«Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; Corrompe su alma el que tal hace.” Proverbios 6:32 RVR1960
En primer lugar, debemos reconocer a la luz de la Palabra de Dios, que es el pecado más destructivo. Cometerlo es propio de los más insensatos y estúpidos. Por eso este proverbio declara que quien tal haga, hombre o mujer, es falto de entendimiento.
Luego, debemos comprender que si existió en aquella persona un ápice de virtud; para entonces su alma se verá corrompida. Esto lo que significa es que el alma (emociones) se expone a los peores sentimientos y deseos de los que muchos no logran salir, o saldrán con dificultad.
“Heridas y vergüenza hallará, Y su afrenta nunca será borrada. Porque los celos son el furor del hombre, Y no perdonará en el día de la venganza. No aceptará ningún rescate, Ni querrá perdonar, aunque multipliques los dones.” Proverbios 6:33-35 RVR1960
¿Qué de las consecuencias? Son muchas y diferentes caso a caso. Pero proverbios aquí nos señala unas consecuencias generales:
Heridas: estas heridas empiezan en el mismo adúltero, y luego se potencian en las víctimas directas e indirectas. Son esas heridas del alma, que van dejando una estela de dolor. Pueden haber heridas físicas. Pero las del alma son las que más duelen y no sanan fácilmente.
Vergüenza: la gente usa una expresión para los adúlteros, “sin vergüenzas”. Dichosamente Dios mira el corazón y descubre que la vergüenza es real en el adulterio; y tristemente es vergüenza que afectará a muchas otras personas.
Afrenta: se define como un hecho que insulta gravemente a otras personas.
Dice proverbio que este tipo de insulto sexual nunca será borrado. Luego explica que es la parte inocente que por su ira y celos, no dejará fácilmente que aquello quede en el olvido, buscando la venganza. Este tipo de afrenta no está valuado a ningún precio.
Proverbios nos permite comprender con exactitud los alcances nefastos del adulterio. Nos pone en perspectiva de su afectación emocional y no tanto de su connotación espiritual. Esta perspectiva es normal si tomamos en cuenta que proverbios, es literatura centrada en leyes estrictas de moralidad, que no sopesan la aplicación del sentido revelado en Cristo, de la misericordia que queda desvelada de manera clara en el Nuevo Testamento, y que precisamente debe complementarse con resto de la Biblia. Veamos la experiencia neotestamentaria:
“Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?
Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?
Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” Juan 8:3-5, 10-11 RVR1960
La ley de Moisés establecía pena de muerte a los adúlteros. Enfatizando lo dañino y contaminante de tal pecado.
No obstante, Jesús atendió una situación crítica con aquella mujer sorprendida en pleno acto de adulterio. Merecía la muerte, y tenía a sus verdugos listos para condenarla. Sin embargo, Jesús atiende con misericordia, perdón y verdad, aquella situación, salvando una vida y aleccionando a muchos otros.
1. Jesús dijo: “ni yo te condeno”. La expresión más liberadora que jamás escucharás de nadie, solo de Cristo.
2. Jesús le dijo: “vete”. La voz de la libertad, de la sanidad del alma. Nada puede sanar más las heridas del alma que “dejar ir”. No importa cuantos sermones estemos dispuestos a darle a aquellos que sufren heridas del alma, lo único efectivo es dejar ir todo dolor bajo la palabra de Cristo.
3. Jesús le dijo: “no peques más”. La receta para no volver a la esclavitud emocional de los dolores del alma, es vivir bajo las ordenanzas del Maestro. La Palabra de Dios nos manda a no pecar.
La esperanza para un adúltero o adúltera, es encontrarse con Cristo. Porque Cristo no condenará, dará libertad y mostrará el camino de la libertad del pecado.
¿Las consecuencias? Deben ser depositadas en las manos de Dios una vez que se ha confesado el pecado, y se han establecido medidas de contención (límites claros).