En mi opinión, Juan registra en el capítulo diecisiete de su evangelio, la segunda oración más importante de Jesús en términos didácticos, y en enfoque doctrinal. Jesús fue un hombre de oración; pues así lo demuestran los evangelios. Pero hay oraciones que marcan verdades profundas para el beneficio de sus seguidores. La oración del Getsemaní antes de ser entregado a muerte, y la oración que ha sido llamada, «oración sacerdotal» registrada en este capítulo.
En la oración del huerto, Jesús nos muestra con dramatismo, su humana debilidad ante la angustia del dolor de la muerte, ante la acción injusta de los poderes de la oscuridad y ante la poderosa y firme justicia de Dios. Pero a la vez, nos muestra su firme convicción de «Hijo de Dios» al desear ante todo, hacer la voluntad del Padre, por doloroso que fuere.
En la oración sacerdotal, u oración de la glorificación; Jesús ora de manera si se quiere estructurada, ayudándonos a orar con propósito, siendo este otro modelo, aparte del ya conocido «padre nuestro».
De tal manera que, podemos dividir su oración en tres bloques:
- En Juan 17:1-5 Jesús ora por sí mismo y su relación con el Padre.
- Luego en Juan 17: 6-19 Jesús ora por sus discípulos inmediatos y la relación de éstos con Dios el Padre, con él como su maestro, y; finalmente la relación de ellos con el mundo.
- Después en Juan 17.20-25, Jesús ora por todos los que creerán en su mensaje por medio de la predicación de sus discípulos. La oración siempre va dirigida en cuanto a, las relaciones de los creyentes con Dios el Padre, con Cristo el hijo, con los otros hermanos y con respecto al mundo.
El texto que quiero destacar de esta oración es juan 17:17 «17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad» (RVR60)
La biblia dice que el mundo está bajo el maligno: «Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno» 1 Juan 5:19.
A la vez, también la Biblia dice que satanás es padre de mentiras: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira» Juan 8:44
Visto este panorama, vemos que en su oración, Jesús ora para que nosotros sus hijos seamos constantemente santificados en la verdad, porque la mentira sistemática de este mundo nos contamina. Por eso, Jesús expresa: » Santifícalos en tu verdad«- «tu palabra es verdad». La Palabra de Dios es purificadora; como verdad única y absoluta.
En el griego, la palabra «logos» (palabra) está acompañada de un artículo definido (la). De tal manera que, «La Palabra»; es personificada en Cristo. En primera instancia, toda persona que por la fe es alcanzada por Cristo; es «santificada» una sola vez y para siempre en la sangre poderosa de su sacrificio. Sin embargo, la santidad es una constante en la vida de cada creyente santificado. Y es a través de la Palabra de Dios (la Escritura inspirada por Dios) que somos lavados, o limpiados, o santificados, o consagrados constantemente. Este es el sentido, de esta frase inserta en la oración de Jesús.
Primeramente Cristo nos lleva a un estado de santidad, por medio de su sacrificio. Nadie puede ser santo sin la mediación de Cristo. Pero luego, vivir en ese estado de pureza o santidad, es una tarea constante a través de nuestra búsqueda de la verdad divina en su Palabra.
Cuando los creyentes salvos, dejan de leer la Biblia, también son desanimados a la oración y sus vidas se contaminan con la mentira del mundo (sistema humanista sin Dios) Es lo que Pablo llama cristianos carnales:
1De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo.2 Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía,3 porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?4 Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? (1 Corintios 3:1-4 RVR60)
Un cristiano carnal, terminará en la vanidad de la mente nuevamente: «17 Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente,18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;19 los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.20 Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo…»
Que importante la oración de Jesús, el gran sumo sacerdote del nuevo pacto. Él puede orar así como único mediador por nosotros ante el Padre. Pero para nosotros es una preciada lección de vida cristiana, de cómo deberíamos orar por nosotros mismos y por nuestros hermanos. También, orar en una relación de dependencia de Dios; y orar con respecto al mundo, el ser guardados. Todo en el nombre de Jesús.
Señor, oro por mi propia vida, por la vida de santidad a la que he sido llamado, por la vida de mi familia para que sea guardada en santidad, por la vida de mis hermanos y hermanas que luchan por sus propias vidas; y por la vida de todos aquellos que cumplen el ministerio de la Palabra en diferentes partes del mundo. Oro para que nos permitas una relación cercana con el Padre, por medio de tu Espíritu, y para que nos guardes del mundo y su sistema seductor. Todo en nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien es la palabra verdadera encarnada que santifica.