Después de comprender un poco más acerca de la ley de Moisés , mandamientos y las otras leyes universales, hoy quiero adentrarme en temas específicos que la cristiandad no ha comprendido ni vivido correctamente. Y yo quiero pensar que ha sido por piadosa confusión y no por impía tergiversación.
“Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes. Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram; excepto solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, los cuales tomarán su parte.” Génesis 14:17-24 RVR1960
En este relato, bajo la ley de la conciencia y no bajo la ley de Moisés, Abraham dio el diezmo de todo. Por el contexto, ese todo fue del botín de la victoria que Dios le dio sobre sus enemigos y los enemigos de su sobrino Lot.
Hay en escena dos reyes: uno es Melquisedec rey y sacerdote de Salem, el otro es el rey de Sodoma.
De Melquisedec se ha dicho siempre que no hay datos de ascendencia y descendencia; tampoco se ha ubicado con exactitud Salem, su tierra. Pero indudablemente si Abraham le dio los diezmos y de su mano recibió la bendición de pan y vino, es porque en esencia era un consagrado a Elohim (El Señor). Pan y vino son símbolos de prosperidad completa en la Biblia.
Del rey de Sodoma, en el relato no se dice ni su nombre, pero es claro que Abraham no le acepta regalo alguno, desconfiando de su intención o propósito a posteriori. Eso sí, le cobra del botín el costo de su gesta para pagarle a quienes le ayudaron en aquella guerra para salvar a su familiar.
Abraham, confió plenamente en Melquisedec y le dio conscientemente o por la ley de su conciencia, el diezmo de todo. Pero no confió en el poderoso de Sodoma. Uno representa la bondad de Dios y la confianza. El otro representa la riqueza humana del mundo, y la desconfianza.
A priori, el Diezmo desde esta perspectiva, es fe o confianza en la bondad de Dios, y su derecho pleno de recibir nuestra gratitud de todo cuanto somos y tenemos.
“»¿Debe una persona robar a Dios? ¡Claro que no! Pero ustedes me han robado. Y aún se atreven a preguntar: “¿Cuándo te hemos robado?”. Ustedes me han robado los diezmos y las ofrendas. Por eso, toda la nación está en la mira de mi castigo, pues todos me están robando. »Traigan todos los diezmos a la tesorería del templo, para que haya alimento suficiente en mi Templo. Si lo hacen, yo abriré las ventanas de los cielos y haré que venga sobre ustedes una benéfica y oportuna lluvia sobre sus campos para que obtengan abundantes cosechas. ¡Los exhorto a que me prueben en esto! Sus cosechas serán grandes, porque yo las cuidaré de los insectos y de las plagas; sus uvas no caerán antes de madurar. Lo digo yo, el Señor Todopoderoso.” Malaquías 3:8-11 NBV
Aquí tenemos otro escenario. Dios tiene un litigio con Israel. Hay una serie de compromisos rotos, que estarían afectando el buen funcionamiento del sistema levita y del templo, ya que las ofrendas eran específicamente para la manutención del templo. Los Diezmos para la manutención de los sacerdotes, sus familias y sus ciudades.
Esta es una demanda judicial, todo el vocabulario usado es un cobro judicial nada más y nada menos que de las cortes celestiales. La palabra robo que usa Malaquías en realidad es fraude. No se está pagando el dinero demandado por la ley de Moisés, y tampoco se está usando correctamente.
Cuando el creyente ve el diezmo con este cristal de Malaquías, en primer lugar se confunde y en segundo lugar aplica mal su sentido. Si hay algún sentido en esta palabra para la iglesia hoy, solo sería una exhortación a la fidelidad. Pero nunca una denuncia judicial de Dios contra su iglesia por fraude. Este diezmo legal, es absolutamente un trato de Dios con Israel, y podemos ubicarlo en Levítico 27 y Números 30.
Finalmente, en el Nuevo Testamento; Pablo nos ayuda a ser creyentes generosos. La generosidad debe ser un distintivo del creyente. Y no se circunscribe solamente al dinero y los bienes materiales, sino que va más allá hasta abarcar el carácter.
“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” 2 Corintios 9:7 RVR1960
Pablo en su segunda carta a los Corintios; capítulos 8 y 9, les exhorta y explica el asunto de las ofrendas para apoyar a los hermanos de Jerusalén en tiempos de crisis.
Su mensaje no fue manipulador, pero fue firme y no se guardó palabras para explicar los efectos espirituales de no atender con generosidad la necesidad de los hermanos.
Primeramente, cada uno debe tener un propósito constante para dar. Luego no dar con motivaciones equivocadas como la necesidad. Sino dar con soltura en plena certidumbre y alegría de poder hacerlo. Debe ser un acto convincente de que doy porque Dios me ha provisto.
Luego Pablo dice con claridad incuestionable, que no quiere recibir nada que no venga de un corazón generoso y mucho menos de alguien a quien se le exige dar.
“Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra.” 2 Corintios 9:5 RVR1960
Y termina poniendo la cereza en el pastel, al darnos la ley de la generosidad; descrita como la siembra y la cosecha.
Entiéndase bien, esta es una LEY, o sea, un principio rector (significa que es invariable para quien sea que la practique).
“Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.” 2 Corintios 9:6 RVR1960
Recuerden que todo principio rector es aplicable a todas las áreas de la vida.
La ley de la generosidad o de la siembra y la cosecha no solo es aplicable al dinero y los bienes materiales; también aplica a las áreas del carácter, el servicio, la familia, etc. Así que, si das recibes. Si eres mezquino recibirás con mezquindad, es una ley puesta por Dios.
¿Da usted el Diezmo? Siga haciéndolo, pero hágalo bajo la ley de la conciencia y la ley de la generosidad o lo que la Biblia llama la siembra y cosecha.
¿Da ofrendas y limosnas? Hágalo bajo la ley de la conciencia y la ley de la generosidad o lo que la Biblia llama la siembra y la cosecha.
Pero a la luz de una interpretación respetuosa del contexto, el diezmo como ley de de Moisés no es aplicable a nuestra práctica de fe. Pero sí la ley de la generosidad que nos llama a dar más allá de un porcentaje, darlo todo a la obra del Señor.
Ahora, si no estás dando nada, debes ir a la ley de la conciencia como Abraham y al menos dar el diez por ciento de todo.
Abraham fue fiel, Israel fue llamado al compromiso legal y moral como norma, pero Pablo fue generoso y nos llama a la generosidad, que va más allá de la regla y honra la fidelidad.
Estoy seguro que de ahora en adelante algunas cosas sucederán con su vida:
1. Será más generoso en dar a la obra del ministerio de otros que sirven al señor dedicadamente (pastores, misioneros, maestros, voluntarios que apoyan a otros, orfanatos y obras sociales en general)
2. Nunca más se sentirá culpable de robarle a Dios o cometer fraude en su contra.
3. Será fielmente generoso, no porque sea un negocio o una transacción financiera, sino porque su corazón convertido a Dios es generoso por su nueva naturaleza.