Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará;
Salmos 55:22
No dejará para siempre caído al justo. (RVR 1960)
David ahora está viviendo una de las pruebas más difíciles de su vida. Su hijo Absalón se ha rebelado y a su lado se alza en complicidad el cortesano Ahitofel; consejero de David en el palacio. La historia se registra en el segundo libro de Samuel desde el capítulo 15 al 18. David ordena a sus siervos del palacio, a los principales hombres de guerra y a los que quieran seguirlo; que salgan apresurados para evitar un derramamiento de sangre en la ciudad y sobre todo no tener que enfrentarse a su propio hijo.
¿Cuáles dolores enfrentará David? Indudablemente experimentaría esas punzantes dolencias del alma. Pero entre ellas hay dos estocadas que arden intensamente: la traición de su hijo que ahora le hacía pasar por un dolor tan terrible como el que le había imputado hacía unos nueve años atrás cuando mató a su hermano Amnón; tomando venganza por la deshonra a Tamar su hermana. Y la segunda estocada que ardía en su alma fue la alta traición de su consejero Ahitofel; quien le dio consejo y servicio de inteligencia militar a Absalón para emboscar y matar a David. Solamente no tuvieron éxito porque Dios intervino para defender a su ungido sobre Israel.
El salmo es un Masquil: Es una poesía o cántico de instrucción; cuyo fin es dejar una enseñanza en sus lectores. Con este canto David deja en la mente de su pueblo y en la nuestra; el tema de la lealtad como un valor para atesorar y de fondo nos ayuda a sobrellevar de manera apropiada la traición y sus afectaciones colaterales.
“Este Masquil exalta el valor de la lealtad; contrastando la alta traición como eje didáctico”
Elías
A los efectos desgarradores del alma, David llama en este salmo; “cargas”. Esta palabra en hebreo (Yejáb) es particularmente descriptiva. Significa: “una carga muy pesada o aquello que es dado por la providencia divina”. De hecho, esta palabra solo aparece en toda la Biblia en este salmo. Su significado nos lleva a pensar en una “carga emocional” altamente desgastante. Así se sintió David mientras huía de su propio hijo. Los versículos 12 y 13 de este salmo son referidos a su antiguo consejero Ahitofel. Mientras David corría por la seguridad de su familia, su pueblo y de él mismo; nos dejó estos valiosos consejos:
- Echa o deja caer sobre Jehová tu “carga”. Esa carga pesada que agobia casi hasta la crisis emocional y el quebrantamiento somático. Podremos contar con muchas herramientas y medicaciones – a mi parecer todas muy valiosas – pero no podremos sobreponernos en el momento adecuado y de la manera correcta, si no dejamos sobre nuestro Señor; esos pesos emocionales provocados por una traición. Hay esposos y esposas que traicionan. Hay hijos que traicionan. Hay familia que traiciona. Hay amigos que traicionan. Hay compañeros que traicionan. Hay consiervos que traicionan. Y peor es cuando nosotros nos traicionamos a nosotros mismos, lo hacemos sí; cuando traicionamos nuestros valores y nuestra fe. Esas son las “cargas más pesadas” de las que David nos advierte.
- Jehová te sustentará. David se dedicó a corregir lo que podía e inclinó su oído a escuchar a sus consejeros militares para afrontar la crisis de la manera menos perjudicial. ¿Cómo lo hizo? Confiando plenamente que Dios le daría lo necesario para sustentarlo a él y a su pueblo. Al final del capítulo 17 de 2 Samuel se narra acerca de Barzilai de Galaad; hombre rico que le suplió todo lo que necesitaron mientras se escondieron al nordeste de Jerusalén. Dios siempre nos sustentará de maneras tan naturales que tendremos que siempre estar atentos a su provisión para agradecer y aumentar nuestra confianza en Él.
- Jehová no dejará al justo caído para siempre. Una convicción que pocos cristianos tienen. David lo tenía claro y nos deja esta memoria de las promesas de Dios. David había caído sin mediar culpa. Se sabía justo en aquella situación. Pero lo más poderoso de esta promesa; es que David estaba consciente de las palabras del profeta Natán muchos años atrás, cuando Dios le dijo a David que no faltaría la espada en su casa, aunque no le quitaría el reino. En otras palabras, Dios había perdonado a David por sus pecados y esa justicia divina era la que lo hacía justo; y David lo sabía. A quien Dios justifica no puede permanecer eternamente postrado o postrada en sus pruebas y angustias.
Concluyo este pensamiento, animando a cada lector; para que atienda correctamente y a tiempo las angustias que le aquejan, a causa de esas pesadas cargas del alma.
Echa tus cargas sobre Jehová; entonces él te sustentará y no te dejará para siempre en tu postración
La Biblia
