Por Elías Lara
Los geólogos hablan hoy del Antropoceno, que etimológicamente significa: «Nueva era humana» o «Nuevo humano».
El nuevo humano de la ciencia, será la misma peor versión del hombre. Esta nueva era geológica que plantean los científicos, también será una nueva era sociológica y antropológica. Volveremos a una era como la hubo antes de Cristo. Más que nunca Eclesiastés 1:9 se entenderá mejor: ¿Qué sucedió antes? Lo mismo que sucederá después. ¿Qué se hizo antes? Lo mismo que se hará después. No hay nada nuevo bajo el sol.
Si estás preocupado-a por cuál sea la mejor iglesia, denominación o comunidad de fe para visitar en estos días, quiero animarte. Es importante conocer mejor acerca de la iglesia del fin de los tiempos. La iglesia del fin de los tiempos deberá ser distintiva por su luz y su salinidad.
13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. 14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5: 13-15 (RVR1960).
Es una era en la que hemos pasado de hablar y predicar estos versículos, a la necesidad imperiosa de vivirlos. Hoy, mientras lees esta reflexión, podrías estar en Latinoamérica, Estados Unidos o Australia. Allí, es posible que no necesitemos mucho de la salinidad ni de la luz. Hemos estado adormecidos en siglos de obra cristiana fundacional. Hay otros lugares en el resto del planeta incluyendo Europa, donde al día de hoy; ser cristiano y comprometido con la causa de Cristo es un alienador (motivo para enajenar o causar aislamiento de la persona) por excelencia. Ya hay leyes funcionales que limitan la libertad de culto en países otrora cristianos, ni hablar de los países islámicos donde es prohibido de facto. Por lo tanto, en países de la América Latina solo es cuestión de tiempo en que los políticos que abrazan esta clase de pensamiento ocupen puestos de poder y empiecen a limitar a nuestras iglesias. No sabremos como reaccionar, pues hemos vivido quieta y reposadamente en este aspecto por décadas.
Se habla de libertad religiosa, pero hay una creciente tendencia para limitar al máximo la práctica de esa libertad plasmada como un derecho.
Se habla de libertad de pensamiento, pero se nos quiere prohibir pensar a golpe de discursos tendenciosos, regulaciones y mordazas sutiles. La uniformidad del pensamiento, termina siendo una ideología que se impone a toque del redoblante politiquero marcando el paso.
Pero eso sí, vivimos una era de los derechos humanos, cada cierto tiempo se apilan nuevos derechos a la lista, mientras se conspira contra aquellos derechos fundacionales, básicos para la vida y la convivencia.
Déjeme ponerle al día sobre lo que estamos viendo y viviendo; sea paciente en los siguientes párrafos que parecen más un ensayo académico, que artículo de fe. Vivimos una era un poco teñida de diferentes realidades y constructos humanos. Desde la geología, ya estamos escuchando a los científicos hablar del “Antropoceno”. Claro que aún no se han puesto de acuerdo en todo para declarar un cambio de era geológico del Holoceno al Antropoceno, pero están muy avanzados a través del Grupo de Trabajo del Antropoceno (AWG siglas en inglés) que es una especie de comisión que está analizando las evidencias geológicas que son las que determinan si una era ha llegado a su fin dando lugar a una nueva era.
Vivimos actualmente según los geólogos, en el Holoceno (que etimológicamente significa: Todo es nuevo). Es una era de estabilización climática que permitió el desarrollo de las especies después de la era Glacial. Pero por los grandes cambios geológicos que impactan la ecología, el ambiente en la tierra se está volviendo muy inestable y peligroso otra vez, para las especies. De ahí la caracterización del Antropoceno (Hombre nuevo) Pero ¿Qué es el Antropoceno?
Trischler (2017) citando a Crutzen (2002) explica: “Los seres humanos, sugirió, se han convertido en una fuerza geológica poderosa, tan es así, que es necesario designar una nueva época geológica para describir con precisión este desarrollo. Esta nueva “época de los seres humanos”, el Antropoceno, comenzó con la Revolución industrial a finales del siglo XVIII. La humanidad seguirá siendo una fuerza ambiental predominante durante miles de años (Crutzen, 2002: 23) citado por: Trischler, 2017., párr. 1.
Estos planteamientos no son meras ocurrencias, sino que estos expertos disponen de todo el conocimiento y herramientas tecnológicas para advertir que el ser humano, es finalmente el agente causal principal de los cambios morfológicos y funcionales del planeta. Dando al ser humano un dominio casi absoluto del futuro del planeta. Todo este planteamiento científico de una nueva era geológica, estará marcada por la huella humana en el planeta. Ese es su punto de partida y su principal indicador. Citando a Pfister (1995), Trischler (2017) explica:
Como ha demostrado un equipo internacional de investigadores climáticos y del sistema Tierra -Earth system scientists- encabezado por Will Steffen, durante el transcurso de la década de 1950 las curvas de numerosos parámetros cambiaron de una forma lineal a un crecimiento exponencial (Steffen, 2005; Steffen et al., 2015). Esta curva característica, que recuerda a un palo de hockey, se presenta a escala global en fenómenos como el uso de recursos -petróleo crudo, agua y fertilizantes artificiales-, así como la construcción de presas, vehículos, teléfonos y restaurantes McDonald’s, e indicadores económicos, por ejemplo, el aumento del turismo internacional, las inversiones extranjeras y el producto nacional bruto. Incluso antes de que comenzara el discurso del Antropoceno, Christian Pfister, historiador económico y ambiental, señaló la mitad del siglo pasado como un importante punto de inflexión, llamado el “síndrome de la década de 1950…”. – Trischler (2017) citando a Pfister (1995), pár. 12 –.
Desde esta perspectiva científica, se desgrana un postulado más sociológico, pero a la vez teológico, poner al hombre en el centro de un universo que necesita de él para moverse.
Latour concluye con un interesante paralelismo entre el actual debate sobre el papel de los seres humanos como una fuerza geológica y la controversia sobre el estado de los seres humanos en el universo, que Galileo Galilei puso en marcha hace más de 400 años, cuando presentó la tesis de que la Tierra se movía alrededor el [sic] sol y cuestionó la concepción establecida del mundo, lo que atrajo la atención de la Inquisición. La tesis del Antropoceno no es que “la Tierra se está moviendo”, sino más bien que “la Tierra se mueve” por los seres humanos (Latour, 2014: 3-4) citado por Trischler (2017)., párr. 24.
Trischler agrega, “Esta tesis también altera de manera radical nuestra concepción del mundo y convoca a la inquisición de nuestra época, que Latour identifica sobre todo como esos círculos en la política y la industria que niegan que los seres humanos son la causa del cambio climático” (2017) párr. 24.
Si la tierra se mueve por los seres humanos, entonces las conclusiones de alguna parte de la comunidad científica tienen eco en la Biblia, respecto a la moral y la ética.
Una conclusión reflexiva de estas investigaciones científicas y sociales dice: “que nombrar un intervalo en la historia de la Tierra por primera vez no sólo haciendo referencia a una sola especie, sino en “honor” de una especie que resultamos ser nosotros mismos, fortalecería la arrogancia que debemos superar si queremos crear un Antropoceno ecológicamente más robusto” Trischler (2017) citando a (Gibbard y Walker, 2013; Finney y Edwards, 2016)., párr.19.
Es lo que escatológicamente en algunos pasajes bíblicos del Nuevo Testamento, se habla en forma de ejemplo de la existencia de una moral estandarizada por Dios, la cual quienes la transgredan han de sufrir, y el mundo ya lo sufre dice Pablo a los romanos (Rom. 8:22-23).
Hay una correlación entre este morir ecológico que los científicos advierten y los ecologistas tratan de salvar, con la naturaleza caída del ser humano que lo destruye y de alguna manera, incide en el planeta y el cosmos. Pedro también nos recuerda que en aquellas lejanas eras de desenfreno humano, el planeta sufrió consecuencias ecológicas devastadoras ya fuera a nivel local, como universal. Y una vez más, estaban aquellas catástrofes vinculadas al quehacer humano.
5 y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos; 6 y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, 7 y libró al justo Lot, abrumado por la nefasta conducta de los malvados 8 (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos). 2 Pedro 2: 5-7 (RVR1960).
Aunque el proyecto Antropoceno busca concienciar a la humanidad empezando por la comunidad científica y los líderes del mundo, respecto a tomar responsabilidad en la administración del planeta, ya es tarde porque el designio de Dios no lo permitirá.
Estimados hermanos y hermanas, ese resumido e interesante compendio científico, es el mundo que usted y yo habitamos. Es una imagen vívida de lo que nos relata la Palabra de Dios respecto al final de los tiempos.
Ya no es nuevo que las leyes en países llamados desarrollados y de primer orden, han venido restringiendo libertades y derechos fundacionales, para dar paso a derechos que desafían el orden establecido. Y como no puede el ser humano vivir sin regulaciones básicas, debe hablar de nuevo orden mundial, donde caben estas nuevas ideas de convivencia, a nivel de la vida, el cuerpo, el sexo, las migraciones, etc.
Todo gira alrededor del hombre, como bien lo debaten los científicos sociales en el dilema del Antropoceno, como una nomenclatura que podría más bien entronar al hombre en la cúspide de la inteligencia última que debe regir el universo. Pero es precisamente lo que ha venido ocurriendo desde el Edén, donde el hombre y la mujer optaron por recorrer su propio camino sin Dios, ahora ya con la autoridad espiritual para sojuzgar la tierra, pero sin la ética necesaria para hacerlo bien.
“…maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. 18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. 19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”. Génesis 3:17b – 19 (RVR1960).
Y es este conflicto humano con Dios que afectó severamente la ecología y con incidencias en el cosmos al que apuntan estas valoraciones científicas validando lo ya dicho en la Palabra de Dios.
Este es el contexto en el que ya no debería preocuparnos tanto la forma de la iglesia a la que queremos ir, más que su grado de comprensión del mundo que habita, de su fe; la cual debe ser única en Cristo sin verdades paralelas, y el compromiso con la Palabra de Dios sin cuestionamiento alguno.
El ser humano no es el centro del movimiento planetario ni mucho menos su motor. Ciertamente aceptamos que sí somos agentes de cambios ecológicos. Podríamos haberlo hecho bien. Ahora seguimos de mal en peor. Dejamos una huella ecológica trágica debido a egos humanos irreconciliables. La producción de armamento nuclear y de armas químicas, son la misma respuesta hostil expresada en el huerto. Sin Dios no hay ninguna oportunidad para el ser humano ni para el cosmos. No hay vuelta atrás. Estoy muy de acuerdo con los científicos naturales y sociales. Ellos afirman que el camino que llevamos es peligroso. Además, lo consideran un camino de muerte. Pero no estoy de acuerdo con muchos de ellos. Ellos albergan una esperanza de una mejor sociedad. O creen en una mejor era porvenir.
Erle C. Ellis, encapsula esto como ningún otro tema en el debate. Ellis, un geógrafo y ecólogo del paisaje estadounidense, ve que “los únicos límites para la creación de un planeta del que las generaciones futuras estén orgullosas son nuestra imaginación y nuestros sistemas sociales”. Continúa: “al avanzar hacia un mejor Antropoceno, el medio ambiente será lo que hagamos de él” (2015: 54).
No creo en una nueva era humana en el porvenir, no porque sea pesimista, sino porque la evidencia histórica de un ser humano reformado y renovado hacia la bondad es imposible de creer después de tantos líderes ególatras y genocidas, y sin Cristo no habrá posibilidad alguna.
Es un asunto de fe, en todos los que esperamos una nueva era, pero en un nuevo cosmos ideado y hecho por Dios para Él, para su hijo y para todos aquellos a los que su hijo ha de presentarles vencedores hasta el fin.
Referencia: Trischler (May/ago. 2017) El Antropoceno, ¿un concepto geológico o cultural, o ambos? Desacatos no.54 Ciudad de México., párr. 1,12,19 y 24. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S1607-050X2017000200040&script=sci_arttext