• Sencillo, poderoso, sorprendente

    En estas fechas decembrinas, es casi una tendencia mundial, con sus excepciones, una cierta disposición de festividad en las personas. Ciertamente no todos tienen la misma motivación, pero en su mayoría hay una disposición de alegría.

    Tristemente no todo motivo es causa de alegría genuina. Hay alegrías materializadas que dependen de lo que podemos recibir y dar en esta época de navidad. Y esa es una causa de mucho estrés en las personas. ¿Cómo podremos tener un corazón agradecido y alegre?

    Una reciente experiencia con mi nieto me servirá de anécdota pedagógica.

    “Una sobrina vino a casa para entregar un regalito navideño a mi nieto de tan solo cuatro años. Cuando mi nieto lo recibió inmediatamente abrió la bolsa del regalo y su expresión corporal y verbal fue apasionadamente de sorpresa, y exclamó: “¡Waoo!” – una expresión muy repetitiva en él cuando algo lo sorprende gratamente – y es que estaba tan sorprendido y emocionado con el regalo, que agradeció a mi sobrina quien se lo entregó, y la llenó de abrazos y gratitud”

    Esto me hace recordar, que la única manera en que los seres humanos podemos ser genuinamente agradecidos es cuando somos capaces de sorprendernos. Y además, solo un corazón sencillo es capaz de ser sorprendido. Tal como el corazón de un niño quien no tiene más expectativa que disfrutar el amor de los suyos.

    Entre tantas noticias en el cierre de año, ¿cuál te podría sorprender? La mejor noticia no es cuántos ahorros tenemos al cerrar el año, tampoco es cuántos regalos daremos o recibiremos.

    Pero el ángel les dijo: — No tengan miedo, porque vengo a traerles una buena noticia, que será causa de gran alegría para todo el pueblo. En la ciudad de David les ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías, el Señor. LUCAS 2:10-11 BHTI.

    La noticia que Los Ángeles le traen a los pastores en el campo es una que iba a causar “gran alegria” al corazón de ellos. ¿Cuál fue la noticia?

    “Les ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías, el Señor”.

    Aquellos pastores sencillos, estaban atónitos y gratamente sorprendidos, por una noticia que debería sorprender y llenar de alegría el corazón humano. Pero no es así en la mayoría de los casos.

    Hemos dejado de sorprendernos por las cosas sencillas, y lo sencillo del mensaje de salvación.

    Navidad es en esencia, un mensaje sencillo, poderoso y sorprendente. Si tu corazón no lo capta, es porque tu navidad tiene otra motivación.

    “Nos ha nacido un Salvador, Cristo el Señor”.

     

     

  • Temor de Dios: El principio

    La sabiduría como principio, debe ser el principio de una nueva relación con Dios. Una relación que redime, que limpia, que sana hasta la plenitud.

    Antes de pensar teológicamente en este aforismo de sabiduría antigua, vamos a revisar un poco el concepto de “principio”. Esta palabra tiene su significado con sus acepciones que aluden a diferentes disciplinas del saber, como: la gramática, derecho, química y filosofía. Siendo etimológicamente una palabra que deriva del latín como “principium”; y que engloba la idea de todo comienzo como rector de algo nuevo. O sea, la palabra en sí encierra un sentido rector (superior y regente).

    De esta manera, podemos ir deduciendo que “el temor de Dios” es un principio rector de la fe, pues nadie puede aducir fe en Dios, si no se rige por el temor reverente de Dios.

    Atribuido a Salomón, proverbios nos habla abundantemente de sabiduría, y vamos a echar mano de uno de los versículos más prominentes al respecto, ya que logra englobar la esencia de la sabiduría espiritual.

    “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”. Proverbios 1:7 (RVR60).

    En este texto, la palabra “principio” surge del hebreo “reshít” (raíz heb., para cabeza), y su significado es: “lo que es primero en lugar, tiempo, orden y rango”.

    Entonces la Biblia valida ampliamente “el temor de Dios” como un principio rector para una vida redimida, limpia y plena.

    Temer a Dios es lo primero en lugar, tiempo y orden de prioridad, y es en esa condición que se cumple aquella premisa espiritual, que dicta así: “el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo…” porque un principio como ente rector, es a la vez transformador. Los sencillos somos transformados por guardar credulidad y respeto a la Palabra de Dios.

    Dios nos muestra que la sabiduría en Él no se pesa por cantidad de conocimiento, sino por la obediencia. La obediencia a la vez es una forma de sintetizar el conocimiento que tenemos acerca de Dios. Por lo tanto, no es que menospreciamos el conocimiento, pero sí advertimos que el conocimiento no aplicado es necedad y aflicción. El mismo Salomón; nos plantea esta visión del conocimiento; conocimiento que yo personalmente considero estéril, en tanto no aporta al cambio de las conductas humanas que tienen el potencial de alejar al humano de Dios.

    “Y dediqué mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y los desvaríos; conocí que aun esto era aflicción de espíritu. Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor”. Eclesiastés 1:17-18 (RVR60).

    En contexto de todo el argumento de Eclesiastés, hemos de comprender que Salomón no está menospreciando la sabiduría. De alguna manera nos indica que él se dio a la tarea de “conocer” la “sabiduría”. Conocer es un proceso del intelecto humano, la sabiduría es una fórmula espiritual y salvífica de Dios. Por eso Santiago hace una diferencia entre sabiduría humana y divina. Y sin esa sabiduría espiritual que aflora como fruto del “temor de Dios”, la salvación es vana ilusión.

    Cuando Salomón, o los sabios que recopilaron estos proverbios atribuidos a Salomón; se dieron a la tarea de “conocer”, se basaron en sus experimentos y experiencias. Eclesiastés refleja varios estudios sociales de los sabios de la época. Y claro, ellos terminaron mostrando sus debilidades a las exigencias de un código de ética inconquistable para la razón humana, como la sabiduría y el temor de Dios. De ahí la conclusión: “…Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor”. El conocimiento del bien y del mal, siempre añade dolor y aflicción, desde el huerto del Edén fue evidente. La única cura a ese dolor es vivir bajo el temor de Dios, por la fe y aplicando la sabiduría en todo cuanto hacemos y somos.

    La sabiduría de Dios está al alcance de los hijos e hijas de Dios, y no tiene que ver con una producción del conocimiento humano, sino con el conocimiento de Dios que recibimos por medio de la fe en Cristo. Y Cristo mismo ha sido hecho sabiduría de Dios (1 Cor. 1:24).

  • Nuevamente Navidad

    Cambian las circunstancias personales, cambia el ambiente, cambian las expectativas, e incluso puede que cambien algunos rostros alrededor, porque algunas personas muy especiales para algunos de nosotros se fueron. Quizá otras personas han llegado a nuestras vidas. Pero una vez más estamos ante una fecha que se ha resistido a desaparecer, aun cuando ha tenido muchos contratiempos en la cultura global.

    La navidad puede ser aceptada como oportunidad comercial por excelencia, pero no por el significado que le ha imprimido la cristiandad. Pensar en la navidad con relación a Cristo, ha sido objetado por creyentes y no creyentes. Los unos porque aducen falta de contenido bíblico, los últimos, porque son de plano enemigos de la fe.

    Respecto a los cristianos que se oponen, tienen a su favor, que la fecha no tiene un asidero bíblico. Inclusive las fechas de la natividad de Jesús por contexto bíblico, histórico y climático; podrían señalar otra época. No obstante, debemos aceptar el contenido alegórico de la fecha, y si lo celebramos, que lo hagamos en sentido correcto y no comercial. Si por alguna razón alguien no lo celebra, nada ni nadie podría señalarle.

    Pero para quienes celebramos esta época, nos cobijamos en la noticia más importante jamás anunciada: “el advenimiento del Señor y Salvador, Jesús”. Y debemos cuidarnos que nada nos distraiga de este cometido.

    “que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.” Lucas 2:11 RVR1960

    ¿Qué debe provocar esta noticia en nosotros?

    “¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” Lucas 2:14 RVR1960.

    Indudablemente debe provocar paz, porque la gracia de Dios se ha manifestado a nosotros. La buena voluntad para los hombres (género humano) viene de parte de Dios. Y en estos tiempos que estamos viviendo, bien haremos en celebrar su nacimiento humano, ya que Cristo es increado y eterno, pero decidió nacer de carne para habitar entre nosotros, simples mortales.

    Bienvenida nuevamente la navidad.

  • El duelo

    “Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve.” Juan 11:33-34 RVR1960

    La muerte es esa pérdida que por su peso emocional, genera una revolución interna tan fuerte, que provoca diversas emociones, sentimientos y reacciones. Jesús se conmovió por ver a su alrededor aquella multitud doliente y, sobre todo, ver a María y a Marta sufriendo aquella pérdida, y Él mismo reaccionó con llanto.

    “Jesús lloró.” Juan 11:35 RVR1960

    La Biblia está bien documentada de diversos momentos de duelo tanto en el Antiguo Testamento, y en menos cantidad en el Nuevo Testamento. De hecho, en el antiguo testamento, los procesos de duelo eran muy dramáticos, simbólicos y públicos, por ejemplo, Jacob respecto a la idea de que su hijo José había muerto, entra en depresión:

    “Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días. Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol. Y lo lloró su padre.” Génesis 37:34-35 RVR1960

    Así que, la muerte siendo la parte final del ciclo de vida, nos genera angustia, apegos y añoranzas; y no pocas veces, puede generar culpa. 

    El duelo tiene su articulación teórica, como un proceso normal que sigue a una pérdida significativa. Este proceso se caracteriza por emociones intensas de dolor emocional: tristeza, rabia, desconcierto; acompañadas de ansiedad, insomnio (exceso de somnolencia), cansancio, falta de ilusión, sensación de ahogo e incluso deseo de morir. Si bien el duelo es un proceso normal, debido a diferentes factores puede complicarse hasta convertirse en un duelo patológico. Entre estos factores se encuentran la negación de la realidad, una relación ambivalente con la persona fallecida, o la dificultada para expresar las emociones de dolor asociadas a este proceso. (Burgos, Georgina. 2018).

    Kübler-Ross, psiquiatra suiza, consideró que el proceso de duelo transita cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. No obstante, estas cinco etapas no ocurren necesariamente de manera secuencial, sino que pueden coexistir y alternarse entre sí. (Burgos, Georgina. 2018)

    Así las cosas, los creyentes no debemos negarnos el duelo, en tanto este es natural y sano. Las manifestaciones culturales del duelo son diferentes según leemos en la Biblia, pero todas ellas buscan aliviar angustia, desesperación, culpa y apegos.

    Tanto Marta como María, expresaron frustración, y de alguna manera trataron de proyectarlo sobre Jesús al decirle: “Si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”.

    “Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.” Juan 11:21, 32 RVR1960

    Aquella expresión que para muchos es una expresión de fe (y es posible que lo fuera) termina en todo caso, siendo un fugaz momento de negación que la mayoría de las veces todos mostramos ante la muerte de un ser querido.

    A los hijos de Dios nos queda claro dos cosas en este proceso de muerte y duelo: 

    1. El doliente necesita y debe vivir el duelo con total naturalidad y libertad. Al fin de cuenta, los vínculos emocionales que se establecieron en un proceso de vida, deberán ahora soltarse en un proceso de muerte (luto).
    2. La consolación en Cristo, es nuestra fortaleza en estos procesos de muerte. La vida es más que la muerte.

    “Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Juan 11:40 RVR1960

    Piense en esto: “la muerte siempre significa renuncia. Pablo al metaforizar acerca de la nueva vida en Cristo, dice que debemos morir a prácticas impropias a la nueva naturaleza. Y para el apóstol, morir es dejar, es soltar”. Luego, acerca de Jesús la Biblia dice: “sueltos los dolores de la muerte…”.

    El luto es precisamente el proceso diferenciado para cada persona, de soltar apegos, recuerdos, emociones y sentimientos, que requieren ser transformados en aceptación de una nueva normalidad. 

    Referencias 

    1. Burgos Gil, Georgina (22 Dic. 2018) El duelo: sus etapas y tareas. https://www.saludterapia.com/articulos/a/2870-duelo-etapas-y-tareas.html.