Quizás a muchos creyentes los confunde y condena. Precisamente, el problema de este error evangélico es cuando los creyentes se sienten excluidos de una cobertura humana y/o eclesiástica.
Entonces hagamos una distinción importante para adentrarnos un poco más en esta idea.
La Biblia enseña que es necesario para el pueblo de Dios una cobertura espiritual y sobrenatural. Lo fue para Adán y Eva en el huerto de Edén según lo relata Génesis capítulos uno y dos. Lo fue para Noé y su familia en el Arca en el día de la ira de Dios, lo fue para Abraham y su estirpe; así como para el pueblo de Israel escogido para su propósito. Lo ha sido para la Iglesia del Señor desde los inicios según las crónicas del libro de Los Hechos y a través de la historia la Iglesia permanece bajo la promesa de prevalecer en contra del mismo infierno. Leamos, por ejemplo:
“El que habita al abrigo del Altísimo. Morará bajo la sombra del Omnipotente.” Salmos 91:1 (RVR1960).
“Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; Como con un escudo lo rodearás de tu favor.” Salmos 5:12 (RVR1960).
“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Mateo 16:18.
A esta acción divina, podemos llamarla protección o cobertura espiritual y sobrenatural. Que también la vivieron los primeros creyentes en Jerusalén, Judea, Samaria y los confines del imperio romano evangelizado para entonces, pero que también la Iglesia contemporánea ha dado fe de esa sobrenatural protección.
La Iglesia del primer siglo según Hechos, que había sido organizada bajo el liderazgo autorizado por el Espíritu Santo en pentecostés; daba una cobertura espiritual que seguía siendo sobrenatural por la obra del mismo Espíritu de Dios, nunca por el testimonio u obra de los apóstoles. Aquellos hombres en obediencia hacían la obra del ministerio de la Palabra, y Dios por su Espíritu extendía su mano de poder para hacer grandes obras sobrenaturales. Desde entonces, la Iglesia es un lugar donde todo creyente puede orar, oír y ver el actuar de Dios de manera colectiva o como asamblea.
“Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, 30 mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. 31 Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.” Hechos 4:29-31 (RVR1960).
Pero cuando los pastores y líderes de hoy nos hablan de una cobertura espiritual centrada en una institución, un ministerio o un hombre, no encontraremos ninguna base bíblica que lo sustente, pues los apóstoles que tenían autoridad del Señor para guiar a la grey nunca exigieron pertenencia o afiliación alguna, sino solamente predicaron que se convirtieran de sus obras muertas al Dios vivo.
En Corinto una ocasión que algunos creyentes quisieron tomar partido con Pablo o Apolos, el apóstol Pablo les exhortó fuertemente. Porque la autoridad de la deidad posa sobre el cuerpo que es la Iglesia, definida como el cuerpo de Cristo que son las almas que Él ha salvado para Dios por su sacrificio en la Cruz.
Desde esa perspectiva, ningún hombre puede arrogarse el poder para dar una cobertura espiritual, o maldecir tácita o literalmente a alguien, por no estar bajo su supuesta cobertura.
Una cuestión diferente es, si hablamos de membresías, lo cual es común y humano ver en las congregaciones. Es una manera de organizar a las personas bajo el liderazgo de un pastor o un concilio. Y donde es importante que quienes así se organicen sean fieles y colaboradores con su comunidad.
“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso”. Hebreos 13:17 (RVR1960).
Como vemos, el concepto es más administrativo, aunque no menos espiritual e importante, pero dista mucho de la llamada cobertura espiritual de hombres supuestamente superiores en santidad y poder espiritual, que exigen so pena de maldición, que usted pertenezca a ellos. Insinuando que de lo contrario les ha de ir mal en la vida. Eso es manipulación y es una falsedad.
No olvides que tu salvación viene de Cristo, y que tu gratitud, obediencia y servicio; son solo para Cristo en esa comunidad llamada Iglesia en la cual estás. Sé fiel mientras estés ahí, pero si por razones de fuerza mayor debes cambiar a otra Iglesia, no seas amedrentado con estas ideas humanas de que no te irá bien, o de que estás saliéndote de la cobertura espiritual del Señor. Pues Dios no se vale de hombres para cubrirte con sus «alas», sino de tu obediencia y fe (contexto del Salmo 91).

