• Dios quiere que conozcamos Su sabiduría

    Este es un articulo exacto y publicado por Coalicionporelevangelio.org. Basado en el libro Haz algo: Descubre la voluntad de Dios(Poiema Publicaciones, 2020), por Kevin DeYoung.

    El Editor

    Lo que los creyentes necesitamos para vivir una vida piadosa es sabiduría. Dios no nos dice el futuro, ni espera que lo adivinemos. Cuando no sabemos hacia dónde ir y tenemos que enfrentar decisiones difíciles en la vida, Dios no espera que andemos a tientas en la oscuridad tratando de encontrar Su voluntad en Su dirección. Él espera que confiemos en Él y seamos sabios.

    Dios quiere que conozcamos Su sabiduría

    La Palabra de Dios es viva y eficaz. Cuando leemos la Biblia, escuchamos a Dios con una seguridad que no encontramos en ningún otro libro y en ninguna otra voz. Podemos leer las Escrituras sabiendo que esto es lo que dice el Espíritu Santo. Y a medida que las leemos, las releemos, las meditamos y las digerimos, llegaremos a tener «la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús» (2 Ti 3:15).

    Pero la Biblia no es un libro de casos. No nos da información explícita sobre el noviazgo o las carreras, o sobre cuándo empezar una iglesia o comprar una casa. Todos hemos deseado que la Biblia fuera ese tipo de libro, pero no lo es, porque Dios está más interesado en algo más que el hecho de que podamos cumplir con Su listado de tareas: Él quiere nuestra transformación.

    Dios quiere que lo conozcamos íntimamente

    Dios no solo quiere que obedezcamos Sus mandamientos de manera externa. Él quiere que lo conozcamos tan íntimamente que Sus pensamientos se conviertan en nuestros pensamientos, Sus caminos en nuestros caminos, Sus deseos en nuestros deseos. Dios quiere que bebamos tan profundamente de las Escrituras que nuestras mentes y corazones sean transformados para que podamos amar lo que Él ama y odiar lo que Él odia. Romanos 12:1-2es el texto clásico sobre este tipo de transformación espiritual:

    Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes. Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto.

    Aquí hay tres mandamientos: (1) Ofrecer nuestros cuerpos como sacrificios vivos, (2) no amoldarnos al mundo actual, (3) ser transformados mediante la renovación de nuestras mentes. Si hacemos estas tres cosas, podremos discernir cuál es la voluntad de Dios. Así funciona la vida cristiana. No hay atajos. Dios quiere que nos ofrezcamos a Él por completo, que nos apartemos de los caminos del mundo y así seamos transformados. Solo entonces tendremos algo mejor que revelaciones especiales sobre el futuro. Tendremos sabiduría.

    Dios quiere que desarrollemos un gusto por la piedad

    Mi esposa, Trisha, no aprecia mi —¿cómo decirlo?— paladar sensible. La verdad: soy difícil para comer. Hay demasiadas comidas que no me gustan, y puedo detectar muy fácilmente cuando hay algún ingrediente nuevo en una receta que ya es familiar. Así debiéramos ser con la Palabra de Dios. Debemos ingerirla y digerirla con tanta regularidad que lleguemos a desarrollar un gusto por la piedad. Eso es sabiduría.

    La sabiduría es la diferencia entre conocer a un biólogo de clase mundial que pueda escribir tus ensayos por ti y aprender de un biólogo de clase mundial para poder escribir ensayos como él.

    Muchos de nosotros queremos que Dios sea un académico de clase mundial que escriba nuestros ensayos y viva nuestras vidas, pero Dios quiere que nos sentemos a Sus pies y leamos Su Palabra para poder vivir una vida que refleje a Su Hijo. Dios no quiere revelarnos el futuro por una sencilla pero profunda razón: nos convertimos en aquello que contemplamos. Dios quiere que le contemplemos en Su gloria para ser transformados a Su semejanza (2 Co 3:18). Si Dios nos resolviera todo, no tendríamos que confiar en Él ni aprender a deleitarnos en Su gloria. Dios dice: «No te voy a dar una bola de cristal. Te voy a dar mi Palabra. Medita en ella; contémplame en ella; sé como yo».

    Busca la sabiduría de Dios en comunidad

    Los sabios leen y memorizan la Escritura. Les encanta escuchar a otros leerla, predicarla y cantarla. Pero los sabios también saben que necesitan leer la Biblia en comunidad. Necesitamos escuchar lo que dicen los demás cristianos que leen sus Biblias. Si queremos tomar decisiones sabias, debemos buscar el consejo de los demás. Esto es particularmente importante al tomar decisiones amorales o decisiones sobre asuntos que no se tratan claramente en las Escrituras. Esto no quiere decir que tenemos que hacer lo que crea la mayoría, ni que las decisiones que tomemos tienen que agradarle a todo el mundo, ni que debemos consultar a todo cristiano que tengamos cerca. Pero cuando la Palabra de Dios no habla decisivamente, o cuando el tema que tienes por delante ni siquiera es mencionado en la Escritura, es sabio escuchar a otros cristianos.

    Considera estas palabras de Proverbios:

    El sabio oirá y crecerá en conocimiento,
    Y el inteligente adquirirá habilidad (1:5).

    El camino del necio es recto a sus propios ojos, Pero el que escucha consejos es sabio (12:15).

    Sin consulta, los planes se frustran,
    Pero con muchos consejeros, triunfan (15:22).

    Escucha el consejo y acepta la corrección,
    Para que seas sabio el resto de tus días (19:20).

    Una de las virtudes que más aprecio en los demás, y una que espero reflejar, es el ser enseñable. ¿Estás dispuesto a cambiar tu parecer cuando el argumento de otro tiene más peso que el tuyo? ¿Estás dispuesto a escuchar un buen consejo de otros labios que no sean los tuyos, y que tal vez contradiga tus ideas preconcebidas? ¿Estás dispuesto a decir: «Eso no se me había ocurrido» o «Puedo ver tu punto»? Si nadie te ha escuchado cambiar de opinión acerca de algo, o eres un dios o te crees que lo eres. Puedo decir sin temor a equivocarme que tomo mejores decisiones cuando las consulto con mi esposa. Tomo mejores decisiones cuando lo hago junto con los demás pastores de mi iglesia. Soy más sabio cuando escucho primero a mis amigos.

    Por supuesto, muchas veces tienes que decidir las cosas por ti mismo. En ocasiones tendrás que ir contra la corriente porque sabes que es lo correcto. Pero para la mayoría de nuestras decisiones, haría mucho bien el simplemente preguntar a otro: «¿Qué piensas?». Nos la pasamos preguntándole a Dios: «¿Cuál es tu voluntad?», cuando Él probablemente está pensando: «Pues, consíguete un amigo. Ve y habla con alguien. Por algo redimí a tantas personas: cometen menos errores cuando hablan entre ustedes. Pide consejo».

    Artículo completo: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/dios-quiere-conozcamos-sabiduria-vida-piadosa/

    Kevin DeYoung (MDiv, Seminario Teológico Gordon-Conwell) es pastor principal de la Iglesia Christ Covenant en Matthews, Carolina del Norte, presidente de la junta de The Gospel Coalition, profesor asistente de teología sistemática en el Seminario Teológico Reformado(Charlotte) y candidato a doctorado en la Universidad de Leicester. Es autor de numerosos libros, incluyendo Just Do Something. Kevin y su esposa, Trisha, tienen siete hijos.

  • Dios intenta matar a Moisés

    “En su camino a Egipto, Moisés se detuvo en un sitio para pasar la noche. El SEÑOR se encontró con Moisés en ese lugar e intentó matarlo.” Éxodo 4:24 (PDT).

    El anterior es sin duda un texto de difícil comprensión, y de sentido oscuro en cuanto a su interpretación. De hecho, de las varias explicaciones que hay; ninguna llenaría por completo la expectativa de casi nadie.

    En este artículo pretendo dar mi punto de vista, pero sobretodo encontrar aplicación práctica para nuestro caminar cristiano.

    Para ponernos en perspectiva; la postura más popular es que en este hecho, Dios demanda a Moisés el cumplimiento ritual de la circuncisión, y evidentemente su hijo no estaba circuncidado. Incluso algunos también argumentan que Moisés mismo no estaba circuncidado; pero es bastante improbable siendo que a Moisés lo crío su propia madre para la hija de Faraón.

    Por esas razones; esta postura es algo débil; porque posiblemente el incumplimiento de una ley ceremonial debía tener en primer lugar una advertencia  de parte de Dios, y en segundo lugar;  una consecuencia a una falta grave como esta, caería en la persona directamente transgresora; en este caso el no circuncidado (el niño). Recordar en este aspecto que, los que no se circuncidaban quedaban fuera del pueblo de Dios. En este relato, el ataque no es en contra del incircunciso, sino de Moisés.

    Así que, en mi análisis lo que veo a priori es la significación (imagen retórica) de la  forma en que Dios modela  lo que pasará con los primogénitos de Egipto y de aquellos de Israel que no estuvieran  bajo la protección del pacto de sangre – la  circuncisión desde Abraham, fue un pacto de Dios con los patriarcas y sus descendientes los israelitas – por lo tanto, todo Israel estaba bajo pacto.

    Si hacemos una tarea responsable, debemos empezar por respetar el contexto; o sea, lo que tratan los versos anteriores y posteriores al versículo 24 que es el polémico. En los versículos 22 y 23 el tema central, es el primogénito y su primogenitura (primogenitura como categoría legal que otorgaba derechos, deberes y privilegios al primogenito).

    Luego, en el contexto posterior el versículo 25, la referencia a la circuncisión es una respuesta de fe, relacionada con el pacto de sangre (Séfora le dijo a Moisés: tu eres mi esposo de sangre) esto significa; esposo  bajo el pacto de la circuncisión, y no fue un cumplimiento meramente ritual.

    Por lo tanto, vemos en contexto anterior el tema de primogenitura o propiedad de Dios. Y vemos además, en el contexto posterior; el concepto de pacto de Dios con Moises y con Israel para protección.

    Por eso Dios dice: ““Luego le dirás al faraón: “El SEÑOR dice: Israel es mi hijo mayor,” Éxodo 4:22 PDT.

    Si Israel es para Dios el hijo mayor; entonces es el primogénito, y como tal es su pertenencia, y heredero de las promesas de Dios. Por ejemplo, la promesa de llevarlos a Canaán. Luego, también implicaba que Israel era propiedad de Dios pero Faraón los tenía esclavizados y no les permitía ir a adorar a Dios, su padre y dueño. Es aquí donde se genera un correlato en la historia (relación de similitudes y contrastes) entre los primogénitos egipcios en libertad y supremacía; contra los primogénitos de Israel que estaban esclavizados y subyugados a la humillación constante. Hay también otros correlatos con lo que llamamos una teología sistemática que se va desarrollando en los escritos de los profetas, y en los escritos del Nuevo Testamento. Me refiero, a que toda la tipología en los primeros cinco libros de la Biblia, son a la vez, referencias del cumplimiento en tiempo y forma; de los planes de salvación en Cristo. Es por esto, que Pablo señala que Cristo es el primogénito de todo en el sentido de ostentar todos los derechos y privilegios de heredero; con quien los creyentes somos coherederos.

    Cómo podemos ver, Dios esta en disputa directa con Faraón quien se ve a sí mismo a la altura de Dios. Veamos:

    “insisto en que liberes a mi hijo para que venga a adorarme. Si te niegas a librarlo, mataré a tu hijo mayor”. Éxodo 4:23 PDT.

    De antemano, Faraón y Moisés sabían de la amenaza que se cernía sobre los primogénitos de Egipto; pues Dios ya lo había anunciado. Así las cosas, el tema central es; “si no me devuelves a mi primogénito Israel; tus primogénitos morirán”.

    Luego entonces, entendemos el simbolismo propio de la tipología Bíblica del Antiguo Testamento, y vamos comprendiendo con la ayuda del Espíritu Santo; las enseñanzas enraizadas. Por eso cuando Séfora circuncida a su hijo, y con el prepucio toca a su esposo en los pies, ella actúa bajo convicción y concluye que aquel acto no solamente es una ceremonia, sino que también es un sometimiento a Dios. De esta manera se va corriendo el velo de la revelación de Dios en estos actos, y aquí comprendemos que Dios  guardará a los primogénitos de Israel en el día del juicio sobre Egipto; por mediación de sangre. Recordemos la sangre en las puertas de las casas judías durante la peste que mató a los primogénitos Egipcios.

    Aquí hay lecciones para Moisés y su familia, como aplicaciones prácticas para nosotros los creyentes.

    Para Moisés y su familia, y para el mismo Israel; era un sello del llamamiento serio que Dios estaba haciéndole a Moisés, así como serio era el compromiso de hacer las cosas de acuerdo a las reglas ya establecidas por Dios para Israel, a través de los diferentes pactos que Dios desarrolló con ese pueblo desde los patriarcas; por ejemplo la circuncisión.

    Para nosotros, es importante destacar que fuera del pacto (en nuestro caso es el nuevo pacto en Cristo) no tenemos protección ni seguridad. Ciertamente, más adelante los profetas empiezan a hablar del cordero y del siervo sufriente en esa alusión expiatoria.

    También Pablo nos habla acerca de la circuncisión del corazón, no ya del prepucio. O sea, el compromiso del nuevo pacto en Cristo; deja de ser externo (rito ceremonial de cortar prepucio) y se centra en el interior (el corazón).

    “Uno es verdaderamente judío cuando lo es en su interior. La verdadera circuncisión está en el corazón y se hace por el Espíritu, y no por lo que está escrito. El que tiene la circuncisión de corazón, por el Espíritu recibe la aprobación de Dios y no la de los demás.” Romanos 2:29 PDT.

    Podemos hacer algunas conclusiones a este texto:

    1. Para Moisés, la experiencia era vital para vitalizar su confianza en Dios, pues será la voz de Dios mismo ante faraón.
    2. Para Séfora, una mujer que no ignoraba el tema de la circuncisión; fue clave para obedecer y preparar a su familia para integrarse a una nación extraña para todos.
    3. Para nosotros los creyentes de hoy; sabemos por la Biblia, que Dios es un Dios de pactos. Y esos pactos siempre fueron diseñados para bendecir y proteger al pueblo suyo.

    Moisés y Séfora, ahora estaban preparados para el día en que las tinieblas de la angustia, penetrarían Egipto. Y también nosotros, sólo podremos estar preparados para obedecer y adorar a Dios, si somos libres de todo lo que esclaviza nuestra vida y que nos propicia más servidumbre. Esta libertad tiene un costo que ya fue pagado por Cristo en la cruz, pero demanda una disposición y actitud que depende solo de nosotros y es disposición a la fe. Como el escritor de hebreos 11:6 escribiera: “sin fe es imposible agradar a Dios”.

  • El momento preciso

    “Acerquémonos, pues, llenos de confianza a ese trono de gracia, seguros de encontrar la misericordia y el favor divino en el momento preciso”. (LPH).

    Gracia. (gr. Járis): Merecer aprobación inmerecida. Bondad inmerecida. Favor no merecido. (como gratificante), de manera o acción (abstracto o concreto; literalmente, figuradamente o espiritual; específicamente la influencia divina sobre el corazón, y su reflejo en la vida; inclusivamente gratitud).

    Misericordia. (gr. Éleos): Misericordia, compasión activa, ya sea divina (o humana). La implicación es entonces, una compasión que actúa en favor del menesteroso otorgándole un bienestar que no merece.

    Prerrogativa: Facultad, privilegio o concesión atribuida.

    I.          La gracia de Dios como punto de partida: ¿Qué es?

    La gracia es una prerrogativa divina y no un requisito divino. Dios no debe nada a nadie, y cuando Él otorga un beneficio es esencialmente gracia. Si se demanda algo a Dios, ya no es gracia, es justicia. Por lo tanto, la gracia es un favor inmerecido o no adquirido. Recibimos lo que no merecemos.

    Distinguiremos la gracia en dos dimensiones operativas: gracia común y gracia especial.

    i.          GRACIA COMÚN: Es el favor de Dios para toda la humanidad y la creación.

    ii.         GRACIA ESPECIAL: La gracia especial define entonces, la obra salvífica de Dios, en la cual Dios se involucra de manera activa en salvar.

    “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; …”. Efesios 2:8 (RV60).

    “aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)”. Efesios 2:5 (RV60).

    La gracia pregona libertad adquirida por confiar en Cristo, depositando nuestra fe en que es Cristo quien nos acerca al Padre (sentado en el trono de gracia). Poner la esperanza de santidad y salvación en otro medio, o esfuerzos propios, es desligarnos de Cristo.

    “Si ustedes quieren estar bien con Dios por la ley, entonces se habrán apartado de Cristo, se habrán alejado del generoso amor de Dios” Gálatas 5:4 (PDT).

    El punto de partida es la Gracia divina, que nos permite “acercarnos” a su trono de bondad.

    II.         La misericordia de Dios como causa de la Gracia divina

    La misericordia como un acto compasivo de Dios, es en esencia cuando NO recibimos el trato o castigo que merecemos:

    Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, Ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, Engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Salmos 103:8-11 (RV60)

    i.          Nótese que esta misericordia impartida, es para con los que le temen.

    ii.         Hemos manejado la idea que Dios es misericordioso para con todos, y no es bíblica y teológicamente correcto pensar así. Dios es misericordioso, o sea, no dará el pago que merece quien teme a Dios, pero al rebelde le dará su pago completo en justicia.

    iii.        Los impíos recibirán justicia de Dios, los salvos recibirán misericordia; y todo como un acto de bondad divina llamado “GRACIA”.

    La misericordia es entonces, un atributo moral de Dios. Aunque los humanos reflejamos algunos atributos morales de Dios, no somos en esencia eso que reflejamos. Dios sí lo es.

    i.          Podemos tener misericordia, pero no somos en esencia misericordiosos. Dios sí.

    ii.         Podemos amar, pero no somos en esencia amor. Dios sí lo es.

    III.        La santidad como efecto de la Gracia divina

    “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. 2 corintios 7:1 (RV60).

    Pablo habla de perfeccionar la santidad. No se perfecciona algo que no existe. Lo que en teología se llama: el estado de la santidad, o sea, cuando Cristo nos limpia y nos purifica en santidad para Dios.

    La expresión de Pablo, “limpiémonos”; es un verbo especial que indica algo ya completado. Pero una acción que, aunque completada; se convierte en un anhelo (verbo aoristo).

    La expresión de Pablo, “perfeccionando”; es un verbo activo en presente, o sea, una tarea hoy, más tarde, y mañana (constante).

    Concluimos que, todo empieza por la gracia de Dios, para llegar a alcanzar misericordia, ambas acciones de Dios. Y esa misericordia será en el momento oportuno. Ese momento oportuno está relacionado con la salvación. Y la salvación como fin divino, se refleja en nueva vida y santidad hoy y hasta la eternidad.

  • Jesús y las emociones: Biblia y psicología

    Hay abundantes opiniones de escritores cristianos y de pastores no escritores, a favor y en contra, de la psicología. Algunos han expresado desacuerdo respecto a la psicología como ciencia, me refiero; a que no creen que la psicología sea una ciencia y mucho menos, que sea adecuada su aplicación en el método y la práctica cristiana.

    Por mi parte no me uniré a un bando. Sino que seguiré mi criterio profesional tanto en lo teológico como en el método psicológico para llegar a concluir que la Biblia; como rectora de conceptos universales en todos los ámbitos, nos dibuja lo que en la teoría psicológica abunda respecto al comportamiento humano y al manejo de las emociones. Veremos algunos ejemplos en los que Jesús nos manda y modela, un manejo preferido de algunas de las emociones.

    Primeramente ­¿Cuáles son las emociones primarias, y qué son?

    “Las emociones son estados afectivos que experimentamos. Son reacciones al ambiente que vienen acompañadas de cambios orgánicos -fisiológicos y endocrinos (hormonales)- de origen innato (congénito)”. (Marta Guerri. (2023). PsicoActiva. https://www.psicoactiva.com/blog/que-son-las-emociones/. Párr. 4).

    Se consideran seis emociones base según el psicólogo Paul Eckman; las cuales son: miedo, aversión, ira, tristeza, sorpresa y alegría. Siendo estas emociones, reacciones automáticas como respuesta a estímulos externos; nos encontramos biológicamente diseñados para responder de una manera u otra, pero nunca para no sentir y salir indemnes (sin afectación) de situaciones cotidianas de la vida, que nos harán sentir en el cuerpo en menor o mayor grado, uno o más síntomas como: taquicardia, sudoración, sonrojo, frio, escalofrío, náuseas, etc., todo ello dependiendo del tipo de impacto emocional – ambiental.

    La pregunta clave que todos nos hacemos de una u otra manera, y que escuchamos mas hoy que ayer, es ¿cómo manejar esas emociones o reacciones que no podemos evitar? Bueno, aunque Daniel Goleman nos trajo el tema de la inteligencia emocional como una teorización del comportamiento humano en el manejo adecuado de estas emociones; para los creyentes cristianos, Jesús nos dice mucho acerca del cómo en diversas circunstancias en las que Él se vio involucrado, y es aquí donde podemos conectar con algunas de esas experiencias. Y no pretendo traer un ejemplo para cada emoción, sino mostrar la validez de las emociones en la misma vida de Jesús:

    1. Jesús se enojó

    Después que llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el templo y comenzó a echar de allí a los que estaban vendiendo y comprando. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero a la gente, y los puestos de los que vendían palomas; y no permitía que nadie pasara por el templo llevando cosas. Y se puso a enseñar, diciendo: —En las Escrituras dice: “Mi casa será declarada casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes han hecho de ella una cueva de ladrones. Marcos 11:15-17 (DHH).

    Jesús estaba indignado verdaderamente. No fue “una ira santa” como pretendemos a veces suavizar la situación en defensa de Cristo. Y es que, aunque en el Antiguo Testamento se habla en algunos contextos del “celo” del Señor, la connotación es igualmente un enojo cuya causa está relacionada con la fe en Dios. Es el mismo enojo que usted y yo sentimos cuando alguien escarnece o se burla de las cosas de Dios, o dice y hace cosas que no son bíblicamente aceptables. La pregunta sigue en el aire. ¿Cómo responderemos ante ese sentimiento de enojo? Depende de cuál sea la respuesta caeríamos en pecado contra Dios, aun en nombre de Dios.

    Por eso Pablo a los efesios les dice: “airaos o enójense, pero no pequen; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Ef. 4:26). Evidentemente el consejo no es reprimir, es manejar el enojo en intensidad y tiempo adecuados para salud emocional y convivencia social.

    Volviendo a Jesús, no tomaré el tiempo en esta ocasión para hacer una exégesis e interpretación del sentido de esta historia de Jesús limpiando el templo de aquella profanación. Pero diré, que las circunstancias que llevaron a Jesús para expresar su enojo tan visiblemente claro; eran perfectamente comprendidas por sus seguidores y por los aludidos directamente con el azote. También estoy seguro de que, si alguno de aquellos comerciantes comprendió el mensaje y se arrepintió, fue perdonado por el Maestro.

    ¿Cómo gestionó Jesús su enojo? Primeramente, haciendo algo concreto para que aquella situación cambiara. Y acto seguido, trabajar para mejorar la situación, enseñándoles a todos: “Y se puso a enseñar, diciendo: —En las Escrituras dice: “Mi casa será declarada casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes han hecho de ella una cueva de ladrones…”.

    El enojo o la ira, es una emoción que Jesús vivió porque era humano y su biología no era diferente a la nuestra. No pecó en su reacción puesto que no causó un daño contra el prójimo, y como buen judío enseñó la manera en que debían seguir haciéndolo para no pecar contra Dios en el Templo.

    2. Jesús se entristeció

    Les dijo: —Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quédense ustedes aquí, y permanezcan despiertos. Marcos 14:34 (DHH).

    En el hermoso huerto de Getsemaní, un lugar para relajarse; Jesús sintió la tristeza más tenebrosa de la misma muerte.

    Cuando una persona experimenta esta emoción de tristeza profunda, suceden dos cosas: 1 hay pánico de muerte con escalofríos y rigidez del cuerpo típicos de los síntomas somáticos de una depresión, y 2 se experimenta soledad en compañía, o sea, la persona vive el miedo de estar sola aún cuando a su lado esta la familia, los amigos y los médicos. Es un momento de estar cara a cara con lo desconocido.

    Jesús sabía que moriría y era uno de sus propósitos eternos, pero experimentó biológicamente el miedo de enfrentar el abandono de sus amigos, y percibir el abandono de su Padre. Él iría hacia lo desconocido porque morir era una experiencia desconocida y aterradora para él.

    ¿Cómo gestionó Jesús esta emoción profunda? Primeramente, manteniendo firme sus convicciones al orar al Padre. Segundo, pidiendo a los discípulos (su familia) que velaran con él mientras vivía aquella situación traumática. Y esto debe ser una base para quienes experimentan ataques de ansiedad y ataques de pánico de muerte. ¿Harías lo que Jesús? Eso depende de la firmeza de tus convicciones. Sin embargo, el apoyo psicológico y médico, no deben ser menospreciados por la fe. Ya que no hay ninguna referencia bíblica que así lo mande a los creyentes.

    3. Jesús se sorprendió

    “Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe…” Mateo 8:10 (RV60).

    Esta expresión de sorpresa de Jesús se da por la fe que el jefe militar romano puso en él, comparando esa fe con la de muchos de sus propios hermanos judíos. Es claro que Jesús se lleva una grata sorpresa al entender lo que Dios estaba haciendo en los corazones de los no judíos. Esta emoción que permite una reorientación del ser pensante; permite a Jesús aprovechar la oportunidad para exhortar a los que deberían haber creído primero, y seguían rechazando el mensaje y al mensajero.

    Es importante que sigamos siendo capaces de sorprendernos, porque eso nos permite reorganizarnos y reenfocarnos, sobre todo cuando la rutina nos adormece. Esta es una emoción muy importante en temas de pareja, en temas de fe y aquellas cuestiones de la vida que requieren ser vitaminadas.

    Hasta aquí, he querido solamente dar algunas referencias de cómo Jesús experimentó, manifestó y respondió a su emocionalidad. Hay muchos otros ejemplos que podríamos añadir:

    ¿Qué sintió al saber que su amigo Lázaro había muerto, y cómo se sintió al verlo salir de la tumba resucitado? ¿Qué emociones y sentimientos experimentó cuando entraba a Jerusalén y era vitoreado, pero también; qué sentiría al ser abucheado, escarnecido y condenado por la multitud que pedía su crucifixión? ¿Cómo se sentía Jesús al estar con sus padres, sus hermanos, y amigos como los discípulos, y con sus amigas Marta y María? etc.

    Cuando la Iglesia trata de proteger la integridad moral de Jesus (hombre – Dios), pierde la oportunidad de mirar al humano que nos comprende puesto que experimentó todo cuanto experimentamos nosotros hoy. Y peor aún, perdemos la oportunidad de comprender que las emociones que experimentamos no nos convierten en pecadores, pero nos dan la oportunidad de gestionarlas acorde a sus enseñanzas, permitiéndonos evolucionar como seres humanos y espirituales.

    Pues nuestro Sumo sacerdote puede compadecerse de nuestra debilidad, porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; sólo que él jamás pecó. Hebreos 4:15 (DHH).

    A todas luces las emociones no son una debilidad, sino parte de nuestra constitución biológica para formular respuestas adaptativas a partir del estímulo.

    Lo que la Biblia sí nos enseña, es que la forma de responder (gestionar) a esa emocionalidad, podría ser nuestra oportunidad de honrar a Dios, o deshonrarlo; en tal caso nos haríamos daño a nosotros mismos.

    Por ejemplo, cuando una persona responde de manera desadaptativa se auto inflige daño y daña a personas cercanas emotiva y socialmente por medio de drogas, alcohol, amargura, rencor, suicidio, etc.

    Si Cristo, nuestro sumo sacerdote se puede identificar con nuestra debilidad (dependencia al estímulo – respuesta) por empatía, nosotros como creyentes podemos tener tal empatía para con el prójimo. Y a esto llamaremos inteligencia emocional. La cual puede ser incluso medida diferente de una persona a otra.

    “Daniel Goleman, explica que la Inteligencia Emocional es el conjunto de habilidades que sirven para expresar y controlar los sentimientos de la manera más adecuada en el terreno personal y social. Incluye, por tanto, un buen manejo de los sentimientos, motivación, perseverancia, empatía o agilidad mental. Justo las cualidades que configuran un carácter con una buena adaptación social”. (Marta Guerri. (2023). PsicoActiva. https://www.psicoactiva.com/blog/que-son-las-emociones/. Párr. 7).

    ¿Podemos alcanzar cada vez mayor inteligencia emocional? Claro que sí, podemos adquirir inteligencia emocional como algo preciado. La sabiduría bíblica nos lleva por este camino constantemente, ejemplo:

    “Feliz el que halla sabiduría y adquiere inteligencia”. Proverbios 3:13 (NBV)