• El duelo

    “Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve.” Juan 11:33-34 RVR1960

    La muerte es esa pérdida que por su peso emocional, genera una revolución interna tan fuerte, que provoca diversas emociones, sentimientos y reacciones. Jesús se conmovió por ver a su alrededor aquella multitud doliente y, sobre todo, ver a María y a Marta sufriendo aquella pérdida, y Él mismo reaccionó con llanto.

    “Jesús lloró.” Juan 11:35 RVR1960

    La Biblia está bien documentada de diversos momentos de duelo tanto en el Antiguo Testamento, y en menos cantidad en el Nuevo Testamento. De hecho, en el antiguo testamento, los procesos de duelo eran muy dramáticos, simbólicos y públicos, por ejemplo, Jacob respecto a la idea de que su hijo José había muerto, entra en depresión:

    “Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días. Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol. Y lo lloró su padre.” Génesis 37:34-35 RVR1960

    Así que, la muerte siendo la parte final del ciclo de vida, nos genera angustia, apegos y añoranzas; y no pocas veces, puede generar culpa. 

    El duelo tiene su articulación teórica, como un proceso normal que sigue a una pérdida significativa. Este proceso se caracteriza por emociones intensas de dolor emocional: tristeza, rabia, desconcierto; acompañadas de ansiedad, insomnio (exceso de somnolencia), cansancio, falta de ilusión, sensación de ahogo e incluso deseo de morir. Si bien el duelo es un proceso normal, debido a diferentes factores puede complicarse hasta convertirse en un duelo patológico. Entre estos factores se encuentran la negación de la realidad, una relación ambivalente con la persona fallecida, o la dificultada para expresar las emociones de dolor asociadas a este proceso. (Burgos, Georgina. 2018).

    Kübler-Ross, psiquiatra suiza, consideró que el proceso de duelo transita cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. No obstante, estas cinco etapas no ocurren necesariamente de manera secuencial, sino que pueden coexistir y alternarse entre sí. (Burgos, Georgina. 2018)

    Así las cosas, los creyentes no debemos negarnos el duelo, en tanto este es natural y sano. Las manifestaciones culturales del duelo son diferentes según leemos en la Biblia, pero todas ellas buscan aliviar angustia, desesperación, culpa y apegos.

    Tanto Marta como María, expresaron frustración, y de alguna manera trataron de proyectarlo sobre Jesús al decirle: “Si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”.

    “Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.” Juan 11:21, 32 RVR1960

    Aquella expresión que para muchos es una expresión de fe (y es posible que lo fuera) termina en todo caso, siendo un fugaz momento de negación que la mayoría de las veces todos mostramos ante la muerte de un ser querido.

    A los hijos de Dios nos queda claro dos cosas en este proceso de muerte y duelo: 

    1. El doliente necesita y debe vivir el duelo con total naturalidad y libertad. Al fin de cuenta, los vínculos emocionales que se establecieron en un proceso de vida, deberán ahora soltarse en un proceso de muerte (luto).
    2. La consolación en Cristo, es nuestra fortaleza en estos procesos de muerte. La vida es más que la muerte.

    “Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Juan 11:40 RVR1960

    Piense en esto: “la muerte siempre significa renuncia. Pablo al metaforizar acerca de la nueva vida en Cristo, dice que debemos morir a prácticas impropias a la nueva naturaleza. Y para el apóstol, morir es dejar, es soltar”. Luego, acerca de Jesús la Biblia dice: “sueltos los dolores de la muerte…”.

    El luto es precisamente el proceso diferenciado para cada persona, de soltar apegos, recuerdos, emociones y sentimientos, que requieren ser transformados en aceptación de una nueva normalidad. 

    Referencias 

    1. Burgos Gil, Georgina (22 Dic. 2018) El duelo: sus etapas y tareas. https://www.saludterapia.com/articulos/a/2870-duelo-etapas-y-tareas.html.
  • Una montaña ha sido removida

    Sabemos la definición de lo que nos han enseñado acerca de la gracia de Dios. La conocemos como aquella disposición divina de darnos lo que no merecíamos ni podíamos obtener por méritos propios. Y esta definición está bíblicamente y teológicamente más relacionada a la salvación, no obstante, podemos pensar en la gracia en sentido amplio y completo al ver la transformación que experimenta nuestro carácter y por ende nuestra personalidad, cuando Cristo ha venido a nuestra vida.

    Pero ¿realmente hemos llegado a la comprensión de lo que significa esta “gracia” divina? Veamos algunos textos que nos ayudarán a valorar más esta característica del mensaje de la cruz. Sí, ahí en la cruz es donde se pagó el precio de la gracia poderosa y abundante para sanar un corazón desahuciado como el mío, y seguramente como el tuyo.

    “Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis sus límites; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá. Y Jehová le dijo: Ve, desciende, y subirás tú, y Aarón contigo; mas los sacerdotes y el pueblo no traspasen el límite para subir a Jehová, no sea que haga en ellos estrago.” Éxodo 19:12, 24 RVR1960

    Esta es la clase de relación de un Dios santo, con una nación impura. Y así de impuros siguen siendo los corazones humanos, que no han sido lavados por la fe, en la sangre expiatoria de Jesús. No obstante, la razón por la que no muere la gente por motivos de su impureza es porque no están expuestas a la santidad de Dios cara a cara.

    Si leemos apocalipsis nos damos cuenta de que miles morirán en el careo con Dios en aquel día de juicio divino. Así que esto no ha cambiado, Dios es inmutable. Leamos:

    “Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.” Apocalipsis 19:21 RVR1960

    Entonces, ¿qué pasa con los creyentes? Pues lo que pasa es que hemos sido purificados por medio de la sangre de Cristo Jesús, y entonces podemos acercarnos cara a cara a Dios. Y esto es comprender lo que significa en todo su potencial, la gracia de Dios.

    “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” Hebreos 4:16 RVR1960

    La pregunta que muchos cristianos deben hacerse es ¿por qué no pueden tener esta clase de confianza en Dios? La Biblia nos manda a confiar y pedir ayuda para un socorro oportuno. Muchas veces ignoramos qué tan oportuna debe ser la llamada de auxilio y sufrimos consecuencias que no estaban presupuestadas.

    Al terminar esta reflexión, espero que medite en los siguientes textos donde se hace una comparación entre el objeto sagrado de la montaña que se interponía entre Dios y el pueblo, y nuestro Dios que hoy ha quitado esa montaña de fuego y espanto entre nosotros y Él.

    “Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;” Hebreos 12:18-21 RVR1960

    ¿Qué es lo que te espanta de la presencia sanadora de Dios? Mucho cuidado, porque esa montaña de espanto ha sido removida.

    “sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.” Hebreos 12:22-24 RVR1960

    Un verdadero creyente, sabe que se ha acercado a Jesús, quien nos lleva al Padre eternamente. Y eso es gracia abundante.

  • La ciencia del bien y del mal

    El árbol plantado por Dios mismo en medio del huerto, y al que llamó el árbol del conocimiento (ciencia) del bien y del mal, es sin duda un desafío interpretativo. Desde este relato bíblico no pocas personas afirman que Dios es creador del mal, ya que por inferencia concluyen que el árbol mencionado es una dualidad de contrasentidos: “el bien y el mal”, contenido en un mismo fruto. Los cristianos por otra parte, preferimos no indagar mucho el tema por su complejidad, pero también por temor a blasfemar contra Dios. La mejor posición en temas como estos, es que si no estamos adecuadamente informados, mejor no tocarlos. No obstante, es necesario, que si nuestra razón lo demanda; nos aboquemos a encontrar las respuestas, ya que ninguna postura humana cambiará la naturaleza de Dios y su existencia, por lo que debemos perder el temor de preguntarle al texto bíblico, aún aquellas interrogantes desafiantes, si el caso es una duda sincera.

    Primeramente, al leer los primeros dos capítulos de Génesis, debemos notar que el relator expresa en varias oportunidades que Dios vio lo que había hecho, como bueno en gran manera. Dios entonces solo se enfocó en el bien. Lo segundo que debemos analizar, es que para cuando Dios pone al hombre en el huerto, el contexto del relato nos indica que un ser de luz lleno de maldad ya estaba en el jardín. El mismo ser que en forma de serpiente induce a Eva y Adán al fruto del árbol que se les había prohibido. De hecho, Ezequiel, Isaías y Job dan en sus escritos, varias pistas de que el ser en cuestión había sido botado desde el Reino de Dios en los Cielos, por haberse rebelado con maldad, en contra de Dios el Supremo.

    Con esto en mente, leamos dos textos clave:

    Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto. Génesis 1:31

    Al terminar la creación previa a la creación del humano, Dios se complace de su gran obra, la cual califica de “buena en gran manera”. No hay lugar para pensar desde la perspectiva bíblica, que Dios hizo algo malo.

    Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. 16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. Génesis 2: 15-17.

    Dios entonces toma al hombre, lo pone (le da casa) en el huerto, y le da propósito y mandamientos. El propósito es que labre y cuida la tierra comiendo del fruto de su trabajo, como hasta el día de hoy sucede. Pero el mandamiento es que no coman del único árbol (el árbol de la ciencia del bien y del mal) que lo limita y lo subordina a Dios mismo. Así que no perdamos de vista este encadenamiento de hechos: Un propósito, subordinado a un mandamiento.

    La mayoría de las personas que tienen problemas con el carácter de Dios, es porque reniegan a la subordinación a Dios mismo. Ese fue el problema con el ser de fuego llamado lucero o luzbel, conocido ahora como satanás. Y fue el problema de Eva al comer del fruto, igual que el problema de Adán al aceptar la invitación de Eva para que comiera.

    Este árbol nos muestra de alguna manera, que los seres humanos siempre hemos tenido un libre albedrío (libre elección moral) antes de decidir obedecer a Dios. Por cierto, ya en Cristo los creyentes no tenemos libre albedrío, pues no somos libres de actuar como queremos, sino como Dios demanda de nosotros. Pero eso será tema para otra ocasión.

    Lo cierto, es que aquel árbol no era una raíz de maldad en sí misma, sino una representación clara de lo que podría pasar (y pasó), si la criatura desobedecía a quien la creó.

    Es muy importante para cerrar este tema, que miremos dos conceptos clave desde una perspectiva gramatical.

    En hebreo, las palabras usadas para ciencia y conocimiento son diferentes y se autodefinen en sí mismas. Veamos:

    En Génesis 2:17 aparece el sustantivo dá’at que significa discernimiento o entendimiento del bien y del mal, y no una experiencia de bondad ni de maldad. Ellos al ver el árbol en medio del huerto y la expresa prohibición de Dios, entendían (ciencia, no experiencia) que no debían comerlo para no arriesgarse a la muerte. De hecho, la otra palabra es yadá, que termina siendo la raíz para la primera (dá’at) y significa “conocer por observación y experiencia”. Por lo tanto, yadá implica intimidad por experimentación, mientras que dá’at es un conocimiento intelectual o del raciocinio, que tiende más a la sabiduría.

    Tanto es así, que dá’at solo se usa dos veces en Génesis relacionada a este concepto del árbol del bien y del mal. Mientras que yadá es usada para un conocer por medio del contacto y la experiencia, por ejemplo, cuando en Génesis 4:1 la Biblia dice que Adán conoció a Eva su mujer. Es decir, tuvo relaciones sexuales.

    El árbol de la ciencia del bien y del mal, termina siendo entonces un estado de consciencia de la existencia del mal, en contraste con todo el bien que Adán y Eva conocían. Ellos pudieron haber conocido el mal desde el intelecto (la advertencia de: “no comerás”) y por el discernimiento de entender que algo malo les pasaría si desobedecían. Pero hasta ese punto, no habían experimentado con el mal, hasta comer; o sea, tener contacto con la prohibición expresa del mandamiento.

    El día de hoy pasa exactamente lo mismo. Nosotros entendemos esta dualidad del bien y del mal. El solo hecho de saber que existe el mal, no nos hace cometer maldad. Ese es un conocimiento intelectual. Pero en el momento que intimamos con el mal o tenemos la experiencia; hemos tomado el fruto y lo hemos comido. Eso es lo que trajo muerte al ser humano, y sigue trayendo muerte según lo explica Pablo a los romanos.

    “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos‬ ‭6‬:‭23‬ ‭RVR1960‬‬

    Realmente el mundo fue diseñado y creado en aplomo con el bien. No existe una razón válida desde la fe, para dudar de la bondad de Dios y de su perfecta obra, y entender que de su corazón puro no podía surgir el mal.

    Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto. Génesis 1:31

  • Esperar con expectativa

    La desesperanza ha llegado para quedarse entre nosotros. El contexto global no facilita un panorama mejor. Hay guerras y rumores de guerras, y con estas guerras viene más desesperanza en las fronteras más alejadas al conflicto, y desesperación en las poblaciones afectadas de manera directa.

    Los analistas dicen que la economía se contraerá; afectando el empleo y el sustento de manera consecuente, la hambruna recrudecerá, y las enfermedades proliferarán.

    Los grandes egos del mundo se enfrentan, siendo la peor tragedia humana, aún más que las anteriores mencionadas. Y así, se define en pocas líneas el vacío más profundo y el agujero negro de nuestra sociedad, alimentado por lo que llamaré; “desesperanza sociopatológica”.

    Pero vamos a ir a la Biblia, porque mi propósito es que veamos con luz del cielo, de qué se trata este mal, y cuál es la respuesta imperdible que debemos dar a este problema social. Veamos:

    “Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti.” Salmos 39:7 RVR1960

    David, expresa lo que podría estar expresando ahora mismo nuestro ser: la duda… “Y ahora, Señor, ¿qué esperaré?… denota esa actitud dubitativa, porque la esperanza sin expectativa termina siendo una mera especulación.

    El salmista lo que hace es poner este texto con una función “bisagra”, en medio de dos cuerpos de ideas que llamamos contexto anterior y posterior.

    En el contexto anterior (versículos 1-6) David expone la transitoriedad de la vida, su fragilidad y su inseguridad ontológica (una esencia del ser que no solo trata de explicar su origen, sino que rebusca en su posible futuro). Luego en la segunda mitad o contexto posterior (versículos 8-13) David encuentra una ventana de esperanza. La esperanza del perdón divino, por las transgresiones (sus rebeliones y desobediencia a la ley de Dios) que le han causado muerte – ese dolor emocional – inclusive males físicos.

    Por eso la segunda mitad del versículo siete dice: “Mi esperanza está en ti”. Y esta segunda conjugación del verbo “esperar”, usa otra raíz hebrea distinta de la primera conjugación; que implica un esperar con expectativa. Eso significa que la espera no es vacía o no está envuelta en vanidad (en cosas cosméticas). Es una espera firme que conforta y da suficiente combustible para continuar la vida, viviéndola en la búsqueda de esos valores espirituales centrados en “Adonai” (mi Señor o dueño).

    Ahora, en la vida cotidiana no solemos estar tan ocupados de los problemas globales. Ni siquiera nos ocupan mucho los problemas de nuestros países. ¿Por qué? Porque tenemos suficientes problemas personales y familiares como para llenar nuestras cabezas con más. Lo que para una persona suele ser algo pequeño, para otra puede ser una crisis.

    En los primeros versículos del salmo, hay pepitas de oro sapienciales referente a esos procesos de autorreflexión que para todos los creyentes debe emerger como crisis con propósito.

    Enmudecí con silencio, me callé aun respecto de lo bueno; Y se agravó mi dolor.

    Ciertamente como una sombra es el hombre; Ciertamente en vano se afana; Amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá. Salmos39:2, 6RVR1960

    El salmista nos pone en perspectiva de esa vida existencial y vacía, que no tiene conocimiento del final que le depara su futuro. Y para un creyente esa fórmula no debe ni siquiera ser considerada. Mientras que callar es una decisión condicionada a cada circunstancia y propósito, pero nunca una regla general.

    Por lo tanto, mi consejo es enfocarnos en lo que nos inquieta y afecta nuestro estado de ánimo. Luego revisar nuestros valores y cómo estos están siendo afectados por los problemas. Y basado en ese rápido análisis involucremos todo nuestro ser emocional y espiritual en la búsqueda de metas o pasos hacia la libertad de esas crisis.

    En los casos donde las crisis son de tipo laboral y por ende económicas, el consejo es rodearnos de las personas que nos quieren y no dudarán en darnos apoyo.

    En las crisis de familia, buscar acompañamiento profesional o de consejería, abriéndonos a encontrar los aspectos detonantes en nosotros mismos primero, y no en los demás.

    En las crisis de ansiedad o de tipo psicológico, debemos siempre buscar apoyo profesional.

    Pero de manera concluyente, para todos los creyentes la autorreflexión debe desembocar siempre en la certera Palabra de Dios. Como lo expresó David: “Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti.”