La Comunicación: El mensaje y su fuente
פ = Pe
La letra en cuestión es la numero diecisieteava del alfabeto hebreo. Ella nos habla acerca de la comunicación y su fuente. Dicho de otra manera, nos habla de un emisor que es la fuente, de un receptor que es un medio y de un destinatario.
Por ejemplo, cuando Dios le habla a Moises; o sea le comunica un mensaje, el caudillo tenía 80 años. En la gematría hebráica (asignación de valor numérico a las letras del alfabeto) el valor de la letra PEI es: 80. La fuente del mensaje, es Dios mismo. El emisor, Dios mismo. El receptor transmisor, Moisés. Los destinatarios; Faraón y luego el pueblo Hebreo.
En la siguiente estrofa podemos encontrar estas características, que debemos indagar con más atención:
129 “Tus estatutos son maravillosos; por eso los obedezco.
130 La exposición de tus palabras nos da luz, y da entendimiento al sencillo.
131 Jadeante abro la boca porque ansío tus mandamientos.
132 Vuélvete a mí, y tenme compasión como haces siempre con los que aman tu nombre.
133 Guía mis pasos conforme a tu promesa; no dejes que me domine la iniquidad.
134 Líbrame de la opresión humana, pues quiero obedecer tus preceptos.
135 Haz brillar tu rostro sobre tu siervo; enséñame tus decretos.
136 Ríos de lágrimas brotan de mis ojos, porque tu ley no se obedece.” Salmo 119:129-136 NVI
Hay dos aspectos que quiero resaltar acerca del mensaje comunicado, y sus receptores; donde ahora también estamos incluidos nosotros.
1. La advertencia divina alrededor de su mensaje.
Los versículos 129 y 136 de nuestra estrofa, abren y cierran enfocando la Toráh. El Salmista dice en el 129 que Él obedece los mandamientos de Dios, porque los encuentra maravillosos. Y en el 136 dice que llora al ver que la ley de Dios no es obedecida.
No cabe duda que el mensaje dado por Dios es uno solo. Ha sido revelado a los hombres de manera progresiva; hasta el advenimiento del Mesías, momento culminante donde toda la revelación de Dios fue vaciada sobre la faz de la tierra.
Hay un mensaje que fue develado poco a poco; por medio de los profetas y cumplido el tiempo de Dios, nos ha hablado claro en la persona, vida, obra, muerte y resurrección de su hijo Jesucristo.
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;” Hebreos 1:1-2 RVR1960
Ya Moisés les había advertido cuando entregó su liderazgo a Josué, acerca de este profeta, Cristo mismo:
“»Las naciones cuyo territorio vas a poseer consultan a hechiceros y adivinos, pero a ti el Señor tu Dios no te ha permitido hacer nada de eso. El Señor tu Dios levantará de entre tus hermanos un profeta como yo. A él sí lo escucharás.
Por eso levantaré entre sus hermanos un profeta como tú; pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande. Si alguien no presta oído a las palabras que el profeta proclame en mi nombre, yo mismo le pediré cuentas.”
Deuteronomio 18:14-15, 18-19 NVI
Es una seria advertencia. Primero aplica para Israel al recibir la Toráh y rechazar el mensaje y al mesías mismo. Luego es una advertencia para todo creyente que vive en desobediencia, pero es una lapidaria declaración de muerte para quienes rechacen este mensaje.
2. Luz y sabiduría del mensaje sobre sus receptores y destinatarios.
“La exposición de tus palabras nos da luz, y da entendimiento al sencillo” Salmos 119: 130
Nada es más emocionante, cierto y comprobado. ¡Cómo nos da sabiduría que discierne, la bendita Palabra de Dios!
Es por que ella es luz. Una luz que brilla por sí misma, por su esencia. Una vez más la fuente es Dios mismo. Y Cristo además es la luz del mundo. Y El Espíritu Santo nos ilumina con luz propia.
Realmente los hijos de Dios somos los iluminados del mundo. Claro, no es como el mundo percibe o espera la “iluminación”.
Este mundo sin Dios, hoy cuenta con sus “iluminados”. Henchidos de conocimiento humano, de letras manipuladas y huecas filosofías.
Pero usted y yo hemos sido iluminados por la verdad de la Palabra de Dios y por su Espíritu.
Iluminados para vida eterna. Porque sus Palabras son espíritu y son vida. No son ideas, no es mero conocimiento. La Palabra de verdad que nos ha iluminado; es la esencia de Dios, dosificada a nuestro entendimiento. Y para nuestro beneficio.