“El propósito de congregarnos, es recibir de Dios bendición y vida eterna”
Elias Lara, autor
Dios vio que no era bueno que el hombre estuviera solo en términos de pareja. Eso supone desde la óptica psicosocial, que desde la ingeniería divina nuestra salud mental, espiritual y física está supeditada a la convivencia con ese otro yo.
Luego, Dios le demanda a Caín la vida de su hermano, a quien asesinó. Una vez más, la sana convivencia y el respeto por la vida y amor fraterno, se muestran esenciales desde la perspectiva de Dios.
Más adelante, Noé y su familia son separados de una multitud de personas narcisistas y egoístas que no tenían en cuenta a Dios. Esta vez se marca un importante acento divino en la sociedad como un todo.
Despues, Dios elige a un hombre con su familia. Abraham es el principio de una nueva generación que Dios “redime” culturalmente (aquí no hablo de redención eterna del alma). Abraham es el arquetipo de humanidad y buen prójimo. Actuó con sincero amor y respeto hacia su familia, siervos y amigos. Y de sus lomos desciende la nación de Israel. Una nación escogida para vivir en comunidad. Cuando Dios los saca años después de Egipto donde eran esclavos, todos salen como un solo hombre: todos cantan de alegria, todos sienten temor de faraón, todos se quejan de Moisés, y así todos se identifican con una causa.
En resumen, las relaciones interpersonales son un medio valioso para la madurez. Hay un texto que nos dibuja esta realidad:
“El hierro con hierro se afila; y el hombre, en contacto con su prójimo.” PROVERBIOS 27:17 RV2020
No sé si usted ha visto cómo se afila un cuchillo, pero es justamente con otro metal preferiblemente más robusto que el cuchillo. Y en ese proceso, pequeños pedazos de metal salen del cuchillo. Es un proceso de desgaste del óxido, y melladuras (golpes y hendiduras en el filo). Es un proceso simbiótico que da resultados favorables para el metal pulido.
Con este símil basado en este ejemplo casero, se despliega la sabiduría divina para destacar la importancia de que nuestro carácter sea aguzado (afilado) en contacto con el prójimo.
Esta concluyente sabiduría bíblica, es vinculante a la vida en comunidad dentro de la congregación. El congregarse no es un mandamiento de hombres, es una fórmula divina para el crecimiento y la madurez. A la vez, ese crecimiento en conocimiento bíblico y madurez del carácter cristiano, dará una cosecha de discípulos aptos para el ministerio y la extensión del Reino de los Cielos.
No te dejes llevar por la tendencia moderna de excusarnos por no ir a la iglesia, porque no nos adaptamos a nada ni nadie y, por lo tanto, puedo ser un buen creyente o una buena creyente; allá solo (a) en casa. Eso no tiene asidero bíblico. Y recordemos el mandato expresado por el escritor de hebreos:
“No dejemos de congregarnos, como algunos tienen por costumbre; al contrario, animémonos unos a otros, y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” HEBREOS 10:25 RV2020.
¿Por qué el escritor resalta la advertencia, “tanto más, cuando veis que aquel día se acerca”?
Bueno, alejarnos de la congregación nos pone en riesgo de ser alcanzados por la apostasia de los tiempos finales, en consecuencia, con el desánimo y la crisis de fe que trae el desánimo. Una última lectura al respecto que se vuelve contundente es el salmo 133:
“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocío del Hermón, que desciende sobre los montes de Sion, porque allí envía el Señor bendición y vida eterna.” SALMOS 133:1-3 RV2020
La causa y meta de congregarnos, es la “bendición” de Dios, la cual es amplia en alcance, la bendición no es solo un estado placentero; es, sobre todo un estado de paz y confianza en Dios en lo bueno y en lo no tan bueno que nos sucede. Y por supuesto, el salmista resalta que, en la convivencia de los santos, hay vida eterna. Una vida eterna que es a la vez sinónimo de abundante, y que no empieza en el cielo, sino en la convivencia con los hermanos, habitando juntos en armonía.
No te dejes vencer por el desánimo, ve a la iglesia más allá de tus defectos, o de los defectos de los hermanos.


