• Unanimidad

    “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.” Hechos 4:31 RVR1960

    El libro de Hechos, es una narrativa del desarrollo y madurez del movimiento cristiano. Los discípulos del Señor Jesús, son convencidos de su tarea y poder, por medio del Espíritu Santo; cumpliéndose así la promesa hecha por Jesús antes de partir. Él les había dicho: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” Juan 16:7 (RVR1960)

    Si hechos 4:31 fuese una sinfonía clásica, podría señalar fácilmente los cuatro movimientos de su obra

    I. Todos oraban unánimes. En este primer movimiento (Versículo 24), los presentes en el lugar de reunión, se pusieron de acuerdo antes de orar, y eso explica todo lo que pasará en adelante. La palabra traducida como “unánimes”, es un adverbio; y como tal su función es dar claridad al verbo que le sigue. Aquí el verbo es: “alzar” como quien levanta una carga. De esta manera el versículo 24 de hechos capítulo 4 nos explica lo que hicieron juntos y pone énfasis en cómo lo hicieron. ¿Cómo lo hicieron? Levantaron la voz, pero antes llegaron a común acuerdo respecto a la plegaria que elevarían.

    Debemos comprender que la unidad no es lo mismo que unanimidad. Podemos estar unidos alrededor de motivaciones diferentes; lo cual es contraproducente ya que cada quien acarrea para su propio saco. Debo decir que eso es muy normal entre la humanidad, y para nada nos descalifica, pero sí nos entorpece en el logro de las metas comunes del reino. Por lo tanto, debemos poner atención a las metas de la Iglesia; y a la vez a las metas en cada congregación local. Hay aspectos de la cristiandad que deben ser “unánimes” y cualquiera que se aleja de esa unanimidad (acuerdo en las doctrinas básicas de la fe), simplemente no es parte del Reino de Dios. Pedro y Juan, saliendo de la cárcel; hablaron con los hermanos y acordaron ser fieles al Señor y orar para predicar con liberalidad intrépida.

    II. Habiendo orado el lugar de reunión tembló. Este segundo movimiento, plantea un momento altisonante, que fue capaz de mover las emociones de los congregados. No debemos dudar de la narración de Lucas respecto a este hecho sobrenatural. Pero es seguro que no se trató de un terremoto sino de una manifestación sobrenatural. Dentro de los movimientos cristianos hay diversos enfoques acerca de la utilidad de estos detalles narrados. No obstante, en lo que debemos ser unánimes al leer e interpretar este momento; es en establecer sin dudas, la presencia sobrenatural de Dios en aquella reunión, manifestándose en su multiforme sabiduría; de la manera en que Él quería mostrarse.

    Si bien el poder de los sacerdotes, escribas y saduceos, en concordia con los gobernantes de la ciudad era increpante; Dios se muestra poderoso y superior. Era una respuesta divina a una amenaza humana.

    Entonces, ¿Cómo sería si este hecho histórico, se interpretara de manera alegórica? Bueno, ya no es importante que tiemblen por manifestación de Dios nuestros templos (aunque puede pasar). Lo que si es necesario, es que el templo del Espíritu Santo, que es nuestro corazón; tiemble con su presencia. En lo personal – y no le incluyo a usted querido lector – me indigno conmigo mismo porque he llegado a normalizar de manera tan humana la presencia de un Dios vivo en mí, que se vuelve a veces imperceptible.

    Es que El Dios infinito ha venido a un alma pequeña como la mía, y lo que hago es minimizar a Dios para hacerlo acorde a mi pequeñez. Pero cuando dejamos que Dios sea tan grande como Él quiere y es, entonces nos rebasará de manera incomprensible y sobrenatural y nosotros viviremos en una dimensión de poder y lucidez espiritual, potenciada.

    Si este templo (nuestro cuerpo y corazón) no es estremecido cuál fuerte terremoto por su presencia sobrenatural; dudo que cómo Iglesia podamos tener el denuedo necesario para dar testimonio en esta época y a esta generación, que se mueve con tanta hostilidad contra el Evangelio.

    III. Todos fueron llenos del Espíritu Santo: Este movimiento plantea la medida necesaria de la presencia de Dios, derramada con un firme propósito: “la proclamación del Evangelio”. La unanimidad (común acuerdo) evidentemente propicia el ambiente adecuado para la obra del Espíritu Santo. Y la obra del Espíritu Santo propicia un corazón conforme a la voluntad de Dios.

    Se dice de David que éste era un hombre conforme al corazón de Dios. Y aquí muchos hemos soñado con ello. Pero lo que hemos perdido de vista, es que la única forma de ser conforme al corazón de Dios, es amando su Palabra genuinamente. Eso no nos exime de nuestra imperfección al límite de pecar. Pero nos califica desde el punto de vista de fe, aceptación y convicción por Dios y sus preceptos.

    En teología cuando se habla de la voluntad de Dios, se corresponde con tres formas de su Voluntad:

    1. La voluntad “decretiva” de Dios, también conocida como su soberanía, y cómo su voluntad eficaz. Por ejemplo: la creación, Él decidió qué, cómo, cuándo y dónde dé cada hito de la creación. Nadie le dio consejo al respecto, y nadie cambiará esa realidad tal como la conocemos hoy. Otro ejemplo es, el fin del mundo creado. Muchas personas objetan lo que la Biblia dice respecto al fin, pero nadie ni ninguna opinión cambiará esa realidad. Dios lo ha decretado.
    2. La voluntad oculta de Dios: Tiene que ver con todo aquello que no nos podemos explicar porque simplemente no tenemos acceso a motivos del por qué suceden. Y Deuteronomio, en un repaso de la ley de Dios dada por medio de Moisés; coloca a manera de epílogo, que lo que no está escrito; es oculto para el hombre: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley”. Deuteronomio 29:29 (RVR1960). Así que, hay muchas cosas que no conocemos y otras que pasan y no podemos entenderlas, pero son parte de la voluntad oculta o privativa de Dios.
    3. La Voluntad “preceptiva” de Dios: Es esa categoría crucial para el creyente. Trata de los preceptos y mandatos de Dios para la humanidad, y es la voluntad que necesitamos conocer bien, aceptar y honrar. En este caso, toda la Palabra de Dios es fiel reflejo de su voluntad para usted y para mí.

    Hechos capitulo cuatro, se dio en la unanimidad el ambiente Perfecto para comprender la voluntad preceptiva de Dios, y descubrir aspectos de su voluntad oculta.

    IV. Hablaron con denuedo la Palabra de Dios: El cuarto movimiento de esta sinfonía de gloria, es el resultado final, y fue fruto de una solicitud que todos expresaron a Dios en un solo corazón: “Hablar con libertad en medio de la hostilidad”. Luego, todos fueron investidos.

    ¿Acaso no necesita la Iglesia de hoy ese denuedo? ¿Lo necesitas tú?

    La sociedad de hoy habla de tolerancia pero no la aplica, cuando se trata de oír la Palabra de Dios. Y en medio de esa hostilidad, requerimos ser determinados, veraces y esforzados.

    El gran cierre de esta obra es:

    “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.” Hechos 4:32 (RVR1960).

     ¿La iglesia local a la que asiste, vive este nivel de unanimidad?

     Mi deseo entonces, es que reflexionemos en esto y hagamos un compromiso por el cambio si es necesario, ya que estamos viviendo días difíciles y finales.

    Shalóm

  • Llamado Eficaz

    Juan nos comunica el Evangelio de manera sencilla pero con profundidad teológica. Por lo tanto, al aceptar la brillante sencillez de verdades que nos trascienden, debemos atender con cuidado esa profundidad de contenido.

    Este Evangelio nos presenta a Cristo como el hijo de Dios, el verbo encarnado, la luz, el camino, la verdad, la vida y el buen pastor. Por donde lo miremos, este Cristo es humano, a la vez que Dios mismo. No obstante, se acerca tanto como sea necesario al hombre, para salvarlo. Así que hay un llamado concreto a la aceptación del llamado de Cristo para que rompamos los presupuestos humanos, y nos aboquemos a la nueva vida por medio del misterio de la regeneración o nuevo nacimiento (explicado a Nicodemo). Este es el llamado para toda la humanidad, pero que será eficaz sólo en aquellos que serán salvos por medio de la fe.

    Juan parte de la premisa de que el hombre estaba perdido, y por lo tanto, es necesario un salvador que es Cristo. Es por esta razón que el apóstol nos explica en qué consiste la condenación, como ese limbo de tinieblas en el que estábamos.

    Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Juan 3:19-20.

    La condenación entonces no consiste en desobedecer los dogmas de la Iglesia, ni en la imposibilidad humana de cumplir la ley, ni en la maldad en que nacemos, crecemos y nos mantenemos mientras el Espíritu Santo no intervenga en nuestras vidas. La condenación es «resistir su gracia«. Aunque yo sé que muchos no aceptan la idea de que la gracia de Dios se pueda resistir, ese es tema para otro debate; pero solo diré por ahora, que la gracia eficaz de Dios es la única que no se puede rechazar; no obstante la «gracia» general dispensada para todos, es rechazada todos los días por miles.

    A la luz de estas verdades, decir que Jesús condenó o condenará a la humanidad, es una mentira solapada en una falta de reflexión seria en la Palabra de Dios, y a esto Juan en su Evangelio pone atención.

    «Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él». Juan 3:17

    En contraste a la idea de condenación, Juan resalta que Jesús vino para salvar a una especie humana ya condenada. Lo que Jesús hizo se relaciona con el acto de preservación y no de aniquilación. Si Cristo vino como salvador, es porque ya había un mundo de almas condenadas.

    Por lo tanto, las buenas nuevas de salvación, que se traduce como buenas noticias, realmente son las mejores noticias que nosotros podamos recibir en toda nuestra corta existencia. Pues eramos convictos de muerte, y Cristo nos dio vida abundante y eterna. Y Juan agrega además, que Jesús lo hizo por amor.

    «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Juan 3:16

    La clave es el amor. Por amor Cristo fue obediente a su propósito hasta la cruz, para morir no sin antes cargar la ignominia (vergüenza) por nuestros pecados, y sufrir los azotes del cuerpo que estaban destinados para nuestros cuerpos. Pero también es por amor, que nosotros aceptaremos o rechazaremos la gracia de Dios en Cristo. Jesús le dijo esto a Nicodemo:

    «…la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas». Juan 3:19

    Los hombres (la humanidad) amaron más las tinieblas que la luz. Y ¿por qué? Porque su naturaleza era hacer malas obras, escondidos en la oscuridad de lo prohibido. Y con esta verdad nos confronta el Evangelio de Juan de manera sencilla. Y ahora que lo sabemos, solo tenemos que confiar en Dios y no rechazar su gracia y llamado.

  • Salud integral y eternidad

    “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre.”
    ‭‭Salmos‬ ‭139‬:‭13‬ ‭RVR1960‬‬

    El cuerpo humano es una maravilla de la ingeniería molecular. Muestra en sus componentes la magistral mano de Dios. Fue diseñado para autorregularse mediante procesos metabólicos, y además, diseñado con la resiliencia (capacidad de superarse en circunstancias traumáticas) necesaria para su supervivencia.

    La ciencia nos explica el proceso homeostático, como vital para el equilibrio holístico, cuerpo – mente. Las variables para este equilibrio pueden ser internas y externas.

    La RAE define este proceso homeostático, como “el conjunto de fenómenos de autorregulación, que conducen al mantenimiento de la constancia en la composición y propiedades del medio interno de un organismo”.

    Esto lo que nos enseña es que el cuerpo humano, y el de todos los otros organismos vivos; contienen en su fisiología, la química y electromagnetismo necesarios para su propia regulación. De esta manera por ejemplo, el cuerpo es capaz de regular su temperatura dependiendo de la temperatura externa en condiciones normales.

    Desde esta perspectiva, los cristianos debemos valorar la integralidad de nuestro bienestar desde sus tres dimensiones; física, mental y espiritual, reconociendo el beneficio de la ciencia médica, los hallazgos de la psicología y la neurociencia en aspectos de salud mental, y el soporte de nuestra fe.

    Y aquí, quisiera ser enfático que cuando refiero a la fe, no estoy aludiendo a un aspecto abstracto y subjetivo (una idea en la mente) ni mucho menos a una idea mágica. La fe en su sentido más amplio son todos aquellos pensamientos y conductas que basamos en los dichos y hechos de Dios registrados en la Biblia; y articulados a través de Cristo, los profetas y los apóstoles, y que han sido dados a la Iglesia para su administración.

    La Biblia no solo previene el alma, sino también el cuerpo. Hay muchas referencias acerca de las mejores prácticas para una buena salud. Y muchos más mandamientos y consejos para la salud emocional; y por lo tanto, espiritual.

    “Atiende a mis palabras, hijo mío; préstales atención. Ellas dan vida y salud a todo el que las halla. Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida.” Proverbios 4:20, 22-23 (DHH94I).

    “Ante todo, cuida tus pensamientos porque ellos controlan tu vida.” Proverbios 4:23 (PDT).

    ¿Se ha olvidado Dios de nuestras luchas? Cuando vemos todo cuanto nos ha provisto en la ciencia por medio de la inteligencia humana, podemos concluir con facilidad de cuánto nos ha librado el Señor. Porque el relato bíblico al que como creyentes damos igual o mayor validez que a la ciencia; nos explican las razones por las cuales hoy la humanidad ha perdido muchas propiedades autorreguladoras. Y todas las enfermedades ya sea adquiridas del ambiente o por predisposición genética; son causa de esta pérdida de capacidad autorreguladora.

    El ser humano ha sido provisto de una impresionante inteligencia y capacidad inventiva. Pero la sabiduría necesaria para vivir y mantenerse dentro de su diseño óptimo; le ha sido disminuida en su caída moral. Y solo Dios tiene la prerrogativa de investirnos de sabiduría para la vida abundante.

    “Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.” Proverbios 2:6 (RVR1960).

    Podemos comparar la sabiduría bíblica en este contexto, con un tesoro escondido en el corazón de Dios, que solo descubriremos escudriñando a Dios mismo. Y eso lo entendemos mejor si leemos:

    “»Ustedes estudian con cuidado las Escrituras porque piensan que en ellas hallan la vida eterna. Y son ellas las que hablan de mí.” Juan 5:39 (NBV).

    Jesús nos exhorta, a que escudriñemos las escrituras para atesorar la vida eterna, y eso es sabiduría (esta exhortación fue dada a los líderes religiosos judíos de su época, pero es un mensaje vigente para los creyentes de todos los tiempos).

    La vida eterna, es la vida abundante que Jesús promete a quienes hemos venido a Él. La vida eterna empieza en el momento en que Cristo nos salvó y no terminará jamás. De ahí la dimensión de eternidad.

    Recuerde que todas las almas de los seres humanos, son mortales en cuanto a materia;  pero inmortales en la dimensión espiritual. Pero eternidad, solamente hay para los que ostenten la vida. Y la vida solo se puede obtener de Cristo. Por esa razón, muchos en el día final resucitarán en cuerpos incorruptibles para vida, y otros para condenación de muerte eterna.

    En ese sentido, volveremos al concepto de homeostasis, donde entendemos que la materia, o sea este cuerpo mortal perderá en algún momento la capacidad de autorregulación, y con ello vendrá la enfermedad que solo será satisfecha por la muerte de la materia (del cuerpo), y esa es la transición desde la inmortalidad, a la eternidad. Yo le llamó la sanidad completa, integral y definitiva.

    Nuestra responsabilidad es hacer lo mejor para cuidar nuestra salud. Respetar la ciencia en la medicina, y la psicología que le proveen a la materia los insumos necesarios para cuidarnos siendo sabios en su uso, y en el auto cuidado espiritual a través de la fe.

    Al que le falte sabiduría, pídala a Dios, quien la dará de acuerdo a los estándares de su Palabra.

  • Ecumenismo

    “un Señor, una fe, un bautismo,” Efesios 4:5 (RVR1960).

    Pablo exhorta a los hermanos de Asia a mantener un espíritu de unidad, en un sentido de cuerpo; y no con un enfoque político.

    Es por lo tanto importante, encontrar el sentido de este histórico movimiento. Para ello debemos entender el concepto en su etimología (significado), intención (meta) y su contexto histórico (lo que se ha hecho).

    1. Etimológicamente, el término ecumenismo, proviene del latín «Ecuménicas» que también aparece en el idioma griego como «Oikonomikos» y «Oikoumenē», que le dan el significado de “poblada”, en función o referencia a las tierras o lugares poblados. (Ecumenismo: origen, historia, significado, y mucho más. (set. 2021) https://www.postposmo.com/ecumenismo/.).

    A. La RAE define el ecumenismo como: “Tendencia y movimiento que intenta la restauración de la unidad entre todas las iglesias cristianas”.

    Entendemos entonces, que el uso conocido del mundo antiguo (greco-romano), refería a una conquista de tierras, y la práctica de poblarlas intencionalmente bajo los criterios del imperio. Por cierto, una práctica normal del imperio romano y de otros imperios antiguos, era la de colonizar las tierras conquistadas con grupos étnicos exógenos o foráneos a ellas. Y es desde este prisma que se va diluyendo el concepto ecuménico adaptado a la religión, como proyecto que busca promover y establecer la unidad confesional, de diferentes confesiones. Hasta aquí, el concepto se centra en las comunidades cristianas, pero no será siempre así en el devenir histórico.

    2. Intencionalidad: La definición que la Iglesia Católica Romana le concede a este proyecto es a la vez intencional; siendo que desde la cabeza eclesial se ha impulsado esta tarea desde una dimensión misional. Veamos:

    “Se entiende por «movimiento ecuménico», «las actividades e iniciativas que, según las variadas necesidades de la Iglesia y las características de la época, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos». El movimiento ecuménico se da entre las Iglesias y Comunidades cristianas como tales. Se participa en él desde la identidad confesional respectiva, aunque sea a título personal.

    Con la palabra Ecumenismo se designa también una dimensión de la tarea salvífica de la Iglesia, en cuanto distinta de la dimensión «pastoral» entre los fieles católicos (misión ad intra) y de la «misionera» con los no cristianos (misión ad extra). La dimensión ecuménica de la Iglesia se refiere a la responsabilidad que la Iglesia tiene respecto de las comunidades cristianas separadas con vistas a alcanzar la unidad. Entre los cristianos propiamente no se «misiona» como entre los no cristianos para que se «conviertan»: en cambio, se ofrece la fe plena y la perfecta incorporación visible; a los no cristianos, se les propone la fe que lleva a la conversión. El «diálogo ecuménico», de otra parte, se distingue por su naturaleza y finalidad del «diálogo interreligioso». (Villar, Jose Ramon. (s.f) Catholic.net. Párr. 2 y 3 https://es.catholic.net/op/articulos/19318/cat/697/el-ecumenismo-principios-condiciones-y-practica.html#modal).

    En este segundo punto, encontramos una intención de la Iglesia Católica para misionar (hacer obra misionera) entre los grupos de comunidades cristianas separadas, y aclara que, se debe diferenciar esta tarea de la otra meta de la Iglesia de mantener un diálogo interreligioso; como el que se puede dar con comunidades musulmanas, budistas y tribales.

    3. Finalmente, echemos una mirada al significado desde el contexto histórico, ya que la práctica ha demostrado algunos atajos hacia la meta de simplemente la unidad de los grupos cristianos. Veamos:

    Si tuviéramos que establecer un hito fundacional formal del movimiento ecuménico mundial, lo más adecuado sería referirse a la creación en Ámsterdam del Consejo Mundial de Iglesias –CMI– en el año 1948 (Míguez Bonino, 1995). Sin embargo, los antecedentes del movimiento pueden rastrearse hasta la Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo, en 1910, que supuso la creación del Consejo Misionero Internacional [3] en 1921, o las conferencias de Estocolmo en 1925 y Lausana en 1927. El movimiento se originaba a partir de una inquietud fundamental: ¿cómo dar testimonio fiel de la fe si las iglesias se hallaban desunidas? De manera consustancial, aparecían también los problemas de la misión evangélica en los países no-cristianos de Asia, África y Oceanía, los cuales se encontraban en su mayor parte bajo el yugo de la dominación colonial occidental.

    En la Asamblea de 1948: Todas las familias confesionales, excepto por los católicos romanos, estuvieron representadas. Un número de católicos romanos había sido invitado para asistir como observadores, pero no pudieron aceptar la invitación porque en junio el Santo Oficio había publicado un Monitum [4] a efectos de que ningún católico romano recibiera permiso de asistir. (Visser ‘t Hooft, 1982, p. 63) [Barón, Guillermo. (jul. 2020). El Movimiento Ecuménico y los orígenes mendocinos de la Teología de la Liberación. Universidad Nacional de Cuyo, Argentina. Párr. 19-20https://www.redalyc.org/journal/2433/243364810014/html/#:~:text=Si%20tuvi%C3%A9ramos%20que%20establecer%20un,(M%C3%ADguez%20Bonino%2C%201995)].

    Estos correlatos nos muestran, que en algunos momentos históricos de esta meta unificadora no ha habido acuerdo. La razón es que en esta agenda ecuménica se busca una conquista de los otros, y no una unión con los otros. Después de todo, el origen del concepto y la presuposición de una Iglesia institucionalizada verdadera, darán siempre como resultado; un movimiento más político que de fe. Como lo describe el articulo de la Universidad Nacional de Cuyo, Argentina; el ecumenismo ha sido a la vez una plataforma para ideologías políticas, como la teología de la liberación. Algo que no critico como si fuese algo absolutamente malo, sino que desvinculo de la aparente intención de unir a la Iglesia del Señor.

    A la vez, hemos leído que no solo la Iglesia Católica Romana ha propiciado el ecumenismo; sino también, los movimientos misioneros evangélicos y protestantes globales.

    A la luz de la Biblia, debemos reconocer una Iglesia verdadera, única y universal; sustentada en el llamamiento santo de su adalid: El Señor Jesucristo, como dice Pablo:

    “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, 2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, 3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 4 un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 5 un Señor, una fe, un bautismo, 6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. 7 Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”. Efesios 4:1-7.

    Entonces, una vez más a los creyentes de hoy, se nos exhorta a mantenernos solícitos en guardar la unidad del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Pero nunca en sentido político, porque mantener clara la vocación del llamado; es tener clara la vocación del que llama. Jesús rehusó el propósito político en su ministerio. Las veces que abarcó aspectos políticos lo hizo en un sentido ineludible, como ineludible puede ser ese encuentro político del ministerio de la Iglesia en la tierra, sin que se convierta en su fin.

    Los cristianos a la vez, debemos ser reconocidos por la humildad y mansedumbre con que aceptamos a los otros creyentes que confiesan a Cristo y lo siguen. Pero también que nos permite establecer puentes con los que no son creyentes en nuestra tarea misional apolítica.

    Los creyentes tenemos claramente establecido, que la Iglesia única y verdadera ha de tener un Señor, una fe y un bautismo. No hay lugar para divagar o para establecer otra fe, ni otro señor.

    Tristemente, si en algunos líderes de la Iglesia tanto católica como evangélica ha habido una sana intención; por cierto, más humana que divina de unir las diversas confesiones, también debemos reconocer que ahora coexiste un movimiento de ecumenismo religioso y político, que se preocupa más por la paz humana que bíblica; evita la confrontación y promueve la aceptación de creencias y prácticas no cristianas en aras de esa “paz”.

    Los creyentes debemos ser “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”, es el consejo bíblico; a la vez que nos da la pauta, de que esta unidad debe ser del Espíritu Santo de Dios. La pregunta es: ¿Puede un grupo confesional que no acepta el señorío de Cristo y del Espíritu Santo, tener al Espíritu Santo? Y si la respuesta es no, entonces no pueden guardar tal unidad, y es ahí donde se rompe el vínculo de la paz bíblica.

    Por lo tanto, al cerrar este artículo debo reconocer que el ecumenismo, es una práctica que ha evolucionado mucho, es una expresión que en la práctica se vuelve ambigua (confusa) y puede ser una ilusión que ha engañado y sigue engañando a muchos creyentes. De tal manera que, los creyentes debemos ser cuidadosos. Por un lado, no ser arrogantes respecto a los otros (cristianos y no cristianos), y por otra parte no debemos diluirnos entre los otros.

    ¿Cómo no diluirnos? Comprendiéndonos dentro de una medida: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”. Cristo es la medida, la Iglesia verdadera y única a la que he venido haciendo referencia, no es una institución, es aquella que se reúne en torno a la centralidad de Cristo el Señor, sin distracciones. En otras palabras una comunidad global que es Cristocéntrica.