La gracia no es el tema de este artículo, porque el tema que me mueve es la apostasía. No obstante, para hablar de apostasía debemos tener claro la abundante gracia de Dios, y como dice el apóstol Pablo; donde abundó el pecado, sobreabundó también la gracia. Y es que, sin la gracia de Dios, el pecado se enseñorea del hombre y lo elimina.
El Dr. Vernon McGee, nos explica: “La segunda epístola de Pedro fue recibida o aceptada en Laodicea en el año 372 y confirmada en Cartago en 397”. (Samuel Montoya y Dr. Vernon McGee, (abril 2023). A través de la Biblia – Estudio Bíblico).
Si tomamos en cuenta que el apóstol Pedro la escribió en el año 65 d.C., encontramos que en el proceso canónico de esta segunda carta tal como la tenemos hoy; tardó un poco más que la aceptación de la primera carta. Esto se debió a que se argumentó menos evidencias históricas de su genuinidad. Pero al fin aceptada por evidencias internas de la carta acerca de la autoría de Pedro. Continua el Dr. McGee en su estudio, proveyéndonos datos importantes, y dice:
“Jerónimo la aceptó en su traducción Vulgata Latina, Josefo uno de los más antiguos historiadores de la época de la Iglesia primitiva; la coloca entre los libros en disputa, mientas Orígenes (padre de la Iglesia) la aceptó, y Clemente de Alejandría no solo la aceptó sino también escribió un comentario sobre esta epístola. Judas aparentemente extrae algo de esta segunda carta de Pedro. Hay también otras alegaciones que dicen que hay citas de segunda de Pedro en algunos de los primeros escritores de la Iglesia, como: Justino Mártir, Ireneo Ignacio y Clemente de Roma. Martín Lutero la aceptó y Calvino tenía sus dudas, pero no la rechazó; mientras que Erasmo filósofo y teólogo católico, sí la rechazó”
No obstante, continua el Dr. McGee, algunas otras evidencias internas se pueden destacar como: La salutación, donde usa sus dos nombres Simón el nombre que le fue dado al nacer, y Pedro el nombre que le dio el Señor Jesús. Por un lado, el hombre de debilidad, y por otro el hombre de fortaleza como una roca. La otra evidencia interna, es una palabra que según el Dr. McGee es una identificación personal de sus cartas. Aparece varias veces y es la palabra preciosa, por ejemplo: “una fe preciosa”, “preciosas y grandísimas promesas”.
Hay una diferencia entre ambas epístolas del apóstol (1 y 2 de Pedro) en un corto tiempo que puede haber confundido a los biblistas, respecto a la paternidad literaria de la segunda carta. Pero la historicidad contenida en ambas motivaciones para escribirlas, lo justifica. La primera epístola fue escrita posiblemente entre los años 63 y 64, en Roma poco antes de la declarada persecución psicótica de Nerón. Es por esta razón que en esta primera carta el enfoque del apóstol Pedro es de pastorear a los creyentes dispersos entre el centro y norte de Asia; mientras Roma y Judea eran testigos de cruenta masacre contra los cristianos. El tema es alentar y exhortar para que los cristianos mantuvieran una buena conciencia de su fe y una fortaleza en el martirio.
La segunda epístola que se registra en una fecha muy cercana, posiblemente entre el año 65 y 68 desde Roma; en una época aún de dispersión, y cerca de la caída de Jerusalén bajo el poderío del general Tito. Pero aparentemente por el contenido de la carta, ya la persecución se ha superado un poco en tanto que, la iglesia ahora sufre un ataque gnóstico (conocimiento) y herético (falso) de grupos que mezclaban la verdad con filosofías humanistas y proliferaban los “falsos maestros”. La respuesta de Pedro es contundente, especialmente en el capitulo 2 de la carta. Ante el falso conocimiento (gnosticismo), Pedro les declara que el verdadero conocimiento del Señor es el que salva de la corrupción del alma, y permite el crecimiento espiritual.
Si Pablo, en la segunda carta a Timoteo capitulo tres y cuatro advierte a todos los creyentes respecto a la apostasía reflejada en la comezón de oír, y advierte en la segunda epístola a los Tesalonicenses capítulo dos acerca de la apostasía generalizada ante la acción del espíritu del anticristo; por otra parte, el apóstol Pedro se refiere a la apostasía de los maestros de la Palabra de Dios; con el calificativo de “falsos maestros”. Tomen nota que, un falso maestro es aquel que conoce bien la verdad, pero por beneficio propio, enseña una mentira o mezcla verdades con mentiras para acomodarse al sistema. Por lo tanto, debemos hacer una distinción entre un falso maestro y un neófito. El neófito es la persona que enseña sin haber llegado a una comprensión objetiva e integral del tema. En otras palabras, es una persona entusiasta pero que carece de los elementos para exponer un tema; aunque con el tiempo va superándose a sí misma y puede llegar a ser un maestro. Los neófitos no serán juzgados como falsos maestros.
Después de esta introducción, vamos a revisar el tema de la apostasía, y cómo es que el apóstol recomienda que la enfrentemos, para lo cual les sugiero que tomen 15 minutos y lean los tres capítulos de la segunda carta de Pedro.
1.La nueva naturaleza en Cristo:
“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, 4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia…” 2 Pedro 1:3-4 (RVR 60).
Pedro parte del ABC del creyente, una vida devota (piadosa) que se nos ha confiado dice el apóstol, a través de promesas muy valiosas (preciosas) y grandísimas (superlativo de cantidad que indica suficiente). Es indispensable tanto para combatir la apostasía, como para caer en ella; ser nuevas criaturas. Yo personalmente, leyendo y analizando el contexto y esforzándome por analizar la gramática (Strong Griego), debo concluir que la apostasía afecta y afectará a creyentes genuinos. Siendo entonces la apostasía una forma de incredulidad (no fe o no confianza), y siendo la incredulidad el único pecado imperdonable; la apostasía es tomada muy en serio por Pedro y Pablo.
2. El carácter cristiano:
“vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”. 2 Pedro 1: 5-8 (RVR 60).
Estas cualidades que el apóstol nos manda añadir diligentemente no son una obra salvífica, sino perseverante y que subyace en la obra de Cristo ya mencionada en los versículos anteriores, donde dice que todas las cosas que pertenecen o son propias de la vida y la piedad o devoción a Dios, nos fueron dadas por el poder de Dios y el haber conocido a Cristo. O sea, la parte vital ha sido dada por Dios en Cristo como bien sabemos los cristianos. Pero la parte segunda de este capítulo dice que nosotros para permanecer dando fruto de esa vida (no estaremos ociosos ni sin fruto); debemos “añadir” o agregar a la fe otras cosas. ¿Ven cómo el apóstol parte de lo esencial que es la fe? Y luego dice podemos crecer y madurar en la fe por medio de:
- Virtud (hombría o fuerza): esta forma del griego no excluye a la mujer, y en nuestros tiempos esta característica idiomática no se puede explicar satisfactoriamente, pero lo que indica es que se requiere que la fe sea vestida de determinación o fuerza bruta, como la de los hombres que van a la guerra; dicho en forma alegórica.
- Conocimiento: Este conocimiento como Pedro lo presenta en toda la epístola, se refiere a conocer por experiencia y documentación profética (Biblia), a Cristo Jesús. Siendo la única manera de alejarnos de la corrupción imperante.
- Dominio propio: Agregamos ahora a la canasta (la fe), otra forma del carácter cristiano. El autodominio como lo plantea la raíz griega es fundamental cuando se trata del conocimiento porque nos aleja del conocimiento estéril (sin fruto como lo llama Pedro aquí). Una persona que no domina su carácter es una bomba de tiempo en todas las áreas, y no se excluye el conocimiento.
- Paciencia: El sentido en griego es “aguante”, e indica que debemos aguantar en constancia, el ejercicio de la piedad o la devoción por la fe que profesamos. Paciencia no es aguantar cualquier cosa en la vida cotidiana, es aguantar en las cosas esenciales de la vida y la piedad. En otras palabras, es perseverar.
- Afecto fraternal: Derivado de “filadelfia” o cariño a los hermanos. La piedad que está relacionada directamente con la práctica de la vida cristiana y la conducta, no puede de ninguna manera excusarse de falta de cariño, buena voluntad y favor por los hermanos.
- Amor: Luego, no podemos expresar cariño y buena voluntad a los hermanos, sin un verdadero ágape (fiesta de amor santo). El amor como corona de nuestro carácter cristiano, es puesto en este cierre de fe.
3. La Palabra de Dios
“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones…” 2 Pedro 1:19 (RVR 60).
Pedro apóstol, nos indica entonces, que además tenemos la Palabra de Dios, que es más segura que cualquier otra evidencia que queramos indagar en la búsqueda de la verdad y el conocimiento de Dios y de su hijo.
Ella es una luz, que nos alumbrará en nuestro peregrinar hacia la madurez, que es comparada aquí con la claridad del día y la vida de Cristo en nuestros corazones (el lucero de la mañana en nuestros corazones).
En el capítulo dos, el apóstol nos advierte seriamente con tres ejemplos: dice, que si en el pasado Dios no perdonó a los que amaron la mentira antes que la verdad (falsos profetas en el antiguo Israel, falsos maestros en la Iglesia), y corrompieron sus vidas; pues no debemos suponer que Dios nos perdonará a nosotros si nos deslizamos en la mentira o la falsedad doctrinal y corrupción de nuestras almas.
“Hubo también falsos profetas entre el pueblo de Israel; y así habrá falsos maestros entre ustedes. Ellos enseñarán con disimulo sus dañinas ideas, negando de ese modo al propio Señor que los redimió; esto les atraerá una rápida condenación. Muchos los seguirán en su vida viciosa, y por causa de ellos se hablará mal del camino de la verdad. En su ambición de dinero, los explotarán a ustedes con falsas enseñanzas; pero la condenación los espera a ellos sin remedio, pues desde hace mucho tiempo están sentenciados. 1Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los arrojó al infierno y los dejó en tinieblas, encadenados y guardados para el juicio. 2Ni tampoco perdonó Dios al mundo antiguo, sino que mandó el diluvio sobre aquellos hombres malos, y salvó solamente a Noé, que predicó una vida de rectitud, y a otras siete personas. 3Dios también condenó a la destrucción a las ciudades de Sodoma y Gomorra, quemándolas hasta dejarlas hechas cenizas, para que sirvieran de ejemplo de lo que habría de suceder a los malvados”. 2 Pedro 2:1-6 (DHH).
Finalizamos este estudio, invitando a los lectores a venir a Cristo para salvar sus vidas de la condenación eterna, ya que el día del Señor vendrá con muchas pruebas, de las cuales nos habla el capítulo tres. Y a los que ya han venido a Cristo en fe y certidumbre de pecado y perdón; debemos recordarnos que éstos serán tiempos de apostasía o mentiras por doquier. Si usted no lee la Biblia y no fortalece su fe, podrá ser presa del engaño sistematizado del mundo. Una cosa debo advertir, la salvación es segura en Cristo por su obra, pero no es segura en nuestra propia prudencia.
La carta concluye de esta manera:
Por eso, queridos hermanos, ya que ustedes saben de antemano estas cosas, cuídense, para que no sean arrastrados por los engaños de los malvados ni caigan de su firme posición. 18 Pero conozcan mejor a nuestro Señor y Salvador Jesucristo y crezcan en su amor. ¡Gloria a él ahora y para siempre! Amén.
2 Pedro 3:17-18 (DHH)


