• Después de comprender un poco más acerca de la ley de Moisés , mandamientos y las otras leyes universales, hoy quiero adentrarme en temas específicos que la cristiandad no ha comprendido ni vivido correctamente. Y yo quiero pensar que ha sido por piadosa confusión y no por impía tergiversación.

    “Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes. Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram; excepto solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, los cuales tomarán su parte.” Génesis‬ ‭14:17-24‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬

    En este relato, bajo la ley de la conciencia y no bajo la ley de Moisés, Abraham dio el diezmo de todo. Por el contexto, ese todo fue del botín de la victoria que Dios le dio sobre sus enemigos y los enemigos de su sobrino Lot.

    Hay en escena dos reyes: uno es Melquisedec rey y sacerdote de Salem, el otro es el rey de Sodoma.

    De Melquisedec se ha dicho siempre que no hay datos de ascendencia y descendencia; tampoco se ha ubicado con exactitud Salem, su tierra. Pero indudablemente si Abraham le dio los diezmos y de su mano recibió la bendición de pan y vino, es porque en esencia era un consagrado a Elohim (El Señor). Pan y vino son símbolos de prosperidad completa en la Biblia.

    Del rey de Sodoma, en el relato no se dice ni su nombre, pero es claro que Abraham no le acepta regalo alguno, desconfiando de su intención o propósito a posteriori. Eso sí, le cobra del botín el costo de su gesta para pagarle a quienes le ayudaron en aquella guerra para salvar a su familiar.

    Abraham, confió plenamente en Melquisedec y le dio conscientemente o por la ley de su conciencia, el diezmo de todo. Pero no confió en el poderoso de Sodoma. Uno representa la bondad de Dios y la confianza. El otro representa la riqueza humana del mundo, y la desconfianza.

    A priori, el Diezmo desde esta perspectiva, es fe o confianza en la bondad de Dios, y su derecho pleno de recibir nuestra gratitud de todo cuanto somos y tenemos.

    “»¿Debe una persona robar a Dios? ¡Claro que no! Pero ustedes me han robado. Y aún se atreven a preguntar: “¿Cuándo te hemos robado?”. Ustedes me han robado los diezmos y las ofrendas. Por eso, toda la nación está en la mira de mi castigo, pues todos me están robando. »Traigan todos los diezmos a la tesorería del templo, para que haya alimento suficiente en mi Templo. Si lo hacen, yo abriré las ventanas de los cielos y haré que venga sobre ustedes una benéfica y oportuna lluvia sobre sus campos para que obtengan abundantes cosechas. ¡Los exhorto a que me prueben en esto! Sus cosechas serán grandes, porque yo las cuidaré de los insectos y de las plagas; sus uvas no caerán antes de madurar. Lo digo yo, el Señor Todopoderoso.” Malaquías‬ ‭3:8-11‬ ‭NBV‬‬‬‬‬‬

    Aquí tenemos otro escenario. Dios tiene un litigio con Israel. Hay una serie de compromisos rotos, que estarían afectando el buen funcionamiento del sistema levita y del templo, ya que las ofrendas eran específicamente para la manutención del templo. Los Diezmos para la manutención de los sacerdotes, sus familias y sus ciudades.

    Esta es una demanda judicial, todo el vocabulario usado es un cobro judicial nada más y nada menos que de las cortes celestiales. La palabra robo que usa Malaquías en realidad es fraude. No se está pagando el dinero demandado por la ley de Moisés, y tampoco se está usando correctamente.

    Cuando el creyente ve el diezmo con este cristal de Malaquías, en primer lugar se confunde y en segundo lugar aplica mal su sentido. Si hay algún sentido en esta palabra para la iglesia hoy, solo sería una exhortación a la fidelidad. Pero nunca una denuncia judicial de Dios contra su iglesia por fraude. Este diezmo legal, es absolutamente un trato de Dios con Israel, y podemos ubicarlo en Levítico 27 y Números 30.

    Finalmente, en el Nuevo Testamento; Pablo nos ayuda a ser creyentes generosos. La generosidad debe ser un distintivo del creyente. Y no se circunscribe solamente al dinero y los bienes materiales, sino que va más allá hasta abarcar el carácter.

    “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” 2 Corintios‬ ‭9:7‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬

    Pablo en su segunda carta a los Corintios; capítulos 8 y 9, les exhorta y explica el asunto de las ofrendas para apoyar a los hermanos de Jerusalén en tiempos de crisis.

    Su mensaje no fue manipulador, pero fue firme y no se guardó palabras para explicar los efectos espirituales de no atender con generosidad la necesidad de los hermanos.

    Primeramente, cada uno debe tener un propósito constante para dar. Luego no dar con motivaciones equivocadas como la necesidad. Sino dar con soltura en plena certidumbre y alegría de poder hacerlo. Debe ser un acto convincente de que doy porque Dios me ha provisto.

    Luego Pablo dice con claridad incuestionable, que no quiere recibir nada que no venga de un corazón generoso y mucho menos de alguien a quien se le exige dar.

    “Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra.” 2 Corintios‬ ‭9:5‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬

    Y termina poniendo la cereza en el pastel, al darnos la ley de la generosidad; descrita como la siembra y la cosecha.

    Entiéndase bien, esta es una LEY, o sea, un principio rector (significa que es invariable para quien sea que la practique).

    “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.” 2 Corintios‬ ‭9:6‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬

    Recuerden que todo principio rector es aplicable a todas las áreas de la vida.

    La ley de la generosidad o de la siembra y la cosecha no solo es aplicable al dinero y los bienes materiales; también aplica a las áreas del carácter, el servicio, la familia, etc. Así que, si das recibes. Si eres mezquino recibirás con mezquindad, es una ley puesta por Dios.

    ¿Da usted el Diezmo? Siga haciéndolo, pero hágalo bajo la ley de la conciencia y la ley de la generosidad o lo que la Biblia llama la siembra y cosecha.

    ¿Da ofrendas y limosnas? Hágalo bajo la ley de la conciencia y la ley de la generosidad o lo que la Biblia llama la siembra y la cosecha.

    Pero a la luz de una interpretación respetuosa del contexto, el diezmo como ley de de Moisés no es aplicable a nuestra práctica de fe. Pero sí la ley de la generosidad que nos llama a dar más allá de un porcentaje, darlo todo a la obra del Señor.

    Ahora, si no estás dando nada, debes ir a la ley de la conciencia como Abraham y al menos dar el diez por ciento de todo.

    Abraham fue fiel, Israel fue llamado al compromiso legal y moral como norma, pero Pablo fue generoso y nos llama a la generosidad, que va más allá de la regla y honra la fidelidad.

    Estoy seguro que de ahora en adelante algunas cosas sucederán con su vida:

    1. Será más generoso en dar a la obra del ministerio de otros que sirven al señor dedicadamente (pastores, misioneros, maestros, voluntarios que apoyan a otros, orfanatos y obras sociales en general)

    2. Nunca más se sentirá culpable de robarle a Dios o cometer fraude en su contra.

    3. Será fielmente generoso, no porque sea un negocio o una transacción financiera, sino porque su corazón convertido a Dios es generoso por su nueva naturaleza.

  • «mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos,” Romanos‬ ‭2:15‬ ‭RVR1960‬‬

    Al leer el texto sabrán por qué hemos estado planteando el tema de la ley como principio rector o de gobierno.

    Dios en su soberanía nos muestra de alguna manera, la forma en que su esencia divina gobierna el universo por él mismo creado. También, estudiamos a la luz de Colosenses 1:15-20 lo que a Pablo le es revelado; que Cristo fue designado soberanamente por Dios, ser mayor y más importante que todo lo creado, ya que Cristo mismo es creador conjuntamente con Elohim (Dios soberano). Esto significa que en Cristo, o sea, en su propósito todo fue creado.

    ¿Cuál es el propósito de Cristo? Según la Palabra, su propósito es redentor o liberador. Por eso Pablo aclara a los hermanos de Colosas que todo fue creado por Él como acción participativa y para Él como propósito de la creación. Luego por esta misma razón Dios le concedió a Cristo ser Dios-hombre, pero también ser el principal rector de todo, en tanto que por medio de Él, toda la creación subsiste. Y no solo subsiste, sino que por medio de Cristo todo será sometido a Dios el padre juntamente con los salvos por medio de Él.

    Dios dispuso entonces de un conglomerado de principios rectores universales que podemos reconocer cómo:

    • Leyes naturales que rigen el cosmos.

    • Leyes morales que rigen la convivencia humana.

    • Leyes espirituales que rigen la eternidad del hombre.

    El tema de hoy es acerca de la ley de la conciencia. Y Pablo desarrolla este tema en su carta a los Romanos, en paralelo al tema de la ley mosaica. Pablo está aclarando que nadie en el mundo vive sin ley. Si bien es cierto hay una ley dada a Israel por medio de Moisés su libertador, también los no judíos (aquí mensionados como los griegos) tienen una ley que los acusa o los defiende, y es la ley de la conciencia: “la ley escrita en sus corazones”.

    Esta ley de la conciencia, es un principio rector universal; en tanto cada persona en cada cultura tiene una conciencia. Desde los tiempos de antaño, los pensadores filósofos han tratado de orientar el pensamiento humano hacia estas cuestiones. Y entendemos que se habla del bien mayor al que todo ser aspira en sentido de encontrar la felicidad, pero que se antepone aquello que no es bueno para el hombre. Justo cuando los filósofos discutían y discuten acerca de estos laberintos del alma, establecen que hay un grado de conciencia acerca del bien y del mal, que para nosotros los creyentes; tiene más sentido por cuanto las Sagradas Escrituras nos lo dicen de manera clara.

    Dios es el rector del universo. Y en Cristo, Dios ha querido intervenir en su creación y en su universo para hacer responsable a quienes han atentado y atentan contra su soberanía.

    Estos temas no deben ser ignorados por la iglesia. Aunque sean temas algo complejos al pensamiento general de la iglesia, es un esfuerzo valioso porque nos ayuda a comprender el mensaje del evangelio en su esencia.

    De alguna manera podemos pensar en la vida de los patriarcas, de donde surgen los primeros e insipientes elementos de la fe redentora, puesto que antes de Abraham, las generaciones tenían una cosmovisión politeísta (acerca de dioses) y Dios se reveló en esa época de manera esporádica a personas en particular; para depositar la fe (la simiente) que se mantendría hasta el advenimiento de la nación redentora; Israel, y la aparición del redentor, Cristo Jesús.

    Desde Adán hasta Noé, y luego desde los descendientes de Noé hasta Abraham respondieron a la gracia divina, reflejando esa ley de la conciencia. Todo cuanto hicieron durante esa época estuvo bajo una conciencia advertida por la gracia divina. Bueno o malo, actuaron en conocimiento de lo divino.

    Luego viene el periodo de la ley, pero para una nación solamente. La nación de Israel. La expectativa de aquella ley mosaica fue preparar la santidad de un pueblo que alumbraría al Mesías.

    No podría concluir sin dejar patente a la luz de la Biblia, que aunque las leyes rectoras rigen a la humanidad, nunca podrán redimirla. Por tanto, se hace necesaria una ley que nos lleve al redentor y por ende a nuestra redención. Esta ley es señalada por el apóstol Pablo como la ley de la fe.

    “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.” Romanos‬ ‭3:27‬ ‭RVR1960‬‬

    La fe o la confianza en Dios, es una ley universal según Pablo, porque hay un pueblo que se gobierna por la confianza en Dios. Bajo ella podemos reconocer a Cristo como Dios y Señor que salva y gobierna nuestras vidas. El mundo sin Dios tiende al orgullo o a la soberbia, porque la ley que excluye el orgullo humano es la fe.

    ¿Bajo qué ley tratas de conocer a Dios? Te invito a conocerlo a través de la fe. La ley de la aceptación de Cristo como tú Salvador personal.

    De lo contrario, serás juzgado bajo la ley de la conciencia, que te dice claramente que eres pecador pero no te dice cómo recibir perdón divino y eterno.

    Los humanos seremos juzgados por una ley que nos acusa ante Dios, o seremos juzgados por una ley que atestigua para salvación:

    1. La ley de la conciencia, que revelará nuestra actitud incrédula ante Dios, y por lo cual Dios nos juzgará según lo que hayamos hecho.

    2. La ley de la aceptación por la fe, en la que Cristo será testigo de nuestra actitud de confianza en Dios, y seremos declarados inocentes de nuestros pecados, para salvación.

  • “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.” Gálatas‬ ‭3:24‬ ‭RVR1960‬‬

    Una vez que hemos comprendido las diferencias entre la ley y los principios divinos de soberanía (principios rectores), podemos comprender mejor el concepto de fe y gracia. Y esperaría que esto también nos pemita vivir en verdadera libertad y gratitud.

    Del griego paidagogós, surge el vocablo “ayo”. Significa: guía instructor de niños. El ayo era esa persona contratada para atender la educación y la disciplina de los hijos. También era el término utilizado para el maestro o maestra responsable de la enseñanza de los hijos. Tal función implicaba métodos educativos poco convencionales para nuestra época, como los castigos con vara inclusive. Todo tenía como fin enseñar, capacitar y crear responsabilidad para la vida adulta.

    Al entender esa función del ayo comprendemos la comparación que Pablo hace de la ley. La ley fue dictada por Dios para nuestra enseñanza, formación y capacitación, para formar parte de la familia de la fe. No se puede tener fe sin aceptar sus preceptos y mandamientos.

    Habíamos dicho anteriormente que la ley no es el mandamiento en sí, sino el principio rector o que gobierna. Dentro de la ley se encuentran los mandamientos.

    Hay mandamientos divinos y mandamientos de hombres según la Biblia. Los judíos, habían desarrollado mandamientos de hombres para orientar al pueblo hacia el mandamiento divino. Pero Jesús, aparte de exhortar a los maestros de la ley y acusarlos de invalidar el mandamiento de Dios con los mandamientos de hombres, otras veces reinterpretó la ley de Moisés. En todo eso Jesús no pretendió acusar la ley como algo malo. Sino que trajo el sentido verdadero de la ley y su propósito. La ley no sería la responsable de justificar o de condenar a los hombres ante Dios. Pero la ley sería la responsable de mostrar la ética del reino de Dios. Y quien pretendiera ser parte del reino de Dios, debía ser formado y capacitado bajo la ley; hasta que apareciera el heredero del reino de Dios, con quien ahora podemos ser coherederos.

    El escritor de Hebreos, nos recuerda que por la fe vendría “lo mejor para todos”:

    “Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.” Hebreos‬ ‭11:39-40‬ ‭RVR1960‬‬

    La ley fue el ayo para Israel, y ellos junto con los hijos de la fe antes de la ley, recibirían la promesa de vida, hasta que apareciera Cristo. Cristo una vez apareció; nos justificó a todos por igual, tanto a los de la fe como a los que estaban bajo la ley. Eso es lo que significa el versículo anterior de hebreos.

    De esta manera a los judíos convertidos en las iglesias de Galacia, Pablo les advierte que la ley ya no es más el camino a esa gracia. Solo fue el ayo o el guía para toda la nación para llegar a conocer a Cristo. De hecho les dice:

    “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” Gálatas‬ ‭5:4‬ ‭RVR1960‬‬

    El ayo no es responsable cuando un niño o niña no atiende su sabiduría y disciplina. Porque una vez pasada la etapa de inmadurez, el ayo desaparece de sus vidas y los deja que vivan sus propias vidas. Aquellos que fueron niños y niñas una vez, ahora son adultos responsables de vivir sus propias vidas siguiendo o no las enseñanzas que les fueron dadas para la vida.

    En Cristo, la ley no es la responsable de nuestro destino. La ley nos enseñó qué es lo que Dios pide de nosotros, pero ahora en nosotros está hacerlo o no, y eso es lo que llamamos fe.

    La fe nos lleva a vivir una vida abundante de esperanza, pues no es por obras de la ley sino por la gracia divina que nos ha sido dada tal esperanza a través de Cristo, y es en él que esperamos salvación.

    “Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo,”. Gálatas‬ ‭3:25‬ ‭RVR1960‬‬

    Claramente Pablo dice que ya no estamos bajo la tutela de la ley. Sino bajo la accion de la fe. Ahora debemos confiar en que somos hijos de Dios.

    “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;” Gálatas‬ ‭3:26‬ ‭RVR1960‬‬

    ¿De qué se trata entonces? Se trata de la obra de Cristo en la cruz. Una obra redentora, liberadora y poderosa. Pero una obra que no es nuestra, es la obra de Dios. Por lo tanto requiere que nosotros tengamos fe; en otras palabra, que tengamos confianza en lo que ha hecho Cristo. La única manera de demostrar que confiamos es que hagamos lo que Cristo nos manda en su evangelio.

    Mucha atención, es necesario distinguir entre las leyes generales de Dios y las leyes específicas dadas a Israel.

    Los mandamientos específicos dados a Israel y los mandamientos de hombres que paralelamente los escribas judíos desarrollaron, nunca formaron parte de la fe cristiana. La ley general de Dios no ha dejado de ser, y no ha sido abolida. No obstante, no es la ley la que nos justifica para salvación. Es Cristo.

    La Biblia dice que nosotros no somos salvos por obras, pero a los que salvó; Dios les preparó obras de antemano para que anduvieran en ellas. Indudablemente estas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas, son obras de su ley. Por eso Pablo también dice en Romanos que la ley es buena.

    no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Efesios‬ ‭2:9-10‬ ‭RVR1960‬‬

    No hay ninguna tensión entre las obras de la ley y la gracia. Cuando Pablo les escribe a los judíos deja ver cierta tensión normal, ya que ellos caminaron siglos bajo ese ayo. Pero para un gentil convertido, ¿qué tensión o problema puede haber?

    Que Dios nos de luz sobre este tema y así podamos vivir con gozo y gratitud por esta grande salvación, que es en Cristo Jesús.

  • Dentro del cristianismo siempre ha existido una tensión entre ley y gracia, por cierto, una que no existe más que en nuestra mente y que trata de explicar esta dinámica. Este es un gran tema en la cristiandad puesto que, o vivimos en liberalidad completa o bajo el yugo de la sospecha (el pecado).

    Para nosotros los creyentes, solo hay un principio rector que comúnmente hemos llamado “La soberanía de Dios”. Pero debemos entender que este principio rector (es aquel que rige toda la existencia en todas sus formas y sus mundos) es en realidad el principio teísta (que reconoce la existencia y acción de Dios soberano). En filosofía se reconocen al menos tres niveles de principios, empezando por los principios ontológicos (entiéndase ontología como: “lo que existe, lo que es y cómo existe”).  Diríamos entonces que la soberanía de Dios es para nosotros ese principio ontológico en tanto explica todo cuanto existe.

    “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” Hebreos 11:3

    Pero luego podríamos mencionar principios rectores secundarios, que de igual manera Dios soberanamente establece para gobernar el universo ciertamente infinito. Algunos de esos principios que tengo en mente son:

    • Los principios naturales: Rigen todas las leyes de la naturaleza
    • Los principios morales: Rigen las leyes del comportamiento humano
    • Los principios espirituales: Rigen las leyes para conocer a Dios
    • Los principios metafísicos: Rigen las leyes para el conocimiento de lo sobrenatural (es más un conceto de la filosofía o el pensamiento humano)

    Un principio entonces es aquello que inicia algo. Es el inicio, el comienzo, la substancia o materia prima. Cuando algo parte desde lo que ya existe, pasa a ser una ley o un principio secundario no menos importante, pero no rector sino regulador, en tanto no rige la existencia, pero regula su comportamiento.

    Dentro de los principios ontológicos secundarios podemos mencionar las leyes naturales como principios físicos y geofísicos que de manera básica se nos enseña en la escuela y la secundaria. Por ejemplo, la ley de la gravedad, que, aunque no rige toda la existencia, regula el comportamiento de la tierra en particular respecto al resto de la cosmografía (el resto del cosmos o universo).

    Entonces tenemos en la biblia una serie de palabras que se refieren a estos conceptos rectores y reguladores. Algunos de estos conceptos son solamente formas distintas de llamar a la misma cosa; o sea, son sinónimos, ejemplo: mandamiento, estatutos, preceptos y leyes. Para este estudio quisiera definir dos de estos conceptos para el tema que he planteado, y son: ley y mandamiento.

    Ley: deriva del griego “nómos” y significa: Una disposición con la idea de uso prescriptivo o que busca regular el comportamiento, específicamente en la Biblia se refiere a los mandamientos de Moisés, pero también al evangelio.

    Mandamiento: deriva del griego “entélomai” o “entolé”. Significa: Una orden o mandato, es decir prescripción autoritativa.

    De estos conceptos bíblicos podemos deducir entonces que, la ley es una disposición de principios secundarios, que no rigen, pero regulan la creación entera y en particular hablando de la ley de Dios, regula la vida de quienes son sus hijos. Dentro de esta ley, se esgrime una serie de mandamientos puntuales que se prescriben o mandan como receta médica para males específicos. Algunas de estas regulaciones o mandamientos incluso prescriben o vencen. Por ejemplo, los mandamientos para regular cuestiones culturales, políticas y religiosas; específicas en un momento dado de la historia de Israel. No obstante, la ley como tal, como principio secundario que regula no dejará de existir.

    Tanto es así, que la ley de Moisés tocante a regular el comportamiento de los hombres para poder agradar a Dios sigue vigente a través de aquellos mandamientos autoritativos del decálogo, porque de ellos depende la honra a Dios y al prójimo, algo que no puede dejar de ser importante para los creyentes de todas las épocas. Esta honra a Dios y al prójimo es la ley o principio regulador para toda la humanidad y la creación. Los mandamientos (Los dos que Jesús menciona en el texto abajo) existen para llevar a los hombres hacia esa ley, y son moderadores específicamente útiles a los hijos de Dios, en tanto que, quienes no son hijos no podrán obedecer estos mandamientos aunque sí serán juzgados por esta ley general.

    37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas. Mateo 22: 37-40

    Entonces, un mandamiento es una ordenanza para regular o moldear algo específico del ser humano. Una ley es un principio secundario que parte de lo ya existente y que regula sistemáticamente el todo (tanto al hombre como a su entorno y al universo con sus mundos). Un principio es una designación primaria, o la substancia de las cosas, parte desde la nada y se encamina hacia el todo.

    La ley dirige a la creación entera hacia los principios rectores. Por lo tanto, la ley a través de los mandamientos específicos lleva al hombre a alinearse con los principios inalterables de Dios, esos que llamamos rectores en tanto son el medio por el cual Dios mismo rige el destino de todo.

    Aún, podemos entender a la luz de la revelación de la Biblia, que Cristo es constituido el rector principal, único y absoluto.

    “Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten…” Colosenses 1:17

    2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, Hebreos 1:2-3

    Entender estos conceptos no debe ser tarea solo del filósofo o del teólogo. Cada uno de nosotros podemos comprender como es que Dios rige el mundo y por qué ha determinado mandamientos organizados en sistemas legales (de ley) para nosotros. Con el único fin de que nosotros podamos coexistir en la inteligencia de su universo y de esta manera no contrariar el curso del universo más allá de lo que hoy vemos. La Biblia dice que Dios hará cielos y tierra nuevos. Eso es una clara determinación de que su inteligible modelo es eterno y no perecedero. Restaurará todas las cosas no por capricho sino porque su corazón es eternidad y él mismo es la eternidad.