Hay abundantes opiniones de escritores cristianos y de pastores no escritores, a favor y en contra, de la psicología. Algunos han expresado desacuerdo respecto a la psicología como ciencia, me refiero; a que no creen que la psicología sea una ciencia y mucho menos, que sea adecuada su aplicación en el método y la práctica cristiana.
Por mi parte no me uniré a un bando. Sino que seguiré mi criterio profesional tanto en lo teológico como en el método psicológico para llegar a concluir que la Biblia; como rectora de conceptos universales en todos los ámbitos, nos dibuja lo que en la teoría psicológica abunda respecto al comportamiento humano y al manejo de las emociones. Veremos algunos ejemplos en los que Jesús nos manda y modela, un manejo preferido de algunas de las emociones.
Primeramente ¿Cuáles son las emociones primarias, y qué son?
“Las emociones son estados afectivos que experimentamos. Son reacciones al ambiente que vienen acompañadas de cambios orgánicos -fisiológicos y endocrinos (hormonales)- de origen innato (congénito)”. (Marta Guerri. (2023). PsicoActiva. https://www.psicoactiva.com/blog/que-son-las-emociones/. Párr. 4).
Se consideran seis emociones base según el psicólogo Paul Eckman; las cuales son: miedo, aversión, ira, tristeza, sorpresa y alegría. Siendo estas emociones, reacciones automáticas como respuesta a estímulos externos; nos encontramos biológicamente diseñados para responder de una manera u otra, pero nunca para no sentir y salir indemnes (sin afectación) de situaciones cotidianas de la vida, que nos harán sentir en el cuerpo en menor o mayor grado, uno o más síntomas como: taquicardia, sudoración, sonrojo, frio, escalofrío, náuseas, etc., todo ello dependiendo del tipo de impacto emocional – ambiental.
La pregunta clave que todos nos hacemos de una u otra manera, y que escuchamos mas hoy que ayer, es ¿cómo manejar esas emociones o reacciones que no podemos evitar? Bueno, aunque Daniel Goleman nos trajo el tema de la inteligencia emocional como una teorización del comportamiento humano en el manejo adecuado de estas emociones; para los creyentes cristianos, Jesús nos dice mucho acerca del cómo en diversas circunstancias en las que Él se vio involucrado, y es aquí donde podemos conectar con algunas de esas experiencias. Y no pretendo traer un ejemplo para cada emoción, sino mostrar la validez de las emociones en la misma vida de Jesús:
- Jesús se enojó
Después que llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el templo y comenzó a echar de allí a los que estaban vendiendo y comprando. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero a la gente, y los puestos de los que vendían palomas; y no permitía que nadie pasara por el templo llevando cosas. Y se puso a enseñar, diciendo: —En las Escrituras dice: “Mi casa será declarada casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes han hecho de ella una cueva de ladrones. Marcos 11:15-17 (DHH).
Jesús estaba indignado verdaderamente. No fue “una ira santa” como pretendemos a veces suavizar la situación en defensa de Cristo. Y es que, aunque en el Antiguo Testamento se habla en algunos contextos del “celo” del Señor, la connotación es igualmente un enojo cuya causa está relacionada con la fe en Dios. Es el mismo enojo que usted y yo sentimos cuando alguien escarnece o se burla de las cosas de Dios, o dice y hace cosas que no son bíblicamente aceptables. La pregunta sigue en el aire. ¿Cómo responderemos ante ese sentimiento de enojo? Depende de cuál sea la respuesta caeríamos en pecado contra Dios, aun en nombre de Dios.
Por eso Pablo a los efesios les dice: “airaos o enójense, pero no pequen; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Ef. 4:26). Evidentemente el consejo no es reprimir, es manejar el enojo en intensidad y tiempo adecuados para salud emocional y convivencia social.
Volviendo a Jesús, no tomaré el tiempo en esta ocasión para hacer una exégesis e interpretación del sentido de esta historia de Jesús limpiando el templo de aquella profanación. Pero diré, que las circunstancias que llevaron a Jesús para expresar su enojo tan visiblemente claro; eran perfectamente comprendidas por sus seguidores y por los aludidos directamente con el azote. También estoy seguro de que, si alguno de aquellos comerciantes comprendió el mensaje y se arrepintió, fue perdonado por el Maestro.
¿Cómo gestionó Jesús su enojo? Primeramente, haciendo algo concreto para que aquella situación cambiara. Y acto seguido, trabajar para mejorar la situación, enseñándoles a todos: “Y se puso a enseñar, diciendo: —En las Escrituras dice: “Mi casa será declarada casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes han hecho de ella una cueva de ladrones…”.
El enojo o la ira, es una emoción que Jesús vivió porque era humano y su biología no era diferente a la nuestra. No pecó en su reacción puesto que no causó un daño contra el prójimo, y como buen judío enseñó la manera en que debían seguir haciéndolo para no pecar contra Dios en el Templo.
2. Jesús se entristeció
Les dijo: —Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quédense ustedes aquí, y permanezcan despiertos. Marcos 14:34 (DHH).
En el hermoso huerto de Getsemaní, un lugar para relajarse; Jesús sintió la tristeza más tenebrosa de la misma muerte.
Cuando una persona experimenta esta emoción de tristeza profunda, suceden dos cosas: 1 hay pánico de muerte con escalofríos y rigidez del cuerpo típicos de los síntomas somáticos de una depresión, y 2 se experimenta soledad en compañía, o sea, la persona vive el miedo de estar sola aún cuando a su lado esta la familia, los amigos y los médicos. Es un momento de estar cara a cara con lo desconocido.
Jesús sabía que moriría y era uno de sus propósitos eternos, pero experimentó biológicamente el miedo de enfrentar el abandono de sus amigos, y percibir el abandono de su Padre. Él iría hacia lo desconocido porque morir era una experiencia desconocida y aterradora para él.
¿Cómo gestionó Jesús esta emoción profunda? Primeramente, manteniendo firme sus convicciones al orar al Padre. Segundo, pidiendo a los discípulos (su familia) que velaran con él mientras vivía aquella situación traumática. Y esto debe ser una base para quienes experimentan ataques de ansiedad y ataques de pánico de muerte. ¿Harías lo que Jesús? Eso depende de la firmeza de tus convicciones. Sin embargo, el apoyo psicológico y médico, no deben ser menospreciados por la fe. Ya que no hay ninguna referencia bíblica que así lo mande a los creyentes.
3. Jesús se sorprendió
“Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe…” Mateo 8:10 (RV60).
Esta expresión de sorpresa de Jesús se da por la fe que el jefe militar romano puso en él, comparando esa fe con la de muchos de sus propios hermanos judíos. Es claro que Jesús se lleva una grata sorpresa al entender lo que Dios estaba haciendo en los corazones de los no judíos. Esta emoción que permite una reorientación del ser pensante; permite a Jesús aprovechar la oportunidad para exhortar a los que deberían haber creído primero, y seguían rechazando el mensaje y al mensajero.
Es importante que sigamos siendo capaces de sorprendernos, porque eso nos permite reorganizarnos y reenfocarnos, sobre todo cuando la rutina nos adormece. Esta es una emoción muy importante en temas de pareja, en temas de fe y aquellas cuestiones de la vida que requieren ser vitaminadas.
Hasta aquí, he querido solamente dar algunas referencias de cómo Jesús experimentó, manifestó y respondió a su emocionalidad. Hay muchos otros ejemplos que podríamos añadir:
¿Qué sintió al saber que su amigo Lázaro había muerto, y cómo se sintió al verlo salir de la tumba resucitado? ¿Qué emociones y sentimientos experimentó cuando entraba a Jerusalén y era vitoreado, pero también; qué sentiría al ser abucheado, escarnecido y condenado por la multitud que pedía su crucifixión? ¿Cómo se sentía Jesús al estar con sus padres, sus hermanos, y amigos como los discípulos, y con sus amigas Marta y María? etc.
Cuando la Iglesia trata de proteger la integridad moral de Jesus (hombre – Dios), pierde la oportunidad de mirar al humano que nos comprende puesto que experimentó todo cuanto experimentamos nosotros hoy. Y peor aún, perdemos la oportunidad de comprender que las emociones que experimentamos no nos convierten en pecadores, pero nos dan la oportunidad de gestionarlas acorde a sus enseñanzas, permitiéndonos evolucionar como seres humanos y espirituales.
Pues nuestro Sumo sacerdote puede compadecerse de nuestra debilidad, porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; sólo que él jamás pecó. Hebreos 4:15 (DHH).
A todas luces las emociones no son una debilidad, sino parte de nuestra constitución biológica para formular respuestas adaptativas a partir del estímulo.
Lo que la Biblia sí nos enseña, es que la forma de responder (gestionar) a esa emocionalidad, podría ser nuestra oportunidad de honrar a Dios, o deshonrarlo; en tal caso nos haríamos daño a nosotros mismos.
Por ejemplo, cuando una persona responde de manera desadaptativa se auto inflige daño y daña a personas cercanas emotiva y socialmente por medio de drogas, alcohol, amargura, rencor, suicidio, etc.
Si Cristo, nuestro sumo sacerdote se puede identificar con nuestra debilidad (dependencia al estímulo – respuesta) por empatía, nosotros como creyentes podemos tener tal empatía para con el prójimo. Y a esto llamaremos inteligencia emocional. La cual puede ser incluso medida diferente de una persona a otra.
“Daniel Goleman, explica que la Inteligencia Emocional es el conjunto de habilidades que sirven para expresar y controlar los sentimientos de la manera más adecuada en el terreno personal y social. Incluye, por tanto, un buen manejo de los sentimientos, motivación, perseverancia, empatía o agilidad mental. Justo las cualidades que configuran un carácter con una buena adaptación social”. (Marta Guerri. (2023). PsicoActiva. https://www.psicoactiva.com/blog/que-son-las-emociones/. Párr. 7).
¿Podemos alcanzar cada vez mayor inteligencia emocional? Claro que sí, podemos adquirir inteligencia emocional como algo preciado. La sabiduría bíblica nos lleva por este camino constantemente, ejemplo:
“Feliz el que halla sabiduría y adquiere inteligencia”. Proverbios 3:13 (NBV)


