“De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.” Gálatas‬ ‭3:24‬ ‭RVR1960‬‬

Una vez que hemos comprendido las diferencias entre la ley y los principios divinos de soberanía (principios rectores), podemos comprender mejor el concepto de fe y gracia. Y esperaría que esto también nos pemita vivir en verdadera libertad y gratitud.

Del griego paidagogós, surge el vocablo “ayo”. Significa: guía instructor de niños. El ayo era esa persona contratada para atender la educación y la disciplina de los hijos. También era el término utilizado para el maestro o maestra responsable de la enseñanza de los hijos. Tal función implicaba métodos educativos poco convencionales para nuestra época, como los castigos con vara inclusive. Todo tenía como fin enseñar, capacitar y crear responsabilidad para la vida adulta.

Al entender esa función del ayo comprendemos la comparación que Pablo hace de la ley. La ley fue dictada por Dios para nuestra enseñanza, formación y capacitación, para formar parte de la familia de la fe. No se puede tener fe sin aceptar sus preceptos y mandamientos.

Habíamos dicho anteriormente que la ley no es el mandamiento en sí, sino el principio rector o que gobierna. Dentro de la ley se encuentran los mandamientos.

Hay mandamientos divinos y mandamientos de hombres según la Biblia. Los judíos, habían desarrollado mandamientos de hombres para orientar al pueblo hacia el mandamiento divino. Pero Jesús, aparte de exhortar a los maestros de la ley y acusarlos de invalidar el mandamiento de Dios con los mandamientos de hombres, otras veces reinterpretó la ley de Moisés. En todo eso Jesús no pretendió acusar la ley como algo malo. Sino que trajo el sentido verdadero de la ley y su propósito. La ley no sería la responsable de justificar o de condenar a los hombres ante Dios. Pero la ley sería la responsable de mostrar la ética del reino de Dios. Y quien pretendiera ser parte del reino de Dios, debía ser formado y capacitado bajo la ley; hasta que apareciera el heredero del reino de Dios, con quien ahora podemos ser coherederos.

El escritor de Hebreos, nos recuerda que por la fe vendría “lo mejor para todos”:

“Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.” Hebreos‬ ‭11:39-40‬ ‭RVR1960‬‬

La ley fue el ayo para Israel, y ellos junto con los hijos de la fe antes de la ley, recibirían la promesa de vida, hasta que apareciera Cristo. Cristo una vez apareció; nos justificó a todos por igual, tanto a los de la fe como a los que estaban bajo la ley. Eso es lo que significa el versículo anterior de hebreos.

De esta manera a los judíos convertidos en las iglesias de Galacia, Pablo les advierte que la ley ya no es más el camino a esa gracia. Solo fue el ayo o el guía para toda la nación para llegar a conocer a Cristo. De hecho les dice:

“De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” Gálatas‬ ‭5:4‬ ‭RVR1960‬‬

El ayo no es responsable cuando un niño o niña no atiende su sabiduría y disciplina. Porque una vez pasada la etapa de inmadurez, el ayo desaparece de sus vidas y los deja que vivan sus propias vidas. Aquellos que fueron niños y niñas una vez, ahora son adultos responsables de vivir sus propias vidas siguiendo o no las enseñanzas que les fueron dadas para la vida.

En Cristo, la ley no es la responsable de nuestro destino. La ley nos enseñó qué es lo que Dios pide de nosotros, pero ahora en nosotros está hacerlo o no, y eso es lo que llamamos fe.

La fe nos lleva a vivir una vida abundante de esperanza, pues no es por obras de la ley sino por la gracia divina que nos ha sido dada tal esperanza a través de Cristo, y es en él que esperamos salvación.

“Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo,”. Gálatas‬ ‭3:25‬ ‭RVR1960‬‬

Claramente Pablo dice que ya no estamos bajo la tutela de la ley. Sino bajo la accion de la fe. Ahora debemos confiar en que somos hijos de Dios.

“pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;” Gálatas‬ ‭3:26‬ ‭RVR1960‬‬

¿De qué se trata entonces? Se trata de la obra de Cristo en la cruz. Una obra redentora, liberadora y poderosa. Pero una obra que no es nuestra, es la obra de Dios. Por lo tanto requiere que nosotros tengamos fe; en otras palabra, que tengamos confianza en lo que ha hecho Cristo. La única manera de demostrar que confiamos es que hagamos lo que Cristo nos manda en su evangelio.

Mucha atención, es necesario distinguir entre las leyes generales de Dios y las leyes específicas dadas a Israel.

Los mandamientos específicos dados a Israel y los mandamientos de hombres que paralelamente los escribas judíos desarrollaron, nunca formaron parte de la fe cristiana. La ley general de Dios no ha dejado de ser, y no ha sido abolida. No obstante, no es la ley la que nos justifica para salvación. Es Cristo.

La Biblia dice que nosotros no somos salvos por obras, pero a los que salvó; Dios les preparó obras de antemano para que anduvieran en ellas. Indudablemente estas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas, son obras de su ley. Por eso Pablo también dice en Romanos que la ley es buena.

no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Efesios‬ ‭2:9-10‬ ‭RVR1960‬‬

No hay ninguna tensión entre las obras de la ley y la gracia. Cuando Pablo les escribe a los judíos deja ver cierta tensión normal, ya que ellos caminaron siglos bajo ese ayo. Pero para un gentil convertido, ¿qué tensión o problema puede haber?

Que Dios nos de luz sobre este tema y así podamos vivir con gozo y gratitud por esta grande salvación, que es en Cristo Jesús.

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