• Los creyentes, leemos con interés y convicción la Biblia, y comprendemos, cómo una persona es salva.

    Dios ha provisto Salvación en Cristo para el mundo. Y esta Salvación es efectiva para aquellos a quienes Dios ha llevado a Cristo, luego; Cristo con el poder de su resurrección, resucitará a los salvos en el día postrero.

    “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.” Juan‬ ‭6:44‬ ‭RVR1960‬‬

    Luego, este proceso misterioso y privativo de la voluntad y actividad divina, cierra toda posibilidad de interferencia externa. Por eso Jesús, luego explica que nadie puede venir al Padre si no es por Él:

    “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Juan‬ ‭14:6‬ ‭RVR1960‬‬

    De esta manera, Dios el Padre lleva al pecador al Hijo, y el Hijo lleva a los pecadores ya redimidos, al Padre. ¿Pueden notar el círculo cerrado?

    El Padre trae al penitente a la fe salvadora, llevándolo a Cristo el Salvador. Cristo lo salva y lo resucita de la muerte espiritual, y de la muerte física en su venida.

    Hasta el punto decisivo en que las personas deben reconocer la necesidad de Salvación, nosotros los creyentes hemos terminado nuestra parte; al haberles explicado el evangelio de Salvación. De ahí en adelante el terreno es exclusivo de Dios.

    Es inútil y estéril la discusión que podamos generar alrededor de quiénes son salvos o no, porque aún cuando apelamos a los frutos en las personas, no sabremos si serán salvas.

    En teología hay un axioma (verdad fundamental) acerca de la Salvación, que dice: “Si la tienes no la perderás, y si la perdiste nunca la tuviste”. Leamos a Juan:

    “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.” 1 Juan‬ ‭2:19‬ ‭RVR1960‬‬

    Por lo tanto, prediquemos a tiempo y fuera de tiempo como nos manda Pablo. Pero no tratemos de hacer lo que es una prerrogativa divina. La Salvación pertenece a Jehová.

    En cuanto a nosotros, las cosas son diferentes, debemos estar convencidos de nuestra Salvación. La duda puede venir a la mente del creyente, pero la duda no es razón para dudar.

    Tenemos promesa de que Dios nos preservará hasta el fin. Veamos algunos textos:

    “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;” Filipenses‬ ‭1:6‬ ‭RVR1960‬‬

    “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” Romanos‬ ‭8:31-34‬ ‭RVR1960‬‬

    “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.” Apocalipsis‬ ‭3:10‬ ‭RVR1960‬‬

    Ore con fe entregando su vida a Dios, confesando su vida alejada de Él y pidiendo perdón. Dios te salvará por la sola fe en Cristo su hijo.

  • «estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;” Filipenses‬ ‭1:6‬ ‭RVR1960‬‬

    Si leemos este capítulo introductorio de Pablo a los Filipenses, nos podemos percatar de inmediato que es una carta de amor, gratitud y alabanza. Es una mirada de fe en esperanza.

    El versículo seis es una comprensión poderosa de Pablo respecto al testimonio de sus hermanos en Filipos y las razones para ello. Además, que le permite animarlos; mirando un futuro promisorio para ellos.

    Pablo entonces está convencido de:

    1. “…que el que comenzó en vosotros la buena obra…”

    Y la idea de esta expresión en griego deriva de una palabra compuesta, que enfatiza un comienzo o acción desde el interior del ser. Y abarca un proceso en el tiempo de manera progresiva. De hecho es una expresión muy rica en significado, y estoy seguro que Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, logra captar esa obra de Dios por medio de su Palabra y el Espíritu Santo, quienes aplican los méritos de Cristo en la cruz y generan un resultado desde adentro en nosotros.

    Me llama la atención la seguridad de Pablo en ver con fe, una iglesia transformada. Y me digo cuán desconfiados somos hoy día queriendo controlar los procesos en las personas, que son competencia de Dios solamente.

    2. “…la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”

    Es otra expresión regida por una palabra compuesta, que significa: “una buena obra trabajada y completada continuamente en el tiempo, hasta el día de Cristo”. Y el día de Cristo es indudablemente escatológico.

    Una vez más, tengo una autocrítica a nuestro cristianismo; enfocado de manera excesiva en el mérito humano del esfuerzo. Y no es que esforzarse por la piedad y las buenas obras sea negativo per se, pero se puede volver negativo en la medida que no miremos; como sí lo hizo Pablo, la buena obra de Dios en el corazón humano, por medio de los méritos de Cristo.

    Pablo culmina su salutación, con un deseo que lo impulsa a orar por los fieles de Filipos, y de seguro que estos Filipenses no eran hermanos ajenos a la necesidad y carencias morales, aún así, el apóstol los ve justos, redimidos y victoriosos:

    Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.” Filipenses‬ ‭1:9-11‬ ‭RVR1960‬‬

    ¡Qué meta! “Que sean sinceros, irreprensibles y llenos de frutos de justicia, que son por medio de Jesucristo”

    Los frutos de justicia en la mayoría de los casos en la Biblia, apuntan a “hacer lo que es correcto, recto y agradable a Dios”. Pero Pablo aclara, solo será certificado por los méritos de Cristo, como medio de rectitud. Cristo es “el Justo” que justifica.

    Espero que esta explicación, nos permita ser mejores hermanos y hermanas en Cristo, mirando con fe y esperanza a nuestros hermanos y orando por ellos.

  • «Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; Contaré todas tus maravillas.” Salmos‬ ‭9:1‬ ‭RVR1960‬‬

    Necesitamos alabar a Dios con todo lo que somos, material e inmaterialmente.

    El poema expresado en este salmo exalta la rectitud de Dios, tanto, que en medio de la aflicción me debe motivar a cantar y contar sus maravillas. Y la expresión aquí es como hacer una lista enumerada de ellas.

    Si a usted le pasa lo que a mí, que a veces ha sufrido crisis existenciales, y quizá las vuelva a experimentar, debemos juntos recordar cuán saludable es echar mano de la fe, y cantar las victorias de Dios en nosotros, para luego animarnos a contárselas a otros.

    ¿Pueden ver el orden de los factores? El salmista dice: “te alabaré… y contaré tus maravillas”. Pues en este caso, el orden de los factores si altera el producto final.

    Quien no es capaz de alabar a Dios, no será capaz de contarle a otros, quién es Dios y cuán bueno es.

    Hay una otredad que lucha como nosotros, pero que quizá no tiene fe en Cristo, y eso, es devastador.

    Alabemos al Señor con toda nuestra alma: “Emociones, intelecto y voluntad”.

  • «Llega, horqueta en mano (Aventador), dispuesto a limpiar su era; guardará el trigo en el granero, mientras con la paja hará una hoguera que arderá sin fin”. Mateo 3: 12

    (BHTI: Biblia Hispanoamericana).

    La horqueta o aventador, era un instrumento rústico de labranza, usado para limpiar el trigo de la paja. Era una especie de rastrillo o pala dentada, con la que levantaban el trigo ya trillado al viento, para que saliera la paja y la cizaña, dejando el grano de trigo aparte.

    Para los judíos la introducción del ministerio de Jesús fue un cambio radical a sus expectativas mesiánicas. Ellos habían esperado por siglos, desde el regreso de Babilonia, asentarse como nación en tierras de Canaán, pero una y otra vez la sucesión de imperios, había sometido sus sueños de independencia. Cuando Jesús irrumpe como el Salvador de su pueblo según la profecía, no equiparan las características sencillas y humanizadas del mesías, con la idea que tenían del futuro líder que lo sería político en sus mentes, y no un reformador de la fe judía como resultó ser Jesús el Cristo.

    Por otra parte, para los gentiles que no tenían ninguna expectativa, y quienes se veían fuera de la ecuación, el advenimiento del mesías más bien significó una novedad desafiante. Los paganos no tenían ninguna intención de mirar a un Dios relacionado con un pueblo avasallado y repelido socialmente. Para entonces, las deidades y sabiduría griega se erigían aún por encima de la dominación romana. Así las cosas, lo que vemos en el libro de los Hechos, y el enfoque de los Evangelios; termina siendo un milagro.

    Tanto para judíos como para gentiles, el ministerio de Jesús sacude sus almas cual aventador sacudía el trigo, para que fueran limpios y separados. Juan el Bautista les introduce el mensaje profético de aquel ministerio, y Jesús es el cumplimiento de aquella palabra profética.

    Es claramente visible el propósito del ministerio precursor de Juan, y el ministerio de consumación del Mesías. De hecho el mensaje de Juan el Bautista era: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento…”. Jesús no cambia el mensaje: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” Mateo 4:17.

    El llamado de todos los tiempos es: al arrepentimiento. El Sabio, Santo y Todopoderoso Dios; lo que pide de nosotros es arrepentirnos, y no es tarea fácil para la arrogancia humana hacerlo. Ya sabemos que para arrepentirnos tenemos que reconocer que estamos equivocados, errados y haciendo el mal. Para los principales entre los judíos aquella fue una prueba insuperada:

    “Vivan de tal manera que demuestre que realmente han cambiado. Y no me vengan con que “Abraham es nuestro antepasado”, porque les aseguro que Dios puede convertir hasta estas piedras en descendientes de Abraham”. Mateo 3:8-9 (PDT).

    Ellos se creían justos por ser linaje de Abraham, pero como dije al principio, la llegada de Jesús plateó un cambio radical en esa auto percepción. Jesús es el enviado de Dios, es el hijo del dueño de la viña, por eso Él vino para limpiar su era según la analogía usada por Juan el Bautista. Si alguien se creía dueño de la viña; o sea, las promesas y la revelación de Dios, esos eran los dirigentes judíos (fariseos, saduceos y escribas). Jesús viene a pedir cuentas y a someterlos a la voluntad del Padre. En cuanto a los gentiles, el Antiguo Testamento revela que siempre hemos sido parte del plan de Dios para su Reino, y es en Cristo que une dos pueblos y hace uno, según la revelación dada a Pablo y que explica en sus cartas, especialmente en Romanos y Gálatas. Así que no es un accidente que los gentiles sean alcanzados por la obra redentora de Dios en Cristo. Si Pablo lo plantea en una metáfora de olivo real y olivo silvestre, es para hacer comprensible a los judíos, la inclusión de las naciones en el plan de Dios, sin necesidad que las naciones fueran judaizadas. Pero igual, las naciones gentiles debían reconocer su pecado e inmundicia y arrepentidas, recibir el perdón de Dios disponible únicamente por medio de Cristo el Señor.

    El mensaje es claro, Jesús introduce el Reino de Dios en la tierra y gobierna con vara de hierro a su pueblo. Eso significa que su cetro es según la verdad y la justicia, y accesible por medio de la misericordia y gracia divina.

    Jesús nos llama:

    1. Al arrepentimiento para ser parte de su Reino: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Mateo 4:17 (Reina-Valera 60)

    2. A seguirlo y servirlo en su Reino: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. Lucas 9:23 (Reina-Valera 60)

    Shalom