Por Elías Lara
Cuando yo decía: Mi pie resbala, Tu misericordia, oh Jehová, me sustentaba. En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma. Salmos 94:18-19 (RVR 1960).
«Esos pensamientos según el uso hebreo del sustantivo, significa: “pensamiento inquietante y sentimiento ansioso”.
Para el Salmista, dentro del contexto de su clamor; expresa su emoción respecto a Dios como juez justo que juzgará sus causas, y su pequeñez envuelta muchas veces en profundas encrucijadas.
El Salmista en el momento describe su emocionalidad como un arraigo inseguro del “pie que resbala”. ¿Ha sentido usted alguna vez la sensación al tropezar o resbalar? Ya sea que caiga o no, la sensación de la caída genera como un vacío en el estómago.
Así es la descripción del penitente que ora esta plegaria respecto a las acciones hostiles de sus enemigos reales o imaginarios.
Inmediatamente que describe su situación, el penitente concluye, que en la misericordia de Dios estuvo y está su sustento.
Cuando tenemos situaciones que sobrepasan nuestras fortalezas mentales, emocionales y espirituales; tendemos más a ubicar a Dios en la realidad que experimentamos. Es esa sensación de… ¿ahora qué hago? Y llegar a ese punto es clave para orar y ponernos de acuerdo con Dios y su voluntad revelada acerca del conflicto.
Lo interesante, es que la causa del salmista es enteramente interior (dentro de mí), la raíz hebrea sitúa esta interioridad en los intestinos o entrañas. Es ahí donde la lucha se siente, pero su origen es el sistema nervioso central (mis pensamientos). Esos pensamientos según el uso hebreo del sustantivo, significa: “pensamiento inquietante y sentimiento ansioso”. De tal manera que, podemos entender una crisis de nervios que surge de sus propias ansiedades, ante situaciones de su entorno que lo aquejan y lo intimidan.
Ante cualquier situación que provoque una fuerte ansiedad, debemos llevar nuestras almas a puerto seguro.
Permítanme hacer una inserción explicativa de este concepto desde la psicología
– Imagínense que ya la Biblia con su eterna sabiduría, refería toda situación emocional en crisis; como altamente patológica o enfermiza, ya que no solo es lo que se vive; sino dónde se siente y cuánto nos afecta. Es propio de las escrituras hablar de una afectación en las entrañas; ya sea intestinos, hígado y riñones. Todo ello está conectado al sistema digestivo y endocrino (hormonal). Es ahí donde sufrimos y sentimos las más grandes pasiones del alma – positivas y negativas –. Hace poco tiempo que desde la neurociencia se descubrieron y validaron las conexiones neuronales entre intestino y cerebro. Desde entonces se suele llamar al intestino, el segundo cerebro, ya que ahí hay contenido neuronal que se creía solo parte del cerebro; además, que es en los intestinos donde se producen en mayor cantidad; algunos neurotransmisores (sustancias para la comunicación cerebral) y algunas hormonas vitales, reguladoras del estado de ánimo –. Cerramos la explicación.
El salmista entonces, es guiado por el Señor a puerto seguro del alma, por medio de las “consolaciones” del Señor. Y estas consolaciones del Señor, en hebreo sería “ta´abah”, significa esencialmente, los deseos de Dios. No es una palmadita en la espalda, son los deseos de Dios para la vida del penitente, sean del gusto o no, del sufriente. ¿Cuál es tu deseo en esta situación que estás viviendo? Es válido desear algo bueno, pero es mejor preguntarnos; cuál es el deseo del Señor en esto que me está pasando.
Y debo recordarnos a todos, que Dios el Señor no cambia. Sus consolaciones para nuestras vidas no son palmaditas en la espalda. Son sus deseos que el quiere cumplir en nuestras vidas. Como lo expresó a través de Jeremías: “pensamientos de bien y no de mal”.
Sin sus deseos no vamos a encontrar gozo, ni paz con nuestro entorno.
No importa cuánto oremos; si nuestra oración y esperanza no van alineados a los deseos del Señor, es posible que nuestras respuestas al conflicto sean “parches viejos en odres nuevos”, tarde o temprano se romperá el odre. Lo que la metáfora implica, es que volveremos al conflicto y con mayores pérdidas y consecuencias.
Solo los deseos de Dios para nuestras vidas son la vía para el alma a puerto seguro.


