35 Por lo tanto, no pierdan la confianza, que lleva consigo una gran recompensa. 36 Lo que ustedes necesitan es tener paciencia; para que, una vez que hayan hecho la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido darnos. Hebreos 10: 35-36 NVI
Apobálo: gr. Arrojar y/o Aflojar.
Parresía: gr. Franqueza, rudeza, seguridad y confianza.
El escritor de hebreos, le dice a su audiencia: »No aflojen o no pierdan» la »confianza o la seguridad» porque es la que les asegura una grande recompensa. Pero…¿de donde viene esta petición vehemente? De un »por tanto» que registramos al inicio del versículo 35. Los »por tantos», siempre son una construcción sintáctica de la oración; que permite que una acción confluya hacia una conclusión.
La acción concreta o la centralidad de este mensaje de hebreos, esta en su contexto próximo anterior. Capítulo 9 y la primera parte del capítulo 10; nos viene hablando de la imposibilidad de que el pecado sea cubierto y vencido por medio de la ley y los sacrificios de la ley. En contraste, aparece Cristo, quien puede con el pecado de los hombres de una vez para siempre.
23 Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos.
24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios;
25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. Hebreos 9:23-25 RVR
Ese contexto, es el mensaje central de Hebreos: Cristo el gran sumo sacerdote que sí puede una sola vez para siempre, entrar directamente a la presencia de Dios e interceder por aquellos que por la fe aceptan su sacrificio y sacerdocio. Luego…
Ahora sí…»Por tanto», no aflojen, no pierdan la fe; o sea, »la confianza». ¿Por qué? Porque es la única manera de alcanzar la suprema recompensa. ¿Cuál? La Salvación eterna. ES UN ASUNTO DE FE.
28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. Hebreos 9:28 RVR
12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,
13 de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;
14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Hebreos 10: 12-14 RVR
Hermanos y hermanas, la salvación es un asunto de fe. Lo que no se debe perder según este pasaje, es la fe. Confianza y fe son sinónimo en la mayoría de los contextos bíblicos. Quien no tenga fe o confianza en el sacrificio de Cristo, no tiene ninguna esperanza de vida eterna.
Hebreos, es una carta escrita a los hebreos. No olvidemos este importante detalle. La primera audiencia de este escritor son los judíos convencidos pero que aún no han sido convertidos, regenerados o salvos. ¿Pero es que acaso ser un convencido dista de ser un convertido? Claro que sí. Una persona puede estar convencida de que esta espiritualmente mal, pero no da el paso definitivo de fe para ser regenerado. Es exactamente lo que vivió Nicodemo, a quien Jesús le exhorta para venir a la conversión o nuevo nacimiento, también conocido en términos teológicos como: Regeneración.
La segunda audiencia de esta carta, somos todos los demás, en especial los simpantizantes del evangelio como Nicodemo, los tibios de Apocalipsis 3:15 o los que estaban entre nosotros pero no eran de nosotros de 1 Juan 2:19.
Cada uno de nosotros debemos hacernos un autoexamen a la luz de la Biblia. Las advertencias de condenación en Hebreos, no son para los hijos de Dios, sino para aquellos que caminan al margen, que le siguen a hurtadillas y de lejos; como Pedro durante el juicio de Cristo. No obstante, las promesas eternas son para los hijos, aquellos que nunca perderán la fe, la confianza en su sacrificio. Comprenden éstos a cabalidad lo que significa: »porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados».
Entre los hebreos aquí enfocados, estaban algunos dudando de seguir a Cristo, porque la ley de Moisés era un peso que no podían quitar de sus lomos. Un problema que no tenían los gentiles convertidos. En cuanto al pecado en general, tanto judíos como gentiles, tenían iguales condiciones, luchas en la carne y beneficios en Cristo. El pecado solo es vencido por Cristo en la Cruz. Nuestra victoria es la victoria de Cristo.
»Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado» 1 Pedro 4:1
El llamado que nos queda, es que debemos estar seguros y no perder la confianza de nuestra salvación en Cristo. Si hay duda es ya un mal síntoma.