• Segunda Carta de Pedro: Advertencias

    La gracia no es el tema de este artículo, porque el tema que me mueve es la apostasía. No obstante, para hablar de apostasía debemos tener claro la abundante gracia de Dios, y como dice el apóstol Pablo; donde abundó el pecado, sobreabundó también la gracia. Y es que, sin la gracia de Dios, el pecado se enseñorea del hombre y lo elimina.

    El Dr. Vernon McGee, nos explica: “La segunda epístola de Pedro fue recibida o aceptada en Laodicea en el año 372 y confirmada en Cartago en 397”. (Samuel Montoya y Dr. Vernon McGee, (abril 2023). A través de la Biblia – Estudio Bíblico).

    Si tomamos en cuenta que el apóstol Pedro la escribió en el año 65 d.C., encontramos que en el proceso canónico de esta segunda carta tal como la tenemos hoy; tardó un poco más que la aceptación de la primera carta. Esto se debió a que se argumentó menos evidencias históricas de su genuinidad. Pero al fin aceptada por evidencias internas de la carta acerca de la autoría de Pedro. Continua el Dr. McGee en su estudio, proveyéndonos datos importantes, y dice:

    “Jerónimo la aceptó en su traducción Vulgata Latina, Josefo uno de los más antiguos historiadores de la época de la Iglesia primitiva; la coloca entre los libros en disputa, mientas Orígenes (padre de la Iglesia) la aceptó, y Clemente de Alejandría no solo la aceptó sino también escribió un comentario sobre esta epístola. Judas aparentemente extrae algo de esta segunda carta de Pedro. Hay también otras alegaciones que dicen que hay citas de segunda de Pedro en algunos de los primeros escritores de la Iglesia, como: Justino Mártir, Ireneo Ignacio y Clemente de Roma. Martín Lutero la aceptó y Calvino tenía sus dudas, pero no la rechazó; mientras que Erasmo filósofo y teólogo católico, sí la rechazó”

    No obstante, continua el Dr. McGee, algunas otras evidencias internas se pueden destacar como: La salutación, donde usa sus dos nombres Simón el nombre que le fue dado al nacer, y Pedro el nombre que le dio el Señor Jesús. Por un lado, el hombre de debilidad, y por otro el hombre de fortaleza como una roca. La otra evidencia interna, es una palabra que según el Dr. McGee es una identificación personal de sus cartas. Aparece varias veces y es la palabra preciosa, por ejemplo: “una fe preciosa”, “preciosas y grandísimas promesas”.

    Hay una diferencia entre ambas epístolas del apóstol (1 y 2 de Pedro) en un corto tiempo que puede haber confundido a los biblistas, respecto a la paternidad literaria de la segunda carta. Pero la historicidad contenida en ambas motivaciones para escribirlas, lo justifica. La primera epístola fue escrita posiblemente entre los años 63 y 64, en Roma poco antes de la declarada persecución psicótica de Nerón. Es por esta razón que en esta primera carta el enfoque del apóstol Pedro es de pastorear a los creyentes dispersos entre el centro y norte de Asia; mientras Roma y Judea eran testigos de cruenta masacre contra los cristianos. El tema es alentar y exhortar para que los cristianos mantuvieran una buena conciencia de su fe y una fortaleza en el martirio.

    La segunda epístola que se registra en una fecha muy cercana, posiblemente entre el año 65 y 68 desde Roma; en una época aún de dispersión, y cerca de la caída de Jerusalén bajo el poderío del general Tito. Pero aparentemente por el contenido de la carta, ya la persecución se ha superado un poco en tanto que, la iglesia ahora sufre un ataque gnóstico (conocimiento) y herético (falso) de grupos que mezclaban la verdad con filosofías humanistas y proliferaban los “falsos maestros”. La respuesta de Pedro es contundente, especialmente en el capitulo 2 de la carta. Ante el falso conocimiento (gnosticismo), Pedro les declara que el verdadero conocimiento del Señor es el que salva de la corrupción del alma, y permite el crecimiento espiritual.

    Si Pablo, en la segunda carta a Timoteo capitulo tres y cuatro advierte a todos los creyentes respecto a la apostasía reflejada en la comezón de oír, y advierte en la segunda epístola a los Tesalonicenses capítulo dos acerca de la apostasía generalizada ante la acción del espíritu del anticristo; por otra parte, el apóstol Pedro se refiere a la apostasía de los maestros de la Palabra de Dios; con el calificativo de “falsos maestros”. Tomen nota que, un falso maestro es aquel que conoce bien la verdad, pero por beneficio propio, enseña una mentira o mezcla verdades con mentiras para acomodarse al sistema. Por lo tanto, debemos hacer una distinción entre un falso maestro y un neófito. El neófito es la persona que enseña sin haber llegado a una comprensión objetiva e integral del tema. En otras palabras, es una persona entusiasta pero que carece de los elementos para exponer un tema; aunque con el tiempo va superándose a sí misma y puede llegar a ser un maestro. Los neófitos no serán juzgados como falsos maestros.

    Después de esta introducción, vamos a revisar el tema de la apostasía, y cómo es que el apóstol recomienda que la enfrentemos, para lo cual les sugiero que tomen 15 minutos y lean los tres capítulos de la segunda carta de Pedro.

    1.La nueva naturaleza en Cristo:

    “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, 4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia…” 2 Pedro 1:3-4 (RVR 60).

    Pedro parte del ABC del creyente, una vida devota (piadosa) que se nos ha confiado dice el apóstol, a través de promesas muy valiosas (preciosas) y grandísimas (superlativo de cantidad que indica suficiente). Es indispensable tanto para combatir la apostasía, como para caer en ella; ser nuevas criaturas. Yo personalmente, leyendo y analizando el contexto y esforzándome por analizar la gramática (Strong Griego), debo concluir que la apostasía afecta y afectará a creyentes genuinos. Siendo entonces la apostasía una forma de incredulidad (no fe o no confianza), y siendo la incredulidad el único pecado imperdonable; la apostasía es tomada muy en serio por Pedro y Pablo.

    2. El carácter cristiano:

    “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”. 2 Pedro 1: 5-8 (RVR 60).

    Estas cualidades que el apóstol nos manda añadir diligentemente no son una obra salvífica, sino perseverante y que subyace en la obra de Cristo ya mencionada en los versículos anteriores, donde dice que todas las cosas que pertenecen o son propias de la vida y la piedad o devoción a Dios, nos fueron dadas por el poder de Dios y el haber conocido a Cristo. O sea, la parte vital ha sido dada por Dios en Cristo como bien sabemos los cristianos. Pero la parte segunda de este capítulo dice que nosotros para permanecer dando fruto de esa vida (no estaremos ociosos ni sin fruto); debemos “añadir” o agregar a la fe otras cosas. ¿Ven cómo el apóstol parte de lo esencial que es la fe? Y luego dice podemos crecer y madurar en la fe por medio de:

    • Virtud (hombría o fuerza): esta forma del griego no excluye a la mujer, y en nuestros tiempos esta característica idiomática no se puede explicar satisfactoriamente, pero lo que indica es que se requiere que la fe sea vestida de determinación o fuerza bruta, como la de los hombres que van a la guerra; dicho en forma alegórica.
    • Conocimiento: Este conocimiento como Pedro lo presenta en toda la epístola, se refiere a conocer por experiencia y documentación profética (Biblia), a Cristo Jesús. Siendo la única manera de alejarnos de la corrupción imperante.
    • Dominio propio: Agregamos ahora a la canasta (la fe), otra forma del carácter cristiano. El autodominio como lo plantea la raíz griega es fundamental cuando se trata del conocimiento porque nos aleja del conocimiento estéril (sin fruto como lo llama Pedro aquí). Una persona que no domina su carácter es una bomba de tiempo en todas las áreas, y no se excluye el conocimiento.
    • Paciencia: El sentido en griego es “aguante”, e indica que debemos aguantar en constancia, el ejercicio de la piedad o la devoción por la fe que profesamos. Paciencia no es aguantar cualquier cosa en la vida cotidiana, es aguantar en las cosas esenciales de la vida y la piedad. En otras palabras, es perseverar.
    • Afecto fraternal: Derivado de “filadelfia” o cariño a los hermanos. La piedad que está relacionada directamente con la práctica de la vida cristiana y la conducta, no puede de ninguna manera excusarse de falta de cariño, buena voluntad y favor por los hermanos.
    • Amor: Luego, no podemos expresar cariño y buena voluntad a los hermanos, sin un verdadero ágape (fiesta de amor santo). El amor como corona de nuestro carácter cristiano, es puesto en este cierre de fe.

    3. La Palabra de Dios

    “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones…” 2 Pedro 1:19 (RVR 60).

    Pedro apóstol, nos indica entonces, que además tenemos la Palabra de Dios, que es más segura que cualquier otra evidencia que queramos indagar en la búsqueda de la verdad y el conocimiento de Dios y de su hijo.

    Ella es una luz, que nos alumbrará en nuestro peregrinar hacia la madurez, que es comparada aquí con la claridad del día y la vida de Cristo en nuestros corazones (el lucero de la mañana en nuestros corazones).

    En el capítulo dos, el apóstol nos advierte seriamente con tres ejemplos: dice, que si en el pasado Dios no perdonó a los que amaron la mentira antes que la verdad (falsos profetas en el antiguo Israel, falsos maestros en la Iglesia), y corrompieron sus vidas; pues no debemos suponer que Dios nos perdonará a nosotros si nos deslizamos en la mentira o la falsedad doctrinal y corrupción de nuestras almas.

    “Hubo también falsos profetas entre el pueblo de Israel; y así habrá falsos maestros entre ustedes. Ellos enseñarán con disimulo sus dañinas ideas, negando de ese modo al propio Señor que los redimió; esto les atraerá una rápida condenación. Muchos los seguirán en su vida viciosa, y por causa de ellos se hablará mal del camino de la verdad. En su ambición de dinero, los explotarán a ustedes con falsas enseñanzas; pero la condenación los espera a ellos sin remedio, pues desde hace mucho tiempo están sentenciados. 1Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los arrojó al infierno y los dejó en tinieblas, encadenados y guardados para el juicio. 2Ni tampoco perdonó Dios al mundo antiguo, sino que mandó el diluvio sobre aquellos hombres malos, y salvó solamente a Noé, que predicó una vida de rectitud, y a otras siete personas. 3Dios también condenó a la destrucción a las ciudades de Sodoma y Gomorra, quemándolas hasta dejarlas hechas cenizas, para que sirvieran de ejemplo de lo que habría de suceder a los malvados”. 2 Pedro 2:1-6 (DHH).

    Finalizamos este estudio, invitando a los lectores a venir a Cristo para salvar sus vidas de la condenación eterna, ya que el día del Señor vendrá con muchas pruebas, de las cuales nos habla el capítulo tres. Y a los que ya han venido a Cristo en fe y certidumbre de pecado y perdón; debemos recordarnos que éstos serán tiempos de apostasía o mentiras por doquier. Si usted no lee la Biblia y no fortalece su fe, podrá ser presa del engaño sistematizado del mundo. Una cosa debo advertir, la salvación es segura en Cristo por su obra, pero no es segura en nuestra propia prudencia.

    La carta concluye de esta manera:

    Por eso, queridos hermanos, ya que ustedes saben de antemano estas cosas, cuídense, para que no sean arrastrados por los engaños de los malvados ni caigan de su firme posición. 18 Pero conozcan mejor a nuestro Señor y Salvador Jesucristo y crezcan en su amor. ¡Gloria a él ahora y para siempre! Amén.

    2 Pedro 3:17-18 (DHH)
  • “Prueben si los espíritus son de Dios”

    «Cuando Juan exhorta a los hermanos a “no creer a todo espíritu, no se refiere a espíritus inmundos; sino al pensamiento o intención humana«

    Me sorprende el nivel de superstición que seguimos viviendo entre los creyentes. Debemos reconocer que en la Edad Media el mayor problema que enfrentó la humanidad fue la superstición que anulaba la razón. Luego vinieron esos movimientos humanistas emancipadores (acciones liberadoras) de la religión, que buscaban volver a la sociedad a la razón. Hemos criticado estos movimientos porque no nacieron de Dios sino en contra de Dios mismo; como si Dios fuera responsable de estos fenómenos. No obstante, debemos concederles a estos movimientos sociales, un sentido razonable, ya que Dios no nos llama a esclavitud, sino a la libertad. La superstición es una cárcel.

    Pero regresando al tema, ¿Por qué expreso esta idea de la solapada superstición dentro de la Iglesia? Primeramente, porque es normal que tengamos por herencia ancestral y componentes psíquicos; esta clase de comportamiento supersticioso. Pero es justo decir también, que la exposición a la luz de la Palabra de Dios debería contribuir a que seamos cada vez menos supersticiosos, y más responsables con las cosas que suceden a nuestro alrededor.

    Una de las razones que encuentro para esta disposición fenomenológica o supersticiosa del ser, siendo creyente; es una errada lectura de la Biblia respecto a los espíritus. Pero la más temida razón que encuentro es la negación de nuestra responsabilidad moral y racional en todo acto que arroje consecuencias sobre nosotros, la familia y la Iglesia.

    Hace poco conocí a unas personas que culpaban a una “sacerdotisa” de satanás (no sé a ciencia cierta el método para tal identificación) por los problemas de pecado en la congregación, donde al menos dos pastores y un líder fue aparentemente sorprendido en faltas morales que dañaron la credibilidad de los feligreses. Para estos hermanos que me compartían esta experiencia, no solo era la acción misma de una actividad demoniaca directa contra la congregación; sino también en el templo empezaron las apariciones (fantasmales y espectros) debido a la misma influencia. Esta cosmovisión espiritista, ha hecho que los líderes no sean tenidos como responsables morales, sino como vidas manipuladas por satanás.

    Debo indicarles a mis lectores, que el tema aquí no es creer o dejar de creer en un mundo espiritual real que la Biblia, y no la experiencia; me dictan existente. El tema trata entonces, de la falta de profundidad Bíblica para asumir la responsabilidad moral y espiritual que como a hijos de Dios se nos imputa. A la vez, la capacidad en el Espíritu de “discernir” los espíritus. Pero déjenme explicar este concepto a la luz de la Biblia:

    “Amados, no crean a todo espíritu, sino prueben si los espíritus son de Dios. Porque muchos falsos profetas han salido al mundo”. 1 Juan 4:1 (RVA).

    Evidentemente, la palabra griega para espíritu es la misma, algo así como el aliento o viento que se respira, en sentido de “estar vivo”. En clara alusión a vida, sentido, pensamiento e intención. No obstante, el contexto y las palabras que acompañen la expresión; por ejemplo, “espíritu inmundo”, definen de qué clase de espíritu se está hablando. Así que debemos leer con atención del contexto.

    Cuando Juan exhorta a los hermanos a “no creer a todo espíritu, no se refiere a espíritus inmundos; sino al pensamiento o intención humana. El consejo del apóstol es probar los espíritus, o sea, someter esas intenciones visibles en las actitudes humanas a un filtro predeterminado en la Palabra de Dios. Una vez más, el asunto se aclarará a la luz de las Sagradas Escrituras. El creyente maduro y el líder en la Iglesia, se reconoce porque toma en serio la Palabra de Dios y la usa para pesar los espíritus. ¿Por qué? Porque hay muchos maestros o líderes falsos que están entre nosotros. Juan les indica el punto crucial para probar la intención del que se llama creyente: debe ser Cristocéntrico.

    En esto conozcan el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne procede de Dios, y todo espíritu que no confiesa a Jesús no procede de Dios. Este es el espíritu del anticristo, del cual han oído que había de venir y que ahora ya está en el mundo. 1 Juan 4:2-3 (RVA).

    Pareciera que en este punto hasta los falsos profetas están de acuerdo con nosotros los cristianos, sería difícil solo por medio de esta evidencia reconocer un espíritu (humano) malo. Pero si terminamos de leer el capítulo 4 de 1 de Juan; nos empezamos a encontrar con el agujero negro del cristianismo: la correcta práctica del amor.

    Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Y todo aquel que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. 1 Juan 4:7 (RVA).

    El que ama ha nacido de Dios. Así que no es cualquier clase de amor, ya que muchos aman de manera emocional y lo hacen profundamente y con evidencias, pero si no aman a la manera de la instrucción Bíblica, no han conocido a Dios, y dicho en otra dirección, quien no ha nacido de Dios, no puede amar así.

    La manera más sencilla e inequívoca de reconocer un espíritu anticristiano en una persona que se hace llamar hermano o hermana es por medio del amor que pregona y da. Aquí en este punto debemos ser cuidadosamente objetivos, porque estamos tentados a confundir las carencias en la personalidad de nuestros congéneres como una falta de amor. Pero debemos reconocer que también nuestra personalidad o forma de ser a veces es teñida de desamor. Entonces, es más profundo que solo ver un mal gesto, o una actitud indiferente en alguien; tiene que ver con la capacidad de menospreciar y hacer daño deliberadamente a los hermanos. Un pseudo líder que usa artimañas y mentiras para destruirte, solo porque no le caes bien, es un anticristo según Juan. Puede que alguien te haga daño o que tu le causes daño indirecto a alguien, pero eso no es un indicador de desamor, es solo indicador de que te falta o nos falta ser moldeados un poco más. Pero Juan insiste en la evidencia del amor al prójimo como meta de madurez cristiana:

    “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en expiación por nuestros pecados. Amados, ya que Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos unos a otros”. 1 Juan 4:10-11 (RVA).

    La conclusión de Juan es que, si Dios nos amó así, entonces así debemos amarnos unos a otros.

    Si bien es verdad que los espíritus inmundos existen, es verdad que existen bajo el gobierno soberano de Dios y no pueden hacer lo que les place, mucho menos cuando se trata de la Iglesia. Si analizáramos caso por caso los problemas en las congregaciones; nos daríamos cuenta de que son causados por debilidades del carácter humano, desobediencia, orgullo, poder, y falta de integridad. Y casi en ningún caso, excepto que Dios de permisos especiales, satanás tocaría de manera directa a la Iglesia.

    No debemos olvidar que Dios es el primero en pesar los espíritus humanos, veamos el versículo en dos versiones:

    “Todo camino del hombre es limpio en su propia opinión, pero el SEÑOR es el que examina los espíritus”. Proverbios 16:2 (RVA).

    “Al hombre le parece bueno todo lo que hace, pero el Señor es quien juzga las intenciones”. Proverbios 16:2 (DHH).

    Entonces, parte del trabajo del creyente es juzgar las intenciones, pero a la luz de la Biblia y no a la luz de la subjetividad o, dicho de otro modo, por sospechas carnales. Luego, el creyente maduro bíblicamente no debe culpar a satanás por sus debilidades de carácter y pecados. Ya Santiago decía que el hombre da a luz el pecado, de su propia concupiscencia. Es decir, de sus maquinaciones carnales.

    Debemos orar y consagrarnos al Señor en espíritu, alma y cuerpo.

  • Hijos como saetas en manos del valiente

     Cuando leo el salmo 127 me pregunto…¿Dónde está la clave de esta expresión sapiencial? Los versículos 1 al 2 del Salmo son una especie de introducción al tema de la provisión que viene de Dios, versus, aquella afanosa tarea por el bienestar que termina siendo una aflicción de espíritu.

    Acto seguido, los versículos 3-5 nos terminan de plantear el argumento del salmo; el cual está centrado en la importancia de la familia, por encima de las metas económicas y bienestar material.

    “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; No será avergonzado Cuando hablare con los enemigos en la puerta.” Salmos 127:3-5 RVR1960

    Empieza diciendo que, cuando los hijos son herencia de Dios; son tratados con estima, y son como saetas o lanzas en manos del valiente. En una pintoresca metáfora; Salomón describe a los hijos de la juventud como un arma poderosa que representa seguridad familiar.

    ¿Dónde estamos fallando, para ver cada vez más unas familias disfuncionales que no están generando seguridad; por el contrario mucho pesar?

    Es posible que estamos ignorando la primera parte del poema sapiencial, los versículos 1 y 2:

    “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño.” Salmos 127:1-2 RVR1960

    Si Dios está fuera de la vida familiar, todo se vuelve vano. Vano es edificar, vano es trabajar afanosamente por mejores condiciones, vano es madrugar para trabajar y acostarse tarde trabajando, para mejorar; si Dios está ausente. De seguro comeremos pan de dolores, si Dios no es parte de nuestra casa.

    Hemos fallado tanto y tan grave, que por trabajar para asegurar a los hijos, los hemos alejado. Ellos y ellas (hijos) no son malagradecidos, solamente no comprenden por qué papá y mamá los “abandonaron”. Lo que para papá y mamá era trabajo duro para comida, vestido y educación; para ellos es “abandono”.

    Estas posiciones no deben ser irreconciliables, si atendemos a tiempo el consejo de vida de la Palabra de Dios: no dejar de proveer para los nuestros, pero que esta provisión sea integral y no solo material, llenando a los hijos de regalos que ocupen el vacío de nuestra ausencia.

    Pero, ¿Se refiere este poema a una aseguranza para la vejez como he escuchado algunos sermones? Me atrevo a decir que no. Este pensamiento utilitarista no es el enfoque del salmo. Es más bien la honra que los hijos e hijas dan cuando propician no solo cuidado sino buen nombre.

    Hace poco asistí a una reunión junto a mi esposa, en la que una pareja de amigos; misioneros en África, nos invitaron. Ellos tienen dos hijos naturales o de sangre ya crecidos e independientes. Pero en su llamado misionero, adoptaron diez niños, que después de 17 años en el campo, estos diez se han quintuplicado en otros más que en el proceso adoptaron como parte del llamado de Dios. Al ver los videos documentales entendí este salmo mucho mejor. Aquellos muchachos ya grandes les llaman papá y mamá, y honran a Dios y a estos misioneros por el amor y el tiempo que ellos les han dedicado. ¡Que verdad tan poderosa este salmo, vista desde esta perspectiva!

    Los hijos e hijas, siendo niños requieren la Palabra de Dios, la disciplina, los límites y el buen ejemplo; y en eso los creyentes hemos fallado estrepitosamente. ¿Cuánto más habrán fallado los no creyentes? El resultado es la sociedad que tenemos hoy.

    Si los niños no son educados con respeto, amor y protección como vehículos disciplinares (la disciplina no son castigos indiscriminados, sino educación, corrección y límites), la adolescencia no solo será aquella que adolece de parámetros fisiológicos causados por la transición etaria (relativo a la edad) sino que adolecerá de herramientas prácticas para superar esa transición.

    Necesitamos más que nunca volver a la esencia de la voluntad de Dios para los hijos y para la familia. Y creo que la Biblia es el manual que no debemos desechar en la educación y corrección de nuestros hijos e hijas.

    Por favor, sea amoroso, comunicativo y esté lo más disponible posible para sus hijos, y lo demás será más y mejor comprendido por ellos.

  • Silencios

    “El grito se ahoga en culpable silencio; de quienes lo abandonaron camino al Gólgota, y de aquellos que lo torturaron, uniéndose también aquel que no encontró pecado en Él, y sin embargo, lo entregó lavándose las manos con el agua contaminada de la indiferencia”

    El pasaje que el etíope eunuco leía era este: “Como oveja a la muerte fue llevado; Y como cordero mudo delante del que lo trasquila, Así no abrió su boca.” Hechos 8:32 RVR1960

    El silencio de Jesús quien no abrió su boca para defenderse camino a la cruz, contrasta con el grito frenético de la multitud que decía: “Crucifícale”.

    Luego, el viernes y el sábado el grito se ahoga en culpable silencio; de quienes lo abandonaron camino al Gólgota, y aquellos que lo torturaron, uniéndose también aquel que no encontró pecado en Él, y sin embargo, lo entregó lavándose las manos con el agua contaminada de la indiferencia. Al final ¿quién es libre de tan cruel pecado?

    El silencio de Jesús fue sanidad para la humanidad. El silencio de la humanidad fue la culpa, aunque no necesariamente en arrepentimiento.

    El silencio en la tierra fue un grito de autoridad divina en las cortes celestiales, en los lugares celestes y en las profundidades del abismo. La victoria de Cristo no es una negociación es una reconquista.

    En esta semana, más que tradición; celebramos la épica victoria de Jesús El Cristo; que hemos hecho nuestra victoria por la Gracia divina.

     “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” Isaías 53:5 RVR1960.

    Jesús fue molido en sacrificio por nuestro pecado, y fue nuestra ofrenda de paz. Por sus llagas además, fuimos curados. Esta sanidad más que ser sanos de enfermedades físicas; es la sanidad del alma, que estaba desahuciada a muerte eterna.

    Venir a Cristo con esta clase de convicción y esperanza, es la vida eterna del alma. No sigamos en el silencio perturbador de la culpa, y unámonos al grito de victoria de Cristo: ¡Sorbida es la muerte en victoria!