«El hombre por su parte tiene un llamado primordial a amar a la esposa primero y sin mezquindad. No hacerlo es aborrecer su propio cuerpo, e irrespetar a Cristo, su Cabeza espiritual«
Del Editor
Volvamos a un texto muy predicado, pero altamente discrepante entre los hermanos. Me refiero a Efesios capítulo cinco.
Los versículos a los que quiero hacer referencia son (21 al 28), pero el contexto es mucho más amplio y debemos entender las recomendaciones y mandamientos de Pablo a los hermanos en Éfeso.
“Someteos unos a otros, por respeto a Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Por tanto, como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, del mismo modo que Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Lo hizo para santificarla, después de haberla purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo como una Iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e intachable. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.” EFESIOS 5:21–28 RV2020.
Para hablar de la manera más cercana a la postura paulina sobre el controversial mandato a las mujeres; de someterse al esposo, debemos estudiar el principio rector de este mandamiento bíblico y apostólico, además de considerar el contexto.
Primero veamos un poco el contexto: Pablo en el capítulo cuatro empieza el tema de la unidad espiritual de las personas que han pasado a ser nuevas criaturas en su nueva vivencia en Cristo, y además les expone una lista de principios de vida cristiana, luego resella el discurso con el compromiso de los nuevos creyentes para andar como “hijos de luz”. Hasta aquí nada que sea complejo de comprender ni bíblica, ni culturalmente. En Efesios 5:1-2 Pablo ya siembra una idea en forma de alegoría o comparación, para ir montando el argumento que desarrollará en los versículos 21 hasta el final del capítulo 5. Este es el centro del contexto del discurso:
“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y vivid en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, como ofrenda y sacrificio de olor agradable a Dios” Efesios 5: 1-2 (RV2020).
El contexto entonces es una relación tan perfecta como sacrificial. Y es que, en esta realidad presente del ser humano, una relación perfecta demandaría dos cosas imposibles por ahora para nosotros: 1Darnos por las otras personas de manera sacrificialmente inhumana y 2 Ser seres absolutamente perfectos sin errores ni mezquindades. Por lo tanto, el argumento de Pablo empieza con: “sean pues imitadores”. El fonema “pues” es un conector de cohesión entre el capítulo 4 y el capítulo 5. La unidad en amor de la nueva vida en Cristo ha de ser posible solamente por imitación de quien es perfecto. No es un llamado a la perfección moral, sino a la perfección espiritual. ¿Qué significa? Que no somos capaces moralmente de alcanzar perfección aquí y ahora. Pero somos capaces de seguir una orden, una instrucción. Y la orden es vivir en sujeción y sometimiento entre cónyuges y entre los hermanos. Ya con esto establecemos de manera resumida un contexto.
Ahora vamos a leer y asimilar el principio rector del argumento de Pablo: “Someteos unos a otros, por respeto a Dios” Efesios 5:21 (RV2020). Por cierto, tomen nota que aquí hay una mala traducción del griego al español de, a quién se debe respetar, o se irrespetaría si no se obedece este principio. No es por temor a Dios, es por temor a Cristo. Y aunque teológicamente Cristo es en toda su extensión moral, igual a Dios, para efectos esenciales de la doctrina de Pablo sobre el sometimiento de los hijos de Dios; en la Iglesia, el hogar y la sociedad, Cristo es la figura referente única como ya lo veremos adelante. Y por ahora, solo quería hacer ver este detalle a los lectores. Vamos a usar una versión más textual en ese sentido:
“Sométanse unos a otros por respeto a Cristo.” Efesios 5:21 (NBV).
En cuestión este principio es vital porque como tal rige la vida del creyente dentro y fuera del contexto de congregación y del compromiso espiritual. Debe regirle en todo.
Como vimos al inicio en el contexto, el llamado de Pablo es a imitar a Dios como hijos, no como teóricos de la fe, ni como teólogos; sino como hijos amados, y completa la idea con el mandato: “Vivid en amor, como también Cristo nos amó…”.
Luego fácilmente puede abordar el tema del respeto en amor entre los hermanos y esto involucra el primer escenario del respeto amoroso desde el hogar, con los esposos. De tal manera que toda la argumentación del sometimiento se convierte en principio básico de la fe cristiana: “Someteos unos a otros por respeto a Cristo”. Pero ¿Por qué por respeto a Cristo? Porque Cristo es la cabeza de la comunidad de fe, la Iglesia. Quien no quiera someterse irrespeta a Cristo porque Él está liderando y modelando la perfecta voluntad del Padre.
El principio rector es un mutuo sometimiento, no un sometimiento unilateral, ni tampoco subordinado (como eslabones). Luego, Pablo es específico en decirle a la mujer que se sujete a su marido, en el entendido del sometimiento mutuo. El hombre puede aducir que él es la cabeza (que no significa señorío o poder) de la mujer, en tanto provee amor, protección y provisión. ¿Por qué? Porque es así como Cristo amó a su Iglesia y se entregó sacrificialmente por ella para “santificarla”. Cristo lo hizo por la Iglesia, y Pablo usa este hecho como una comparación de cuán poderoso, firme y redentor debe ser el amor de un esposo por su esposa, indudablemente que una mujer así de respaldada liberará todo su potencial de correspondencia como solo una mujer sabe hacerlo. No será sumisa o no mostrará sujeción por un concepto cultural de supremacía machista, lo hará por un sentido de gratitud a Dios por amarla de manera tan real a través de su esposo e hijos.
Culturalmente, la mujer es y debe ser libre de prejuicios, libre de violencia, libre de acoso, libre de trabajar y ser la profesional que tiene el potencial de ser. Y espiritualmente ser una mujer que sabe someterse a un esposo que se somete a ella por amor.
El hombre por su parte tiene un llamado primordial a amar a la esposa primero y sin mezquindad. No hacerlo es aborrecer su propio cuerpo, e irrespetar a Cristo, su Cabeza espiritual.
Pablo de ninguna manera entonces, hizo un llamado que Dios no le inspirase hacer. Por un lado, mantuvo el criterio de génesis capítulo dos del hombre y la mujer como una sola carne al mandar un sometimiento recíproco y, por otro lado, conservó el respeto por lo cultural. No obstante, sabemos que lo cultural evoluciona a nuevos retos sociales, pero se mantiene el mandato bíblico de someteos los unos a los otros.
A modo de una resumida lectura político-ideológica de textos bíblicos como estos en la actualidad, solo quiero advertir sobre el cuidado que debemos tener respecto a los movimientos humanistas, que ignoran o censuran la verdad bíblica alrededor de la dinámica de la pareja en el hogar cristiano. Siendo el movimiento feminista, por ejemplo, del cual hay algunas luchas que debemos respetar y celebrar; uno de esos movimientos humanistas que también se ha equivocado en muchas otras formas e interpretaciones. El problema está, cuando esos yerros permean en la Iglesia en forma de irrespeto a Cristo. Si el feminismo es un movimiento histórico que avanza y evoluciona, por otro lado, la hegemonía masculina que subyuga a la mujer, la agrede y la mata; pasa por ser un vicio inmoral y repugnante que también irrespeta a Cristo. Y aunque no es un movimiento orquestado, la sociedad le ha dado el calificativo de machismo, misoginia y patriarcado, y tristemente también crece en las esferas de la Iglesia mayormente entre los líderes.
Bajo estos claroscuros de la interpretación de Efesios capítulo 5, concluiremos que, de no tomar en serio el principio del “sometimiento mutuo” y el mandato de sujeción de la mujer a un marido que la ama, y de un marido quien ama a su esposa como a su propio cuerpo, y juntos amando a Cristo, el caos seguirá reinando y corrompiendo la santidad del matrimonio. Cada vez más veremos una lucha de sexos que fueron creados para la complementariedad, siendo adversativos maldiciéndose unos a otros.
Cristo dice Pablo, redimió a la Iglesia por amor de manera sacrificial, y deja ver en su argumentación que el hombre debe hacer lo mismo con la mujer y el matrimonio en la sociedad y en la Iglesia.
En la fórmula de Dios que es la que los creyentes debemos validar, la mujer no es una inferencia en el escenario humano-familiar. Tampoco es una propiedad de nadie. Es un complemento tanto, como lo es el hombre; y ambos dependen de Dios en Cristo.



