La emergencia que vive el mundo por el COVID-19 o SARS-CoV-2. Nos plantea medidas excepcionales que no parecieran tan complicadas pero que nos ha costado sobrellevar.
De hecho las medidas que nos impone en parte la ley y en parte el miedo; son la mejor forma de convivencia que habiamos olvidado: “Más tiempo en casa” y ser “más luz en casa que en la calle”
Se nos aconseja:
1. Lavarnos adecuada y constantemente las manos con jabón y agua. Y usar el alcohol gel desinfectante. Esto no es otra cosa más que: “Higiene”. ¿Debería ser tan difícil acatarlo? No, pero parece ser que no estábamos tan acostumbrados porque nos incomoda que se nos recuerde.
2. Se nos aconseja una manera correcta de estornudar y toser poniendo nuestro codo y antebrazo en boca y nariz. No debería ser molestia para nadie, que al estornudar o toser haya respeto y consideración por quienes tenemos alrededor. Sin embargo, la mala higiene y el irrespeto al que nos hemos acostumbrado lo hace una tarea pesada.
3. Se nos recuerda desinfectar sobre todo las manijas de las puertas, y mantener vigilancia higiénica de aquellas superficies donde más contacto mantenemos en casa. No debería ser algo nuevo; pero lo es.
Se nos impone por la vía de ley sanitaria:
1. Distanciamiento social: Considerar a la familia que amamos y a los amigos que estimamos; se ha vuelto una tarea dura para todos. Sin embargo, esto nos ha puesto a disposición; nuestra propia casa y familia. Y pareciera en algunos casos que eso más bien ha sido la tarea más compleja. Convivir con nuestro núcleo familiar.
2. Restricción vehicular y de movilidad: Ha sido una batalla campal entre los más obstinados y la policia. No salir de casa por orden del Ministerio de Salud se nos ha hecho hasta abusivo. Pero en el fondo la prohibición no es lo que nos ofende. Es no poder salir de casa.
3. Cierre de lugares públicos como parques, playas, bares, salones de fiesta, etcétera. Una medida de contención necesaria y la que quizá más ha golpeado. ¿Qué vacíos llenan esos lugares en nosotros? Buena pregunta para la reflexión.
He meditado que esto ha hecho posible que nuestras casas; la mayoría estén más limpias. Nuestras manos estén más limpias. Nuestro planeta tenga un gran respiro y traiga con ello una mejora a los ecosistemas cuyos derechos han sido violentados por los nuestros.
¿Y qué de nuestra mente y nuestro corazón?
Sería un éxito si también la higiene mental y espiritual mejorasen en nosotros, en nuestras familias y en la sociedad. Leo algunos artículos y noticias que asoman esos temas. Pero no soy tan optimista.
Lo primero que hago es verme a mi mismo. ¿Qué se supone que he perdido? No lo sé. Pero me enfocaré en lo que estoy ganando.
Recuerdos bíblicos me traen estas circunstancias. El valor que tiene la higiene en nuestro vivir cotidiano.
Pero la importancia radica en valorar que esa higiene sea congruente con la higiene del alma.
A Jesús se le hace este reclamo:
“¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan.”
Mateo 15:2 RVR1960
Me llama la atención esta lucha por lavarse las manos en los tiempos de Jesús. Para entonces las apelaciones eran religiosas.
Hoy la lucha por el lavado de manos no es de índole religioso, pero nos pone en perspectiva sobre una valoración más profunda; igual que las reflexiones a las que Jesús llevó a sus detractores:
“Jesús dijo: ¿También vosotros sois aún sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.”
Mateo 15:16-19 RVR1960
Y vuelvo al mismo tema que Jesús defendió, sin desestimar la costumbre salubre del lavado de manos:
“La higiene del alma”. Y agrego: “La higien mental”.
Todas las vivencias de este tiempo, ya sea por medidas sanitarias impuestas o por consejos sanitarios, nos deben llevar a interiorizar las mismas medidas hasta lo profundo de nuestras almas y pensamientos.
Valoremos qué tanto “mejores personas” seremos después de esto. Y sobre todo, qué tanto los valores cristianos; serán tan importantes como lavarnos las manos constantemente hoy.