A veces me resisto a profundizar en mi vida, quizás no me gusto en este momento, quizás el dolor es tal que no quiero indagar más. El cansancio espiritual o emocional es suficiente, que no hay interés mayor que anestesiar mi alma. Se me quita el sueño y decaen entonces las fuerzas; porque el dormir es apoyo al palpitar del corazón y su ritmo adecuado; y oxigenador por excelencia del cerebro. Y corazón y cerebro son órganos vitales de los cuales dependen la salud integral.
Medito y es bueno hacerlo, y también lo recomiendo; hay decenas de preguntas por responder. Sin embargo, nada es mejor para el creyente, que meditar en su alma y su espíritu. En su alma evalúa sus sentires y sus arraigos (emociones y sentimientos), pero en su espíritu revisa sus aspiraciones y anhelos, que resumen sus metas; y compara su estado actual respecto a ellas.
Si la emocionalidad, eso que sentimos; es atípica (no es lo normal o cotidiano), entonces los arraigos o eso que nos define internamente por largos periodos, o por siempre, pero que no dejamos aflorar; trata de tomar el control nuevamente. Eso nos hace más vulnerables e inestables; por lo tanto, las metas se pueden distorsionar o al menos nuestra mirada se podría nublar. Pero aún si eso pasa, debería ser temporal, todos los seres humanos lo vivimos. Pero si se vuelve estado y deja de ser experiencia; estaremos frente a un serio problema de salud mental, que encierra alma y espíritu y arrastrará nuestro cuerpo.
Así que, los ciclos de meditación y autodescubrimiento son sinergéticos (alianza que fortalece). Es bueno entonces meditar como creyentes; en sinergia (acción conjunta) con la palabra de Dios, y descubrirnos tal como estamos sintiendo en el momento.
La meta es que nos podamos describir tal cuál en el momento, y en un espacio de tiempo al hacer este ejercicio; descubrir qué tan dispares son nuestras emociones (lo que sentimos y pensamos: ira, tristeza, esperanza), qué tan divergentes nuestros sentimientos (lo que nos define: melancolía, ansiedad, molestia, ánimo). Y cuando ya tenemos esa radiografía nuestra, podremos determinar si necesitamos cambiar patrones de conducta y pensamientos, y si podemos solos o necesitamos apoyo. Sin olvidar que para el creyente, la Palabra de Dios es insustituible y puede traer cambios radicales a nuestras vidas.
Esta mañana, leyendo el Salmo 23 hice mi tarea personal, y me ayudó comprender algunos detalles en mi vida que quiero compartir. De pronto es una guía que podrías usar para tu beneficio en este ejercicio espiritual.
El Salmo 23 son 6 versículos; de los versículos 1 al 4 encontramos una imagen poética de Dios como pastor de ovejas. De los versos 5 al 6 tenemos a Dios como anfitrión. Pero ambas figuras son acerca de la protección fiel de Dios para nuestra vida. Pero…¿cuáles son las circunstancias atenuantes? No son los peligros a los que se refiere el poema, sino a la condición del interlocutor de Dios, que en este caso somos usted y yo. Sí, el enfoque problema en el Salmo 23 somos nosotros, porque valles de sombra y de muerte existen y todos pasaremos uno o más en la vida. Peligros y enemigos del alma humana abundan. Entonces no son las circunstancias la clave, sino las protecciones en nuestro caminar. Y en este salmo la única protección segura es Dios como pastor y anfitrión.
“Jehová es mi pastor; nada me faltará (Sal. 23:1)
Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.” (Salmos 23:5)
https://www.biblegateway.com/passage/?search=Salmos%2023&version=RVR1960
La única condición segura para usted y para mi, es que Dios sea nuestro pastor; para lo cual usted y yo debemos ser sus ovejas. También, para que Dios sea nuestro anfitrión; debemos ser sus huéspedes.
Si Jehová es nuestro pastor, ciertamente nada nos ha de faltar en sentido de su voluntad: pastos delicados, agua, confort y justicia. Eso es suficiente para que al pasar por terrenos peligrosos, no tengamos temor y confiemos en su protección, ya que su vara y su cayado, nos han de dar sosiego. O sea, cuando la oveja se inquieta y se asusta, el pastor usará la vara para corregir el paso, y el cayado para defender y rescatar de ser necesario. Pero para que toda esta imagen sea una verdad; lo primero es que Dios sea nuestro pastor, o que nosotros pertenezcamos a sus rebaños.
Como anfitrión, Dios nos agasaja con una mesa servida con un banquete; aún frente a nuestros adversarios. Aún frente a nuestra debilidad que suele ser el principal adversario, Dios nos anima con el mejor banquete (sinónimo de buen ánimo). Nos unge la cabeza, o nos provee las amenidades del hospedaje al mejor estilo de las casas de oriente. No faltará el aceite aromático para nuestra cabeza, que nos dará esa sensación de cuidado y limpieza. Y podremos darnos cuenta que el “bien y la misericordia”; que son bienes supremos, y significan la bondad y el amor de Dios; nos seguirán (estarán con nosotros). Nosotros no iremos tras estos bienes, porque ya nos pertenecen. Y el poeta dice que ahí: “morará por largos días”. Esta frase significa: para siempre.
Fue entonces que me percaté, que si yo estoy ocupado en ir tras esos bienes supremos: la bondad y la misericordia de Dios, algo estaba muy mal en mi vida. La única vez que el ser humano corre buscando misericordia, es al ser reo de muerte. Y si esa es la condición mía o suya, no somos ovejas del pastor del Salmo 23. Eso sería catastrófico, pero si realmente no eres oveja de Dios el pastor, es necesario que lo seas hoy simplemente pidiéndolo a Él directamente: “Dios, quiero y necesito que seas mi pastor”.
Después de leer este Salmo, ¿cómo creen que me sentí? Fortalecido y animado, en medio de un tiempo lleno de incertidumbre, incomodidades y distanciamientos.
¿Cómo llegué a esta reflexión? Cuando había anestesiado mi alma. Estaba durmiendo más de lo normal a mi metabolismo, y en franca caída al vacío de sinsabores. Pero el creyente no debe descuidarse, y debe velar. Por eso, decidí meditar y profundizar mi alma a la luz del amor de Dios y su Palabra.
Espero que si estás atravesando un momento difícil, lo primero que encuentres sea una Biblia y luego hagas tus autodescubrimientos para actuar a tiempo. Si necesitas apoyo en tu proceso, no dudes en buscar el apoyo más cercano, o escribirme.
Shalóm


