Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. Miqueas 6:8
En tiempos de decadencia moral y religioso-espiritual, Judá e Israel caminaban por campos minados. La política y su clase, así como los comerciantes y los líderes religiosos; hacían parte de este mal. En pocas palabras, la debacle era perceptible y también progresiva. En esta coyuntura, Miqueas es una voz profética contemporáneo a Isaías, Oseas y Amós; para poner en relieve la advertencia amorosa.
Muchas veces pensamos que la voz de Dios o dicho de manera más teológica la Palabra de Dios, es solamente para juicio. Pero realmente es una advertencia amorosa para salvarnos del inminente juicio que yace sobre nuestras vidas desde nuestra concepción y alumbramiento.
Primeramente, el profeta nos recuerda que ya Dios ha dicho “lo que es bueno”. Israel conoció por medio de la Toráh, cómo era Dios, cómo pensaba y cómo actuaba. Aquel conocimiento es llamado como testigo ante una especie de juicio o pleito de Dios contra estas naciones (Israel y Judá).
Tob (del hebreo): Significa “ser bueno”, agradable, hacer bien, ser abundante o productivo. Dios les reconviene diciéndoles: “Dios te ha declarado lo que es ser bueno, ser agradable o hacer lo bueno”. Este criterio de bondad no estaba marcado por el “humanismo”, pues no se trata de lo que el hombre cree que es bueno, se trata de lo que Dios demanda como bueno.
Luego, el profeta recalca en su expresión; lo que pide Jehová de nosotros:
1. Hacer justicia: Del hebreo “mishpát”. Básicamente significa lo que se hace después de una sentencia o veredicto en un proceso judicial. O sea, es consecuencia y no acto de mera consciencia. Esta justicia que demanda nuestro Señor, esta basada en el resultado final de ese proceso judicial que Dios levanta en contra de dos naciones apóstatas, rebeldes e idólatras.
• Si el veredicto de Dios contra Israel y Judá fue que ellos oprimían al pobre con riquezas mal habidas y balanzas falsas afectando la economía familiar (6:10,11)
• Si la clase adinerada se valió de la mala gestión de los príncipes o gobernantes con la complicidad de los líderes religiosos o los sacerdotes y profetas falsos (6:12)
• Si el pueblo vivía una falsa espiritualidad bajo la idolatría flagrante sobre todo en Israel (6:16)
Entonces, no quedaba más acción justa a seguir que apartarse de tales pecados odiosos, repugnantes y destructivos. En este contexto, la justicia fue actuar en contrasentido de toda esa podredumbre, acatando lo que Dios había declarado como bueno y agradable ante él. De lo contrario el veredicto tenía pena de muerte y desolación sobre sus vidas (6:13-15).
En nuestra sociedad contemporánea ¿acaso vemos algo diferente? Me parece que no.
¿De qué pecado y podredumbre personal debemos apartarnos nosotros en el día de hoy?
2. Amar con misericordia: Del hebreo “kjésed”. Este término es bastante confuso al tratar de extraerlo de su fuente original al castellano. Pero una forma sencilla de comprenderlo sería “confrontar con bondad”. La misericordia es definida como el acto de tener compasión por alguien de manera activa, o sea, con hechos y no de palabra. Pero que su original hebreo nos recuerde que la misericordia es confrontativa, nos permite apenas empezar a comprender la misericordia. Debemos extenderla a quienes sufren penalidad física, emocional, moral y material. Para que una persona sufra estos niveles de penalidad, implica que hay alguna consecuencia sobre esa persona sufriente, con motivo de alguna acción directa o indirecta. Por eso la connotación del término “misericordia” implica una confrontación, pero que debe ser bondadosa o compasiva.
Lo entendemos más, cuando reflexionamos que en primer lugar esa persona soy yo. Me encontraba en muchas penalidades cuando Cristo me encontró y me perdonó. Por eso los creyentes hablamos tanto de la misericordia de Dios en nuestras vidas, porque literalmente la recibimos. Fuimos confrontados por nuestras culpas, pero librados de su veredicto de muerte al recibir el perdón de Dios por medio de la fe en Cristo.
No obstante, ¿Somos capaces realmente de dar misericordia a otros de igual forma? Eso es lo que pide Dios de mí y de ti.
3. Humillarse ante Dios: La palabra humillarse es una sola raíz hebrea. Significa por lo tanto llanamente “humillarse”. Ese acto de inclinar la cabeza y doblar las rodillas ante Dios; en reconocimiento de la superioridad moral, substancial y presente de Dios.
La idolatría acusada sobre Israel y Judá es exactamente una desatención a esta demanda divina de humillación. Para reconocer a Dios como “YO SOY” ellos debían abandonar otros cultos paganos. Pero para poder andar en sus pecados anteriormente denunciados, ellos necesitaban ídolos o diosecitos hechos a su propia imagen inmoral. Eran dioses cómplices.
La fórmula original de un Dios que creo al hombre a su imagen y semejanza; es cambiada por el hombre que crea su propio dios a imagen suya. El resultado de esta nueva fórmula de un hombre creando en su mente un dios a su imagen, es lo que llamamos, humanismo.
El mundo es entonces una afrenta constante contra Dios. Por eso Dios nos llama a humillarnos. Porque nos hemos ensoberbecido como creadores y no como criaturas.
¿Sabe cómo puede explicar sus luchas con esos pecados en su vida, que incluso lo han llevado a desobedecer a Dios? Se llama idolatría que lleva a la soberbia. Todo aquello que ocupa el lugar de Dios, y dicho de manera más clara; todo lo que usted hace por su cuenta sin permiso de Dios aún cuando lo desobedece, eso es idolatría.
La idolatría no es solamente aquella imagen al frente de alguien que podría tener más fe piadosa que usted y yo juntos. Ciertamente en Éxodo 20:4 Dios manda no hacerse imágenes, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. Pero esas imágenes que se nos prohíben para idolatrar también pueden ser imágenes mentales, y, sobre todo, actos ególatras que excluyan a Dios de nuestras vidas.
Conclusión: ¿Qué pide Dios de ti y de mí?
Primeramente, nos pide obedecer los estatutos perpetuos de la Palabra de Dios. Eso es lo que Miqueas llama “Hacer justicia”. Es obedecer a Dios como él pide que le obedezcamos. Por eso Jesús le dijo a Juan el Bautista: “Así debe hacerse ahora Juan, porque es necesario que cumplamos toda justicia, o que cumplamos todo lo que Dios Exige” (Mateo 3:15)
Segundo, nos pide confrontar lo malo con bondad, o sea, amar con misericordia. Así como Dios me ha tratado a mí en mi pecado, debo tratar a otros. Ahora, si Dios te ha tratado mal y te ha dicho que irremediablemente debes ir al infierno eternamente, pues puedes mandar al infierno a todos a tu alrededor.
Finalmente, nos pide ser humildes. La humildad no se trata de nosotros. Se trata de Dios. No se trata de abandonar una posición o un vestido bueno para andar con andrajos. Se trata de que abandonemos el pecado y los ídolos en nuestra mente, y le demos el lugar a Dios como Señor y Rey. Eso es literalmente inclinar nuestra cabeza ante Él y doblar nuestras rodillas. Por eso la Palabra de Dios dice que toda lengua le confesará reconociéndole como rey y toda rodilla se doblará ante Él, sean salvos o sean condenados. Dicho de otra manera, por las buenas o por las malas toda la creación un día le reconocerá. Usted y yo estamos invitados por medio de la fe en Cristo para reconocerlo por las buenas.
Te invito que reconozcas este día a Dios y a Cristo como Señor y Salvador de tu vida.