“Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.” Hechos 4:31 RVR1960
El libro de Hechos, es una narrativa del desarrollo y madurez del movimiento cristiano. Los discípulos del Señor Jesús, son convencidos de su tarea y poder, por medio del Espíritu Santo; cumpliéndose así la promesa hecha por Jesús antes de partir. Él les había dicho: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” Juan 16:7 (RVR1960)
Si hechos 4:31 fuese una sinfonía clásica, podría señalar fácilmente los cuatro movimientos de su obra
I. Todos oraban unánimes. En este primer movimiento (Versículo 24), los presentes en el lugar de reunión, se pusieron de acuerdo antes de orar, y eso explica todo lo que pasará en adelante. La palabra traducida como “unánimes”, es un adverbio; y como tal su función es dar claridad al verbo que le sigue. Aquí el verbo es: “alzar” como quien levanta una carga. De esta manera el versículo 24 de hechos capítulo 4 nos explica lo que hicieron juntos y pone énfasis en cómo lo hicieron. ¿Cómo lo hicieron? Levantaron la voz, pero antes llegaron a común acuerdo respecto a la plegaria que elevarían.
Debemos comprender que la unidad no es lo mismo que unanimidad. Podemos estar unidos alrededor de motivaciones diferentes; lo cual es contraproducente ya que cada quien acarrea para su propio saco. Debo decir que eso es muy normal entre la humanidad, y para nada nos descalifica, pero sí nos entorpece en el logro de las metas comunes del reino. Por lo tanto, debemos poner atención a las metas de la Iglesia; y a la vez a las metas en cada congregación local. Hay aspectos de la cristiandad que deben ser “unánimes” y cualquiera que se aleja de esa unanimidad (acuerdo en las doctrinas básicas de la fe), simplemente no es parte del Reino de Dios. Pedro y Juan, saliendo de la cárcel; hablaron con los hermanos y acordaron ser fieles al Señor y orar para predicar con liberalidad intrépida.
II. Habiendo orado el lugar de reunión tembló. Este segundo movimiento, plantea un momento altisonante, que fue capaz de mover las emociones de los congregados. No debemos dudar de la narración de Lucas respecto a este hecho sobrenatural. Pero es seguro que no se trató de un terremoto sino de una manifestación sobrenatural. Dentro de los movimientos cristianos hay diversos enfoques acerca de la utilidad de estos detalles narrados. No obstante, en lo que debemos ser unánimes al leer e interpretar este momento; es en establecer sin dudas, la presencia sobrenatural de Dios en aquella reunión, manifestándose en su multiforme sabiduría; de la manera en que Él quería mostrarse.
Si bien el poder de los sacerdotes, escribas y saduceos, en concordia con los gobernantes de la ciudad era increpante; Dios se muestra poderoso y superior. Era una respuesta divina a una amenaza humana.
Entonces, ¿Cómo sería si este hecho histórico, se interpretara de manera alegórica? Bueno, ya no es importante que tiemblen por manifestación de Dios nuestros templos (aunque puede pasar). Lo que si es necesario, es que el templo del Espíritu Santo, que es nuestro corazón; tiemble con su presencia. En lo personal – y no le incluyo a usted querido lector – me indigno conmigo mismo porque he llegado a normalizar de manera tan humana la presencia de un Dios vivo en mí, que se vuelve a veces imperceptible.
Es que El Dios infinito ha venido a un alma pequeña como la mía, y lo que hago es minimizar a Dios para hacerlo acorde a mi pequeñez. Pero cuando dejamos que Dios sea tan grande como Él quiere y es, entonces nos rebasará de manera incomprensible y sobrenatural y nosotros viviremos en una dimensión de poder y lucidez espiritual, potenciada.
Si este templo (nuestro cuerpo y corazón) no es estremecido cuál fuerte terremoto por su presencia sobrenatural; dudo que cómo Iglesia podamos tener el denuedo necesario para dar testimonio en esta época y a esta generación, que se mueve con tanta hostilidad contra el Evangelio.
III. Todos fueron llenos del Espíritu Santo: Este movimiento plantea la medida necesaria de la presencia de Dios, derramada con un firme propósito: “la proclamación del Evangelio”. La unanimidad (común acuerdo) evidentemente propicia el ambiente adecuado para la obra del Espíritu Santo. Y la obra del Espíritu Santo propicia un corazón conforme a la voluntad de Dios.
Se dice de David que éste era un hombre conforme al corazón de Dios. Y aquí muchos hemos soñado con ello. Pero lo que hemos perdido de vista, es que la única forma de ser conforme al corazón de Dios, es amando su Palabra genuinamente. Eso no nos exime de nuestra imperfección al límite de pecar. Pero nos califica desde el punto de vista de fe, aceptación y convicción por Dios y sus preceptos.
En teología cuando se habla de la voluntad de Dios, se corresponde con tres formas de su Voluntad:
- La voluntad “decretiva” de Dios, también conocida como su soberanía, y cómo su voluntad eficaz. Por ejemplo: la creación, Él decidió qué, cómo, cuándo y dónde dé cada hito de la creación. Nadie le dio consejo al respecto, y nadie cambiará esa realidad tal como la conocemos hoy. Otro ejemplo es, el fin del mundo creado. Muchas personas objetan lo que la Biblia dice respecto al fin, pero nadie ni ninguna opinión cambiará esa realidad. Dios lo ha decretado.
- La voluntad oculta de Dios: Tiene que ver con todo aquello que no nos podemos explicar porque simplemente no tenemos acceso a motivos del por qué suceden. Y Deuteronomio, en un repaso de la ley de Dios dada por medio de Moisés; coloca a manera de epílogo, que lo que no está escrito; es oculto para el hombre: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley”. Deuteronomio 29:29 (RVR1960). Así que, hay muchas cosas que no conocemos y otras que pasan y no podemos entenderlas, pero son parte de la voluntad oculta o privativa de Dios.
- La Voluntad “preceptiva” de Dios: Es esa categoría crucial para el creyente. Trata de los preceptos y mandatos de Dios para la humanidad, y es la voluntad que necesitamos conocer bien, aceptar y honrar. En este caso, toda la Palabra de Dios es fiel reflejo de su voluntad para usted y para mí.
Hechos capitulo cuatro, se dio en la unanimidad el ambiente Perfecto para comprender la voluntad preceptiva de Dios, y descubrir aspectos de su voluntad oculta.
IV. Hablaron con denuedo la Palabra de Dios: El cuarto movimiento de esta sinfonía de gloria, es el resultado final, y fue fruto de una solicitud que todos expresaron a Dios en un solo corazón: “Hablar con libertad en medio de la hostilidad”. Luego, todos fueron investidos.
¿Acaso no necesita la Iglesia de hoy ese denuedo? ¿Lo necesitas tú?
La sociedad de hoy habla de tolerancia pero no la aplica, cuando se trata de oír la Palabra de Dios. Y en medio de esa hostilidad, requerimos ser determinados, veraces y esforzados.
El gran cierre de esta obra es:
“Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.” Hechos 4:32 (RVR1960).
¿La iglesia local a la que asiste, vive este nivel de unanimidad?
Mi deseo entonces, es que reflexionemos en esto y hagamos un compromiso por el cambio si es necesario, ya que estamos viviendo días difíciles y finales.
Shalóm



