Por Elías Lara
Elías fue un profeta de fama reconocida en su entorno, no solo en Samaria, sino incluso ejerció brevemente en Siria al ungir un rey por mandato divino (1 Reyes 19:15). Pero sin duda, su mayor impacto fue en el reino del norte (Samaria).
Grandes proezas se cuentan en la Biblia, entre las más importantes; la proclamación de la sequía en Israel, y la muerte de los profetas de Baal y Asera. No obstante, se lo encuentra un día de tantos en una cueva, a la que le podemos llamar por analogía, la cueva de la desesperación. Sin embargo, anteriormente había tenido un ministerio muy prolífero y de mucho reconocimiento, al punto que la gente le temía como a “un dios”. Pero Santiago nos recuerda que, Elías era un hombre común; sujeto a pasiones como cualquiera de nosotros (Santiago 5: 17), y a pesar de esa naturaleza frágil, llegó a ver el poder de Dios de manera portentosa.
“Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. 5 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. 6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. 7 Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. 8 Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. 9 Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?”. 1 Reyes 19:4-9 (RVR1960).
Reconocido y famoso, pero resalto estos textos que nos muestran al Elías vulnerable. Al hombre sujeto a pasiones, al que le podía dar un ataque de angustia al punto de desear morir y esconder su luz a las naciones, todo por miedo. Por eso el ángel le pregunta: ¿Qué haces aquí Elías? Y es que Dios quería recordarle al profeta, que él tenía algo de divino; al Espíritu Santo, y mucho de humano; su esencia, y con esa naturaleza única también tenía una misión. Y lo resalto para hablar de nosotros también. Podemos vivir y sobrevivir esos momentos angustiosos, cuando la desesperación causada por la maldad y la violencia en la tierra, se vuelve una Jezabel en nuestras vidas. Recuerde cuán humanos somos, pero sobre todo que tenemos la naturaleza de Dios al haber nacido de nuevo, y morar el Espíritu Santo en nuestras vidas.
No hay muchos detalles de cómo fue el llamado de Elías, pues aparece en escena en 1 de Reyes 17 prediciendo una sequía devastadora para Israel. No obstante, por su carácter y los hechos que lo respaldaron; concluiríamos fácilmente que fue un hombre dispuesto y disponible para Dios, sin excusa.
No se puede estar dispuesto y disponible para Dios, sin creer que merece la pena, y sin creer que hará lo que dice. Esa es la clave de la obediencia a Dios, la fe. Recordamos como relata génesis la disposición de Abraham, padre de la fe; quien caminaba sobre la Palabra de Dios, inclusive hacia aquello que parecía irracional. De alguna manera, esa vida comprometida de antaño; sustenta el contraste con el cristianismo de hoy, en muchas ocasiones lleno de nosotros mismos, y vacío de Dios. También hace eco en la pregunta retórica del Señor Jesús; ¿Pero cuando venga el hijo del hombre, hallará fe en la tierra? (Lucas 18:8).
Si bien, el contexto histórico y el medio de revelación dista de época a época, la fe trasciende la historia y no puede ser diferente a la fe de Elías. Por lo tanto, Dios todavía debería asombrarnos con sus respuestas, algo que no pasa muy a menudo hoy. Todavía deberíamos confiar en el sustento divino, como Elías fue alimentado por cuervos en el arroyo de Querit. Todavía deberíamos confiar en nuestras oraciones en situaciones de incertidumbre, como cuando Elías oró para que no lloviera, y después para que lloviera, o como cuando oró para que fuego consumiera el sacrificio del altar a Jehová frente a los idólatras seguidores de Baal.
Seamos honestos, ¿Cuántas veces hemos soñado algunos, en poseer esa clase de poder para enfrentar nuestros miedos, y a personas que creemos enemigas de la fe? Sí, creo que varios hemos pensado así. Pero no es así como funciona. Sí, tenemos el poder del Espíritu Santo, mismo que tenía Elías, pero su función es para ser testigos según Hechos. No es tan diferente a lo que fue Elías como testigo del poder de Dios, ante los 850 sacerdotes de las deidades fenicias. En ese caso Dios proclamó y ejecutó su juicio. En nuestro tiempo, Dios ya enjuició a la humanidad y determinó un veredicto contra los idólatras de nuestra era, pero su ejecución está en espera del juicio público y final.
Para concluir, debo reconocer que he usado alegoría, como herramienta hermenéutica (de interpretación). Normalmente, prefiero no hacerlo, para no caer en abusos de semántica y aplicación. Pero hacer el paralelismo entre épocas, personajes y cosmovisiones; permiten comprender mejor nuestro rol en la época actual.
Nuestro monte Carmelo, es el mundo hoy; una generación soberbia que busca denigrar la fe del pueblo de Dios, así como lo hizo Acab y Jezabel llevando a una parte de Israel a esa clase de abominación. Tenemos el poder, somos testigos ante el mundo, tal como lo fue Elías ante los enemigos de Dios.
Época de Elías, fue para Israel la época de división entre el pueblo, de una caída libre en la idolatría, y la confrontación entre hermanos por un asunto de fe. La época actual, es una degeneración de la Iglesia Cristiana, llevando al cisma entre hermanos, unos que se diluyen entre la idolatría del mundo moderno, y otros que luchan por mantener la fe intacta.
Los personajes del momento en esta historia bíblica, indudablemente fueron Elías, contra Jezabel, Acab y los profetas falsos. En nuestra época, somos la Iglesia del Señor, contra el sistema del mundo que presiona al mundo y a la iglesia, para adorarle (Sistema humanista, centrado en el hombre como preminente y no Dios).
En cuanto a la cosmovisión, en el tiempo de Elías el pueblo de Israel, fiel a su solicitud años atrás a Samuel, querían parecer más a las otras naciones. Sus modelos eran naciones tan pecadoras y sanguinarias como Fenicia, Siria, Sidón, Filistea, etc. Su forma de ver el mundo para entonces era hacia el “progreso”. El progreso en la mente del hombre, siempre es alejarse más de Dios. Hoy no es casualidad que, al movimiento vanguardista en derechos humanos, política y ciencia; se le llame movimiento “progre”, como también a sus seguidores.
Si analizamos bien esta alegoría entre nuestro mundo y el mundo de Elías, hay claros patrones comportamentales y filosóficos que nos permiten leer con mayor exactitud; los tiempos que estamos viviendo, y hacia dónde apunta la efervescencia de la sociedad actual en temas de progreso humano, derechos, religión y política. Hoy en día los valores no son más importantes que los deseos y la llamada autopercepción.
Es tiempo entonces de marcar una diferencia con respecto al progresismo humanista. Para el creyente, progreso es una vida consagrada a Dios y su plan (consagración es ser apartado para). Ser cada vez más santos, como concluye apocalipsis:
“El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía”. Apocalipsis 22:11 (RVR1960).


