En el cristianismo, todo fluye a partir de una relación con Cristo. Sin esa relación, nada de lo que hagamos es espiritual y éticamente válido. Le invito a escudriñar conmigo, a la luz de la Biblia; este aspecto.
“La religión pura y sin mancha delante de Dios el Padre es esta: ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y no mancharse con la maldad del mundo.” Santiago 1:27 DHH94I
¿Tiene usted una religión?
Creo entender cuando alguien responde que no tiene una religión, sino una relación. Por un lado, son personas genuinas que quieren hacer trascender su vivencia de fe; y diferenciar esa vivencia; de lo estático de la fe, a saber; todo aquello que es ceremonial y litúrgico. Por otro lado, hay algunas personas que lo repiten como estribillo, porque al final de cuentas solo atinan a cumplir con lo estático de la fe o lo que llamamos popularmente religión.
Sin embargo, ambos conceptos; religión y relación deben ir de la mano cuando se trata de seguir a Cristo. Veamos la definición del concepto “religión”; según la RAE:
“Las religiones son doctrinas constituidas por un conjunto de principios, creencias y prácticas sobre cuestiones de tipo existencial, moral y espiritual”
Diccionario RAE
Precisamente Santiago, no se queda solamente con el concepto espiritual; también señala ese concepto moral de la fe. Eso que le da características de religión a nuestras prácticas de fe.
Él, puede hablarnos de este tema; porque fue un devoto religioso del judaísmo; que participaba de la sinagoga y las fiestas religiosas judías junto con su familia.
Santiago no creyó al principio, que Jesús era el mesías. Por eso, luego de la resurrección; Cristo se le aparece de manera especial a él. Y después de aquel encuentro su fe es fortalecida.
Luego, por las mismas presiones socio religiosas de la época; deja el judaísmo proselitista que se volvió enemigo del cristianismo, y se vuelve un apóstol comprometido con la causa de Cristo.
Hasta aquí, vale la pena hacer un alto y preguntarnos; ¿tengo una religión comprometida con la causa de Cristo?
La causa de Cristo debe ser la causa del Cristianismo. Y esa causa está plasmada en toda la Biblia. Juan 3:16 nos deja el concepto más contundente de la causa:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”
Jesús nos enseña que nadie puede ir al Padre si no es por medio de Él, y ese es el fundamento de la fe y por lo tanto debe ser la base, de todo cuanto creemos y hacemos dentro de la religión cristiana. Nuestro señor y salvador Jesucristo; nos enseña entonces, que “venir al Padre” es el primer paso para una relación.
Luego, desde la óptica de un devoto y radical judío como Santiago, la religión empieza a tener tintes de acciones concretas. Tales acciones religiosas no pueden ser puras ni limpias, si no tenemos una relación (con el Dios trino) Es aquí donde religión y relación se dan la mano. Y Santiago lo explica así:
1. La religión pura y sin mancha es, ayudar a los huérfanos y a las viudas: Obras de proyección social de la iglesia.
2. La religión pura y sin mancha es, no mancharse con la maldad del mundo: La Piedad, que nos lleva a la santidad y consagración al seguir Cristo y servir al Padre.
Vale la pena hacer otro alto y preguntarnos: ¿Tengo una religión que me enseña y demanda una relación con Dios?
Vemos dos dimensiones del compromiso cristiano en esta relación con Dios:
A. Obras de proyección social (buenas obras):
La primera dimensión a la que somos exhortados es a las obras. Santiago es el apóstol que más tinta dedica al tema de las obras. Él estaba convencido que “la fe sin obras es muerta” (Stg. 2:14)
Esta es la parte de nuestra fe cristiana, que nos compromete con los otros, y nos proyecta hacia el prójimo. Es la parte que le da ese tinte de religión (Prácticas de fe y conducta)
No hay ninguna contradicción con la teología Paulina de la salvación por la sola fe. La fe está claramente vinculada a la obediencia a Dios. Algunas veces las personas profesan fe, pero viven la vida como quieren; sin importar lo que Dios ha dejado claramente escrito para sus vidas de fe. Esa clase de personas, solo tienen una fe “intelectual”, y este es el argumento de esta pequeña epístola de Santiago.
Pablo nos recuerda: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Efesios 2:10 RVR1960
Esta frase que Pablo usa: “creados en Cristo Jesús para buenas obras” no se refiere a la creación en el Edén, según Génesis. Esta creación en Cristo, es lo que Jesús le explicaba a Nicodemo; respecto a que era necesario: “nacer de nuevo”; para ser parte del reino de los cielos. Es lo que los cristianos llamamos el “nuevo nacimiento”, el “nacimiento del agua y del espíritu” o “la conversión a Cristo.”
Pero, ¿quién fue Nicodemo? Un maestro de la ley judía, o sea; un fariseo muy noble, no era mal intencionado como otros de los fariseos. Pero era un religioso. Este relato de Nicodemo, me permite reforzar el concepto, de que aún los religiosos; necesitamos nacer de nuevo en Cristo, para venir al Padre y, ser parte del reino de los cielos.
Pablo entonces nos dice que, en Cristo fuimos hechos nueva criatura para hacer buenas obras. Pero esas obras, Dios mismo ya las había preparado de antemano para que “anduviéramos en ellas”.
O sea, hacer la voluntad de Dios; es vivir según las obras que Dios quiere que vivamos y hagamos.
Esas obras de bien, son también obras de fe y marcan nuestro caminar cristiano y definen nuestra religión. Pero solo es posible mediante una relación con Dios, que empezó para muchos o empezará para otros, cuando reconocemos a Jesús como el único salvador, señor que gobierna nuestro carácter y rey que volverá otra vez.
Santiago le pone nombre a las obras, él habla de ayudar a los huérfanos y a las viudas; en sus aflicciones. Lo hace porque son las personas más vulnerables en cualquier sistema social. Pero nosotros debemos ampliar el concepto de vulnerabilidad en nuestros tiempos; porque las comunidades vulnerables se han diversificado. Y a todas ellas hay que servir.
B. La piedad (santidad y consagración)
La segunda dimensión a la que Santiago nos exhorta considerar, es la vida consagrada en santidad.
Este componente tiene que ver con mi vida y mi compromiso con Dios. Es la parte que le da ese tinte de relación a mi fe.
Santiago conecta este aspecto con el capítulo 4 de su epístola. Hablando de nuestro testimonio y comportamiento en relación con el mundo.
Esta relación de consagración y santidad, es la que nos prepara para hacer las obras que Dios ha preparado para que hagamos.
Concluyendo, déjeme decirle; si usted solo se enfoca en las “obras” y no tiene una relación de fidelidad y obediencia para con Dios; está en serio peligro de perder la vida eterna; ya que la Salvacion no se puede alcanzar por hacer el bien. Su condición sería verdaderamente religiosa y sin vida.
Por el contrario, si usted solo enfoca en la fe, la oración y la liturgia; y descuida las buenas obras, peligra perder la vida eterna, porque “la fe sin obras es muerta,” o sea; no vale para salvación, porque termina siendo una fe del intelecto.
La fórmula bíblica que aquí tratamos de dejar bien clara, es:
“Nacer de nuevo en Cristo, para ir al Padre; o sea, pertenecer al reino de los cielos, y así caminar en las buenas obras; las cuales Dios ya había preparado de antemano en la eternidad, para que usted y yo anduviéramos en ellas”
Te invito a revisar tu vida. Religión no es el problema. El problema es, una religión de obras muertas; carente de obediencia y fe en Dios.
Recibe a Cristo; que es el único camino al Padre. Estoy seguro que él te recibirá y perdonará para salvación.