Una paradoja relevante para nosotros los humanos; es la temporalidad dentro de una eternidad.
Vivimos con ese sentido temporal como seres mortales, porque no somos infinitamente eternos al ser seres creados. Pero somos a la vez inmortales espiritualmente, y en esa inmortalidad también tenemos un sentido de eternidad.
Por cierto, esta paradoja es imposible comprenderla en todo su significado. La Biblia dice:
“Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazón de los mortales, sin que este alcance a comprender la obra hecha por Dios desde el principio hasta el fin”. ECLESIASTÉS 3:11 RV2020.
La concepción bíblica es que Dios puso un sentido de eternidad en nuestra conciencia (corazón), aún cuando somos mortales. Pero ¿por qué es relevante esta paradojo como lo indiqué al principio del artículo? Porque nos pone en perspectiva de la responsabilidad de la vida que vivimos en el presente, y su correspondencia con la vida futura y eterna.
Luego, la idea central de la Biblia es inmortalidad del espíritu, cuya contaminación decantó en la mortalidad del cuerpo. Un hecho que, al principio en la total dependencia de Dios, no estaba prevista.
En Génesis 2:17 El Señor previene a Adán y Eva que no comieran del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque si lo hacían; ese día morirían, implicando con aquella sentencia por un lado una muerte espiritual o corrupción del alma, como resultado de la separación de Dios y de sus bendiciones y, por otro lado, la corrupción del cuerpo por medio de la muerte física.
El siguiente fruto apetecible a los ojos del deseo humano, era el fruto del árbol de la vida. Por lo tanto, Dios determina botarlos del paraíso para que, en su intento de buscar inmortalidad, no lo hicieran por medios humanos ya contaminados; perpetuando un estado de muerte en vida.
La manera que Dios ha provisto inmortalidad para los humanos, es un camino marcado por su propósito redentor y salvífico a través de Cristo, donde Dios crea un corazón nuevo.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. 2 corintios 5:17 (RVR 1960).
En Cristo la incertidumbre se acaba, pues por la fe en la obra de Cristo hemos sido reconciliados con Dios y restituidos a los lugares celestiales con Cristo.
Pablo escribe a los filipenses: “Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21). Cristo, eterno e inmortal, es el único medio y camino a la inmortalidad y la eternidad.
Tristemente, aún en la muerte el hombre es finitamente eterno. Pues para los incrédulos hay una condenación eterna. Y es en ese sentido que la temporalidad de la vida en el cuerpo es una oportunidad valiosa para alcanzar la vida eterna.
“El Señor mismo bajará del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los que murieron creyendo en él, serán los que resuciten primero. Luego, los que estemos vivos en ese momento seremos llevados junto con ellos en las nubes, para reunirnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre”. 1 tesalonicenses 4:16-17 (NBV).
La verdad más importante para todo creyente, es la promesa de que estaremos con el Señor para siempre, y ahí encontramos eternidad, inmortalidad e infinitud. Pues un misterio que Pablo expone, es que entonces conoceremos cómo fuimos conocidos, y de alguna manera ese es un sello de infinitud, esa pieza del rompecabezas que aún no encontramos. Es de alguna manera lo que Pablo nos expone:
“Mas cuando venga lo completo, desaparecerá lo que es limitado (finitud). Ahora vemos confusamente, como por medio de un espejo; entonces veremos cara a cara. Ahora conozco sólo de forma limitada; entonces conoceré del todo, como Dios mismo me conoce”. 1 corintios 13:10; 12. (BHTI).


