• Autoimagen, nuestro dilema 

    “Yo sé que en mí el bien no tiene vida, es decir, no reside en mi naturaleza humana. Hay en mí el deseo de hacer el bien, pero no puedo llevarlo a cabo”. Romanos 7:18 (PDT)

    Desde génesis capítulo tres, estamos fuera del propósito original de Dios. Pero el diseño de Dios no ha cambiado, Él como ingeniero de nuestros sistemas orgánicos y psíquicos, también arquitecto de nuestras vidas, nos diseñó e hizo a su imagen y semejanza, y en el catastrófico episodio del huerto de Edén, fuimos seriamente dañados en nuestro carácter y forma de pensar (La voluntad), que también han sido diseñados a la semejanza del Creador.

    La Biblia nos enseña que satanás estuvo detrás de este ataque violento en el huerto, y aunque la intención de este ser malévolo era la destrucción total y eterna; no tenía el poder ni el permiso para destruir la obra que Dios hizo perfecta. Por lo tanto, solo logró desvirtuar nuestra voluntad (carácter y pensamientos) y con ello “autoimagen”. Es por esta razón, que aun viniendo a Cristo para ser regentados, muchas veces no logramos ver con claridad quiénes somos en Él, y por ende para Dios, y dejamos de ser lo Dios quiere que seamos, tampoco logramos cumplir el propósito de Dios sin antes sufrir muchos tropiezos.

    El deseo original de Dios para nuestra vida es milimétricamente la perfección, pero tal característica ha sido seriamente dañada en nosotros, y estamos lejos de ser perfectos en nuestra manera de pensar, decidir y relacionarnos; generando mucho conflicto a nuestro alrededor.

    Para una mejor comprensión de esta perspectiva existencial, usaremos un referente muy común. Por ejemplo, las computadoras y los celulares. Estos equipos tienen un componente llamado tarjeta madre. Es como el cerebro electrónico del equipo, y si se daña esta tarjeta; el aparato físico o la carcasa, sigue intacta pero su función es irregular o del todo no funciona. Cuando una tarjeta madre se daña solo queda el reemplazo por una nueva, ya que no se puede reparar, y una vez que se reemplaza, la tarjeta debe calzar con el modelo y compatibilidad del equipo para que integre los otros componentes, de lo contrario sufriremos por un inadecuado desempeño.

    Así nosotros al haber sido seriamente dañados en nuestra voluntad (la tarjeta madre), somos disfuncionales; aunque nuestra carcasa o cuerpo sigue siendo fiel al diseño, funcionamos mal o no funcionamos del todo, en detrimento del propósito de Dios para nuestras vidas.

    No podemos ser reparados, ya que la Biblia enseña que estamos en una condición de muerte, esto es, totalmente destruidos en nuestra voluntad para buscar y agradar a Dios. Y no podemos agradar a Dios porque no tenemos voluntad para hacerlo, ya que ahí está el daño fatal.

    La única salida es que nuestra voluntad (como la tarjeta madre) sea reemplazada por completo, y precisamente eso es lo que Cristo puede lograr por sus propios méritos.

    Debo resaltar, que incluso las ciencias de la salud desde la psicología y la psiquiatría intentan apoyar positivamente para reparar daños a este nivel de la autoimagen y sus alcances como la autoestima y el autoconcepto, y ciertamente a través de terapia mucho se logra. Sin embargo, no pueden reemplazar nada en la psique. Pero Dios nos da una solución compleja, pero funcionalmente eterna. Dios nos ofrece un reemplazo de la voluntad, y a la vez, una transformación progresiva hasta la perfección milimétrica con la que nos diseñó.

    Lo primero entonces es que Dios trabaja nuestra voluntad a través de la obra de Cristo que cambia nuestra forma de pensar. Luego por medio del Espíritu Santo nos capacita para discernir el bien y el mal, corrigiéndonos cuando fallamos. Finalmente, por medio de la Palabra de Dios nos limpia, santifica y fortalece. Todo esto mientras Cristo regresa para llevarnos con Él y vestirnos de perfección absoluta. Como podrá usted deducir de la lectura, en este proceso no hay reparaciones, sino conversiones o cambios completos.

    Precisamente la parte que nos ha sido afectada a gran escala es la “autoimagen”, y no es que quiera forzar el tema, pero pensemos en la escena de Adán y Eva en el huerto. Ellos pensaron de sí mismos (autoimagen) de manera equivocada creyendo que podían compararse con Dios, y despreciaron la dependencia que tenían en Él, para despertar con rudeza en la mentira que habían comprado a precio de la verdad.

    Desde la psicología, “La autoimagen se configura a través de cómo nos vemos tanto a nivel físico (altura, peso, color de pelo, etc.) como a nivel intelectual, social y personal. Esta representación mental influye en cómo nos tratamos, influye en nuestra autoestima y también en nuestro autoconcepto” (Ruíz Mitjana Laura (agosto, 2022) Autoimagen: Qué es, características y cómo mejorarla. Autoimagen: qué es, características y cómo mejorarla – La Mente es Maravillosa. Pár 4).

    Ya nos vamos dando cuenta entonces que luchamos con esa configuración de nuestra mirada al espejo, pero no de una mirada banal y física, sino una mirada a nuestra estructura “yoica” que se identifica con las emociones, la autoestima y los deseos. De tal manera, que nos vemos seriamente afectados en lo que pensamos de nosotros mismos e involucramos a terceros evadiendo nuestra responsabilidad y acusando a otros de cómo nos sentimos, y escondiendo muchas veces esa imagen interior degradada, en una imagen externa distorsionada. También afecta la autopercepción, ya que al no tener una imagen equitativa de nosotros mismos la violentamos, y es lo que más estamos padeciendo actualmente en esta sociedad, un dilema ético, psicológico y espiritual de autopercepción donde cada vez más personas sufren de creer que son otra cosa que no son; por ejemplo, personas que se creen un animal, o se creen otro género atrapados en cuerpos equivocados, o se autoperciben de otra edad. La pregunta es, ¿se puede reparar este tipo de voluntad dañada? El dilema es que la misma psicología no tiene el alcance porque valida estas conductas, con el propósito de no generar más conflicto en la personalidad de quienes están viviendo estos trastornos. Por lo tanto, la única solución es Cristo, pero es un desafío en tanto la voluntad está dañada y no queremos cambiar nuestros hábitos, aunque deseamos un arraigo eterno y una vida mejor.

    Recuerde entonces que en Cristo tenemos una esperanza para esta autoimagen distorsionada:

    1. Garantía de voluntad nueva: “Él nos salvó gracias a su misericordia, no por algo bueno que hubiéramos hecho. Nos salvó lavándonos, dándonos una vida nueva al renovarnos por medio del Espíritu Santo”. Tito 3:5 (PDT)
    • Proceso de perfeccionamiento: “No quiero decir que ya llegué a la perfección en todo, sino que sigo adelante. Estoy tratando de alcanzar esa meta, pues esa es la razón por la cual Jesucristo me alcanzó a mí”. Filipenses 3:12 (PDT)

    Concluiré animando a nuestros lectores a una seria autoevaluación de su autoimagen. Recordándoles que Jesús le dijo a Nicodemo en la penumbra de la tarde, que al ser humano le era necesario “nacer de nuevo” para ver y ser parte del Reino de Dios. Nacer de nuevo es justamente un cambió de la voluntad esclava del hombre sin Dios. Y ser nuevas criaturas, es una garantía no solo de sanidad psíquica, sino de vida eterna.

  • Degeneración: Una reflexión bíblica y psicológica

    Degeneración alude al acto y el resultado de degenerar. Este verbo, por su parte, procede de degenerāre y refiere a un menoscabo o un deterioro del estado original o de la primera calidad de algo (Publicado por Julián Pérez Porto y María Merino. Actualizado el 9 de marzo de 2019. Degeneración – Qué es, definición y concepto. Disponible en https://definicion.de/degeneracion/).

    Los efectos de la rebelión acaecida en el huerto del Edén no describen las consecuencias, en suma, ni la magnitud de lo que había ocurrido. Como suele pasar cuando ocurre un evento traumático de gran proporción, el cerebro no permite asimilar todo el impacto en un acto; pues prepara el cuerpo para una respuesta adecuada y proporcional.

    “Y lo sacó el Señor del huerto de Edén, para que labrara la tierra de la que había sido tomado.” GÉNESIS 3:23 RV2020.

    El huerto representaba el equilibrio cósmico, la plusvalía ecológica y el Shalom divino. Una vez tocaran tierra extraña, debían vivir con las inclemencias propias de una tierra que ya no era amigable; pues su ecosistema había perdido plusvalía, y con respecto al cosmos no existía equilibrio y entonces el Shalom (Paz más allá de las circunstancias) se extinguió.

    Hoy en día es interesante que muchas sociedades han adoptado prácticas “amigables con el medio ambiente”; lo cual es loable, pero no olvidemos que al principio fue la tierra con su flora y su fauna; que se mostró amigable para con el género humano.

    Y es que el ser humano busca reconciliarse con la naturaleza y el universo, pero no con Dios. Y sin reconciliación con Dios no puede haber amistad con el resto de su creación.

    Fue a medida que pasaron los días, los años y los siglos, que la raza humana fue experimentado el alcance devastador del pecado.

    “Vio el Señor que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos de su corazón solo era de continuo el mal;”. GÉNESIS 6:5 RV2020

    En retrospectiva, cuando Dios castigó con todo el peso de su ley y amor al hombre y a la mujer; así como a la creación, lo que hizo fue desvincular al humano de esa conexión con la vida, sentenciándolo a una muerte inmediata y a la vez mediata; ya que murieron espiritualmente sin mediar condición alguna, pero a la vez empezaron a morir lentamente mediante el deterioro fisiológico, la violencia multifacética, los ataques de bestias del campo, las guerras, fratricidios, etc.

    El concepto de vida en el huerto implicaba una existencia holística, que alcanzaba sintonía perfecta e incorrupta del ser humano con su entorno y con Dios. No había derramamiento de sangre, y esto debe recordarnos un detalle que solo mencionaré, pero es importante meditar en otro momento: “En el contexto del huerto la dieta era de frutas, y no estoy con ello, validando o invalidando la costumbre vegetariana de hoy día puesto que nuestro contexto es diferente, y agrega proteína cárnica”.

    Pero un adecuado equilibrio con el cosmos y su ecología, demandará respeto por la vida, y según la Biblia en su amplio sentido; la vida está contenida en la sangre. De tal manera que, todo derramamiento de sangre es un clamor de redención y venganza. Por cierto, este perfecto equilibrio no es posible en este planeta y en esta era, por más civilizada y consciente que pretenda ser nuestra sociedad. Solo será posible al lado de Dios, quien sustentará toda necesidad humana que ha llevado al hombre a violentar a sus congéneres y el hábitat de las otras especies.

    “El Señor es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia”. SALMOS 103:6 RV2020

    Padecemos entonces devastadoras consecuencias a nivel físico, mental y espiritual. Padecemos guerras, epidemias, enfermedades, males congénitos, violencia en las calles, las escuelas, los hogares, la política, la religión, etcétera. Y todo por una fuerte inclinación “dopaminérgica” (efecto placentero que la dopamina genera en el cuerpo, con actos que la estimulan) y que ha quedado grabado en nuestro cuerpo en forma de hábitos. Mismos que son llamados comúnmente, vicios de la carne.

    ” Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;” ROMANOS 3:10 RV2020

    Esta economía psicosocioespiritual plateada hasta este momento desde la perspectiva bíblica, está además bien documentada en los descubrimientos de la psicología y la neurociencia.

    Hoy se sabe, que la parte más emocional del cerebro, esto es, el cerebro límbico, propiamente en el “cuerpo estriado”; que entre muchas otras funciones tiene por tarea: “La regulación de la conducta motivada (en función de la dopamina un neurotransmisor que sustenta de placer y disfrute el cuerpo)”. Permite que queden registrados los hábitos que se compensan con alguna clase e intensidad de placer.

    Este placer no es necesariamente un factor de buenas costumbres o gestores de felicidad, por el contrario, son vinculaciones adictivas de las que muchas veces la voluntad humana quisiera liberarse. Por medio de la imagenología cerebral como las distintas categorías tomográficas, se ha llegado a observar huellas o surcos de actividades repetitivas a modo de grabados, que sugieren registro de actividades repetitivas. En esos hábitos hay que centrar la atención para estudiar, comprender y atender la conducta humana, ya que esta ha venido involucionando (retrocediendo o degenerándose) tanto a nivel moral como neurológicamente (mayores trastornos mentales y enfermedades mentales).

    En el huerto, Adán y Eva es muy probable que mantuvieron conversaciones por largos días, creando así un hábito que los fue convenciendo de que lo prohibido por Dios, no era tan malo. Aquello fue una motivación llena de dopamina pura, que los hizo disfrutar el momento, para luego sufrir con amargura (Una característica de una saturación de dopamina, es el sentido placentero inmediato, seguido por una contracción abrupta del placer).

    Así las cosas, la consecuencia más cruda de haber sido botados del huerto, es que en nuestro sistema límbico; por la naturaleza de la transgresión, ha quedado plasmada la huella dopaminérgica y la selección de acciones en función de la recompensa inmediata. ¿Por qué? Bueno, es simple decir que somos débiles y que nos cuesta controlar esas acciones que recompensan al cerebro (placer per se). Pero Pablo ya lo aclaraba en la carta a los romanos:

    “No comprendo mi forma de actuar, pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco”. Romanos 7:15

    “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”. Romanos 7:19

    Y Pablo lo que nos argumenta es que fuimos seriamente dañados en nuestra estructura espiritual llevándonos a la imposibilidad por nosotros mismos, pues desde la carnalidad (sin vida en el espíritu) la humanidad fue vendida a esclavitud de su amo, el pecado.

    “Sabemos que la ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido como esclavo bajo el pecado”. Romanos 7:14

    Y la respuesta que nunca cambiará en nuestro guion de cristianos redimidos en Cristo, es que solo por medio de Jesús podremos optar por la libertad de nuestra consciencia, pero de igual manera debemos a la vez esforzarnos en trabajar los hábitos, para lo cual la iglesia es un proyecto de Dios bien pensado.

    ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? 25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado. Romanos 7:24-25

    La Biblia nos indica claramente que Dios ha preparado una serie de obras en las cuales debemos andar si somos obedientes, y esas obras si las ponemos en práctica, serán nuestros nuevos hábitos que sustituirán el vacío de aquellas costumbres que hemos ido dejando por el amor de Dios hacia nosotros, y nuestro amor por Él.

    “Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. Efesios 2:10.

    La única manera de vivir un reposo de esta dopamina (sustancia del placer y la aventura) que nos atrapa en la envoltura del placer y la amargura posterior, es bajo el poder de Dios mismo, Él nos hizo, nos botó del huerto y nos puede redimir de toda culpa, de tal manera que los hábitos pecaminosos vayan siendo sustituidos por hábitos de gratitud y adoración al Señor. Desde una de las principales escuelas de la psicología, la manera para corregir problemas serios de la conducta, es por medio de sustituir los hábitos. Pues cada vez que dejamos un hábito que nos causa displacer o serias molestias, requerimos ocupar ese vacío. Justamente la Biblia nos modela una teología de sustitución desde el antiguo testamento cuando las víctimas inocentes emuladas en los corderos sustituían al hombre culpable para su perdón. Luego, Cristo vino a sustituirnos en la cruz donde cada ser humano debería colgar sin excusas.

    Cristo es el sacrificio sustitutivo que nos puede regenerar.

  • Didáctica del Salmo 133

    Un salmo muy usado en la liturgia de las iglesias cristianas, ya que de primera entrada nos regala el propósito para congregarnos y convivir con otros. Leemos en su metafórica redacción, que ahí donde el pueblo de Dios se reúne, es donde Dios envía “bendición y vida eterna”.

    Para Israel, el poema es la didáctica del Shalóm, o estado integral de paz y armonía con Dios y el prójimo. Es por esto que David lo compuso como canto gradual, o sea, un canto que se debía cantar mientras el peregrino subía a Jerusalén para la adoración anual (propiamente cuando subían a la pascua y las fiestas sagradas de las cosechas y de los tabernáculos).

    Pero el poema hecho canción, expone un poderoso símil entre dos elementos vitales de la vida religiosa y económica de Israel:

    1. El óleo santo de consagración levita
    2. El monte Hermón, y la fertilidad provista desde este imponente monte en el norte lejano de Jerusalén.

    El elemento de comparación es Israel, y la vida de los creyentes posteriormente.

    “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocío del Hermón, que desciende sobre los montes de Sion, porque allí envía el Señor bendición y vida eterna”. SALMOS 133:1-3 RV2020

    Con estas dos figuras de la literatura, llamadas símiles, se logran potentes comparaciones sin que la una absorba ni anule a la otra parte. De tal forma que, con el símil no se debe sustituir significados; solo se deben comparar sus cualidades.

    El monte Hermón, el más alto de Israel con 2.224 msnm. Baña literalmente los valles y montes más bajos a su paso, hacia el sur de Israel. También da vida a ríos y afluentes del Jordán, enriquece los valles fértiles de Galilea y a través del río Jordán fertiliza Judea y Samaria.

    La idea de David, era comparar la armonía y paz del pueblo, y las familias, con el poderoso Hermón cuyas aguas daban vida hasta la misma Sión. No hay mezquindad bajo el poderío de la armonía entre los hermanos.

    Luego, David evoca el acto poderoso de la consagración de Aarón y los sacerdotes levitas. A quienes les ungían con el aceite aromático consagrado para consagrar. El buen óleo, hace referencia a un aceite no adulterado y hecho conforme a la Palabra de Dios. David plantea el hecho de la convivencia espiritual del pueblo tan agradable como un aceite bien preparado que provoque la presencia de Dios mismo.

    Por favor, note que aquí no se está exaltando el imponente Hermón, ni el aceite como tal, sino la vida congregacional en armonía.

    La armonía es un concepto que alude a un acto de varias personas que se proponen unir diferencias.

    El diccionario de la RAE define armonía: “Unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes”.

    De esta manera podremos visualizar mejor la armonía a la que alude el texto. Israel debía unir y combinar diferentes culturas, dialectos, vivencias y sueños, de manera simultánea al subir a Sión para adorar. Y todo debían hacerlo en acordes, los cuales se aplicaban de manera literal por medio de los instrumentos, los cantos y la danza.

    Finalmente, fuera del contexto de Israel; la iglesia ha tomado esta lección didáctica del Salmo 133 para elevar a un nivel supremo, el acto de fe de congregarnos. Una vez más, lo hermoso de convivir los hermanos juntos, no depende del rocío de la montaña, ni del aceite aromático de consagración. Depende de habitar los hermanos juntos en armonía.

    Para Israel, Dios les proveía vida abundante por medio de la fertilidad del Hermón y el servicio de un séquito de sacerdotes consagrados para ministrar vida. Para la Iglesia hoy, el lugar imperfecto más perfecto para que fluya la vida; es la congregación de los santos. Allí de manera condicionada, Dios nos da vida abundante. Le invito a pensar en la forma que lo plantea esta otra versión:

    “Es tan refrescante como el rocío del monte Hermón que cae sobre los montes de Jerusalén. Donde se da esta armonía, el Señor concede bendición y vida eterna”. Salmo 133:3 NBV

    Espero que ahora pueda leer este Salmo con el compromiso serio de participar activa y armoniosamente, del cuerpo de Cristo.

  • Congregarse: socializar con propósito

    “El propósito de congregarnos, es recibir de Dios bendición y vida eterna”

    Elias Lara, autor

    Dios vio que no era bueno que el hombre estuviera solo en términos de pareja. Eso supone desde la óptica psicosocial, que desde la ingeniería divina nuestra salud mental, espiritual y física está supeditada a la convivencia con ese otro yo.

    Luego, Dios le demanda a Caín la vida de su hermano, a quien asesinó. Una vez más, la sana convivencia y el respeto por la vida y amor fraterno, se muestran esenciales desde la perspectiva de Dios.

    Más adelante, Noé y su familia son separados de una multitud de personas narcisistas y egoístas que no tenían en cuenta a Dios. Esta vez se marca un importante acento divino en la sociedad como un todo.

    Despues, Dios elige a un hombre con su familia. Abraham es el principio de una nueva generación que Dios “redime” culturalmente (aquí no hablo de redención eterna del alma). Abraham es el arquetipo de humanidad y buen prójimo. Actuó con sincero amor y respeto hacia su familia, siervos y amigos. Y de sus lomos desciende la nación de Israel. Una nación escogida para vivir en comunidad. Cuando Dios los saca años después de Egipto donde eran esclavos, todos salen como un solo hombre: todos cantan de alegria, todos sienten temor de faraón, todos se quejan de Moisés, y así todos se identifican con una causa.

    En resumen, las relaciones interpersonales son un medio valioso para la madurez. Hay un texto que nos dibuja esta realidad:

    “El hierro con hierro se afila; y el hombre, en contacto con su prójimo.” PROVERBIOS 27:17 RV2020

    No sé si usted ha visto cómo se afila un cuchillo, pero es justamente con otro metal preferiblemente más robusto que el cuchillo. Y en ese proceso, pequeños pedazos de metal salen del cuchillo. Es un proceso de desgaste del óxido, y melladuras (golpes y hendiduras en el filo). Es un proceso simbiótico que da resultados favorables para el metal pulido.

    Con este símil basado en este ejemplo casero, se despliega la sabiduría divina para destacar la importancia de que nuestro carácter sea aguzado (afilado) en contacto con el prójimo.

    Esta concluyente sabiduría bíblica, es vinculante a la vida en comunidad dentro de la congregación. El congregarse no es un mandamiento de hombres, es una fórmula divina para el crecimiento y la madurez. A la vez, ese crecimiento en conocimiento bíblico y madurez del carácter cristiano, dará una cosecha de discípulos aptos para el ministerio y la extensión del Reino de los Cielos.

    No te dejes llevar por la tendencia moderna de excusarnos por no ir a la iglesia, porque no nos adaptamos a nada ni nadie y, por lo tanto, puedo ser un buen creyente o una buena creyente; allá solo (a) en casa. Eso no tiene asidero bíblico. Y recordemos el mandato expresado por el escritor de hebreos:

    “No dejemos de congregarnos, como algunos tienen por costumbre; al contrario, animémonos unos a otros, y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” HEBREOS 10:25 RV2020.

    ¿Por qué el escritor resalta la advertencia, “tanto más, cuando veis que aquel día se acerca”?

    Bueno, alejarnos de la congregación nos pone en riesgo de ser alcanzados por la apostasia de los tiempos finales, en consecuencia, con el desánimo y la crisis de fe que trae el desánimo. Una última lectura al respecto que se vuelve contundente es el salmo 133:

    “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocío del Hermón, que desciende sobre los montes de Sion, porque allí envía el Señor bendición y vida eterna.” SALMOS 133:1-3 RV2020

    La causa y meta de congregarnos, es la “bendición” de Dios, la cual es amplia en alcance, la bendición no es solo un estado placentero; es, sobre todo un estado de paz y confianza en Dios en lo bueno y en lo no tan bueno que nos sucede. Y por supuesto, el salmista resalta que, en la convivencia de los santos, hay vida eterna. Una vida eterna que es a la vez sinónimo de abundante, y que no empieza en el cielo, sino en la convivencia con los hermanos, habitando juntos en armonía.

    No te dejes vencer por el desánimo, ve a la iglesia más allá de tus defectos, o de los defectos de los hermanos.