• «Alabad a Jehová, porque él es bueno; Porque para siempre es su misericordia. Díganlo los redimidos de Jehová, Los que ha redimido del poder del enemigo,” Salmos‬ ‭107:1-2‬ ‭RVR1960‬‬

    En el Salmo 107 tenemos un himno con una fuerza evocativa predominante y de carácter sapiencial. Su fuerza radica en cuatro eventos o escenarios en los que Dios se ha mostrado salvador.

    No obstante, Dios ha salvado de diversos enemigos en escenarios diferentes, hay implícito un enemigo del que no les ha salvado, sino por el cual les ha disciplinado con rudeza, y ese enemigo son sus propias almas, son sus prevaricaciones (actuar en contra de la ley de Dios). Por eso el salmo termina con un llamado sutil:

    “¿Quién es sabio y guardará estas cosas, Y entenderá las misericordias de Jehová” Salmos‬ ‭107:43‬ ‭RVR1960‬‬

    Dios ha demostrado su poder salvador en la vida de la nación, pero muchos quedaron postrados en su testarudez. Y por eso las preguntas retóricas al final del salmo que invitan a una reflexión activa.

    En cuanto a nosotros, Dios nos ha guardado de muchos enemigos, nos ha salvado de todos aquellos enemigos que nosotros no podríamos enfrentar con éxito, pero debemos cuidarnos de nosotros mismos y cuidar de nosotros.

    Esa es la meta del salmista, que lo hagamos de manera consciente por medio de la alabanza y la gratitud. Recordando cuán bueno ha sido y es Jehová el Señor con nosotros. Entendiendo que somos los que hemos sido redimidos del poder del mal. Un mal que no solo yace en el infierno, ni solo en los lugares celestiales. También reside insistente en nuestro propio ser.

    Así que: ¿Quién es sabio para guardar estos recuerdos? ¿Quién puede entender las misericordias del Señor?

    Solo aquellos que han visto la gloria de Dios salvando poderosamente sus vidas una y otra vez.

    Quien no tiene palabras de gratitud y alabanza, puede permitirse dudar de su salvación.

  • «Él da fuerzas al cansado, y al débil le aumenta su vigor.” Isaías‬ ‭40:29 ‭DHH94I‬‬‬‬‬‬

    Es por demás sabido que vivimos un momento debilitante a todo nivel, de principio, la pandemia nos mantuvo como conejitos temblorosos e inmovilizados por el miedo. Avanzada la experiencia hemos ido adaptándonos a una convivencia diferente. Pero al final se siente y se percibe el cansancio. Un cansancio emocional que debilita físicamente o que altera la fisiología de nuestro cuerpo. Dichosamente hemos ido superándolo y superándonos.

    Pero también existe ahora una afectación espiritual, dado que muchas familias e individuos se han debilitado en su fe, ya que al perder contacto físico con el templo, alteran sus disciplinas que quizá eran dependientes del concepto pastoral. Claro está que no es una razón bíblicamente válida, pero es una causa con su efecto.

    Me hace recordar la expresión de Jesús en la revelación de Apocalipsis, en el 3:10 que habla de “la hora de la prueba que ha de venir sobre los habitantes del mundo, para probarlos”. De la iglesia o pueblo de Dios, dice: “yo los guardaré de esa hora”. Guardar a su pueblo de la hora de la prueba es una promesa, pero no una inhibición (no una exclusión). Así que al final solo significa que Dios nos guardará de pérdida pero no de efectos, y así se cumple la otra verdad bíblica: “el Justo por la fe vivirá”.

    Y al leer Isaías 40 pensé en todos nosotros, para animarnos. Del capítulo 40 al 55 es la la segunda de tres partes en que se divide Isaías. Y es en esta segunda sección que Isaías relata la consolación de Dios para su pueblo. Entendemos a Isaías en su contexto histórico como una palabra de Dios para Israel, pero en su contexto universal vemos el carácter de Dios para con los suyos. Así que Dios desea consolarte a través de sus promesas.

    1. Dios presente en nuestra realidad: El texto que leímos al inicio, dice:

    “Él da fuerzas al cansado, y al débil le aumenta su vigor.” Isaías 40:29

    Una promesa muy oportuna en este momento de más dudas que verdades. Dios no nos excluye de lo que está pasando. Nos acompaña en nuestro “locus de control” (la búsqueda de las causas).

    2. Realidad y no espejismo: El segundo texto nos demanda una posición realista y no escapista:

    “Hasta los jóvenes pueden cansarse y fatigarse, hasta los más fuertes llegan a caer”. Isaías 40:30

    Cansarse es parte de ser, existir y coexistir con realidades internas y externas a nosotros mismos.

    Sí, nos vamos a cansar física y emocionalmente. No somos una clase de humanos súper dotados. La única dotación heroica en nosotros, no es nuestra, viene de Dios, y es la fe o la confianza en Dios.

    3. La fe como respuesta absoluta: En un mundo relativista, de verdad pluralista, el desafío para cualquier humano es tener fe o confianza en un solo Dios, único y verdadero, no obstante, ese es el camino:

    “pero los que confían en el Señor tendrán siempre nuevas fuerzas y podrán volar como las águilas; podrán correr sin cansarse y caminar sin fatigarse.” Isaías 40:3

    Sí, los jóvenes se cansan, sí hasta los más fuertes emocionalmente, físicamente, espiritualmente y económicamente se llegan a cansar, así que ninguna de esa cualidades son la respuesta, la respuesta es: “confiar en el Señor”.

    Entonces, sin ser excluidos del momento que se vive, podemos ser elevados más allá de las circunstancias, por eso la metáfora de “de volar como el águila”.

    Yo comprendo que no es más fácil lo que se vive, de lo que se lee. Pero no hay alternativas duraderas en este momento que vivimos, y que es el primer minuto de la hora de la prueba que profetizó Jesús. La única alternativa es Cristo, quien encarna todas las promesas de Dios a la humanidad. Y nos eleva más allá de las circunstancias.

    Es sabio entonces confiar en Dios y perseverar en ello.

  • Este salmo lo podemos dividir en tres grandes secciones, en las que el poeta nos dibuja con su lírica, el carácter y lenguaje de Dios. Un mensaje que debería hacernos meditar cada mañana. La alegría de la vida no depende de lo que tenemos, sino de la comprensión de Quien es nuestro Dios.

    1. El lenguaje de Dios sin palabras:

    “Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, Y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol; Y éste, como esposo que sale de su tálamo, Se alegra cual gigante para correr el camino. De un extremo de los cielos es su salida, Y su curso hasta el término de ellos; Y nada hay que se esconda de su calor.” Salmos‬ ‭19:1-6‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Esta mañana cuando me levanté, mi oración fue de gratitud por ver la luz radiante del sol. Antes de las 6 de la mañana ya estaba brillante y cálido. El día me habló, su luz alumbró mi corazón para comprender la voz de Dios en mi interior a través de su Espíritu, y me hizo oír la otra forma del lenguaje de Dios en la naturaleza, que me invitó a ir a su Palabra escrita, precisamente la segunda parte en que podemos dividir el Salmo.

    2. El lenguaje de Dios hecho logos:

    “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos; En guardarlos hay grande galardón.” Salmos‬ ‭19:7-11‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Después de dar gracias por un nuevo día, que me comunicaba la gloria de Dios, y al escuchar a un día, hablarle al siguiente día, y entender que cada noche que pasa, emite sabiduría a la que sigue en un proceso evolutivo del carácter, tomé la Palabra, la Ley de Dios perfecta que tiene poder de convencimiento y transformación; y ahora, Dios me estaba hablando con palabras. Ese verbo que también se encarnó y se hizo parte de nosotros. Y al leer su Palabra, me condujo a mi interior, a esa tercera parte del Salmo, a esa otra manifestación comunicativa de Dios al hombre.

    3. El lenguaje de Dios en la conciencia:

    “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.” Salmos‬ ‭19:12-14‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    La gratitud de ver el sol, me impone la responsabilidad de ser más sabio. Y la ley de Dios escrita en mi corazón, no me permite excusas. No debería hacer los errores del ayer. Eso sería fastidioso y estúpido. De eso trata la sabiduría.

    La tercera parte del salmo, me muestra la ley de la conciencia, esa que me dice que soy maleable, y por tanto, de cuidado.

    ¿Quién podrá entender sus propios errores? Es una pregunta que me invita a la reflexión, a conocerme a mí mismo.

    Y al entender la naturaleza de mis yerros, poder orar aún por aquellos que son inconscientes.

    Debo traer todo al mundo de lo consciente, al uso de la razón. Es la única manera que “las soberbias” no se enseñoreen de mi voluntad.

    Como podemos ver, el salmo es una comunicación de la bondad de Dios, expresada sabiamente en tres lenguajes universales: la naturaleza, las palabras (El Logos) y la conciencia.

  • Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. Juan 3:17

    La premisa de la que parte Juan, es que el mundo ya estaba condenado al fracaso en su intento por restablecer comunicación con Dios. La humanidad ya vivía en oscuridad moral y espiritual. Y por eso el mensaje de Jesús es para Salvación.

    La pregunta siempre es: ¿Salvarnos de qué? Bueno, la otra verdad de la que parte el Evangelio es: En el principio Dios creó al hombre y a la mujer, y los hizo semejantes a Él en atributos morales. Hay una responsabilidad ante Dios por lo tanto.

    Para el ser humano pensante como es, la razón es parte de su constructo o pensamiento de los opuestos: lo bueno o lo malo, lo correcto o lo incorrecto, etc. Entonces, en ese uso libre de la razón; que comprende y distingue el bien del mal, y sabiendo que eligió libremente separar su camino del camino de Dios, hoy también tendrá la libertad de elegir seguir en su muerte espiritual como lo llama Pablo, siguiendo sus instintos más que la razón, o atender la gracia dispensada por Dios al enviar a Cristo al mundo y encarnar su esencia misma entre nosotros para Salvación.

    Cuando las personas apelan a este texto para justificar una vida moralmente libre del escrutinio bíblico, ponen en la Biblia un peso universalista de Dios que no hace justicia a su carácter, pues Cristo no vino para salvar a todos, sino a muchos o algunos (hebreos 9:28), y entendemos que ese adjetivo no califica a todos. ¿Quiénes serán salvos?

    El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Juan 3:18

    Creer en Cristo es un camino que se elige en libertad de consciencia y uso de razón propia del ser humano, donde una vez más como en el huerto con Adán y Eva, Dios es quien toma la iniciativa.

    La Biblia dice: “…cuando aún estábamos muertos en delitos y pecados, Cristo murió por nosotros” – entender pecado como no tener una relación con Dios y delitos como las obras humanas que no toman en cuenta a Dios – Así que Juan 3:17 no se debe leer en una isla de pensamiento, porque nos dará un camino diferente hacia la conclusión a la que llega Juan 3:18 y el contexto de todo el mensaje de la Biblia.

    Debemos creer para ser salvos, y creer tanto en Cristo quien salva, como creer la manera en que Dios nos salva a través de Él.

    La forma incluye algunos, sin excluir a nadie. Porque la fórmula no es la exclusión, es oportunidad.

    Tomemos la oportunidad en Cristo, para ser salvos de este siglo malo