Porque yo estoy afligido y necesitado,
Y mi corazón está herido dentro de mí. Salmos 109:22 (RVR1960)

La humanidad está seriamente herida en su alma o como lo expresa algunas veces la Biblia, el corazón. La herida fue asestada en el huerto de Edén por el adversario de Dios y de la humanidad, satanás mismo.

El salmo 109 es de los llamados Salmos imprecatorios – expresan deseos de venganza – ante situaciones altamente denigrantes y peligrosas, que llevan a traumas psicológicos. Para David, las acciones de sus enemigos eran evidentemente desproporcionadas ya que le deseaban el mal a pesar de que él les había mostrado bondad y no les había hecho ningún agravio.

Se dice también, que es un salmo mesiánico en alguna manera, porque las acusaciones y las demandas son de carácter épico. Tanta maldad y saña, parece desbordar en un poder más allá de lo humanamente aceptable.

Como sea que leamos el Salmo, podemos identificarnos muchas veces con algunas similitudes, como la aflicción y la precariedad (necesidad) del momento, que atrajo heridas enconadas en lo más recóndito de las entrañas (el alma, el corazón, la fuente de las emociones).

David dice:

“Estoy afligido”: La raíz primaria de esta expresión es abatido, que se puede traducir en su contexto como una depresión por intimidación violenta.

“Estoy necesitado”: La raíz de esta expresión es “un deseo”. Esta necesidad no es material, es puramente de los sentimientos. El salmista expresa un deseo profundo de cambio porque se siente un indigente emocional.

“Mi corazón está herido dentro de mí”: Esta es una expresión que recalca la gravedad del daño en sus emociones. Dentro de mí, es hasta mis entrañas.

Tenemos aquí una radiografía de un alma en pena, que posiblemente inclusive ya pasaba la factura somática (al cuerpo).

¿Cuál es tu dolor? Toda tristeza, ansiedad, angustia, inseguridad, melancolía, enojo, molestia, frustración; es síntoma de una herida o dolor más profundo de lo que puedas imaginar, hasta las entrañas de tu alma. El dolor, o las heridas del alma, son pequeños, medianos o graves traumas, de eventos que no quisimos o no supimos tratar en su momento.

Creo convencido, que todos estos dolores son tratables y curables, pero que dependerá de atenderlos oportunamente. Y para ello es necesario que aprenda a conocerse mejor, que logres discriminar entre las emociones, y los sentimientos que se liberan al experimentarlos, así como aprender a manejar las emociones. Los consejos que doy ahora son muy generales, pero pueden apoyar tu proceso:

  1. Aprender a conocerte mejor: Siempre toma un tiempo del día para meditar en ti mismo-a. Piensa en lo que piensas. Sí, se lee redundante, pero es necesario que meditemos en que pensamos de manera repetitiva.

Autodefínete: ¿Cómo eres? Y aquí es necesario que incluyas tus cualidades físicas (quizá necesitas verte al espejo). Incluye tus cualidades intelectuales (qué área del saber prefieres y dominas). Tus cualidades emocionales (temperamento). Cualidades espirituales (qué te identifica mejor – fe, acciones, ver para creer, equilibrio –).

Autoanalízate: ¿Qué acontecimientos han marcado tu vida para bien o para mal? Creo que hacer una lista de esos acontecimientos de tu pasado ayudará. Conecta estos recuerdos con emociones actuales al pensar en ellos. Nos ayudará a aclarar de donde vienen muchos de los sentimientos que a veces no sabemos ni de donde surgen, pero de un momento a otro saltan. Quizá saber de dónde saltan esos sentimientos negativos y repetitivos, ayude a alimentar el corazón y la mente con información fresca y actualizada, dejando ir el pasado

Concesiónate: Esto es, deposítate en las manos correctas para trabajar todo lo que descubras. Claro está, manos humanas no son las correctas, y en el contexto de este artículo, las únicas manos en las que caben tus necesidades y problemas emocionales son las manos de Cristo. Quizá, algunos humanos hemos sido llamados a tratar con el dolor no solo personal pero también de otros. No obstante, no somos la solución, aunque estamos dispuestos a vendar heridas.

2. Aprender a distinguir emociones y sentimientos

La neurociencia define la emoción como una respuesta orgánica (del cuerpo). Estas reacciones del cuerpo crean reacciones bioquímicas (sustancias hormonales y neuronales) que afectan el estado físico.

Los sentimientos son reacciones hacia esas emociones que se dan por asociación mental debido a experiencias previas personales.  

Las emociones son respuestas físicas de defensa, ante estímulos externos y se presentan de manera automática o instintiva y por lo general son breves.

Los sentimientos son respuestas a las emociones a nivel de la mente, cuyo origen es la experiencia y la percepción de la realidad (Cognitivo). Se presenta de manera subconsciente y suelen ser prolongados. Esta es la razón por la que los sentimientos que definen nuestra conducta, no se pueden controlar conscientemente sin trabajar en los patrones conductuales.

Los especialistas en salud mental han definido cuatro emociones básicas: Alegría, tristeza, miedo, ira. De estos cuatro grupos de emociones, surgirá una serie de sentimientos (a veces llamados emociones en general).

Lo importante de entender un poco estos conocimientos que Dios le ha permitido al ser humano, es que aprendamos a definir nuestro estado de ánimo.

¿Estoy alegre? Los sentimientos son de satisfacción, placer, gozo, plenitud, gratitud, etc. La sensación de placer que genera es limitada.

¿Estoy triste? Es una reacción orgánica directamente relacionada con pérdidas. Los sentimientos más dañinos pueden aparecer:  pérdida, enojo, ira, resentimiento, odio, tristeza, etc. Este estado emocional puede generar llanto y estar anclado a pérdidas recurrentes y abusos diversos.

¿Tengo miedo? Es un estado emocional o reacción orgánica ante un estímulo amenazante. Los sentimientos pueden ser: inseguridad, desesperanza, sospecha, desconfianza, etc. El cuerpo puede darte signos de alarma: aumento del ritmo cardiaco, sudoración, deseos de huir. Si no se le da atención, puede desembocar en problemas o daños a largo plazo.

¿Tengo ira? Es la respuesta orgánica para poner límites a estímulos desagradables. El cuerpo envía mensajes inequívocos de ira patológica: aumento en la presión sanguínea, sudoración, sensación de ahogo o dificultad respiratoria. Puede generar un llanto de frustración y agresividad. Generalmente, la ira es un estado emocional persistente; difícil de vencer para aquellas personas que han sufrido abuso de todo tipo en la infancia. Si hay hijos agresivos e iracundos es necesario ayudarlos antes que lleguen a la edad adulta, con toda esa energía negativa.

3. Aprender a manejar tus estados emocionales.

Como hemos visto, las emociones son respuestas del cuerpo ante ciertos estímulos externos. O sea, que se nos vienen de manera automática, por lo que no es posible que podamos evitarlas, pero sí es posible aprender a manejarnos en esos diferentes estados de ánimo.

¿Cómo se hace? Bueno, para eso existen los sentimientos, esos que sí podemos dosificar y controlar, ya que, según algunos conocedores del tema, los sentimientos son la evaluación que hacemos de una emoción, por tanto, interviene un factor cognitivo (de conocimiento previo). Por ejemplo:

Si una persona está durmiendo y de repente percibe un olor a humo, aquel estímulo que entró por medio olfativo, genera un estado de miedo. Esa emoción es automática, porque esa persona no tomó tiempo para pensar qué sentir al percibir el fuerte olor a humo. Lo que asume posiblemente es que se trata de un problema en la cocina o un corto circuito. Su miedo (la emoción) le hace sentir inseguridad, pánico, nerviosismo (sentimientos). ¿Cómo debería aquella persona manejar su miedo? Bueno, es aquí donde se nos llama a tomar control de lo que sentimos a raíz de nuestro estado emocional. Controlar nuestro nerviosismo es vital para no quedar inmovilizados ante el miedo, ya que si se tratara de un incendio los minutos son vitales.

Ciertamente, no todas las situaciones de la vida son tan prácticas y si se quiere sencillas como este ejemplo, pero nos ayuda a comprender que para cada emoción hay formas de responder y que los sentimientos son justamente insumos dados por Dios a la humanidad para su desarrollo y defensa. Por ejemplo, la ira no es una emoción necesariamente nociva, es por lo que la Biblia nos refiere a este estado emocional:

Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo… Efesios 4:26 (RVR1960)

Creo que tenemos en la ira una emoción que nos prepara mental y físicamente para contrarrestar amenazas reales. Pero debemos ayudar a nuestros hijos, familiares y a los hermanos en la iglesia a saber manejarse en la ira. Porque en la mayoría de los casos la ira lleva a las personas a defender causas inexistentes o aplicar fuerza desmedida en situaciones que no son una amenaza real.

David nos muestra un poco de su alma en los Salmos, y muchos de sus estados de ánimo fueron ira, y la ira termina flagelando nuestra alma. Pero las otras emociones, igualmente mal gestionadas causarán daños a nuestra psiquis.  Propiamente este salmo 109: 22 nos pone en perspectiva de la veracidad del dolor del alma, por si alguien no cree en las afectaciones almáticas y su necesaria cura.

“Y mi corazón está herido dentro de mí” ¿Qué heridas profundas sufría David? Si el Salmo es mesiánico como dicen algunos teólogos; Isaías no deja duda de este dolor en el mesías:

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Isaías 53:4 (RVR1960)

Si Cristo llevó nuestras enfermedades del alma, sufrió los dolores que nos causó el pecado, recibió los azotes de nuestra culpa, y Dios mismo lo hirió y abatió en nuestro lugar… ¿Por qué morimos otra vez de los mismos males (los del alma)?

Pablo dice que nosotros tenemos que morir al pecado, no morir en el pecado. La razón por la que muchas gentes están tan dañadas en sus almas es porque no se toman en serio la vida que Dios ofrece.  Soy consciente que los problemas psiquiátricos de tipo orgánico son bastante diferentes a los problemas psiquiátricos detonados en el alma, pero debemos reconocer también, que no importa la causa, toda sanidad es posible solo en Cristo.

Finalmente, si están pasando por crisis emocionales temporales, o a quienes padecen de manera crónica estos problemas, traten de seguir los consejos que este estudio le arroje para empezar. No te des por vencido-a, busca ayuda, busca el apoyo y busca a Cristo en tu diario vivir. Ignorar a Cristo, ignorar el aporte de la fe y la religión, es agudizar las penas.

¿Cómo termina David este Salmo imprecatorio? Así, como lees, debes terminar cada uno de tus días.

26 Ayúdame, Jehová Dios mío; Sálvame conforme a tu misericordia. 30 Yo alabaré a Jehová en gran manera con mi boca, Y en medio de muchos le alabaré.31 Porque él se pondrá a la diestra del pobre, Para librar su alma de los que le juzgan. Salmos 109: 26, 30-31 (RVR 1960)

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