó del huerto y nos puede redimir de toda culpa, de tal manera que los hábitos pecaminosos vayan siendo sustituidos por hábitos de gratitud y adoración al Señor. Desde una de las principales escuelas de la psicología, la manera para corregir problemas serios de la conducta, es por medio de sustituir los hábitos. Pues cada vez que dejamos un hábito que nos causa displacer o serias molestias, requerimos ocupar ese vacío. Justamente la Biblia nos modela una teología de sustitución desde el antiguo testamento cuando las víctimas inocentes emuladas en los corderos sustituían al hombre culpable para su perdón. Luego, Cristo vino a sustituirnos en la cruz donde cada ser humano debería colgar sin excusas.

    Cristo es el sacrificio sustitutivo que nos puede regenerar.