La voz que busca y salva
Meditando en el oscuro día en aquel huerto, ubicado en Edén. Ahí donde Adán y su idónea Eva, fracasaron en su pretendida libertad.
Es ironía pura, saber que Edén significa “gozo”, y connota también lugar placentero, pero Adán y Eva no parecen estar muy gozosos; y cambiaron aquel estado placentero, por los placeres temporales.
El hecho de haber sido botados del paraíso asentado en Edén, significó para ellos la vida; porque seguir morando en un lugar santo e inocuo moralmente, como aquel huerto; estando ellos impregnados de la mancha del pecado ignominioso (vergonzoso), era simplemente incompatible con la vida.
Del Edén, tierra de gozo placentero, fueron sacados para vivir en una tierra hostil que les daría espinos y cardos.
Pero aquella voz desilusionada se escuchó en el jardín de Edén: ¿Adán dónde estás tú? Fue la voz del amor, de la justicia y del preconocimiento divino. Dios ya sabía lo que debía de hacer aquel día; justamente vestir su desnudez llena de vergüenza. Acto pletórico de simbología salvífica.
¡Bendita voz! Esa que advierte, esa que instruye, esa que busca. Necesitamos escuchar más su voz, aunque desilusionada pero robusta de perdón, de oportunidad y de sanidad. El silencio de Dios en Edén hubiera sido la muerte.
Los creyentes nunca debemos olvidar que al estar angustiados hasta la muerte, solo su voz de abundante gracia y misericordia, nos dará la vida. Escondernos en el día oscuro de la angustia, pretendiendo no ver ni escuchar a Dios, es una derrota estrepitosa y muerte anunciada.
El Salmista dibuja esta escena con pluma y tinta poética, al contrastar la ayuda o auxilio divino, con el silencio que ensordece la razón, y nos pretende robar la vida.
«Hay silencios que matan, debemos aprender a escuchar»
“Si no me ayudara Jehová, Pronto moraría mi alma en el silencio.” Salmos 94:17 RVR1960
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