• El alivio comienza por comprender

    “Comprender es aliviar”, es una frase que quiero integrar en este ensayo bíblico; porque significa libertad. Comprender nos libera del temor, de la angustia que genera la incertidumbre, de lo incierto del futuro, de ideas preconcebidas, de mitos y pensamientos fantasiosos; y mucho más.

    Aquel día era domingo, y al ser el primer día de la semana habría mucho movimiento de personas por los caminos de Palestina, pues el sábado era un día importante de celebraciones religiosas; por lo tanto, muchos regresaban a sus casas y ocupaciones en diferentes aldeas. Uno de ellos era Cleofas, un seguidor de Jesús que iba con su amigo camino a Emaus; a unos 11 kilómetros de Jerusalén. Entonces se acerca a ellos Jesús; “el forastero”. No obstante, ellos no pudieron reconocerlo pues sus ojos estaban velados por el trágico evento del Gólgota; en donde ese “forastero” había sido colgado en un madero. Aquel hecho era motivo de dolor y desconcierto, mientras la fe de ellos se iba extinguiendo. No fue hasta el compartir la mesa; que dichosamente Cleofas y su familia invitaron al “forastero” entrar a su casa y quedarse aquella noche, que ellos finalmente se dieron cuenta que aquel no era una forastero, sino el Maestro. Y de inmediato se regresaron a Jerusalén para ir con los once apóstoles; y contarles lo sucedido.

    Pero mientras ellos llegaban de regreso a Jerusalén, ya se escuchaba en aquel aposento la historia de doña Magdalena, doña Juana y doña María; madre de Jacobo, quienes en la madrugada de aquel largo domingo habían sido las primeras en descubrir que Jesús había resucitado; ya que fueron al sepulcro y no le hallaron, y lo contaban a Pedro y los otros apóstoles, de cómo los ángeles les hablaron para confortarlas y recordarles que Jesús ya se los había dicho: que Él resucitaría al tercer día.

    Tambien a Pedro, Jesús se le había aparecido, y resultaba una historia más creíble.

    Cleofas entonces, cansado de haber caminado unos 22 kilómetros con solo un pequeño descanso en casa, empieza a platicarles junto con su amigo del camino, las cosas que habían vivido y de cómo sus corazones palpitaban y ardían mientras “el forastero” les hablaba aquellas palabras y les citaba las Escrituras.

    El momento épico, se dio mientras todos comentaban. Las mujeres decían lo que habían visto y oído de los ángeles, mientras los caminantes de Emaús narraban sus experiencias sobrenaturales, y Pedro confirmaba que efectivamente los lienzos estaban ordenados en el sepulcro; pero Jesús no estaba.

    No faltaría quien dijera que no creer nada de aquellos relatos, pues la duda reinaba, y la incertidumbre atormentaba. Pero mientras eso pasaba, en medio aparece la figura de Jesús, parecía fantasmagórica; pero Jesús les aclara: “un espíritu no tiene carne ni hueso”, y con tan contundente prueba, los lleva nuevamente de la duda a la fe. No solo les invita a ver y tocar sus heridas, sino que les invita a comer.

    Jesús les invita a creer, para que tengan paz. La Paz es el resultado de perder el miedo y el temor. Yo defiendo con total convicción de fe y experiencias personales, que vivir bajo temor, es vivir sin paz y subyugados. Mata lo que te atemoriza; conociéndolo y comprendiéndolo. Luego aférrate a la fe y echa mano de las posibilidades reales que tienes en esa batalla personal que libras.

    “Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.” Lucas 24:36 (RVR1960).

    En el camino de la vida, Jesús es el único que nos puede llevar de la duda a la fe; porque Él es la esencia de la fe. La Escritura dice que es Cristo el autor y consumador de la fe (hebreos 12:2).

    Aquellos discípulos y aquellas mujeres diligentes, necesitaban comprender lo que estaban pasando para vincularlo con la fe. No es verdad que la fe es ciega; porque requiere de vínculos tangibles, de argumentos creíbles y de pruebas indubitables. Jesús es tangible, es argumento histórico creíble en tanto es Dios y hombre, y nos dejó pruebas indubitables de su resurrección. Una vez comprendieron, ellos fueron libres de la duda.

    “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.” Lucas 24:45-47 (RVR1960).

    “Comprender es aliviar, y cuando uno comprende por lo que pasa su mente, uno se siente aliviado, porque si no, lo que sucede es que uno es esclavo de síntomas físicos, psicológicos”. Marian Rojas Estapé es psiquiatra y neuropsicóloga. Aprendemosjuntos.bbva.com/ https://aprendemosjuntos.bbva.com/especial/el-cerebro-nuestro-mejor-aliado-contra-el-estres-marian-rojas-estape/#:~:text=Comprender%20es%20aliviar%2C%20y%20cuando%20uno%20comprende%20por%20lo%20que,como%20perdido%20por%20la%20vida.

    Cuando una persona comprende, aunque no necesariamente avala; vive a la luz de la verdad comprendida, y eso es liberador y da plenitud de vida. En otras palabras hay gozo.

    “Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén.” Lucas 24:52-53 RVR1960

    Para los creyentes, comprender el Evangelio (las palabras y hechos de Jesús) resulta clave para una fe sin fecha de caducidad, y una vida comprometida y llena de paz.

    Te invito a buscar sentido, eso es comprender; lo que estás viviendo por complicado y doloroso que sea. Porque será la única forma de que seas libre del miedo, la ansiedad, la incertidumbre y el vacío que estás experimentando.

    Yo espero que puedas aplicar esta verdad en todas las áreas de tu vida, y que vivas una vida plena, de fe y paz.

  • La vejez

    De las reflexiones de la escuela sapiencial hebrea, podemos y debemos partir hacia nuestras propias reflexiones. Cohélet o el predicador; es la figura de un filósofo y maestro cuya tarea ha sido indagar, al mejor estilo del método científico. Este predicador, plasma sus experiencias buenas y no tan buenas; en un libro con diversidad literaria (prosa, poesía, anécdota, parábolas, ensayo).

    Cohélet, además de ser un sabio, también instruyó al pueblo; investigó, estudió y compuso muchos proverbios. Cohélet procuró encontrar palabras adecuadas para escribir con acierto sentencias veraces.” ECLESIASTÉS 12:9-10 BHTI

    Los lectores debemos preguntarnos ¿qué enseñanzas nos dejan estos ensayos poéticos? Desde luego, y sin la intención de generalizar; hay muchas valiosas moralejas de vida, pero quiero ir al último capítulo y ver algunas de estas enseñanzas y recomendaciones tocantes a la prudencia, dignidad humana y fe.

    “Ten en cuenta a tu creador en tus días de juventud, antes de que lleguen los días malos y se acerquen los años en que digas: “no siento ningún placer”;” ECLESIASTÉS 12:1 BHTI

    La juventud es la etapa de las oportunidades ilimitadas. Y es por eso el momento preciso para lograr alcanzar las metas más relevantes de la vida presente y eterna. La advertencia del discurso final de Eclesiastés (heb. Cohélet) es: “Acuérdate o ten en cuenta”. Una expresión concluyente que indica condición. ¿Cuál es la condición? Acordarse o tomar en cuenta a Dios en la juventud, esa etapa de oportunidades; donde la principal meta del hombre inteligente y sabio ha de ser “su creador”.

    Llegarán los días malos, sin placer (infelices quizás) en los cuales no podremos apreciar del todo el disfrute de la vida, ya sea por dolor crónico, ya sea por pérdidas perceptivas, ya sea por demencias asociadas a la edad, o a otros padecimientos, ya sea por pérdida de sentido, ya sea por dependencia de otras personas y con el agravante de malos tratos muchas veces. Las razones a enumerar son variadas. Pero los días malos, son parte de morir. La persona no solo muere fisiológicamente; muere cada día de su vida desde que nace. Pero tener firme convicción de Dios y de la eternidad, definitivamente será una medicina paliativa para la vejez.

    Desde el versículo 2 hasta el versículo 6 es un poema pintoresco a modo de símil (modo literario de comparaciones) que describe la ancianidad y los padecimientos más agudos de dicha etapa, hasta la muerte.

    Muchos le dan un sentido a cada expresión, y quizás los tenga; pero lo importante en esta oportunidad es ver la generalidad de tal condición. En la ancianidad se pierde un poco de todo, y desde la perspectiva del adulto maduro que soy, al escribir este artículo, pienso que la vejez senil es indeseada. No obstante, el anciano que en su juventud tomó en cuenta a Dios (su creador) ha de ser honrado por su fe. Aunque esto no signifique que no tenga que pasar por el crepúsculo de su vejez y sus vejaciones.

    Desde la visión de pueblos muy antiguos de oriente, y desde este prisma hebreo; así es la vida de pasajera. Llena de goces, pero tan pronto como una ilusión: los goces dan camino a los años gravosos. Lo más importante entonces, es tener en cuenta a Dios y temerle (esto no es tenerle miedo sino tomarlo en cuenta en todo cuanto somos y hacemos).

    Ahora bien, ¿qué enseñanza se puede sacar de este libro cuando todo ya está dicho? Que lo mejor que un ser humano puede hacer es tener temor de Dios y obedecer sus mandatos.” Eclesiastés 12:13 PDT.

    Mi esposa (quien también ahora participa de cuidar a su anciana madre) y yo, a veces hemos platicado de lo que quisiéramos para nuestro final. Y estamos de acuerdo que deseamos no pasar por el trauma de una vejez incapacitante. No obstante, estamos convencidos de que no está en nuestro poder decidir eso, y que lo más inteligente es amar y servir a Dios ahora que estamos fuertes y congruentes. Si algún día perdemos el juicio por senilidad, ya habremos entregado la vida al único que la puede sellar para una eternidad con Cristo.

    Así que, nada es para siempre en este cuerpo mortal que tenemos. No construyamos castillos de vanidad; disfrutemos de la vida con absoluta libertad y responsabilidad. Y eso sin Dios no es posible. No es posible decir que somos responsables cuando no estamos seguros de nuestra eternidad al lado de Dios. Ni es responsable criar hijos que no conocen de Dios, porque decir que los amamos, guiándolos a una condenación eterna, es una total contradicción.

    Les voy a dejar los versículos que describen la vejez a modo de símiles de la vitalidad y funcionalidad del cuerpo:

    “antes de que se oscurezca el sol, y no den luz la luna y las estrellas, y retornen las nubes tras la lluvia; cuando tiemblen los guardianes de la casa y se encorven los valientes; cuando se paren las que muelen, por ser pocas, y queden a oscuras las que miran por las ventanas; cuando se cierren las puertas de la calle y se apague el ruido del molino; cuando se extinga el canto del pájaro y enmudezcan todas las canciones; cuando den miedo las alturas y haya sobresaltos en el camino; cuando no se aprecie el almendro, se haga pesada la langosta y sea ineficaz la alcaparra; porque va el ser humano a su morada eterna y merodean por la calle las plañideras. Antes de que se rompa el hilo de plata, y se quiebre la copa de oro; antes de que se haga añicos el cántaro en la fuente y se precipite la polea en el pozo;” ECLESIASTÉS 12:2-6 BHTI

    El poema, parece describir serias dificultades incapacitantes; que han llevado al hombre moderno a valorar una nueva concepcion de “dignidad”, a través de la llamada muerte asistida. Pero la verdadera indignidad ante la vida, está en no cuidar responsablemente a los seres queridos en esas etapas de mayor fragilidad. Hablamos de niños, ancianos y personas con capacidades reducidas.

    Nota: Al escribir esta reflexión, mención especial a mis hermanas, Elena, Ángela y Marina: quienes han dedicado el tiempo para cuidar a nuestro anciano padre. También a Chela, cuidadora y parte de nuestra familia. Finalmente, otros de los hermanos y hermanas, y me incluyo; y también sobrinas, que lo hemos hecho en menor cantidad de tiempo. Y en mi caso después de un par de semanas cuidando de mi padre junto a mis hermanas, estos conceptos bíblicos agrandan su sentido, sobre los cuales discurro proyectándome un poco en los años futuros.

  • Acercarse a Dios sin demora, ni excusas

    “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.” 1 Juan 3:8 (RVR1960).

    Estoy muy interesado en el trasfondo de este texto. Es un espacio de revelación y hermenéutica (interpretación) cristiana, clave para comprender la diferencia entre obras de la carne, y pecado.

    Veamos de manera diligente el sentido de cada palabra en el griego.

    Pecado (gr. Jamartía): Jamartía es una palabra compuesta por una partícula negativa y un sustantivo. La composición sería como un modismo griego que significa: “sin parte”; dando el sentido de privación de un premio por errar en la “Diana” con el dardo. Por eso, los maestros de teología resumen la palabra pecado como: “errar al blanco”. No obstante, quiero que tomemos el sentido más profundo y entendamos que, pecado significa quedarnos “sin parte”, por no dar con la meta o en la Diana. Eso significa, que una persona pecadora o viviendo en el pecado, vive en un constante error o errando al blanco. La pregunta es, ¿Cuál es la Diana o meta? Y ¿Cuál es la parte o premio al que acierta la Diana).

    Para el creyente, la meta o el blanco es Cristo. Y el premio o la parte que le corresponde por acertar; es la comunión con Dios, que va más allá de la vida eterna, es la vida abundante y limpia aquí y ahora.

    Entonces, la forma de definir la palabra “pecado”, es errar en ir a la meta, o fallar su alcance; perdiendo el premio de comunión con Dios.

    La siguiente palabra clave es: Obra (gr. Egrón) que significa: Labor, ocupación y  acción. Es un contexto gramatical activo, o sea, un trabajo que nos ocupa en el presente. La palabra “egrón”, en este caso se circunscribe a las acciones de satanás.

    Ya con estos conceptos en mente, podemos establecer un sentido bíblico y teológico del pecado y sus frutos. Cuando el cristiano falla en poner su mirada (cual dardo) en la meta (cual Diana), que es Cristo; entonces se aleja de Cristo mismo.

    Por eso el otro sentido teológico de pecado, es “separación de Dios”. Y justo eso es lo que Pablo atinadamente nos explica en Romanos 3:23.

    “puesto que todos pecaron y todos están privados de la gloria divina.” ROMANOS 3:23 (BHTI).

    Como se lee nuevamente, el concepto es una privación. Como cuando leímos en 1 de Juan, que pecado significa ser privados de un premio. En este caso ser privados de la Gloria de Dios, significa no poder participar de su santidad y gloria presente y futura.

    En conclusión, el pecado es estar alejados de Dios, y las obras “malas” o hechos que contradicen a Dios, son solamente consecuencias de no atender el bondadoso llamado de Dios para santificación.

    Estimados (as), el pecado más aterrador es fallar al blanco. O sea, rechazar a Cristo. Lo he dicho y lo repito vehementemente; porque sigo escuchando personas creyentes y otras moralistas, que condenan las obras de carnalidad que son naturales y normales en los hombres y mujeres naturales (no espirituales). Pero no condenan la apatía espiritual, ni vivir alejados de una vida piadosa (de fe práctica).

    No vamos a llamar bueno a lo que Dios llama malo, pero debemos recordar que sin Dios, nada bueno podríamos pensar o hacer. Es tan pecado robar, como no congregarse. Es tan pecado cometer fornicación, como murmurar o hablar mal del hermano. Es tan pecado vivir una vida inmoral, como vivir una vida indiferente al Señor y sus propósitos eternos.

    El llamado es entonces, para que nos acerquemos a Dios sin demora, sin excusas, sin mezquindad.

  • Fidelidad de Dios en la batalla

    Lo que desafía nuestros valores y hace tambalear nuestras normas de conducta; se vuelve nuestra batalla más cruel y temeraria. Nunca nos sentimos tan debilitados, como cuando nos sorprenden esas batallas de la mente.

     

    Para los creyentes, el arma espiritual más efectiva es la seguridad de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, y la seguridad de nuestro destino. Al fin de cuentas, el enemigo (satanás) hace uso de nuestra débil naturaleza y el poder de la atracción humana hacia el mundo y sus placeres; para debilitar nuestra conducta. Pero la promesa de Dios como leeremos a Pablo más adelante; es que “ninguna” prueba puede o está hecha con el material suficiente para destruirnos. Pero antes de leer a Pablo, veamos lo que Juan nos aporta:

     

    “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.” 1 Juan 2:16 RVR1960.

    Juan por eso nos exhorta a desmarcarnos del mundo y sus encantos; con los que ataca  nuestra carne.

    Hay aquel tipo de pruebas con un propósito divino, que son muy diferentes a las pruebas que nacen de nuestros deseos. Pero en ambas circunstancias de prueba, los humanos somos vulnerables e incapaces de hacer lo correcto sin la luz del Evangelio, y la ayuda del Espíritu Santo.

    Juan nos da una clave, y no parece fácil tampoco para nuestra carne viciada:

    “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” 1 Juan 2:15 RVR1960

    La clave es “no amar al mundo, ni las cosas que están en el mundo”. Y resulta una tarea titánica, porque las “cosas” del mundo son emocionalmente vinculantes al ser humano. Eso significa que nos mueve lo que vemos, olemos, degustamos, tocamos, percibimos y soñamos.

    Pero sabiendo esto, podemos ejercitarnos para neutralizar con la ayuda de Dios; estos estímulos.

    Mientras escribo estas líneas, me invaden tantas luchas, que me es preciso compartir este mensaje de esperanza, para todos aquellos que también están sufriendo; al intentar  hacer lo correcto.

    Pablo nos alienta de esta manera:

    “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.” 1 Corintios 10:13 RVR1960.

    Nos alienta con la fidelidad de Dios. Para el creyente, toda su verdad y fortaleza; dependen de la fidelidad divina. No tenemos ninguna oportunidad fuera de este marco de su fidelidad.