• «¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.” Salmos‬ ‭73:25‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Asaf y sus descendientes se dedicaban a la adoración tanto en la composición musical para voces e instrumentos, como a la declamación poética de los atributos de Dios.

    En este Salmo, atribuido a Asaf, hay en la primera línea del versículo una afirmación expresada por medio de una pregunta: ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?

    Es una expresión que conlleva un conocimiento acerca de Dios, en medio de un ambiente saturado de idolatría. Al igual que Asaf, los creyentes debemos hacernos esta pregunta y respondernos a nosotros mismos si realmente tenemos al Dios que habita en los cielos y ha puesto su trono en lo más alto. Nada y nadie está más alto que Dios. Cualquier otro dios creado en nuestra mente bajo estándares humanos, no es el Dios verdadero.

    La segunda mitad del salmo dice: “fuera de ti nada deseo en la tierra”.

    Pongamos atención a la palabra “deseo”. Preguntémonos entonces, ¿No deseo nada más que a Dios aquí en la tierra?

    Asaf declara con magistral elocuencia, que tiene a Dios en los cielos de manera segura, pero que en la tierra él mismo se asegurará de tener a Dios también. ¿Cómo lo hará?

    Esta palabra traducida aquí como “deseo” es en hebreo “kjaféts” y significa varias cosas: “agradar, amar, codiciar e inclinarse a…”. Por tanto podemos ver claramente que el deseo está vinculado a estas palabras.

    Un deseo nos lleva a amar algo o alguien, codiciar algo o alguien, querer agradar a algo o alguien. Si, por ejemplo podríamos querer agradar al sistema. Al final de esta deducción terminamos comprendiendo que este “deseo” es por implicación, inclinarse ante algo o alguien que no es Dios.

    Asaf dice entonces: “fuera de ti nada deseo en la tierra”, “fuera de ti nada amo más que a ti en la tierra”, “fuera de ti a nadie quiero agradar en la tierra”, “fuera de ti nada codicio en la tierra”. Implica entonces, una expresión y disposición de no inclinarse ante nada ni nadie fuera de Dios.

    La pregunta es. ¿Es esto cierto en mi vida? Posiblemente no es tan cierto en nuestra vida que batalla contra pensamientos, ideas y deseos antagónicos al evangelio. Pero tome en cuenta que este es un salmo didáctico, eso significa que su propósito es que lo leamos y aprendamos cuál debe ser nuestro carácter y actitud que agradará a Dios. Pero también es un salmo sapiensal, o sea, un salmo para acatar si somos sabios y queremos la vida eterna.

    ¿Sabía que los cielos están por encima de lo que Génesis llama la expansión? De las nubes hacia arriba, esos son los cielos. Y el trono de Dios está en la parte más alta de los cielos. Así que este salmo reconoce este detalle con pericia astronómica. Asaf dice que en los cielos él cuenta con Dios. No obstante, para el hombre natural o no creyente; lamentablemente los cielos tienen mayores misterios y tesoros que Dios mismo.

    No dejemos que las maravillas del universo nos deslumbren a tal punto que perdamos de vista a Dios.

    Este texto es vital para que nuestra vida tenga esperanza, viviendo coherentemente con esa esperanza. Sí, esperamos ir a la morada eterna con Dios allá en los cielos. Pero Asaf nos recuerda que para eso, le debemos fidelidad a Dios aquí en la tierra. No inclinándonos ante nada ni nadie aquí en la tierra.

    ¿Tienes tú la certeza de Asaf, de que tu Dios está allá en las alturas, en los cielos? Si no la tienes, te recomiendo confesar tu pecado ante Dios y aceptar a Jesús como Salvador de tu vida. Y empezarán a cambiar tus deseos aquí en la tierra, que se irán alineando con los deseos allá en los cielos.

  • Tu mente y tu alma podrían ser como ciudad amurallada, y esa ciudad se podría convertir en una fortaleza peligrosa.

    Otros sinónimos que la Biblia usa para ciudad amurallada son; fortaleza, roca, muralla, muro, refugio. ¿Qué imágenes vienen a su mente al escuchar la palabra muro, muralla o fortificación?

    Bueno, en la antigüedad colmada de hombres sedientos de poder y sanguinarios, los pueblos se organizaban en ciudades estratégicamente resguardadas. Las primeras eran barreras de aislamiento naturales, como islas, montañas y peñascos. La segunda eran barreras construidas como los muros altos y anchos que rodeaban las ciudades.

    Justamente Isaías capítulo veinticinco refiere a estos hechos. Como es mi costumbre, le invito siempre a leer todo el capítulo en su contexto histórico. Este capítulo está dentro del llamado Apocalipsis de Isaías y con ello relata hechos históricos, pero los entrelaza con una visión futura e universal y una condena definitiva de los enemigos de Israel y de Dios; en la figura de Moab. Aunque Isaías está predicando a Israel en la antesala de ser llevados cautivos a Babilonia, su mensaje abarca más allá de lo que pasa y de lo que pasará en unos cuantos años para esa nación. De esta manera deberíamos leer este capítulo en tres partes, y tomar el mensaje que a nosotros concierne hoy:

    Isaías 25: 1-5 Es un himno de gratitud a Dios por la derrota de sus enemigos en épocas anteriores. Esto pone en perspectiva el mensaje profético respecto a la fidelidad de Dios para con Israel, muy a pesar de sus constantes pecados.

    Isaías 25: 6-9 El profeta retoma el tema del día del Señor, en el que se prepara un banquete para su pueblo fiel (remanente fiel de toda nación). Se menciona el monte de Sion que es el monte de Dios, alegórico (símbolo o comparación) de una fortaleza o refugio divino.

    Isaías 25: 10-12 Donde el profeta menciona la destrucción de todos sus enemigos. Ahí Moab es una alegoría (símbolo o comparación) de la maldad universal.

    Claramente Isaías compara las polvorientas ciudades amuralladas de Israel y Moab, con verdades espirituales profundas y eternas.

    “Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, refugio contra el turbión, sombra contra el calor; porque el ímpetu de los violentos es como turbión contra el muro” (Isaías 25:4)

    Dios fue refugio para su pueblo: Isaías les recuerda que en tiempos de aflicción y mientras ellos se volvieron a Dios, Él mismo fue una fortaleza. Fortaleza contra los estragos de la pobreza, la necesidad implacable a todo nivel, contra el turbión o las tempestades y contra el muro de su seguridad. Dios los guardó física y emocionalmente a todos, todos esos años.

    6 Y Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de gruesos tuétanos y de vinos purificados.

    7 Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones.

    8 Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho.

    9 Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación. (Isaías 25:6-9)

    Alegoría de Sión como el monte o refugio de vida: En el monte Sión una vez más vemos esa alegoría o comparación de un fuerte o refugio divino. Por eso el profeta nos transporta a esa imagen para decirnos, Dios es el único refugio seguro para lo que vendrá. Ahí, él mismo prepara el mejor banquete, y ahí mismo destruirá el velo y manto que envolvía a las naciones (no solo a Israel). Ese manto es la muerte eterna. Por eso el versículo ocho dice literalmente que Dios el Señor destruirá la muerte eternamente, y con ello secará nuestras lágrimas. Además, hará (poder creativo) que desaparezca nuestra vergüenza, referidas al pecado.

    10 Porque la mano de Jehová reposará en este monte; pero Moab será hollado en su mismo sitio, como es hollada la paja en el muladar. 11 Y extenderá su mano por en medio de él, como la extiende el nadador para nadar; y abatirá su soberbia y la destreza de sus manos. 12 Y abatirá la fortaleza de tus altos muros; la humillará y la echará a tierra, hasta el polvo. (Isaías 25:10-12)

    Alegoría de Moab como los muros de la soberbia humana. En Moab, se representa de manera escalofriante la actitud soberbia de nuestra humanidad. Dice Isaías que Dios guardará a los que han buscado refugio en Sión, pero que la fortaleza de Moab será pisoteada. Acerca de las murallas humanas construidas sobre la eminencia de la ciencia, del saber, del humanismo y de la soberbia, Isaías proclama: “Y abatirá la fortaleza de tus altos muros; la humillará y la echará a tierra, hasta el polvo”.

    Para nosotros hoy, las ciudades amuralladas son casi mitológicas, pero el concepto detrás de lo que fueron está intacto en nuestra consciencia y subconsciencia. Ser protegidos y dar protección es parte de la naturaleza que un Dios protector nos ha heredado. No obstante, hay fortalezas en la mente del ser humano que no lo protegen, sino que lo esclavizan. Estar encerrados entre murallas sin tener la llave o las armas para salir es casi un veredicto de muerte.

    Así son las emociones seriamente dañadas y los sentimientos recurrentes que esos traumas causan en nosotros. Murallas infranqueables que no hemos permitido que nadie toque. Pero lo más escalofriante es que siendo gente de fe (que confía en Dios) hemos erigido fortalezas con puertas y cerrojos para no dejar pasar a Dios. Por tanto, ni su Palabra hace mella y su Espíritu Santo permanece contristado. Claro está, Dios no necesita llave para entrar, pero demanda fe, confianza y obediencia. Recitar la Biblia no será suficiente, porque la confianza que libera es aquella que actúa en consecuencia de lo que cree.

    Que tú quieras protegerte del daño que te han hecho no es problema. El problema son las fortalezas que tú has construido en tu alma, esas mismas son trampas mortales. Dios ha enviado a Cristo para nuestra salvación. No podríamos dar un buen consejo si lo dejamos por fuera siendo Él mismo la solución. Sin embargo, Dios mimo ha llamado a la iglesia para ser una clínica de atención primaria para dar primeros auxilios. Luego la cura no depende de nuestras técnicas humanas, sino de una presencia continua de Cristo en tu vida.

    Empecemos por hablar y escribir lo que nos carcome el alma, si bien hablar no sana, debilita los muros, las puertas y los cerrojos, que terminarán cayendo con la ayuda de Dios. Recuerda que el Banquete al que se refiere Isaías, no es una simple alusión a un futuro en la eternidad. Es un estado actual para ti y para mí, que somos sus hijos e hijas. David nos lo testifica:

    Me has preparado un banquete ante los ojos de mis enemigos;

    has vertido perfume en mi cabeza, y has llenado mi copa a rebosar. (Salmos 23:5)

  • Ese límite claroscuro entre la luz y la oscuridad, si bien no hay tinieblas, la luz es escasa. Esa es la penumbra. Muchas veces ha sido un motivo poéticamente romántico. Pero en la vida real y en la vivencia cristiana, vivir bajo penumbra es mal presagio.

    “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” Salmos‬ ‭27:1‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬

    Este salmo refiere a dos imágenes retóricas; la luz y una fortaleza o fuerte. Una permite ver los peligros, otra permite refugiarnos del peligro. No obstante, si somos meticulosos en estudiar el pasaje, concluimos que los creyentes debemos ser cuidadosos, porque hay luz que alumbra y luz que deslumbra, como también hay fortalezas que protegen y fortalezas que torturan.

    La primera pregunta es: ¿de quién temeré? Su raíz es “Yaré” que significa amedrentar en sentido de: temor reverente, con susto, con asombro, con espanto, estupendo, formidable, maravilloso, de miedo.

    Esta primera pregunta se vincula a la afirmación: “Jehová es mi luz y mi salvación”. La palabra luz aquí es luminaria, luz del alba, amanecer. O sea, Jehová es para David, su amanecer. La luz del alba tiene como característica que va en aumento hasta la luz plena o meridiana. Así debe ser la vida del creyente; de menos a más.

    Pero en el camino hay otras luces no tan pertinentes, aquello que nos podría deslumbrar y pudiera distorsionar nuestra visión de Dios, y por lo tanto seria una luz que amedrenta y que nos deja en la penumbra. Como cuando vamos por la carretera manejando un auto en la oscuridad, y los vehículos de frente nos encandilan. Lo que surgen son destellos de luz que no iluminan, sino que nos distorcionan la visión.

    Identifiquemos pues, qué cosas nos deslumbran o encandilan en nuestra vida, que podrían distorsionar la verdad.

    La segunda pregunta es: ¿De quién he de atemorizarme? Su raíz es “Pakjád” y significa igualmente “amedrentar”. Esta vez en sentido de temor general o miedo físico.

    Esta segunda pregunta está relacionada a la expresión: “Jehová es la fortaleza de mi vida”

    Una vez más el anclaje es Jehová el Señor. Si Dios es la fortaleza, o el fuerte, o la ciudad amurallada para nuestra vida; no tenemos que tener temor del mal.

    ¿Por qué estar atemorizados? ¿Qué o quién nos atemoriza? A lo que más temor le tenemos es a nuestras propias vidas.

    Tomemos en cuenta que, el miedo es una emoción humana espontánea. Pero un miedo que perdura y se aferra en el corazón, se vuelve una fortaleza impenetrable. La única forma de vencer el temor, es viviendo en la fortaleza de nuestra vida o existencia, que es Dios mismo.

    Moraleja: Es necesario que nuestro refugio sea Dios mismo. Cualquier otra coraza que busquemos para refugiarnos, será tenebrosa e insegura.

    Asi que David termina el Salmo dándonos cátedra. El salmista destaca dos elementos implícitos: confianza y compromiso. Pero hay dos condiciones vitales que nos lo presenta a modo de metáfora como dos condiciones en el plano físico y cotidiano; la luz y la imagen de una ciudad fortificada contra los enemigos. Así nuestra alma debe estar bajo la luz y protección de Dios, o no contaremos la historia de nuestra vida.

    Porque los enemigos allá en la profundidad de nuestra alma y en la profundidad de las tinieblas, son más poderosos que nuestro deseo y buenas intenciones.

    David concluye:

    “Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.

    Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Me ocultará en lo reservado de su morada; Sobre una roca me pondrá en alto.

    Enséñame, oh Jehová, tu camino, Y guíame por senda de rectitud A causa de mis enemigos.

    Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová En la tierra de los vivientes.

    Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová.”

    ‭‭Salmos‬ ‭27:4-5, 11, 13-14‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬

    Una buena conclusión: “Tengamos temor reverente a Dios o terminaremos llenos de miedos, en fortalezas penumbrosas que torturan el alma»

    La confianza no puede ser genuina sin Dios en la ecuación. Por eso David concluye que su confianza es Dios, como luz que alumbra y fortaleza que salva.

  • Porque yo estoy afligido y necesitado,
    Y mi corazón está herido dentro de mí. Salmos 109:22 (RVR1960)

    La humanidad está seriamente herida en su alma o como lo expresa algunas veces la Biblia, el corazón. La herida fue asestada en el huerto de Edén por el adversario de Dios y de la humanidad, satanás mismo.

    El salmo 109 es de los llamados Salmos imprecatorios – expresan deseos de venganza – ante situaciones altamente denigrantes y peligrosas, que llevan a traumas psicológicos. Para David, las acciones de sus enemigos eran evidentemente desproporcionadas ya que le deseaban el mal a pesar de que él les había mostrado bondad y no les había hecho ningún agravio.

    Se dice también, que es un salmo mesiánico en alguna manera, porque las acusaciones y las demandas son de carácter épico. Tanta maldad y saña, parece desbordar en un poder más allá de lo humanamente aceptable.

    Como sea que leamos el Salmo, podemos identificarnos muchas veces con algunas similitudes, como la aflicción y la precariedad (necesidad) del momento, que atrajo heridas enconadas en lo más recóndito de las entrañas (el alma, el corazón, la fuente de las emociones).

    David dice:

    “Estoy afligido”: La raíz primaria de esta expresión es abatido, que se puede traducir en su contexto como una depresión por intimidación violenta.

    “Estoy necesitado”: La raíz de esta expresión es “un deseo”. Esta necesidad no es material, es puramente de los sentimientos. El salmista expresa un deseo profundo de cambio porque se siente un indigente emocional.

    “Mi corazón está herido dentro de mí”: Esta es una expresión que recalca la gravedad del daño en sus emociones. Dentro de mí, es hasta mis entrañas.

    Tenemos aquí una radiografía de un alma en pena, que posiblemente inclusive ya pasaba la factura somática (al cuerpo).

    ¿Cuál es tu dolor? Toda tristeza, ansiedad, angustia, inseguridad, melancolía, enojo, molestia, frustración; es síntoma de una herida o dolor más profundo de lo que puedas imaginar, hasta las entrañas de tu alma. El dolor, o las heridas del alma, son pequeños, medianos o graves traumas, de eventos que no quisimos o no supimos tratar en su momento.

    Creo convencido, que todos estos dolores son tratables y curables, pero que dependerá de atenderlos oportunamente. Y para ello es necesario que aprenda a conocerse mejor, que logres discriminar entre las emociones, y los sentimientos que se liberan al experimentarlos, así como aprender a manejar las emociones. Los consejos que doy ahora son muy generales, pero pueden apoyar tu proceso:

    1. Aprender a conocerte mejor: Siempre toma un tiempo del día para meditar en ti mismo-a. Piensa en lo que piensas. Sí, se lee redundante, pero es necesario que meditemos en que pensamos de manera repetitiva.

    Autodefínete: ¿Cómo eres? Y aquí es necesario que incluyas tus cualidades físicas (quizá necesitas verte al espejo). Incluye tus cualidades intelectuales (qué área del saber prefieres y dominas). Tus cualidades emocionales (temperamento). Cualidades espirituales (qué te identifica mejor – fe, acciones, ver para creer, equilibrio –).

    Autoanalízate: ¿Qué acontecimientos han marcado tu vida para bien o para mal? Creo que hacer una lista de esos acontecimientos de tu pasado ayudará. Conecta estos recuerdos con emociones actuales al pensar en ellos. Nos ayudará a aclarar de donde vienen muchos de los sentimientos que a veces no sabemos ni de donde surgen, pero de un momento a otro saltan. Quizá saber de dónde saltan esos sentimientos negativos y repetitivos, ayude a alimentar el corazón y la mente con información fresca y actualizada, dejando ir el pasado

    Concesiónate: Esto es, deposítate en las manos correctas para trabajar todo lo que descubras. Claro está, manos humanas no son las correctas, y en el contexto de este artículo, las únicas manos en las que caben tus necesidades y problemas emocionales son las manos de Cristo. Quizá, algunos humanos hemos sido llamados a tratar con el dolor no solo personal pero también de otros. No obstante, no somos la solución, aunque estamos dispuestos a vendar heridas.

    2. Aprender a distinguir emociones y sentimientos

    La neurociencia define la emoción como una respuesta orgánica (del cuerpo). Estas reacciones del cuerpo crean reacciones bioquímicas (sustancias hormonales y neuronales) que afectan el estado físico.

    Los sentimientos son reacciones hacia esas emociones que se dan por asociación mental debido a experiencias previas personales.  

    Las emociones son respuestas físicas de defensa, ante estímulos externos y se presentan de manera automática o instintiva y por lo general son breves.

    Los sentimientos son respuestas a las emociones a nivel de la mente, cuyo origen es la experiencia y la percepción de la realidad (Cognitivo). Se presenta de manera subconsciente y suelen ser prolongados. Esta es la razón por la que los sentimientos que definen nuestra conducta, no se pueden controlar conscientemente sin trabajar en los patrones conductuales.

    Los especialistas en salud mental han definido cuatro emociones básicas: Alegría, tristeza, miedo, ira. De estos cuatro grupos de emociones, surgirá una serie de sentimientos (a veces llamados emociones en general).

    Lo importante de entender un poco estos conocimientos que Dios le ha permitido al ser humano, es que aprendamos a definir nuestro estado de ánimo.

    ¿Estoy alegre? Los sentimientos son de satisfacción, placer, gozo, plenitud, gratitud, etc. La sensación de placer que genera es limitada.

    ¿Estoy triste? Es una reacción orgánica directamente relacionada con pérdidas. Los sentimientos más dañinos pueden aparecer:  pérdida, enojo, ira, resentimiento, odio, tristeza, etc. Este estado emocional puede generar llanto y estar anclado a pérdidas recurrentes y abusos diversos.

    ¿Tengo miedo? Es un estado emocional o reacción orgánica ante un estímulo amenazante. Los sentimientos pueden ser: inseguridad, desesperanza, sospecha, desconfianza, etc. El cuerpo puede darte signos de alarma: aumento del ritmo cardiaco, sudoración, deseos de huir. Si no se le da atención, puede desembocar en problemas o daños a largo plazo.

    ¿Tengo ira? Es la respuesta orgánica para poner límites a estímulos desagradables. El cuerpo envía mensajes inequívocos de ira patológica: aumento en la presión sanguínea, sudoración, sensación de ahogo o dificultad respiratoria. Puede generar un llanto de frustración y agresividad. Generalmente, la ira es un estado emocional persistente; difícil de vencer para aquellas personas que han sufrido abuso de todo tipo en la infancia. Si hay hijos agresivos e iracundos es necesario ayudarlos antes que lleguen a la edad adulta, con toda esa energía negativa.

    3. Aprender a manejar tus estados emocionales.

    Como hemos visto, las emociones son respuestas del cuerpo ante ciertos estímulos externos. O sea, que se nos vienen de manera automática, por lo que no es posible que podamos evitarlas, pero sí es posible aprender a manejarnos en esos diferentes estados de ánimo.

    ¿Cómo se hace? Bueno, para eso existen los sentimientos, esos que sí podemos dosificar y controlar, ya que, según algunos conocedores del tema, los sentimientos son la evaluación que hacemos de una emoción, por tanto, interviene un factor cognitivo (de conocimiento previo). Por ejemplo:

    Si una persona está durmiendo y de repente percibe un olor a humo, aquel estímulo que entró por medio olfativo, genera un estado de miedo. Esa emoción es automática, porque esa persona no tomó tiempo para pensar qué sentir al percibir el fuerte olor a humo. Lo que asume posiblemente es que se trata de un problema en la cocina o un corto circuito. Su miedo (la emoción) le hace sentir inseguridad, pánico, nerviosismo (sentimientos). ¿Cómo debería aquella persona manejar su miedo? Bueno, es aquí donde se nos llama a tomar control de lo que sentimos a raíz de nuestro estado emocional. Controlar nuestro nerviosismo es vital para no quedar inmovilizados ante el miedo, ya que si se tratara de un incendio los minutos son vitales.

    Ciertamente, no todas las situaciones de la vida son tan prácticas y si se quiere sencillas como este ejemplo, pero nos ayuda a comprender que para cada emoción hay formas de responder y que los sentimientos son justamente insumos dados por Dios a la humanidad para su desarrollo y defensa. Por ejemplo, la ira no es una emoción necesariamente nociva, es por lo que la Biblia nos refiere a este estado emocional:

    Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo… Efesios 4:26 (RVR1960)

    Creo que tenemos en la ira una emoción que nos prepara mental y físicamente para contrarrestar amenazas reales. Pero debemos ayudar a nuestros hijos, familiares y a los hermanos en la iglesia a saber manejarse en la ira. Porque en la mayoría de los casos la ira lleva a las personas a defender causas inexistentes o aplicar fuerza desmedida en situaciones que no son una amenaza real.

    David nos muestra un poco de su alma en los Salmos, y muchos de sus estados de ánimo fueron ira, y la ira termina flagelando nuestra alma. Pero las otras emociones, igualmente mal gestionadas causarán daños a nuestra psiquis.  Propiamente este salmo 109: 22 nos pone en perspectiva de la veracidad del dolor del alma, por si alguien no cree en las afectaciones almáticas y su necesaria cura.

    “Y mi corazón está herido dentro de mí” ¿Qué heridas profundas sufría David? Si el Salmo es mesiánico como dicen algunos teólogos; Isaías no deja duda de este dolor en el mesías:

    Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Isaías 53:4 (RVR1960)

    Si Cristo llevó nuestras enfermedades del alma, sufrió los dolores que nos causó el pecado, recibió los azotes de nuestra culpa, y Dios mismo lo hirió y abatió en nuestro lugar… ¿Por qué morimos otra vez de los mismos males (los del alma)?

    Pablo dice que nosotros tenemos que morir al pecado, no morir en el pecado. La razón por la que muchas gentes están tan dañadas en sus almas es porque no se toman en serio la vida que Dios ofrece.  Soy consciente que los problemas psiquiátricos de tipo orgánico son bastante diferentes a los problemas psiquiátricos detonados en el alma, pero debemos reconocer también, que no importa la causa, toda sanidad es posible solo en Cristo.

    Finalmente, si están pasando por crisis emocionales temporales, o a quienes padecen de manera crónica estos problemas, traten de seguir los consejos que este estudio le arroje para empezar. No te des por vencido-a, busca ayuda, busca el apoyo y busca a Cristo en tu diario vivir. Ignorar a Cristo, ignorar el aporte de la fe y la religión, es agudizar las penas.

    ¿Cómo termina David este Salmo imprecatorio? Así, como lees, debes terminar cada uno de tus días.

    26 Ayúdame, Jehová Dios mío; Sálvame conforme a tu misericordia. 30 Yo alabaré a Jehová en gran manera con mi boca, Y en medio de muchos le alabaré.31 Porque él se pondrá a la diestra del pobre, Para librar su alma de los que le juzgan. Salmos 109: 26, 30-31 (RVR 1960)