• Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” Gálatas‬ ‭5:22-23‬ ‭RVR1960‬‬

    Pablo al escribir estos dos textos, describe una lista de virtudes que forman el fruto espiritual en el creyente.

    Estas virtudes se contrastan con «las obras de la carne.» Como es fácil observar, en la carne se habla de «obras» o sea, es en plural, y es algo que depende siempre de nosotros; hacer. Mientras que, cuando habla de lo espiritual, se refiere a: «el fruto» en singular, o la cosecha de, «El Espíritu Santo» en nosotros.

    Para entenderlo hemos aplicado la comparación de este fruto del Espíritu con una naranja. Es el mismo fruto, pero tiene varios gajos individualmente uno al lado de otro. Pero pensemos además, ¡que esa naranja tuviera gajos con sabores diferentes! Pues así podemos describir metafóricamente el fruto del Espíritu.

    Se puede decir, que es un fruto con una variedad de sabores en sí mismo o multi sabor. Cada uno de esos sabores puede ser degustado o percibido, por aquellos con quienes nosotros nos relacionamos. Ya que nos llegan a conocer y describir; precisamente por esas virtudes.

    Es importante entenderlo así, porque no es viable pensar que se puede tener una virtud de la lista y otras no. Cuando hemos aceptado a Cristo como Señor y Salvador; recibimos la promesa del Espíritu Santo, quien viene a llenarnos con esas virtudes que forman nuestro nuevo carácter en Cristo. Quizá hemos ido desarrollando más unas virtudes que otras, pero tenemos todas y cada una de ellas. Es por decirlo de alguna manera; un paquete.

    También, es necesario notar el hecho que, en la lista de virtudes, el primero es el amor. Esto es intencional, es el tema que Pablo viene tratando en el contexto anterior. A partir del amor, crecerán las otras virtudes que equipan el carácter del creyente para el servicio. Si retrocedemos un poco, en el versículo 13 de este capítulo; nos daremos cuenta que Pablo estaba exhortándoles «al servicio los unos a los otros, en amor.»

    Los ministerios, según la Biblia son dones para el servicio y la edificación de la iglesia. Pero el fruto del Espíritu es el resultado de caminar con Él. Además, es la evidencia de que fuimos y seguimos llenos del Espíritu Santo.

    Si seguimos la metáfora o la comparación, diremos que esa combinación de sabores, debe ser nuestra identidad en Cristo que nos capacita para servir, dejando esos sabores bien marcados en las personas.

    Pablo le viene explicando en el capítulo anterior a los Gálatas, que la ley de Moisés se les había dado para controlar las obras o pasiones de la carne, pero que estas virtudes del fruto del Espíritu, no necesitaban de ley alguna, pues no venían de la ley sino del Espíritu Santo de Dios. Eso es lo que significa la expresión: «contra tales cosas no hay ley»

    Necesitamos una relación constante con el Espíritu Santo de Dios, para ver crecer esas virtudes en nosotros.

    Dejo un glosario con las tres definiciones que creo, son palabras de la lista que individualmente tratamos menos. Estas definiciones, no son de diccionario; sino una comprensión de su arraigo en las palabras del idioma origen que es, el Griego antiguo.

    Benignidad: llegar a ser habitualmente agradables y buenos.

    Bondad: es generosidad de carácter.

    Templanza. Dominio propio: «dueño de sí mismo» y buen uso de la libertad. Tiene además la idea de continencia en los apetitos, y ser fuerte en una cosa.

    Oremos: «Padre nuestro a ti damos la gloria. Cristo Jesus a ti gloria y gratitud por enviarnos al Espíritu Santo. Espíritu Santo, ayúdame a crecer en cada virtud, y que podamos ser fortalecidos en aquellas en las que más débiles nos encontramos»

  • «Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.» Isaías 53:5 (RVR1960)

    Cristo es presentado como el cordero inmolado en Isaías 53. Esta sección de Isaías es literatura profética de esperanza para el remanente de Israel. Ellos retornaron de la cautividad, a la libertad. De Babilonia, ciudad del pecado; opresión y muerte, a Jerusalén, la ciudad de justicia de Dios.

    Cristo fue herido. Fue traspasado por los clavos, la lanza y el látigo desgarrador de la carne. Esa carne que nos abruma, que nos doblega al pecado; fue desgarrada en su carne vicaria. Todo fue por nuestras rebeliones, o sea, en un sentido, la rebelión es una flagrante traición, al mismo nivel que satanás; cuando se rebeló contra Dios. La gran diferencia, es que satanás y los ángeles que le siguieron; no fueron perdonados. Nosotros, los seres humanos tenemos la oportunidad por medio de la fe, de obtener salvación.

    Cristo fue molido. El término pecado está ligado bíblicamente; con torcer la ley de Dios, llamando a lo malo bueno, y a lo bueno malo. (https://www.biblegateway.com/passage/?search=Isa%C3%ADas+5%3A20&version=RVR1960;NTV)

    Cristo fue molido o quebrantado en su carne; como un efecto directo de la ira de Dios sobre la humanidad. Todos hemos torcido su ley y generado el caos moral en la tierra. Pecado es en esencia según la palabra hebrea «Avón», un estado de perversión moral.

    Desde el punto de vista de la psiquiatría, la perversión se definió años atrás, como una conducta que no coincidía con la norma del comportamiento social. El problema es que en las ciencias sociales; el concepto es laxo o relativo, eso ha permitido que esté en constante evolución acomodándose a las libres expresiones morales y sin límite del ser humano. Pero a la luz de la Palabra de Dios, sus leyes morales y de convivencia no cambian, y toda validación de actos que contradigan las leyes morales y espirituales de Dios; serán tomadas como perversión o pecado.

    Luego, el profeta dice: ¡Escuchen, la paz que ustedes tienen, cargó su castigo sobre el Mesías!

    Querido lector y lectora: Literalmente sobre la espalda destrozada de Cristo, se gestó nuestra paz. La paz que sobrepasa todo entendimiento o comprensión intelectual, el Shalom. En medio de las preocupaciones de la vida, para el creyente hay paz. El mundo puede estar haciéndose pedazos, pero si has encontrado a Cristo; tendrás inexplicable paz.

    Finalmente, por sus llagas, golpes, hinchazón – así se traduce de la palabra hebrea – Jesús, quedó desfigurado. Los latigazos, los puñetazos, las patadas y los escupitajos; en su camino agónico al Gólgota, estaban destinados para cada uno de nosotros, porque los merecíamos. Pero esas llagas sangrantes, hematomas dolorosos y escupitajos humillantes; fueron nuestra sanidad. Cada uno de nosotros éramos una llaga y una humillación. En Cristo eso cambió.

    Aunque este texto se usa para orar por sanidad, no es el más alusivo; hay otros más específicos para ello. Esta sanidad que habla Isaías del siervo sufriente; denota y connota salvación, o sea, es la sanidad del alma enferma por el pecado. De hecho el término hebreo es: «rafá» que significa: «arreglar algo».

    En algunos textos del Antiguo Testamento, rafá se traduce como sanar, pero en Isaías 53:5 su traducción es: Restaurar, arreglar, sanear o curar. Su llaga, curó la mía; trayéndome restauración.

    En una ocasión, en la que Jesús sanó a un paralítico; los líderes del templo le reclamaron por qué él perdonaba los pecados… si solo Dios podía hacerlo. Su respuesta fue: «qué es más fácil decir, ¿tus pecados te son perdonados, o levántate toma tu lecho y anda»? (https://www.biblegateway.com/passage/?search=marcos+2%3A9&version=RVR1960;NTV)

    Jesús vincula de manera inseparable la sanidad del cuerpo con la sanidad del alma. Eso no significa que todos los salvos, cuyas almas están curadas del pecado; no se enferman físicamente. Lo que Jesús quiso dejar claro, fue que de nada valía estar sanos por fuera y enfermos por dentro: «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.» (https://www.biblegateway.com/passage/?search=mateo+9%3A12&version=RVR1960;NTV)

    Es por esto, que «rafá» es una palabra que señala de manera primordial la sanidad del alma, sobre todo en este capítulo donde se trata el tema del pecado como la enfermedad del alma y, la medicina enviada por Dios que es Cristo.

    ¿Sabe usted cuál ha sido la respuesta que todos en algún momento hemos dado al Señor misericordioso?

    «Fue despreciado y rechazado:
        hombre de dolores, conocedor del dolor más profundo.
    Nosotros le dimos la espalda y desviamos la mirada;
        fue despreciado, y no nos importó
    .» Isaías 53:3

    Piensa seriamente en esto y ya no le des la espalda. Cristo ya pagó el alto precio de tu pecado. Ven a él reconociendo que tu alma esta enferma a causa del pecado de rebelión y perversión, y recibirás de Cristo el perdón y la sanidad (que es la salvación eterna) de tu alma.

  • «También llevaban a dos criminales, para crucificarlos junto con Jesús. Cuando llegaron al sitio llamado La Calavera, crucificaron a Jesús y a los dos criminales, uno a su derecha y otro a su izquierda.” Lucas‬ ‭23:32-33‬ ‭DHH94I‬‬

    Nota: La versión que uso en este artículo es la Dios Habla Hoy, y hace uso de la palabra «criminal» para aquellos dos hombres. Mientras tanto en otras versiones se usa «malhechores.» No es una diferencia relevante, ya que en el antiguo imperio romano; el robo era considerado un crimen de pena capital, porque atentaba contra la paz social. Aunque Lucas no especifica el delito, Mateo y Marcos escriben que aquellos hombres eran ladrones. 

    La crucifixión de Jesús de Nazareth es un hecho histórico, que ni los más escépticos han contradicho. Para el cristianismo, más allá de historia; se desgrana una verdad fundamental en el plan salvador de Dios. Pablo dijo en alguna ocasión que si Cristo no hubiera resucitado de los muertos, vana sería nuestra fe. Esa es la importancia del evento dramático ocurrido en el Gólgota o monte de la calavera: “Cristo ha resucitado”

    De esta historia, pensemos cómo nos podemos identificar nosotros con aquellos dos criminales. De ellos no tenemos sus nombres, mucho mejor, porque así podemos poner nuestro propio nombre. Ellos nos representan en nuestros delitos y pecados; pero también nos representan en cuanto a la maravillosa oportunidad clamar a Jesús y ser perdonados para vida eterna.

    La escena del calvario es un cuadro digno del mejor pintor; para poner en nuestras mentes una evidente y escalofriante verdad:

    “hay quienes a tiempo, claman a Dios por misericordia para sus vidas. Pero otros, cegados por la incredulidad; sólo atinan a escarnecer la bondad de Dios; perdiéndose eternamente en sus actos hostiles contra Dios”

    Uno moría a su izquierda, el otro moría a su derecha. Ambos estaban sufriendo el castigo merecido a sus fechorías. Ambos tuvieron la misma oportunidad de reconocer su culpabilidad y pedir al mismo Dios hecho carne que moría con ellos; pero también por ellos.

    Hay evidencia en el relato de Lucas, de que aquellos criminales; habían oído hablar de Jesús y el por qué estaba con ellos en el Gólgota. Ellos tenían la información suficiente para creer y ser salvos.

    Tampoco hoy necesitamos más revelación; que la que está en la Biblia, para poder creer en Dios y clamar a Jesús por salvación.

    1. Hay quienes deciden no creer en nada y escarnecer el evangelio (burlarse del evangelio)

    “Uno de los criminales que estaban colgados, lo insultaba: —¡Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y sálvanos también a nosotros!” Lucas‬ ‭23:39‬ ‭DHH94I‬‬

    Este malhechor, se burla de Jesús en el mismo acto de amor. La incredulidad del ser humano le hace burlarse y blasfemar a Dios.

    2. Hay quienes reconocen a Jesús

    “Pero el otro reprendió a su compañero, diciéndole: —¿No tienes temor de Dios, tú que estás bajo el mismo castigo?” Lucas‬ ‭23:40‬ ‭DHH94I‬‬

    El otro ladrón, por el contrario reprocha a su cómplice tal actitud, y reconoce en sus palabra la deidad de Cristo. Aquello fue un acto de fe salvadora.

    3. Cuando alguien reconoce a Cristo para salvación; reconoce también su culpabilidad y justo castigo.

    “Nosotros estamos sufriendo con toda razón, porque estamos pagando el justo castigo de lo que hemos hecho; pero este hombre no hizo nada malo.” Lucas‬ ‭23:41‬ ‭DHH94I‬‬

    Aquel malhechor comprende que su muerte era justo castigo. Pero también, rápidamente reconoció que el siguiente juicio al que iría, solo podía librarlo a través de la muerte vicaria de Cristo en esa cruz.

    El castigo eterno también es Justo para aquel malhechor; para mí, y para ti. Pero Cristo pagó ese precio de nuestra eternidad.

    4. Cuando alguien reconoce a Jesús, y reconoce su pecado; puede pedir perdón para vida eterna.

    “Luego añadió: —Jesús, acuérdate de mí cuando comiences a reinar.” Lucas‬ ‭23:42‬ ‭DHH94I‬‬

    Conclusión:

    Que dramática y esperanzadora historia que se suscitó allá en el Gólgota, hace ya más de dos mil años. Cristo es nuestra esperanza. Para Dios, la magnitud de nuestro pecado no es obstáculo para la grandeza de su sacrificio. Y así de grande y esperanzadora fue su respuesta:

    “Jesús le contestó: —Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.” Lucas‬ ‭23:43‬ ‭DHH94I‬‬

    ¡Que maravillosa promesa! ¿Quieres obtener esta promesa?

    Como aquel malhechor, necesitas reconocer en Cristo al único y verdadero Dios. Luego reconocer tu culpabilidad de pecados, y pedir perdón por ellos. La Biblia te asegura, que la respuesta que recibirás será de gran gozo; porque te asegura la eternidad a su lado.

  • En el cristianismo, todo fluye a partir de una relación con Cristo. Sin esa relación, nada de lo que hagamos es espiritual y éticamente válido. Le invito a escudriñar conmigo, a la luz de la Biblia; este aspecto.

    La religión pura y sin mancha delante de Dios el Padre es esta: ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y no mancharse con la maldad del mundo.” Santiago‬ ‭1:27‬ ‭DHH94I‬‬‬‬‬‬

    ¿Tiene usted una religión?

    Creo entender cuando alguien responde que no tiene una religión, sino una relación. Por un lado, son personas genuinas que quieren hacer trascender su vivencia de fe; y diferenciar esa vivencia; de lo estático de la fe, a saber; todo aquello que es ceremonial y litúrgico. Por otro lado, hay algunas personas que lo repiten como estribillo, porque al final de cuentas solo atinan a cumplir con lo estático de la fe o lo que llamamos popularmente religión.

    Sin embargo, ambos conceptos; religión y relación deben ir de la mano cuando se trata de seguir a Cristo. Veamos la definición del concepto “religión”; según la RAE:

    “Las religiones son doctrinas constituidas por un conjunto de principios, creencias y prácticas sobre cuestiones de tipo existencial, moral y espiritual”

    Diccionario RAE

    Precisamente Santiago, no se queda solamente con el concepto espiritual; también señala ese concepto moral de la fe. Eso que le da características de religión a nuestras prácticas de fe.

    Él, puede hablarnos de este tema; porque fue un devoto religioso del judaísmo; que participaba de la sinagoga y las fiestas religiosas judías junto con su familia.

    Santiago no creyó al principio, que Jesús era el mesías. Por eso, luego de la resurrección; Cristo se le aparece de manera especial a él. Y después de aquel encuentro su fe es fortalecida.

    Luego, por las mismas presiones socio religiosas de la época; deja el judaísmo proselitista que se volvió enemigo del cristianismo, y se vuelve un apóstol comprometido con la causa de Cristo.

    Hasta aquí, vale la pena hacer un alto y preguntarnos; ¿tengo una religión comprometida con la causa de Cristo?

    La causa de Cristo debe ser la causa del Cristianismo. Y esa causa está plasmada en toda la Biblia. Juan 3:16 nos deja el concepto más contundente de la causa:

    “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”

    Jesús nos enseña que nadie puede ir al Padre si no es por medio de Él, y ese es el fundamento de la fe y por lo tanto debe ser la base, de todo cuanto creemos y hacemos dentro de la religión cristiana. Nuestro señor y salvador Jesucristo; nos enseña entonces, que “venir al Padre” es el primer paso para una relación.

    Luego, desde la óptica de un devoto y radical judío como Santiago, la religión empieza a tener tintes de acciones concretas. Tales acciones religiosas no pueden ser puras ni limpias, si no tenemos una relación (con el Dios trino) Es aquí donde religión y relación se dan la mano. Y Santiago lo explica así:

    1. La religión pura y sin mancha es, ayudar a los huérfanos y a las viudas: Obras de proyección social de la iglesia.

    2. La religión pura y sin mancha es, no mancharse con la maldad del mundo: La Piedad, que nos lleva a la santidad y consagración al seguir Cristo y servir al Padre.

    Vale la pena hacer otro alto y preguntarnos: ¿Tengo una religión que me enseña y demanda una relación con Dios?

    Vemos dos dimensiones del compromiso cristiano en esta relación con Dios:

    A. Obras de proyección social (buenas obras):

    La primera dimensión a la que somos exhortados es a las obras. Santiago es el apóstol que más tinta dedica al tema de las obras. Él estaba convencido que “la fe sin obras es muerta” (Stg. 2:14)

    Esta es la parte de nuestra fe cristiana, que nos compromete con los otros, y nos proyecta hacia el prójimo. Es la parte que le da ese tinte de religión (Prácticas de fe y conducta)

    No hay ninguna contradicción con la teología Paulina de la salvación por la sola fe. La fe está claramente vinculada a la obediencia a Dios. Algunas veces las personas profesan fe, pero viven la vida como quieren; sin importar lo que Dios ha dejado claramente escrito para sus vidas de fe. Esa clase de personas, solo tienen una fe “intelectual”, y este es el argumento de esta pequeña epístola de Santiago.

    Pablo nos recuerda: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Efesios‬ ‭2:10‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Esta frase que Pablo usa: “creados en Cristo Jesús para buenas obras” no se refiere a la creación en el Edén, según Génesis. Esta creación en Cristo, es lo que Jesús le explicaba a Nicodemo; respecto a que era necesario: “nacer de nuevo”; para ser parte del reino de los cielos. Es lo que los cristianos llamamos el “nuevo nacimiento”, el “nacimiento del agua y del espíritu” o “la conversión a Cristo.”

    Pero, ¿quién fue Nicodemo? Un maestro de la ley judía, o sea; un fariseo muy noble, no era mal intencionado como otros de los fariseos. Pero era un religioso. Este relato de Nicodemo, me permite reforzar el concepto, de que aún los religiosos; necesitamos nacer de nuevo en Cristo, para venir al Padre y, ser parte del reino de los cielos.

    Pablo entonces nos dice que, en Cristo fuimos hechos nueva criatura para hacer buenas obras. Pero esas obras, Dios mismo ya las había preparado de antemano para que “anduviéramos en ellas”.

    O sea, hacer la voluntad de Dios; es vivir según las obras que Dios quiere que vivamos y hagamos.

    Esas obras de bien, son también obras de fe y marcan nuestro caminar cristiano y definen nuestra religión. Pero solo es posible mediante una relación con Dios, que empezó para muchos o empezará para otros, cuando reconocemos a Jesús como el único salvador, señor que gobierna nuestro carácter y rey que volverá otra vez.

    Santiago le pone nombre a las obras, él habla de ayudar a los huérfanos y a las viudas; en sus aflicciones. Lo hace porque son las personas más vulnerables en cualquier sistema social. Pero nosotros debemos ampliar el concepto de vulnerabilidad en nuestros tiempos; porque las comunidades vulnerables se han diversificado. Y a todas ellas hay que servir.

    B. La piedad (santidad y consagración)

    La segunda dimensión a la que Santiago nos exhorta considerar, es la vida consagrada en santidad.

    Este componente tiene que ver con mi vida y mi compromiso con Dios. Es la parte que le da ese tinte de relación a mi fe.

    Santiago conecta este aspecto con el capítulo 4 de su epístola. Hablando de nuestro testimonio y comportamiento en relación con el mundo.

    Esta relación de consagración y santidad, es la que nos prepara para hacer las obras que Dios ha preparado para que hagamos.

    Concluyendo, déjeme decirle; si usted solo se enfoca en las “obras” y no tiene una relación de fidelidad y obediencia para con Dios; está en serio peligro de perder la vida eterna; ya que la Salvacion no se puede alcanzar por hacer el bien. Su condición sería verdaderamente religiosa y sin vida.

    Por el contrario, si usted solo enfoca en la fe, la oración y la liturgia; y descuida las buenas obras, peligra perder la vida eterna, porque “la fe sin obras es muerta,” o sea; no vale para salvación, porque termina siendo una fe del intelecto.

    La fórmula bíblica que aquí tratamos de dejar bien clara, es:

    “Nacer de nuevo en Cristo, para ir al Padre; o sea, pertenecer al reino de los cielos, y así caminar en las buenas obras; las cuales Dios ya había preparado de antemano en la eternidad, para que usted y yo anduviéramos en ellas”

    Te invito a revisar tu vida. Religión no es el problema. El problema es, una religión de obras muertas; carente de obediencia y fe en Dios.

    Recibe a Cristo; que es el único camino al Padre. Estoy seguro que él te recibirá y perdonará para salvación.