Por Elías Lara
Hoy quizá es tiempo de que la Iglesia Cristiana como pasó en los primeros tres siglos, identifique; el significado que Jesús le dio a la política y a los líderes de una nación, al expresar; “Den al Cesar lo que es de Cesar, y a Dios lo que es de Dios”. Hay una separación de identidades, pero un compromiso de las personas con ambas.
Traigo este tema al blog, porque personalmente he sido exhortado por la Palabra de Dios para no seguir el guion del mundo. Como sociedad en Costa Rica, estamos divididos por la política más que nunca. Es posible que quienes me leen en otros países y latitudes estén experimentando la misma crisis de masas. Pero el punto de este tema, es cómo afecta la integridad del creyente en su relación con los hermanos. El creyente puede votar con total libertad por el candidato que considere de su preferencia. Lo que no se vale es que los creyentes se denigren unos a otros por la política, pero es lo que nos está pasando.
Hay una idea que recorre nuestras redes sociales, donde se cuestiona el voto de un cristiano a un partido político específico de ideas llamadas progresistas, altamente anticristiano. Pero si no votan por un progresista, quizá votarán por candidatos liberales, o transaccionales; que intercambian valores y fe, por votos. En ese sentido no tenemos una escala de moralidad válida y estaríamos condenados a ser anti ciudadanos al no votar. No creo que sea el camino, porque cuando Pablo instruye a Timoteo, exhorta a las iglesias a orar por los reyes y por los que están en eminencia, y agrega; que eso agrada a Dios. Pablo sabía que esto de orar por el César y gobernadores de las provincias, no era una idea apoyada por todos; pues la opresión del imperio romano era más agreste en unas provincias que en otras. Pero su mandato apostólico refleja el carácter de la oración: Una acción de fe, para sanidad del corazón cristiano, y la búsqueda de respuestas divinas.
Entonces, mi opinión al respecto dista un poco de esa fórmula apologética, tipo cápsula que propone que los creyentes nos alejemos de todo lo que huele a mundo; no obstante, estamos en el mundo con un propósito que no es la guerra ideológica, sino modelar el Evangelio. Jesús oró por sus discípulos: “no te pido que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn. 17:15).
Precisamente, al no cumplir la misión que como Iglesia tenemos, nos hemos ido perdiendo entre los contrasentidos del mundo del que Dios no ha querido quitarnos intencionalmente. ¡Qué tiempos tan peligrosos que estamos viviendo! Y tristemente una gran mayoría de creyentes viven alejados de la verdad que nos atañe y nos identifica como cristianos.
A continuación, les dejo otros argumentos bíblicos para empezar a cambiar el rumbo de nuestras conversaciones y discusiones, hacia propósitos bíblicos.
1. Somos una familia: El actuar de la Iglesia primitiva, aquella que experimentó los hechos del Espíritu Santo, era un actuar solidario, bajo autoridad y codificado en una conducta cristiana. Había discrepancias que podían resolver con respeto, firmeza y velando por el nombre del Señor y la salud emocional y espiritual de la comunidad.
“vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”. 1 Pedro 2:10.
“…un Señor, una fe, un bautismo, …” Efesios 4:5
Tenemos los mismos desafíos y quizá unos cuantos más, que en el ayer de la Iglesia. Por ejemplo, el desafío de la divergencia. Pero divergir, hoy se agrava por la existencia y uso desmedido e imprudente de las redes sociales, donde los creyentes exponen temas que ni ellos mismos entienden o dominan, mucho menos los no creyentes. A la vez, algunos hemos entrado en discusiones estériles sobre, política, deportes, moralidad, etcétera. Y no es que no podamos hacerlo, o que sea pecado, pero hay acciones pecaminosas en la forma que muchas veces lo hemos hecho; usando lenguaje hostil, y en algunos casos palabras soeces. Debemos tener mucho cuidado de estas discusiones virtuales y/o presenciales que encienden pasiones incontrolables, que son las que generan y replican discursos de odio, repudio y calumniosas.
Si hemos de expresar una opinión sobre algún tema abierto en redes sociales, grupo de trabajo, grupo de amigos, grupo de estudios; eso está bien, pero debemos hacerlo en el marco del respeto y el derecho a la libertad de expresión. Finalmente, recuerde nunca caer en ataques, ni provocaciones; donde respondamos con insultos y calumnias. Recordemos también, siempre defender la justicia, la verdad y al más débil.
2. Somos un pueblo diferenciado por la conducta:
Se les llamó cristianos, por ser seguidores con una conducta evidente ligada al Señor Jesucristo. En las redes sociales, también debemos evidenciar a Cristo en cada palabra y gesto.
“Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía”. (Hechos 11:26).
3. Somos un pueblo con propósito definido respecto a la sociedad:
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…”. 1 Pedro 2:9.
Anteriormente hablábamos de un propósito definido, y es anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. ¿Sabe usted cómo debemos anunciar esas virtudes? No, no es predicando discursos, es viviendo las virtudes de Cristo, y entonces una vez que las podemos vivir, también las podremos predicar, recitar y exponer. Estas virtudes de luz, son las que deben brillar en la participación cívica y ciudadana; del voto y de las actividades comunitarias. Pero las discusiones necias no tienen virtud alguna.
4. Somos peregrinos y extranjeros en este mundo:
“Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra”. Hebreos 11:13.
Como aquellos hombres y mujeres de la fe relatados en la lista de hebreos capítulo once, así debemos los creyentes hoy comportarnos. En esperanza eterna, no temporal y espacial. No somos de este mundo, y vamos en un peregrinaje hacia una tierra que no avergüenza, donde no hay dolor, ni tristeza. Una verdad que muchos creyentes ven como si fuese un mito. Y es uno de los motivos por los que una gran mayoría de creyentes se suelen perder en discusiones improductivas.
“Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”. Juan 15:14 (RVR1960).
Al escribir este artículo, lo hago por una exhortación directa de la Palabra de Dios a mi vida, y padeciendo aún la tentación de debatir cosas superfluas; si las comparo con la eternidad.
Hago el mismo llamado a los hombres y mujeres que lean este artículo y que son cristianos, para que volvamos a la esencia de nuestro “apellido” en la familia de la fe; ser un cristiano, es mucho más que ser un Lara, una Morales, un Mora, un Solórzano, etc. Manos a la obra, hagamos obra de ministerio en todo lugar y oportunidad que se nos presente.


