• Tema: Cristo cargó con nuestra maldad

    Nuestra letra hoy señala a Cristo, como la cabeza de la iglesia. A la vez, en contraste señala nuestra débil naturaleza humana, que viene de un estado de postración moral y perversa.

    Pero es bajo sujeción que venimos a formar parte del cuerpo de Cristo, bajo su autoridad.

    En la dinámica de la estrofa podemos leer que el Salmista habla de su aflicción, de su causa, de quienes lo persiguen y de sus enemigos. Enfoca su propia vida y su necesidad de ser librado, redimido y vivificado.

    Por otra parte, expone la maldad de aquellos que no quieren atender la Palabra de Dios. Ellos estan lejos de la salvación.

    De esta letra y de la palabra Resh, surgen dos vocablos:

    ROSH: En hebreo es cabeza y refiere a liderazgo espiritual.

    RASHÁ: pecado, maldad o perversidad

    El principal mensaje que deberíamos leer en esta estrofa, es que Cristo el Mesías; la Palabra hecha carne, vino para poner toda maldad bajo sujeción.

    Pablo a los efesios, hablando de Cristo; dice que Dios, puso todo “bajo sus pies”: concepto de autoridad espiritual. Y que a Cristo, Dios lo dio “por cabeza a la Iglesia”: concepto de autoridad espiritual.

    Así que Cristo es nuestra ROSH o cabeza.

    Pero luego, el otro concepto es: RASHÁ que significa maldad o pecado. Y es ese estado inerte del ser humano sin Dios.

    Pues encontramos que Cristo nuestra ROSH, se hizo RASHÁ por nosotros.

    “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” 2 Corintios‬ ‭5:21‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    De estas convicciones es que el salmista está aferrado en todo el salmo 119. En esta estrofa el salmista nos lleva por nuestras luchas y debilidades; hacia la confianza en la Palabra de Dios y en sus promesas. Pero todo el salmo resalta que solo bajo obediencia; o sea bajo sujeción, podemos alcanzar estos beneficios.

    Leamos:

    153 “Mira mi aflicción, y líbrame, Porque de tu ley no me he olvidado.

    154 Defiende mi causa, y redímeme; Vivifícame con tu palabra.

    155 Lejos está de los impíos la salvación, Porque no buscan tus estatutos.

    156 Muchas son tus misericordias, oh Jehová; Vivifícame conforme a tus juicios.

    157 Muchos son mis perseguidores y mis enemigos, Mas de tus testimonios no me he apartado.

    158 Veía a los prevaricadores, y me disgustaba, Porque no guardaban tus palabras.

    159 Mira, oh Jehová, que amo tus mandamientos; Vivifícame conforme a tu misericordia.

    160 La suma de tu palabra es verdad, Y eterno es todo juicio de tu justicia.

    Salmos‬ ‭119:153-160‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬

    Conclusión: Tú y yo necesitamos estar bajo la autoridad del hijo de Dios , Cristo el Mesías. A quien Dios sujeto todo bajo sus pies y nos lo dio como cabeza a nosotros su iglesia. Solo así podremos ser verdaderamente libres del pecado.

  • ק

    Nuestra siguiente letra del alfabeto hebreo es la diecinueveava, o la número 19.

    La KUF es la letra que abre camino al concepto de: Santidad.

    A la vez, debemos entender que este significado connota otro importante concepto bíblico – teológico que es: Consagración cuyo significado es: “separación” o “apartado para”.

    Veamos entonces la estrofa. Apreciemos el clamor del salmista, me parece que es un clamor a veces un tanto desesperado; respecto a su responsabilidad en la santidad, que a la vez le es imposible sin la ayuda de Dios.

    En otros estudios hemos hablado de la Santidad. Hemos tratado de entender el concepto y su practicidad. Por tanto, solo quiero traer a memoria que la santidad está claramente diferenciada en la Biblia, como un proceso. Proceso que empieza Dios, sigue a través de Cristo, pasa por la cotidianidad del Espíritu Santo, avanza en la enmarañada senda de nuestro humano peregrinar cristiano y termina una vez más en Dios mismo.

    El antiguo testamento está lleno de referencias respecto a la santidad de Dios, característica diferenciadora respecto a otras deidades. Luego encontramos que en Cristo, le ha sido posible al hombre vivir en santidad. Es esa santificación de nuestras almas a través de la fe en el sacrificio de Jesús en la cruz, la cotidianidad de muestra vida en el Espíritu, y la constante lucha que como humanos enfrentamos para mantener una vida consagrada.

    Leamos:

    145 Señor, te llamo con todo el corazón; ¡respóndeme, pues quiero cumplir tus leyes!

    146 A ti clamo, ayúdame para que cumpla tus mandatos.

    147 Antes de amanecer, me levanto a pedirte ayuda; he puesto mi esperanza en tu promesa.

    148 Antes de anochecer, mis ojos ya están velando para meditar en tu promesa.

    149 Oye mi voz, Señor, por tu amor; dame vida, conforme a tu justicia.

    150 Están cerca mis crueles perseguidores, pero están lejos de tu enseñanza.

    151 Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandamientos son verdaderos.

    152 Desde hace mucho conozco tus mandatos, establecidos por ti eternamente. Salmos 119:145-152 DHH https://www.biblegateway.com

    En los primeros versos, 145 y 146 está el clamor desesperado; de: ¡ayúdame!

    Pero en los versos 147 y 148 hay una disposición total del Salmista de hacer lo necesario para luchar contra su humanidad débil y vivir en santidad. Hay una vida disciplinada. Una vida de búsqueda.

    Entonces, por un lado como creyentes tenemos asegurada nuestra santificación: “Proceso gestionado por Dios mismo, gestado por Cristo y apropiado por la fe; por los creyentes”

    “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;” 1 Corintios‬ ‭1:30‬ ‭RVR1960‬‬

    Pero por otra parte, tenemos esa responsabilidad personal de vivir conscientemente “apartados” para Él.

    “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación.”

    1 Tesalonicenses‬ ‭4:7‬ ‭RVR1960‬‬

    Aquí la palabra inmundicia es cualquier tipo de acto e intención visible o no, que contamina nuestra vida.

    El llamado a la santificación, ya no es en este texto; referido a la santidad que adquirimos; cuando alcanzados por Dios, y llevados a Cristo, fuimos doblegados por su gracia, al arrepentimiento. No!

    Ahora, este llamado es a una constante. La santidad es una constante del creyente. Pues es claro que nos contaminamos, y requerimos constantemente clamar como el Salmista, para que Dios nos ayude:

    “146 A ti clamo, ayúdame para que cumpla tus mandatos”

    “Y sin santidad nadie verá al Señor”: es una expresión que resalta, lo imposible para una persona que no haya alcanzado por fe, la cruz; pueda ser santificada por la sangre de Cristo para salvación. Y si no hay salvación, no hay vida eterna. Y si no hay vida eterna, no hay forma de estar en presencia de Dios y verle.

    Entonces esa santidad requerida para ver a Dios cara a cara un día, es la que se alcanza únicamente por la fe en la obra de Cristo, y no por las obras de nuestra fe.

    Usted y yo hacemos buenas obras, y hacemos lo correcto, porque somos santos. Pero no somos santos porque hacemos buenas obras.

    De lo contrario, si no fuera así, cada vez nos equivocamos y cuál hijos pródigos pecamos contra el cielo y contra Dios, dejaríamos de ser santos de Dios.

    Piense en esto: ¿Cuántas veces en un día, te comportas o piensas indebidamente? Cada unos de ustedes tiene su propia respuesta. ¿Ha dejado el sacrifico de Cristo de ser efectivo en tu circunstancia? Indudablemente que no.

    Lee la estrofa acróstica del Salmo 119 para hoy. Una y otra vez, es un llamado a vivir en santidad. Pero no sin la ayuda de Dios. Eso sería imposible.

  • צ

    La fonética de la Ts es fricativa, se pronuncia así como: sh

    Nuestra letra es TSADE, la número dieciocho del alfabeto Hebreo.

    137 “Justo eres tú, oh Jehová, Y rectos tus juicios.

    138 Tus testimonios, que has recomendado, Son rectos y muy fieles.

    139 Mi celo me ha consumido, Porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras.

    140 Sumamente pura es tu palabra, Y la ama tu siervo.

    141 Pequeño soy yo, y desechado, Mas no me he olvidado de tus mandamientos.

    142 Tu justicia es justicia eterna, Y tu ley la verdad.

    143 Aflicción y angustia se han apoderado de mí, Mas tus mandamientos fueron mi delicia.

    144 Justicia eterna son tus testimonios; Dame entendimiento, y viviré” Salmos‬ ‭119:137-144‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Esta estrofa está estructurada en tres divisiones encabezadas con un verso que resalta la justicia. Cada división yuxtapone la grandeza de la justicia de Dios, a la débil y menesterosa realidad humana. Pero el salmista logra subordinar su pequeñez, sus miedos, sus sueños; a la justicia intrínseca en los mandamientos divinos. Es una gran noticia para todos los creyentes, pues los mandamientos pierden esa idea gravosa y adquieren su verdadero valor para la humanidad caída: la posibilidad de volver y ser reconciliados con Dios trayendo paz a nuestras vidas.

    Hagamos el ejercicio de esta división para apreciar el fluir del principal concepto emanado: La Justicia.

    1. Dios es Justo, recto, fiel y puro. Yo soy pequeño y desechado.

    No obstante, si yo no me olvido de sus mandamientos para vivir bajo ellos… seré atraído por Él. Ya en la misma letra del acróstico está implícito este concepto se atracción. En Juan 12:32 Jesús dice:

    “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir.” Juan‬ ‭12:32-33‬ ‭RVR1960‬‬

    137 “Justo eres tú, oh Jehová, Y rectos tus juicios.

    138 Tus testimonios, que has recomendado, Son rectos y muy fieles.

    139 Mi celo me ha consumido, Porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras.

    140 Sumamente pura es tu palabra, Y la ama tu siervo.

    141 Pequeño soy yo, y desechado, Mas no me he olvidado de tus mandamientos.

    2. Justicia que no caduca, verdad que permanece. Pero al otro extremo humanidad incierta entre aflicciones y angustias.

    Una vez más notamos la yuxtaposición de las historias contenidas en estos versos. Donde también, una vez más; el salmista retrata al ser humano subordinando su impotencia a los mandamientos divinos.

    142 Tu justicia es justicia eterna, Y tu ley la verdad.

    143 Aflicción y angustia se han apoderado de mí, Mas tus mandamientos fueron mi delicia.

    3. La Palabra de Dios es eterna justicia que da vida a quien la recibe.

    La conclusión de la estrofa es: “dame entendimiento y viviré”. ¿Qué necesito entender? La Toráh, Las Escrituras. Pero aún este entendimiento, es dado por Dios. En otras palabras, dependemos de Él más que el ciento por ciento.

    144 Justicia eterna son tus testimonios; Dame entendimiento, y viviré”

    Para ir cerrando este estudio debo agregar, que la estructura de esta estrofa nos revela la Trinidad en su perfecta existencia. Un Solo Dios que nos ministra en tres personas, con tres fuentes de poder singulares y a la vez iguales.

    La primera división nos muestra al Padre. En toda su plenitud como estuvo en génesis capítulos 1 y 2. Creando, pensando, generando y concretando. Por eso el salmista reconoce en esos primeros versos: su pequeñez ante la suprema existencia de Dios.

    La segunda división que hemos hecho nos muestra al hijo. Cristo es la justicia de Dios encarnada. Es la verdad. Y además es nuestra delicia. Por eso el salmista reconoce angustia y aflicción, que se disiparán en Él.

    También, es una alusión a la angustia y aflicciones del mesías en su muerte. Y a las palabras de Jesús dadas a sus discípulos: “en el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo.

    En nuestra tercera división vemos la obra del Espíritu Santo. Quien nos vivifica constantemente. La expresión: “y viviré” connota eternidad. Y en esa eternidad vivir es una constante en la dimensión espiritual. El Espíritu Santo es quien nos vivifica constantemente.

    Como se habrán dado cuenta, nuestra letra en el acróstico; significa: Justicia.

    TSADDÍK: justo

    TSEDAKÁ: justicia

  • «Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,

    que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados;

    perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;” 2 Corintios‬ ‭4:7-9‬ ‭RVR1960‬‬

    Anoche mientras caminaba a casa a la vez hablaba por teléfono con mi esposa. Le decía que quería ver creyentes con convicciones firmes de su fe. Creyentes que luchan, que se levantan, que tienen convicciones firmes.

    Aquellos creyentes de antaño, de la Biblia o de la historia de la reforma, parecen semi dioses dignos del olimpo de la mitología griega, propios de la literatura. Pero sabemos que tales no existen.

    Pero sí existieron esos «más que vencedores» que viene siendo algo así como: «una dosificada atribución, de la esencia de Dios mismo, que es todo poderoso». Fueron y ahora lo somos nosotros, algo todopoderosos. Pero no es que les esté trayendo un falso evangelio, es que ser más que vencedores, significa que cada día vamos más allá de la meta en Cristo. Vamos más allá de vencer en Cristo. O sea, la esencia de Dios en nosotros es Cristo. Y sin Cristo no hay nada.

    Todos queremos ser David frente al gigante contendiente Goliat, desafiarlo y verlo caer a nuestros pies, pero no queremos ser aquel David que por años tuvo que huir de Saúl, ni aquel David que por meses fue humillado por su propio hijo Absalón de quien huyó dejándole el trono y sus mujeres por un tiempo. Mucho menos ser aquel David que siendo tan valiente, no se contuvo para pecar contra Dios y su prójimo; demostrando cuán débil de carácter se puede ser.

    Todos queremos ser Elias Tisbita, que desafió a 850 profetas de dioses falsos que perturbaron a Israel. Y que haciendo bajar fuego del cielo respaldado por Dios, tomó coraje y los decapitó uno a uno. Pero no queremos ser Elias corriendo a esconderse en la cueva víctima de sus peores temores, sin un lugar seguro a donde ir. Víctima de su debilidad mental, de su falta de fe en que el mismo Dios que le escuchó para vengar su nombre santo ante los baales, le daría la vida.

    Cuantos creyentes queremos ser como Ester, la doncella valiente, que defendió a toda una nación con su sutileza y devoción. Pero quizá nunca hemos pensado la tristeza de Ester. Ella fue antes de reina, parte del montón elegibles del rey. Ester además, vivió la crudeza de estar lejos de casa, de sus amigas y amigos, de sus padres de quienes no sabemos nada, solo contaba con su tío. Aquella bella hebrea después de todo era una esclava a quien Dios le dio ser reina de un imperio.

    Todos queremos ser Pablo, el gran apóstol, que escribió 13 o quizá 14 cartas que son parte del Nuevo Testamento inspirado por Dios al lado del Antiguo Testamento. Pero no quisiéramos ser el Pablo que cuatro de estas cartas; las escribió desde la cárcel. Queremos ser el Pablo de las proezas, que reprende el espíritu de adivinación de una joven, quien sobrevive al naufragio en el Adriático en la isla de Malta. Y más aún, ahí mismo sobrevive a la mordedura de una letal serpiente. Pero no quisiéramos ser al Pablo que desembarcó en Roma para ser llevado ante Cesar acusado de alta traición y reo de muerte.

    Yo quisiera ser un valiente de mi época como Martin Lutero lo fue en la suya; que enmudeció al poder detrás de Roma, pero su precio fue la indiferencia de haberse quedado sin púlpito para predicar y sin recursos para validar sus verdades, y ése no quisiera ser yo.

    Cuantos ejemplos faltan por recordar, hombres y mujeres de Dios. Que creyeron a Dios y lo amaron más allá de sus propias debilidades físicas, emocionales y morales.

    Nadie para mi lo resume mejor que Pablo en su segunda carta a los Corintios:

    «Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,

    Esos vasos de barro somos usted y yo si hemos creído en Cristo. Si lo hemos aceptado como Señor y Salvador.

    Pablo dice: «estamos atribulados en todo…» «…pero no angustiados»

    ¿Que significa la palabra todo? Es un pronombre indefinido.

    En el marco de este pasaje y su contenido; Pablo no está siendo absoluto al usar este pronombre, más bien está ponderando luchas internas y externas: no solo lucha con enemigos políticos pero también con sus hermanos judíos, y de seguro con carencias materiales, situaciones en las iglesias; y en resumen tendrá que luchar con su reacción personal ante estas presiones. Y es aquí donde resalta el tema de su carácter y cómo manejar todo aquello.

    Pablo concluye que a pesar de «su ministerio llevando en sí mismo el mensaje del evangelio y a Cristo mismo» – ese es el tesoro – resulta que él es un recipiente o vaso de barro. Así de frágil se ve. Así de frágiles somos todos. Así quedó claramente demostrado con los testimonios que traje a colación entre muchos que hay en la Biblia y en la historia.

    Estimado lector y lectora:

    Requerimos luchar. Y quien lucha es quien tiene enfrente enemigos: sean externos o que nos atacan de fuera o sea de dentro; de nuestra propia fuente.

    Requerimos levantarnos. Y quienes se levantan es porque reconocen que cayeron víctima de sus temores y endeble carácter.

    Requerimos tener convicciones firmes. Ellas no dependen de nuestra fuerza, o voluntad, ni de nuestro conocimiento que tengamos más o tengamos menos. Estas convicciones son por fe y para fe.

    Por ejemplo: cuando Pablo inspirado por el Espíritu Santo escribe que «somos más que vencedores por medio de Cristo», es una realidad que crees o no crees, es por fe y para fe. Lo tomas o lo dejas.

    Seamos David, Elias, Ester, Pablo y Martin Lutero, sí. Pero no lo olvidemos cuando estemos en la humillación, en la cueva, entre los del montón, en la cárcel o en la indiferencia.

    «Para que la excelencia del poder sea de Dios y no se nosotros«