• Esta estrofa gira alrededor de la letra número 13 del alfabeto hebreo. Es la letra מ y se llama MEM. Es la letra que representa el agua. Agua se trasncribe Máin.

    El principal mensaje que nos da su posición en el texto sagrado; es de: Nuevo Nacimiento.

    Jesús habló mucho acerca de esto. De manera directa se lo dijo a Nicodemo, a la mujer samaritana, a Zaqueo; y de manera indirecta o tácita; fue el centro de su mensaje. El último día de la gran fiesta, la de los tabernáculos; Jesús se identifica a sí mismo con esta agua ceremonial.

    “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” Juan 7:37-39

    ¿Dónde dice Jesús estas Palabras? En Jerusalén, el último y gran día de la fiesta de los Tabernáculos; cuando el sumo sacerdote bajaba al estanque de Siloé y llenaba un cántaro de agua; subía al templo y derramaba esta agua sobre el altar. Con ello simbolizaba un futuro próspero, abundante, lleno de agua y abundantes cosechas para Israel. Y en estas tierras tan secas, el agua es un milagro que Israel nunca dejó de gozar en toda su historia. Mas Jesús ya nos da una clara interpretación de este ritual, al decirles: “yo soy el agua que saciará la sed de ustedes, el que crea en mí, también será fuente de agua que salte para vida eterna”. Además, nos agrega que esa agua simboliza la vida eterna. Así que no hay pérdida en el mensaje.

    El misterio de nacer de nuevo, es por fe y para vida eterna. Es el que cree en el hijo el que puede nacer de nuevo. Es interesante que el mundo profesa creer en Dios, pero cuando profundizamos con esas personas acerca de la persona y obra de Cristo, todo cambia. Se vuelven vulnerables y hasta violentos. Cristo dijo de sí mismo que él seria piedra de tropiezo para muchos.

    La estrofa del salmo 119 para hoy; nos habla del corazón de un nacido de nuevo:

    97 !!Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.

    Una forma de saber si hijos o criaturas somos, es evaluar cuánto amamos su Palabra. ¿Ha visto usted un animal o una planta amar la Palabra de Dios? ¡Seguro que no! Ellos son criaturas, agradecidas con la vida. Pero un hijo es más que agradecido. Ama con veneración lo que Dios ha dicho.

    El salmista dice con algo de exageración: “que medita o piensa en ella todo el día” bueno, es una retórica propia del estilo, pero es cierto que el nacido de nuevo, tiene latente su Palabra.

    98 Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, Porque siempre están conmigo.

    99 Más que todos mis enseñadores he entendido, Porque tus testimonios son mi meditación.

    100 Más que los viejos he entendido, Porque he guardado tus mandamientos;

    El nacido de nuevo ha aprendido, ha entendido el mensaje de la Toráh; de la Palabra de Dios. Ha logrado entender y ponerlos por obra.

    101 De todo mal camino contuve mis pies, Para guardar tu palabra.

    102 No me aparté de tus juicios, Porque tú me enseñaste.

    El salmista nos lleva a un examen final, y en estos versículos nos pone contra la espada de la Palabra de Dios, y la pared de nuestras decisiones diarias. El nacido de nuevo contiene su pie del mal camino.

    103 !!Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.

    También, el nacido de nuevo saborea la Palabra de Dios. Le es dulce. ¿Ha experimentado alguna vez que no quiere leer o escuchar cierta parte de la Biblia que le confronta? Creo que sí. Y es que ese sabor agridulce, es normal cuando estamos luchando contra algo en nuestra vida. Por el contrario, espero que también habrá experimentado esos momentos sublimes de gozo en la Palabra de Dios. A los que el salmista compara con el sabor dulce de la miel.

    104 De tus mandamientos he adquirido inteligencia; Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira. Salmos 119:97-104

    Finalmente, es inteligente caminar en la Verdad de la Palabra de Dios. Desechando todo camino de mentira. De autoengaño. De vanidad.

    MEM es la letra del acróstico que nos lleva a experimentar y evaluar nuestra nueva vida. Esa que ha nacido de Dios. Del agua y del Espiritu. Ahora entendemos mejor que nacer del agua y del espíritu, es nacer de la semilla, la simiente que es Cristo, y del Espíritu Santo, que habita en cada creyente.

  • «Tu palabra, Señor, es eterna, y está firme en los cielos.

    Tu fidelidad permanece para siempre; estableciste la tierra, y quedó firme.

    Todo subsiste hoy, conforme a tus decretos, porque todo está a tu servicio.

    Si tu ley no fuera mi regocijo, la aflicción habría acabado conmigo.

    Jamás me olvidaré de tus preceptos, pues con ellos me has dado vida.

    ¡Sálvame, pues te pertenezco y escudriño tus preceptos!

    Los impíos me acechan para destruirme, pero yo me esfuerzo por entender tus estatutos.

    He visto que aun la perfección tiene sus límites; ¡solo tus mandamientos son infinitos!” Salmo‬ ‭119:89-96‬ ‭NVI‬‬

    Ya hemos afirmado antes, que todo este salmo es un himno que exalta la Toráh (la ley de Dios dada a Israel que para los judíos son los primeros 5 libros de la Biblia y para nosotros los creyentes en Cristo, suma la Biblia completa) No obstante, esta estrofa es un poderoso destello de gloria conferido a la Toráh. Al leer estos versículos vemos impreso un respeto profundo del salmista a los mandamientos de Dios; al punto de expresar que su propia vida se la debe a mantener fidelidad a la ley.

    1. ¿Quién me sostiene?

    La misma mano poderosa que afirmó el mundo, y lo sostiene. Es la mano que nos sustenta, dirige y corrige.

    89 “Tu palabra, Señor, es eterna, y está firme en los cielos.

    90 Tu fidelidad permanece para siempre; estableciste la tierra, y quedó firme.

    91 Todo subsiste hoy, conforme a tus decretos, porque todo está a tu servicio.

    2. ¿Cuál debe ser nuestra respuesta?

    Fidelidad a la Palabra de Dios, y búsqueda constante para ser vivificados.

    92 Si tu ley no fuera mi regocijo, la aflicción habría acabado conmigo.

    93 Jamás me olvidaré de tus preceptos, pues con ellos me has dado vida.

    3. ¿Cuáles serán nuestros beneficios?

    Nuestra salvación. La gente indocta se pregunta: ¿de qué tenemos que ser salvos? Pues de nuestra propia experiencia. De nuestro pecado, aún de aquel pecado que está oculto y latente en lo profundo de nuestro ser, listo para salir y causarnos daño. Solo la ley de Dios, correctiva; nos podrá guardar. Y después, salvos de cualquier agente externo.

    94 ¡Sálvame, pues te pertenezco y escudriño tus preceptos!

    95 Los impíos me acechan para destruirme, pero yo me esfuerzo por entender tus estatutos.

    Lámed es la letra de esta estrofa. Se representa así: ל

    Significa literalmente: aguijada. De donde deriva la palabra “aguijón”. Es parte del equipo usado para poner en el yugo de los bueyes para dar dirección e insentivar a toque de piquetes en las patas traseras, su caminar.

    La mano que dirigía las yuntas, debía ser diestra para saber cuando aplicar el toque correctivo al buey. Y cuando usar el aguijón en el extremo de la aguijada para abrir surco, ya que servía para ambas cosas. Vemos entonces, la rudeza y fuerza de un buey, bajo la vara de una aguijada. Así es la Ley de Dios a nuestras vidas. Una aguijada que doblega la rudeza pecaminosa del hombre y le confiere dirección.

    Nuestra letra hoy nos invita a leer esta estrofa con atención, porque ella significa: dirección y corrección a nuestro caminar, a toque de aguijón. El aguijon de la Palabra de Dios sobre nuestras vidas.

    Dirección por cuanto Dios es quien nos va guiando con su mano por su palabra firme y eterna.

    Corrección, porque Dios nos corregirá cada vez que sea necesario para no perecer en la aflicción del pecado.

    Solo la ley de Dios nos puede salvar. Y por eso, como el salmista debemos alabar su ley, pues aún lo que parecía perfecto tiene fin. Solo su Palabra permanece para siempre:

    96 He visto que aun la perfección tiene sus límites; ¡solo tus mandamientos son infinitos!”

  • Discípulo históricamente definía a una persona que se disponía a los pies de un maestro, para aprender acerca de la vida. Estos maestros mantenían una relación muy cercana con sus discípulos, ya que las clases eran sobre la vida y había que aprender viviendo. Hoy se ha devaluado su practicidad y cambiado por metodología.

    La letra del alfabeto para este estudio nos remonta a la importancia de volver a los pies del maestro. Después de todo nuestro maestro a la vez es “nuestro” Dios, el Eterno.

    Caf o Kaf es ma letra para hoy. En hebreo moderno es: כ pero antes del hebreo moderno, las representaciones alfabéticas de ellos eran pictográficas; o sea, formas o dibujos simples que contenían en sí todo un mensaje. La Kaf pictográfica era una mano semi curva que hacía un hueco en su palma. Este concepto se relaciona con: “el hueco de la mano de Dios”. Su mensaje es protección y pertenencia.

    El simbolismo de la letra es amplio. Sin embargo, quiero destacar que nuestro principal mensaje del uso de Kaf en la Biblia; se relaciona con: protección, bendición, recepción, gracia. Eso son significados. No quiere decir que esas palabras o sustantivos que he descrito se esciben con Kaf. Quiero decir más bien, que en nuestra estrofa del salmo 119 para hoy, el acróstico nos lleva a versículos que en hebreo empiezan con Kaf. Y esta letra desemboca todo su significado de protección, bendición, recepción y gracia; en esta porción.

    Como sufijo, Kaf hace el posesivo de una palabra u oración. Por ejemplo: Kaf Sofít, significa: “es tú”, “es tuyo”. Aparece por ejemplo en la frase: “El señor es tu Dios”. Y repetidamente en el principal de los mandamientos, aquí cito y copio parte de mi fuente de estudio:

    El pronombre posesivo Tu y Tus, en mayúscula, indica la conjugación de la Kaf.

    “Amarás al Señor TU Dios de todo TU corazón, y de toda TU alma, y con todas TUS fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre TU corazón; y las repetirás a TUS hijos, y hablarás de ellas estando en TU casa… y las atarás como una señal en TU mano, y estarán como frontales entres TUS ojos; y las escribirás en los postes de TU casa, y en TUS puertas” (Dt6:5-9).

    ¿Que nos puede decir a nosotros hoy? No menos que a Israel. Jehová es “nuestro” Dios. Y debemos amarlo con todo “nuestro” ser, guardando “su” Palabra que es “nuestra” ley.

    Leamos la estrofa del salmista, bajo la Caf:

    “Desfallece mi alma por tu salvación, Mas espero en tu palabra.

    Desfallecieron mis ojos por tu palabra, Diciendo: ¿Cuándo me consolarás?

    Porque estoy como el odre al humo; Pero no he olvidado tus estatutos. ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿Cuándo harás juicio contra los que me persiguen?

    Los soberbios me han cavado hoyos; Mas no proceden según tu ley. Todos tus mandamientos son verdad; Sin causa me persiguen; ayúdame.

    Casi me han echado por tierra, Pero no he dejado tus mandamientos. Vivifícame conforme a tu misericordia, Y guardaré los testimonios de tu boca. Salmos‬ ‭119:81-88‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Leo a un salmista algo atribulado, cansado de luchar. Pero concluye constantemente en su obstinada permanencia en la Palabra de Dios.

    Si Kaf es la mano de Dios que determina nuestra protección y nos bendice, pues el salmista está claro de eso. Por eso en su queja y aflicción, dice que espera, ya casi desfalleciendo; la salvación de Jehová.

    “Y el resplandor fue como la luz; Rayos brillantes salían de su mano, Y allí estaba escondido su poder.”

    ‭‭Habacuc‬ ‭3:4‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬

    Es en su mano que está el poder para salvación. Y es haciendo de Jehová nuestra posesión que podremos obtener sus beneficios enmarcados en su ley.

  • Salmo 119:73-80

    73 “Tus manos me hicieron y me formaron; Hazme entender, y aprenderé tus mandamientos.

    74 Los que te temen me verán, y se alegrarán, Porque en tu palabra he esperado.

    75 Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, Y que conforme a tu fidelidad me afligiste.

    76 Sea ahora tu misericordia para consolarme, Conforme a lo que has dicho a tu siervo.

    77 Vengan a mí tus misericordias, para que viva, Porque tu ley es mi delicia.

    78 Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado; Pero yo meditaré en tus mandamientos.

    79 Vuélvanse a mí los que te temen Y conocen tus testimonios.

    80 Sea mi corazón íntegro en tus estatutos, Para que no sea yo avergonzado” Salmos‬ ‭119:73-80‬ ‭RVR1960‬‬

    Esta estrofa, pone en perspectiva la diferencia entre la vida y existencia de Dios y la pequeñez humana. Dios el creador, nosotros sus criaturas. Pero David va dando relevancia a su existencia, conforme avanza; comprendiendo que su pequeñez se diluye en la grandeza de la Palabra de Dios para su vida (versículos 74 y 79) Los que han entendido que ya no son solo criaturas, sino que son la atención de Dios: “los que te temen”. Es lo que el evangelio de Juan llama: hijos de Dios, engendrados por el espíritu.

    “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

    ‭‭Juan‬ ‭1:12-13‬ ‭RVR1960‬‬

    Cuando el salmista en el versículo 73 dice en dos líneas:

    A. “Tus manos me hicieron y me formaron;

    B. Hazme entender, y aprenderé tus mandamientos”

    Hay dos dimensiones de comprensión reveladas. Primero comprender que Dios es quien ha creado todas las cosas y toda vida. Que existe esa dimensión espacial y temporal grabada en nuestra memoria y grabada en el carácter evolutivo del resto de los seres vivos; tanto en el reino animal como vegetal.

    Luego, la dimensión espiritual, la que trasciende este mundo físico, espacial y temporal. Ahí donde nos volvemos más que criaturas o creación, además; hijos de Dios no por voluntad humana, sino de Dios. Y es ahí donde anhelamos aprender los estatutos de Dios. Es ahí en esa dimensión donde nos volvemos discípulos: “hazme entender, y aprenderé tus mandamientos”. A menos que seamos hijos de Dios, por medio de la fe en Cristo, no somos elegibles para “entender” la ley y la voluntad de Dios. Mucho menos podremos entender su disciplina.

    Desde esta óptica, es que el salmista puede expresar que la disciplina de Dios en su vida es bondad al fin. Y que los otros hijos, sus hermanos, que temen a Dios; se alegrarán al ver como él permanece esperando en “la Palabra de Dios”.

    Es interesante como el salmista aborda en esta estrofa el tema de la disciplina divina sobre su vida. Y es que para trascender a esa dimensión espiritual como hijos de Dios, es necesario ser formados en la Palabra de Dios bajo la disciplina formadora de Dios. Nuestra letra en el acróstico nos explica más aún de este paso trascendental; de la temporalidad a la eternidad. De la insignificancia a estar en lugares celestiales con Cristo. Así es como podemos explicar la verdadera espiritualidad.

    Nuestra letra para esta estrofa es: Yod que se lee: IÓD. No agrego ideograma, porque no me lo facilita el alfabeto castellano. Es una especie de comilla grande suspendida sobre el renglón base.

    Esta letra es la décima del alfabeto hebreo y significa: La Esencia Espiritual. Es un reflejo de la verdadera espiritualidad, esa identidad que solo está en Dios trino. Esta letra esta contenida en los nombres de Dios y de Jesús.

    Jehová: su transliteración al castellano es: Yahweh y se pronuncia aproximadamente así: IÁHUÉH.

    Jesús: cuya transliteración es Yeshúa y se pronuncia: IESHÚA.

    Esta “Y” en el nombre: Jehová y Jesús; es la IÓD. La letra que significa la esencia espiritual. Porque la esencia del mundo espiritual, ese mundo que trasciende el espacio y el tiempo están en Dios y su Cristo, su hijo. En quien nosotros hemos tomado herencia. Y al igual que el salmista, podemos pensar no solo como criaturas, pero podemos pensar como hijos de Dios. Todo por los méritos de IESHÚA. Ahora nosotros también podremos pensar más allá del tiempo y el espacio. Ahora podremos trascender en nuestro interior, del aquí y el ahora. Y un día no lejano. Esntraremos a esa quinta dimensión: La Espiritual; de manera definitiva.