• Algo de divino, mucho de humano

    Por Elías Lara

    Elías fue un profeta de fama reconocida en su entorno, no solo en Samaria, sino incluso ejerció brevemente en Siria al ungir un rey por mandato divino (1 Reyes 19:15). Pero sin duda, su mayor impacto fue en el reino del norte (Samaria).

    Grandes proezas se cuentan en la Biblia, entre las más importantes; la proclamación de la sequía en Israel, y la muerte de los profetas de Baal y Asera. No obstante, se lo encuentra un día de tantos en una cueva, a la que le podemos llamar por analogía, la cueva de la desesperación. Sin embargo, anteriormente había tenido un ministerio muy prolífero y de mucho reconocimiento, al punto que la gente le temía como a “un dios”. Pero Santiago nos recuerda que, Elías era un hombre común; sujeto a pasiones como cualquiera de nosotros (Santiago 5: 17), y a pesar de esa naturaleza frágil, llegó a ver el poder de Dios de manera portentosa.

    “Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. 5 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. 6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. 7 Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. 8 Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. 9 Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?”. 1 Reyes 19:4-9 (RVR1960).

    Reconocido y famoso, pero resalto estos textos que nos muestran al Elías vulnerable. Al hombre sujeto a pasiones, al que le podía dar un ataque de angustia al punto de desear morir y esconder su luz a las naciones, todo por miedo. Por eso el ángel le pregunta: ¿Qué haces aquí Elías? Y es que Dios quería recordarle al profeta, que él tenía algo de divino; al Espíritu Santo, y mucho de humano; su esencia, y con esa naturaleza única también tenía una misión. Y lo resalto para hablar de nosotros también. Podemos vivir y sobrevivir esos momentos angustiosos, cuando la desesperación causada por la maldad y la violencia en la tierra, se vuelve una Jezabel en nuestras vidas. Recuerde cuán humanos somos, pero sobre todo que tenemos la naturaleza de Dios al haber nacido de nuevo, y morar el Espíritu Santo en nuestras vidas.

    No hay muchos detalles de cómo fue el llamado de Elías, pues aparece en escena en 1 de Reyes 17 prediciendo una sequía devastadora para Israel. No obstante, por su carácter y los hechos que lo respaldaron; concluiríamos fácilmente que fue un hombre dispuesto y disponible para Dios, sin excusa.

    No se puede estar dispuesto y disponible para Dios, sin creer que merece la pena, y sin creer que hará lo que dice. Esa es la clave de la obediencia a Dios, la fe. Recordamos como relata génesis la disposición de Abraham, padre de la fe; quien caminaba sobre la Palabra de Dios, inclusive hacia aquello que parecía irracional. De alguna manera, esa vida comprometida de antaño; sustenta el contraste con el cristianismo de hoy, en muchas ocasiones lleno de nosotros mismos, y vacío de Dios. También hace eco en la pregunta retórica del Señor Jesús; ¿Pero cuando venga el hijo del hombre, hallará fe en la tierra? (Lucas 18:8).

    Si bien, el contexto histórico y el medio de revelación dista de época a época, la fe trasciende la historia y no puede ser diferente a la fe de Elías. Por lo tanto, Dios todavía debería asombrarnos con sus respuestas, algo que no pasa muy a menudo hoy. Todavía deberíamos confiar en el sustento divino, como Elías fue alimentado por cuervos en el arroyo de Querit. Todavía deberíamos confiar en nuestras oraciones en situaciones de incertidumbre, como cuando Elías oró para que no lloviera, y después para que lloviera, o como cuando oró para que fuego consumiera el sacrificio del altar a Jehová frente a los idólatras seguidores de Baal.

    Seamos honestos, ¿Cuántas veces hemos soñado algunos, en poseer esa clase de poder para enfrentar nuestros miedos, y a personas que creemos enemigas de la fe? Sí, creo que varios hemos pensado así. Pero no es así como funciona. Sí, tenemos el poder del Espíritu Santo, mismo que tenía Elías, pero su función es para ser testigos según Hechos. No es tan diferente a lo que fue Elías como testigo del poder de Dios, ante los 850 sacerdotes de las deidades fenicias. En ese caso Dios proclamó y ejecutó su juicio. En nuestro tiempo, Dios ya enjuició a la humanidad y determinó un veredicto contra los idólatras de nuestra era, pero su ejecución está en espera del juicio público y final.

    Para concluir, debo reconocer que he usado alegoría, como herramienta hermenéutica (de interpretación). Normalmente, prefiero no hacerlo, para no caer en abusos de semántica y aplicación. Pero hacer el paralelismo entre épocas, personajes y cosmovisiones; permiten comprender mejor nuestro rol en la época actual.

    Nuestro monte Carmelo, es el mundo hoy; una generación soberbia que busca denigrar la fe del pueblo de Dios, así como lo hizo Acab y Jezabel llevando a una parte de Israel a esa clase de abominación. Tenemos el poder, somos testigos ante el mundo, tal como lo fue Elías ante los enemigos de Dios.

    Época de Elías, fue para Israel la época de división entre el pueblo, de una caída libre en la idolatría, y la confrontación entre hermanos por un asunto de fe. La época actual, es una degeneración de la Iglesia Cristiana, llevando al cisma entre hermanos, unos que se diluyen entre la idolatría del mundo moderno, y otros que luchan por mantener la fe intacta.

    Los personajes del momento en esta historia bíblica, indudablemente fueron Elías, contra Jezabel, Acab y los profetas falsos. En nuestra época, somos la Iglesia del Señor, contra el sistema del mundo que presiona al mundo y a la iglesia, para adorarle (Sistema humanista, centrado en el hombre como preminente y no Dios).

    En cuanto a la cosmovisión, en el tiempo de Elías el pueblo de Israel, fiel a su solicitud años atrás a Samuel, querían parecer más a las otras naciones. Sus modelos eran naciones tan pecadoras y sanguinarias como Fenicia, Siria, Sidón, Filistea, etc. Su forma de ver el mundo para entonces era hacia el “progreso”. El progreso en la mente del hombre, siempre es alejarse más de Dios. Hoy no es casualidad que, al movimiento vanguardista en derechos humanos, política y ciencia; se le llame movimiento “progre”, como también a sus seguidores.

    Si analizamos bien esta alegoría entre nuestro mundo y el mundo de Elías, hay claros patrones comportamentales y filosóficos que nos permiten leer con mayor exactitud; los tiempos que estamos viviendo, y hacia dónde apunta la efervescencia de la sociedad actual en temas de progreso humano, derechos, religión y política. Hoy en día los valores no son más importantes que los deseos y la llamada autopercepción.

    Es tiempo entonces de marcar una diferencia con respecto al progresismo humanista. Para el creyente, progreso es una vida consagrada a Dios y su plan (consagración es ser apartado para). Ser cada vez más santos, como concluye apocalipsis:

    “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía”. Apocalipsis 22:11 (RVR1960).

  • Maldad: la estratagema prevalente

    Por Elías Lara

    Si somos acuciosos nos daremos cuenta en nuestras lecturas de la Biblia, todas las estratagemas usadas contra la obra de Dios, y que buscan la extinción de la humanidad, y la destrucción del cosmos.

    La primera fue la soberbia, que impulsó al querubín protector mencionado en Ezequiel 28. Todos los estudiosos de la Biblia están de acuerdo; en que ese querubín protector, es satanás. Y este fue el principio del fin, de un ser creado para gobernar con esplendor en las cortes celestiales. La soberbia le llevó a la rebelión avariciosa.

    La segunda fue la avaricia, que llevó al hombre y a la mujer a la rebelión según Génesis 3; quiénes fueron fácilmente seducidos, cuando escucharon a quien ya había fracasado con el mismo pecado. La avaricia ha llevado a la humanidad, a la soberbia, y fisuró la relación de la pareja; afectando a los hijos.

    La tercera que quiero resaltar es la envidia, que llevó al primer asesinato registrado según Génesis 4. Caín, envidiando la aprobación divina de Abel, lo atacó y le mató. Una fractura que llenó de enemistad a muchas generaciones.

    La siguiente estratagema es la maldad. Está referida directamente como fuera de control en Génesis 6, donde Dios “vio” que la maldad de los hombres era “mucha”, y que todo designio del corazón de los hombres era continuamente la maldad. Este pecado trajo la consecuencia más fuerte hasta entonces; la muerte de toda la especie viviente, por medio del diluvio. La maldad definida en su contexto bíblico del génesis; refiere a la acción de generar adversidad o llevar la contraria de manera premeditada. La maldad es perversa y por consiguiente, la humanidad lo es de continuo.

    Otro episodio social animado por la soberbia, fue la torre de Babel, según Génesis 11. La cual generó un correctivo por parte de Dios, al esparcirlos y generar caos entre ellos, afectando la comunicación.

    Pero si somos minuciosos nos daremos cuenta pronto, que la soberbia, la avaricia y la maldad o perversidad; son los dominantes. Siendo la perversidad la que genera los juicios más severos; como el exilio de satanás, el diluvio y la confusión de las lenguas.

    Y es precisamente la perversidad o maldad desbordante, la que terminará llevando al mundo y sus habitantes, a la desolación del juicio de Dios. Y es aquí donde los creyentes debemos valorar la fe; a la cual podemos echar mano por gracia divina. Pues por la fe, es que podemos agradar a Dios, y ser salvos.

    No obstante, la maldad o perversión del corazón, es hostil, violenta y asesina. Y no me refiero solamente a los mártires por predicar en lugares hostiles, sino también a la exclusión social de los creyentes en contextos cristianos; solo por su fe.

    Es vital entender el concepto de maldad y su dinámica. El sentido de maldad es: dañino, malicioso y enfermo. La implicación de maldad es la de un arma forjada específicamente para su fin. El ser humano cayó de la gracia de Dios, pero su desvío ha sido paulatino, al punto de esta clase de maldad.

    ¿Qué vemos hoy? Una creciente curva de violencia discursiva, política, ideológica y fáctica en contra de los cristianos, solo por su fe.

    Para los creyentes, significa aflicción tal como la predijo Jesús en Juan 16:33, y a la vez significa fortaleza en la esperanza, de que estamos cerca de su venida. Pues la maldad, al igual que ayer, rebasará la paciencia de Dios.

    “Absteneos de toda especie de mal.” 1 Tesalonicenses 5:22 (RVR1960).

     

     

     

  • ¿Cómo enfrentar este tiempo de apostasía y blasfemias contra Dios y su Iglesia?

    Por Elias Lara

    Hay dos conceptos en esta pregunta, que son diferentes, pero coexisten y se potencian entre sí. Por un lado, la apostasía que afecta directamente a la Iglesia, y por el otro; el espíritu blasfemo de la actual generación que nos acontece. El punto es, cómo enfrentarlo y salir bien librados. No hay respuesta fácil para esta cuestión, y sabemos que debemos enfrentar este tiempo con el poder y la gracia divina, pero en el plano práctico los creyentes vivimos muchos peligros, tanto físicos como emocionales, y espirituales.

    Vamos a partir de un principio edénico pre mortem, ahí donde el proyecto de Dios era estéril y dependía en lo absoluto de Dios, y su relacionamiento con el ser humano y los otros seres creados. Este es “el principio del gobierno absoluto de Dios”.

    “Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.” 1 samuel 8:7 (RVR1969).

    Aquel momento histórico para la nación de Israel, fue cuando el liderazgo de Samuel, quien era profeta y juez de la nación; empezaba a envejecer. Los hijos de Samuel no respondieron a la expectativa de los ancianos de Israel para su continuidad; por lo tanto, le pidieron a Samuel un rey. Un acto que podría Samuel haber interpretado como rechazo a su investidura, pero no, Dios le aclara a Samuel que no era a él a quien desechaban, sino a Dios mismo. Fue un periodo de teocracia legítima, y no requirió de un pueblo perfecto moralmente, sino de un pueblo cuyos líderes eran responsables ante Dios; de impartir la ley de Dios y mantener la justicia de la ley de Dios en sus territorios. Por eso existían los jueces, aquellos hombres y aquella mujer, que juzgaron sus causas personales, nacionales e internacionales.

    Walter Cuadra, citando el Nuevo Diccionario Bíblico Certeza, define el periodo de los jueces de Israel de la siguiente manera: «Jueces es la continuación cronológica del Pentateuco y de Josué, y describe la historia de Israel desde la muerte de Josué hasta la aparición de Samuel”. (párr. 2).

    También, Cuadra agrega: “Por tanto, podríamos definir el período de los jueces como aquella parte de la historia de Israel que nos habla de sus primeros años de asentamiento en la tierra de la cual recientemente habían tomado posesión, un periodo de caos político y espiritual que abarca alrededor de 300 años, desde la muerte de Josué hasta el inicio de la monarquía, entre los siglos XII al XI a.C. Algunos consideran este período como la historia de la teocracia de Israel, considerando el hecho de que no existían reyes que gobernaran a las 12 tribus y, por lo tanto, tenían que regirse por sus leyes divinas y confiar en la fidelidad de Dios para que sus promesas se cumpliesen en ellos, afirmándolos en la tierra que se les había prometido y sometiendo a las naciones que los rodeaban. Ahora, el cumplimiento de estas promesas dependía de la obediencia de Israel a su palabra: “Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas”. Deuteronomio 28:13.

    Por consiguiente, cuando Israel desecha a Dios y pide un rey, lo hace con alevosía; ya que agregan en su petición, que ellos quieren ser como las demás naciones.

    Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día. Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: No, sino que habrá rey sobre nosotros; y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras. 1 samuel 8:18-20 (RVR1969).

    Este pensamiento no tiene que ver solo con Israel, atañe a la Iglesia en un sentido figurado, porque pone nuestro corazón al espejo de esta actitud. No hay forma que podamos sobrevivir a las naciones de hoy y a sus ideologías y hostilidad, sin el gobierno de Dios en nosotros. Desde que Israel desechó a Dios, fue perdiendo paulatinamente su herencia y sus conquistas en Canaán.

    En Cristo, Dios formó de judíos y no judíos un solo pueblo para él. Es una forma de teocracia en los corazones de los llamados, salvos y comisionados. Las condiciones son las mismas que tenían Adán y Eva en el huerto e Israel durante la teocracia de los jueces: simplemente obediencia. La obediencia es una distinción del cristiano, porque al obedecer confía en Dios y su soberanía en medio de cualquier circunstancia.  

    ¿Cómo enfrentar este tiempo de apostasía y blasfemias contra Dios y su Iglesia?

    Debemos enfrentarlo con obediencia y confianza en lo que Dios está haciendo, en lo que hará, pero sobre todo en lo que Dios está permitiendo en el mundo de hoy; lleno de hostilidad blasfema. También, debemos estar preparados para no ser seducidos dentro de la Iglesia, hacia una tolerancia participativa de las nuevas convenciones sociales respecto a todo; pero en especial, respecto a la familia, la vida y la sexualidad.  

    Dios debe ser Rey sin excusas, no necesitamos ser inmaculados (algo imposible per se) para aceptar su gobierno, solo confiar de verdad en Él. Si confiamos, obedecemos; si desobedecemos, podemos arrepentirnos para perdón, y seguir confiando. Pero sin Dios gobernando en nuestro corazón, no llegaremos muy lejos en este tiempo, y menos aún en tiempos venideros. Porque la hostilidad directa y de confrontación hacia Dios; va creciendo a tal punto, que el ateísmo no tendrá lugar; ya que tendrán que creer en Dios para poder atacarlo e intentar destruirlo. ¿Lo que digo es fábula? No, para nada. Es escatología bíblica (apocalipsis 20).

    ¿Signos de que Dios no está gobernarnando?

    1. Normalizar la conducta humana, tal como el mundo lo normaliza, aún en contra de lo que la Biblia diga acerca de esas conductas. Esa normalización; es el equivalente al rechazo de Dios por parte de Israel, para proponer un rey humano que los guiara.

    2. Tibieza espiritual, es otro signo, y quienes viven esos estados espirituales; es por falta de fe y disciplinas espirituales.

    3. Activismo estéril, refiere a la participación activa del cristiano, en activismos enfermizas, hostiles y “hates” (actitudes y pensamientos de odio).

    ¿Acaso se puede concebir como sano y natural la vida de creyentes que tienen como meta principal o única, las luchas humanistas sin propósito en Cristo?

    Hay luchas sociales, luchas ideológicas, luchas animalistas, luchas pro étnicas, sin mediar una meta espiritual de reino.

    Sin transformación de vida, sin salvación y sin vida eterna, toda lucha humana es estéril para el cristiano.

    Podemos ser ciudadanos ejemplares y servir a nuestra sociedad, es lo idóneo, pero nunca olvidar nuestra responsabilidad y oportunidad de compartir la vida en Cristo. Y la sociedad que nos sostiene ahora, cada vez más, nos exigirá no llevar a Cristo con nosotros.

    Hemos llegado al tiempo decisivo, donde los creyentes nos enfrentaremos a ceder o morir; quizá no literalmente moriremos, pero moriremos socialmente en las manos de la exclusión ideológica, hostilidad política, marginación intelectual y burla religiosa.

    ¿Dejarás a Dios reinar? Si tu respuesta es positiva, es casi seguro que el peregrinar cristiano en adelante sea a cuestas. Porque tu opinión no será tan valorada, pero sí es necesaria. Nuestra tarea es ser sal entre la desabrida sociedad que nos toca vivir. Y ser luz en la tiniebla más densa de la humanidad, la que estamos viviendo, y que se complicará mucho más.

    Al ejército de Dios en todos los rincones de la tierra, y hasta donde estamos llegando a través de este blog, les recuerdo que están muriendo cristianos en occidente por compartir la verdad y los valores bíblicos. Así que no retrocedamos, y seamos valientes en la hora de la prueba. ¿Cómo? Viviendo dignamente como conviene a los santos, y proclamando el Evangelio. Defender la verdad que creemos, es parte de ser una familia de fe.

    “sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros…” 1 Pedro 3:15 (RVR1969).

    Referencias

    Cuadra, Walter (s.f) El período de los Jueces de Israel., párr. 2. https://lassagradasescriturasestudio.blogspot.com/2024/09/el-periodo-de-los-jueces-de-israel.html#:~:text=Por%20tanto%2C%20podr%C3%ADamos%20definir%20el%20per%C3%ADodo%20de%20los,y%20sometiendo%20a%20las%20naciones%20que%20los%20rodeaban.

  • Dios y Cesar: Eternidad y temporalidad

    Por Elías Lara


    Hoy quizá es tiempo de que la Iglesia Cristiana como pasó en los primeros tres siglos, identifique; el significado que Jesús le dio a la política y a los líderes de una nación, al expresar; “Den al Cesar lo que es de Cesar, y a Dios lo que es de Dios”. Hay una separación de identidades, pero un compromiso de las personas con ambas.


    Traigo este tema al blog, porque personalmente he sido exhortado por la Palabra de Dios para no seguir el guion del mundo. Como sociedad en Costa Rica, estamos divididos por la política más que nunca. Es posible que quienes me leen en otros países y latitudes estén experimentando la misma crisis de masas. Pero el punto de este tema, es cómo afecta la integridad del creyente en su relación con los hermanos. El creyente puede votar con total libertad por el candidato que considere de su preferencia. Lo que no se vale es que los creyentes se denigren unos a otros por la política, pero es lo que nos está pasando.


    Hay una idea que recorre nuestras redes sociales, donde se cuestiona el voto de un cristiano a un partido político específico de ideas llamadas progresistas, altamente anticristiano. Pero si no votan por un progresista, quizá votarán por candidatos liberales, o transaccionales; que intercambian valores y fe, por votos. En ese sentido no tenemos una escala de moralidad válida y estaríamos condenados a ser anti ciudadanos al no votar. No creo que sea el camino, porque cuando Pablo instruye a Timoteo, exhorta a las iglesias a orar por los reyes y por los que están en eminencia, y agrega; que eso agrada a Dios. Pablo sabía que esto de orar por el César y gobernadores de las provincias, no era una idea apoyada por todos; pues la opresión del imperio romano era más agreste en unas provincias que en otras. Pero su mandato apostólico refleja el carácter de la oración: Una acción de fe, para sanidad del corazón cristiano, y la búsqueda de respuestas divinas.


    Entonces, mi opinión al respecto dista un poco de esa fórmula apologética, tipo cápsula que propone que los creyentes nos alejemos de todo lo que huele a mundo; no obstante, estamos en el mundo con un propósito que no es la guerra ideológica, sino modelar el Evangelio. Jesús oró por sus discípulos: “no te pido que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn. 17:15).
    Precisamente, al no cumplir la misión que como Iglesia tenemos, nos hemos ido perdiendo entre los contrasentidos del mundo del que Dios no ha querido quitarnos intencionalmente. ¡Qué tiempos tan peligrosos que estamos viviendo! Y tristemente una gran mayoría de creyentes viven alejados de la verdad que nos atañe y nos identifica como cristianos.

    A continuación, les dejo otros argumentos bíblicos para empezar a cambiar el rumbo de nuestras conversaciones y discusiones, hacia propósitos bíblicos.

    1. Somos una familia: El actuar de la Iglesia primitiva, aquella que experimentó los hechos del Espíritu Santo, era un actuar solidario, bajo autoridad y codificado en una conducta cristiana. Había discrepancias que podían resolver con respeto, firmeza y velando por el nombre del Señor y la salud emocional y espiritual de la comunidad.


    “vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”. 1 Pedro 2:10.
    “…un Señor, una fe, un bautismo, …” Efesios 4:5


    Tenemos los mismos desafíos y quizá unos cuantos más, que en el ayer de la Iglesia. Por ejemplo, el desafío de la divergencia. Pero divergir, hoy se agrava por la existencia y uso desmedido e imprudente de las redes sociales, donde los creyentes exponen temas que ni ellos mismos entienden o dominan, mucho menos los no creyentes. A la vez, algunos hemos entrado en discusiones estériles sobre, política, deportes, moralidad, etcétera. Y no es que no podamos hacerlo, o que sea pecado, pero hay acciones pecaminosas en la forma que muchas veces lo hemos hecho; usando lenguaje hostil, y en algunos casos palabras soeces. Debemos tener mucho cuidado de estas discusiones virtuales y/o presenciales que encienden pasiones incontrolables, que son las que generan y replican discursos de odio, repudio y calumniosas.


    Si hemos de expresar una opinión sobre algún tema abierto en redes sociales, grupo de trabajo, grupo de amigos, grupo de estudios; eso está bien, pero debemos hacerlo en el marco del respeto y el derecho a la libertad de expresión. Finalmente, recuerde nunca caer en ataques, ni provocaciones; donde respondamos con insultos y calumnias. Recordemos también, siempre defender la justicia, la verdad y al más débil.


    2. Somos un pueblo diferenciado por la conducta:
    Se les llamó cristianos, por ser seguidores con una conducta evidente ligada al Señor Jesucristo. En las redes sociales, también debemos evidenciar a Cristo en cada palabra y gesto.

    “Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía”. (Hechos 11:26).


    3. Somos un pueblo con propósito definido respecto a la sociedad:

    “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…”. 1 Pedro 2:9.


    Anteriormente hablábamos de un propósito definido, y es anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. ¿Sabe usted cómo debemos anunciar esas virtudes? No, no es predicando discursos, es viviendo las virtudes de Cristo, y entonces una vez que las podemos vivir, también las podremos predicar, recitar y exponer. Estas virtudes de luz, son las que deben brillar en la participación cívica y ciudadana; del voto y de las actividades comunitarias. Pero las discusiones necias no tienen virtud alguna.


    4. Somos peregrinos y extranjeros en este mundo:

    “Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra”. Hebreos 11:13.
    Como aquellos hombres y mujeres de la fe relatados en la lista de hebreos capítulo once, así debemos los creyentes hoy comportarnos. En esperanza eterna, no temporal y espacial. No somos de este mundo, y vamos en un peregrinaje hacia una tierra que no avergüenza, donde no hay dolor, ni tristeza. Una verdad que muchos creyentes ven como si fuese un mito. Y es uno de los motivos por los que una gran mayoría de creyentes se suelen perder en discusiones improductivas.


    “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”. Juan 15:14 (RVR1960).


    Al escribir este artículo, lo hago por una exhortación directa de la Palabra de Dios a mi vida, y padeciendo aún la tentación de debatir cosas superfluas; si las comparo con la eternidad.
    Hago el mismo llamado a los hombres y mujeres que lean este artículo y que son cristianos, para que volvamos a la esencia de nuestro “apellido” en la familia de la fe; ser un cristiano, es mucho más que ser un Lara, una Morales, un Mora, un Solórzano, etc. Manos a la obra, hagamos obra de ministerio en todo lugar y oportunidad que se nos presente.