• El Sabbath

    “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra…”

    Éxodo 20: 8-9 (RVR 1960).

    El cuarto mandamiento es de reciprocidad, donde Dios demanda santificarlo o apartarlo para Él, a la vez que representa una porción de salud física, mental y espiritual para el hombre.

    Tristemente, la omisión de este mandato ha traído consecuencias espirituales y de salud física y mental catastróficas. Los cristianos nos hemos enfrascado en una lucha interpretativa estéril, dejando de lado el sentido práctico.

    En primer lugar, toda ley divina desde el conocimiento limitado que tenemos de Dios tiene como fin el bienestar físico y emocional del hombre y de la creación en general. Por ejemplo, Pablo a los romanos (8:21) dice “porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios”. Esta referencia indica que el cosmos está en crisis y anhelando descanso de la esclavitud de siglos de maldad. Si en la época de la teocracia sobre Israel, Dios exigía descanso no solo de las personas, sino también de los animales y de la tierra cultivable; hoy en la era de la industrialización, el capitalismo y el consumismo, el descanso es sencillamente una quimera (sueño no posible).

    También nosotros los seres humanos esperamos un reposo eterno. Claro está que no todos pensamos igual acerca de ese reposo, pero sí que todos lo anhelamos. Los cristianos creemos que el reposo modelado en el “Sabbath” judío, es una sombra del que ha de venir. Jesús tuvo no pocos desacuerdos con los maestros de la ley respecto a el día de reposo. La interpretación de Jesús no era banal, pero sí práctica, pues en su respuesta más contundente Jesús explica a los fariseos según el Evangelio de Marcos (2:27-28) que, “El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo”. Entonces, hay una causalidad esgrimida por Jesús, y es que los hombres descansen de su trabajo. Convirtiendo al hombre en causa y no en efecto de una efeméride de carácter ético.  Desatender este mandamiento ético, nos ha de traer decenas de padecimiento por cansancio, agotamiento físico, estrés y ansiedad que vivimos como sociedad.

    Finalmente, en el ámbito espiritual, el Sabbath (Séptimo día), es un puente de conexión de la criatura con su creador. Es un vínculo de fe y esperanza. Esto es lo que el escritor de la carta a los hebreos les enseña:

    Por eso, mientras todavía contamos con la promesa de entrar en ese reposo de Dios, debemos tener cuidado, no sea que alguno de ustedes no lo logre. Porque nosotros recibimos el anuncio de la buena noticia, lo mismo que ellos; pero a ellos no les sirvió de nada el oírlo, porque no se unieron por la fe con los que habían obedecido al mensaje.Pero nosotros, que hemos creído, entraremos en ese reposo, del cual Dios ha dicho: «Por eso juré en mi furor
    que no entrarían en el lugar de mi reposo.» Sin embargo, Dios había terminado su trabajo desde que creó el mundo; pues en alguna parte de las Escrituras se dice del séptimo día: «Dios reposó de todo su trabajo el séptimo día.»

     Y otra vez se dice en las Escrituras: «No entrarán en mi reposo.»

     Pero todavía falta que algunos entren en ese lugar de reposo, ya que, por haber desobedecido, no entraron los que primero recibieron el anuncio.Por eso, Dios ha vuelto a señalar un día, un nuevo «hoy», y lo ha hecho hablándonos por medio de lo que, mucho tiempo después, David dijo en la Escritura ya mencionada: «Si hoy escuchan ustedes lo que Dios dice, no endurezcan su corazón.»

    Porque si Josué les hubiera dado reposo a los israelitas, Dios no habría hablado de otro día.De manera que todavía queda un reposo sagrado para el pueblo de Dios; porque el que entra en ese reposo de Dios, reposa de su trabajo, así como Dios reposó del suyo.Debemos, pues, esforzarnos por entrar en ese reposo, para que nadie siga el ejemplo de aquellos que no creyeron”. (Hebreos 4:1-11, DHH 1996).

    Por esta razón es que Jesús con autoridad les hablaba a los fariseos que ponían el sábado como central a la fe, y no la fe como central al día de reposo que debían encontrar en Jesús.

    En resumen, recordemos que el día séptimo es tal cual como la Biblia lo indica, pero que el reposo es una referencia de la salvación del alma siendo librada de la esclavitud eterna. También debemos ser responsables con el sentido de comunión consagrando para Dios un tiempo de descanso físico y espiritual. Desde mi óptica este día no debe ser uno especificado por la tradición de la Iglesia, pero sí debe tener el sentido de apartado para estar en comunión con Dios, la cual no se puede dar sin la comunión con los hermanos. De ahí la importancia de habitar los hermanos juntos en armonía (David, Salmos 133:1) y no dejar de congregarnos como algunos tienen por costumbre (Hebreos 10;25).

    A manera de anexo, ya que no fue el tema, debemos considerar que aquellos que guardan el sábado en lugar del domingo, no pecan por hacerlo, ellos se guían literalmente por el verdadero día judío para el descanso (el sábado). Luego nosotros los cristianos que guardamos de alguna manera el domingo, no pecamos pues seguimos la tradición de los apóstoles de la Iglesia primitiva quienes tomaron el primer día de la semana para reunirse en memoria de la resurrección del Señor, y distanciarse de las prácticas del judaísmo.

    Adelante entonces con la meta de entrar por medio de la fe y la obediencia a Cristo, en ese día de reposo que aún queda reservado para los hijos de Dios.

  • Las coordenadas del corazón

    “Con esta lección de vida, luego Jesús habla a la multitud acerca de una vida alejada de la insatisfacción y el afán”

    “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen y donde los ladrones entran y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido destruyen y donde los ladrones no entran ni hurtan,” MATEO 6:19-20 RV2020.

    En este fragmento del Sermón del monte, Jesús nos invita a poner el corazón en el cielo, usando la figura de un banco donde podemos hacer depósitos y tener la seguridad de no perder nuestros ahorros.

    El llamado del Maestro de “no hacer tesoros en la tierra”, no es un llamado a la mediocridad o al abandono. Es empoderarnos desde aquí en nuestra limitación temporal y mental, hacia la eternidad donde no seremos limitados en tiempo ni espacio. Por eso lo importante de invertir en la eternidad. Allá donde no hay polilla, ni herrumbre, ni ladrones.

    De alguna manera, al hacer referencia de la polilla, el óxido y los ladrones; nos deja claro que todo lo que podamos hacer aquí en la tierra con nuestras manos, es perecedero no importa que tan grande, buena y eminente sea la obra que hagamos. Todo aquí por bueno que sea, es imperfecto e insuficiente.

    Con eso en mente, ahora estaremos listos para trabajar aquí y ahora, dándole valor en su correcta dimensión a lo que hacemos y a los bienes que adquirimos. Nunca esos bienes deberían ser mas valiosos, que el valor de nuestras vidas y la vida de los otros. Además, y más importante aún, estaremos listos y claros del valor de nuestro destino eterno con Cristo.

    Entonces no olvide amar lo que hace, un poco menos de lo que ama su vida y su morada eterna. Esa es la clave para hacer tesoros en el lugar que más amas. Si amas más la vida mundanal aquí, ahí pondrás todas tus fuerzas, pero si amas más a Dios y la promesa de estar con él eternamente, entonces ahí vas a invertir. La clave está más que clara:

    “porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” MATEO 6:21 RV2020.

    El GPS del corazon, marcará inequívocamente donde pones tu tesoro más preciado. Es importante que definas ahora, dónde está tu tesoro, porque esas serán las coordenadas de tu corazón.

    Con esta lección de vida, luego Jesús habla a la multitud acerca de una vida alejada de la insatisfacción y el afán.

    Versiculos 22-23 habla de cuidarnos entonces de lo que vemos. Los ojos como lámpara del cuerpo, es una ventada de luz al alma; o un vínculo con las tinieblas.

    Versículo 24 es una advertencia para no hacer de las riquezas materiales, una meta o un propósito de vida. Si eso hacemos, habremos convertido el dinero en un dios.

    Versículos 25 – 34 una de las más poderosas conclusiones acerca de alejarse del afán o la preocupación. La seguridad de Jesús estaba en la omnisciencia de Dios, pues él “conoce” de las necesidades de sus hijos.

    ¿Pero, por qué el estrés o las preocupaciones son la enfermedad de nuestro siglo? Es la pregunta correcta que todo creyente debe hacerse, y buscar una respuesta bíblica.

    La Biblia dice: ““Buscad primero el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas.” MATEO 6:33 RV2020.

    Notemos entonces, que ahí está la razón de nuestras preocupaciones enfermizas. Hemos invertido el orden, y vamos tras las añadiduras para sentirnos seguros. Dejando de lado la búsqueda del “señorío de Cristo” (eso significa buscar el Reino de Dios y su justicia).

    Mi llamado, es volver al manual de instrucción y hacerlo tal como lo plantea Cristo.

    Busquemos el Reino de Dios y su justicia, y todas las añadiduras que Cristo crea necesarias para nosotros, él nos dará. Recuerde que el señorío de Cristo significa que él es el Señor y determinará para nuestro bien, qué darnos, y qué no.

  • El clamor que todo creyente debe oír

    «Poner la mira es elegir la meta. Elegir la meta es definir el camino, y elegir un camino siempre demandará sabiduría e inteligencia«

    elias lara

    Es el clamor de la sabiduría y la inteligencia, que asocian sus características para alcanzar a los incautos que van por el sendero de la vida, o debería mejor decir; el sendero de la muerte. De eso trata esta reflexión.

    No logro comprender cuanto tiempo perdemos los cristianos discutiendo acerca de la naturaleza de la gracia divina. Sí, cuando discutimos si la salvación es ahora o en la eternidad, es eterna o temporal, condicional o incondicional; estamos discutiendo acerca de la gracia de Dios. Podemos discutir nuestros argumentos humanos, si creemos de esta o aquella manera, pero nunca hay inteligencia en discutir los argumentos divinos. La gracia es el argumento divino necesario para llevar salvación a una humanidad que no la merece, y no la quiere. De plano no hay sabiduría en eso.

    Sin gracia, no hay misericordia. Pues la gracia parte de lo que para nosotros los humanos es la nada; que es lo mismo que la existencia eterna de Dios, en tanto que la misericordia parte del puro afecto de su voluntad (Gracia, Efesios 1:5-6).

    Pero la arrogancia que es la madre de la depravación humana ha hecho que dejemos de oír y de ver.

    Reflexionando acerca de esta obstinada característica humana, encuentro en Proverbios capítulo ocho un clamor divino, que ha de convertirse en un deseo humano si es que queremos recibir su misericordia.

    1¿No clama la sabiduría, Y da su voz la inteligencia?En las alturas junto al camino, A las encrucijadas de las veredas se para; En el lugar de las puertas, a la entrada de la ciudad, A la entrada de las puertas da voces… Proverbios 8:1-3.

    Este proverbio es una personificación de la sabiduría, quien al principio clama como quien da voces de advertencia ante el peligro. Ella se hace escuchar en “las alturas” junto al camino. Es a través de esta imagen que nos habla más vehementemente, pues “las alturas” es una descripción moral de la sabiduría; mientras que, “junto al camino” es una descripción de su alcance y cercanía. Todos los humanos podremos alcanzar la sabiduría pues está tan cerca como a la orilla de nuestro camino, y es tan alta en su apreciación moral, como las altas montañas. También, la podemos encontrar en las “encrucijadas” de las veredas, evocándonos el camino de la duda, ahí en las bifurcaciones de la vida donde a veces nada o poco sabemos del camino correcto que debemos tomar. Pero cuando la sabiduría clama a voz en cuello, ¿podremos escucharla con tanto ruido distractor en el afán de nuestra vida?

    Hay otra imagen en esta personificación que debemos atender con cuidado, y es a la sabiduría apostada en “la puerta a la entrada de la ciudad”. Las ciudades de la época eran amuralladas muchas de ellas, y las puertas puntos de control. Pero en esas puertas normalmente los sabios se reunían para platicar de temas importantes, para aconsejar y para juzgar en algunos casos. La sabiduría está entonces a la puerta de la ciudad esperando por los peregrinos para enseñarlos. No hay excusa para nadie, la sabiduría está a disposición de todos.

    Constantemente avergonzado como creyente, me veo ocupado frenéticamente con las cosas de la tierra, cuando en realidad mi llamado es poner la mirada en las cosas de arriba. ¡Qué gran insensatez! “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”. Colosenses 3:1-2. Y lo peor de todo, es que parece un camino sin retorno esta vida materialista.

    Debo confesar con algo de tristeza, que la mayoría de las veces, las aflicciones que sufro me recuerdan las decisiones en el pasado. Porque las consecuencias de elegir un camino quitando la mirada de las cosas de arriba donde está Cristo, es un seguro llanto amargo.

    Al leer el contexto temático de Pablo a los hermanos en Colosas, caemos en cuenta de la relevancia de este llamado apostólico. Poner la mira es elegir la meta. Elegir la meta es definir el camino, y elegir un camino siempre demandará sabiduría e inteligencia. Pero para morar con Cristo, es requisito (poner la mirada en las cosas de arriba) elegir el camino de la prudencia que provee la sabiduría, y la sagacidad que se desprende de la inteligencia. Es por esta razón que la sabiduría clama a la orilla del camino cristiano, y la inteligencia se aposta en las alturas.

    Finalmente, recordemos que en el versículo tres la sabiduría se paraba en las puertas a la entrada de la ciudad para ser escuchada. Pero al finalizar el capítulo, propiamente el versículo treinta y cuatro, hace referencia de la misma figura, pero a la inversa. Quienes ahora se paran a la puerta entre los dinteles de la casa, son los “buscadores” de sabiduría, y son llamados “felices” o bienaventurados. Este cambio en el sujeto nos revela que el acto de buscar la sabiduría ahora depende de nosotros. Aquellos que obedecen al llamado de proverbios ocho, somos personas perseverantes capaces de pararnos a las puertas de la sabiduría, que ahora personifica una casa que acoge en sus puertas a los verdaderos interesados en ella, y que nos enseña y prepara para la vida eterna.

    “Felices aquellos que me escuchan velando a mis puertas cada día, vigilando los dinteles de mi entrada. Quien me encuentra, encuentra la vida y obtiene el favor del Señor”. Prov. 8:34-35.

    El favor del Señor es la “gracia”.

  • Atisbos de impiedad y rebelión

    Ya vemos atisbos de esta cultura de impiedad.

    discipulo.home.blog

    La maldad es creciente, evidente e intimidante. Galopa en nuestro tiempo como jinetes apocalípticos. Podemos ver y hasta experimentar diversos grados de maldad, y no deja de ser natural a la caída humanidad. Pero hay un tipo de pecado capital que avanza avasallando y destruyendo vidas, sociedades y países. Hablamos de la impiedad o la transgresión de la ley de Dios; misma que está presente en la naturaleza, también inscrita en el corazón humano (según Pablo a los romanos), y desde luego la ley que está en las Sagradas Escrituras.

    ¿Qué debemos hacer? Estar atentos y velando porque esta condición humana es un síntoma y señal, de principios de dolores.

    “que no cambiéis fácilmente de manera de pensar. No os asustéis al escuchar que el día del Señor está cerca, así se afirme que es una revelación, o una enseñanza, o citen alguna carta atribuida a nosotros. ¡Nadie os engañe de ninguna manera!, pues no vendrá sin que antes venga la apostasía y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición.”  2 TESALONICENSES 2:2-3 RV2020.

    Pablo a los hermanos tesalonicenses los exhorta a no conturbarse o asustarse respecto a rumores acerca de la venida del Señor. El mismo consejo es para nosotros hoy. Ya que si estamos seguros de haber alcanzado la gracia de Dios, nada debe oscurecer nuestro juicio en esto.

    Luego el apóstol categóricamente concluye, que el Señor no vendrá sin que antes seamos conmocionados por una gran rebelión (apostasía) que por el contexto todo hace pensar que será generalizada, pero también sistemática.

    Debemos anotar que la palabra “apostasía” refiere a un abandono de las convicciones religiosas. Además, esta palabra es la misma raíz para la palabra divorcio, entendiendo con ello que la apostasía alude a una separación definitiva de la fe.

    La otra acepción de la palabra apostasía es “rebelión”. Y es posible que, por el contexto del mensaje apostólico, la rebelión está implícita en este movimiento social apóstata, la cual sería una rebelión general y sistemática. Por general significa que será un síntoma de la humanidad completa. Y por sistemática entendemos que afectará piramidalmente desde organizaciones humanistas (la ONU, Unión Europea), los gobiernos, las empresas, las familias y las personas. Una revolución social que está cambiando nuestra vida en todos los ámbitos.

    Al leer atentos los pasajes en estudio, encontramos que esta gran apostasía es plataforma de entrada para el hombre de pecado e inicuo. La frase griega para definir a este inicuo es “hombre sin ley”. Es más que un nombre, una forma de describir su misión y acción. Y debemos entender que su filosofía infernal será quebrantar y cambiar la ley de Dios (en el corazón, la sociedad y la ley moral natural). Ya vemos atisbos de esta cultura de impiedad.

    Por eso creo que esta apostasía que Pablo describe en términos escatológicos es una referencia más compleja que solo el hecho de abandonar la fe. Se refiere a un abandono de la idea de Dios. Pasaremos de una cultura cristianizada, religiosa, agnóstica y atea; a una cultura de “indiferencia”.

    Lo difícil para los creyentes genuinos, es la opresión intimidante de este periodo, ya sea que lo vivamos en sus albores, o de manera completa. Pero Pablo habiendo bebido esta copa de martirio, no se amilana, por el contrario, fortalece su fe y la nuestra.

    “Así que, hermanos, estad firmes y retened la doctrina que os hemos enseñado personalmente o por carta. Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, conforte vuestros corazones y os confirme en toda buena palabra y obra.” 2 TESALONICENSES 2:15-17 RV2020.

    Este es el llamado para nosotros hoy, perseverar. Porque ya estamos viviendo situaciones de impiedad o traición a la ley, y tenemos dos posibles efectos sobre nosotros; uno es que seamos contaminados con la podredumbre del corazón impío, o en su defecto, que seamos contristados por la opresión de tanta oscuridad moral. Pero ya empezamos a ver síntomas de maldad extrema y alejamiento de Dios de manera orquestada. Y cada vez más los creyentes vivimos el odio de esta generación perversa.

    Estimados lectores y lectoras, hemos de prepararnos mejor porque una cosa es que hagamos estudios bíblicos y teológicos, y otra diferente será cuando nos afecten estos acontecimientos de manera directa.

    Nota: falta analizar más sobre este tema en nuestra próxima cita. Textos por analizar abajo.

    “Y ahora vosotros sabéis qué es lo que lo detiene, para que solo se manifieste a su debido tiempo. Ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo falta que sea quitado de en medio el que ahora lo detiene. Y entonces se manifestará aquel malvado, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca y destruirá con el resplandor de su venida. La llegada de este malvado, que es obra de Satanás, irá acompañada de gran poder, señales y falsos milagros. Y se valdrá de toda clase de mentiras perversas para engañar a los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean en la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la iniquidad.” 2 TESALONICENSES 2:6-12 RV2020.