«acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo».

1 Tesalonicenses 1:3

Pablo a la Iglesia en Corinto, en su primera epístola capítulo 13, vuelve a hablar de esas tres características invariables del creyente: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” 1 Corintios 13:13.

El amor subordina todas las cosas, es decir; bajo el amor se ordenan todas las cosas. Porque es al final, el motor que hace que “hagamos” la tarea, es el amor. Es el amor que nos empuja a usar las manos para hacer, para dar, para impulsar. Mientras que la fe, es la que nos lleva a convicciones personales, y a tener una esperanza que va más allá de una idea vaga.

El apóstol le designa al amor no solo cualidad, sino que cantidad (cualifica y cuantifica). Recordemos que en cuanto a la fe, Pablo habla de cualidades y no de cantidades. Pero respecto al amor, se cualifica y cuantifica a la vez. Se dice que es mayor qué…algo más, ejemplo: «…pero el mayor de ellos es el amor»

Me adelantaré a la idea que algunos puedan estar maquinando respecto a la fe. Muchos creen que la fe es una medida de cantidad. Hay dos textos que traeré a mención, se usan para demostrar que hay medida, y yo los usaré para aclarar que no es una medida, la fe es un don de Dios necesario para salvación. Veamos:

CASO #1 “Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro (árbol): Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.” Lucas‬ ‭17:5-6‬ ‭RVR1960‬‬

En este texto los discípulos y Jesús están en una de sus habituales clases, ellos escuchan acerca del servicio entre ellos, y no ser tropiezo para nadie, cuidándose también de no caer en los tropiezos de otros. Y entonces, al comprender la fragilidad del humano para cumplir aquellas demandas, piden: “auméntanos la fe”. ¿Para qué? Para poder ser los siervos que Jesús está buscando entre ellos. El contexto de esta ocasión es la vida cristiana y el servicio, no los milagros. La respuesta es: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza”. Una expresión que puede significar varias cosas, 1. No necesitan más fe, solo necesitan fe. 2. Ustedes no tienen fe, entonces no pidan más, de algo que no tienen. 3. La fe no viene por cantidad y caducidad, es una cualidad propia del creyente, necesaria para hacer lo imposible (la metáfora que usa es mover un árbol de un lugar a otro con solo dar la orden, algo que se vuelve figurado, para representar las cosas imposibles de la fe)

En conclusión, los creyentes necesitamos fe no en cantidad, sino en calidad; como hijos de Dios.

CASO #2. “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe…” Romanos 12:6

Solo usaré el texto como una referencia, no voy a referirme a los dones, sino a una palabra que está en este texto y que muchas personas usan como cantidad, pero en realidad tiene otra connotación (relación de significado). La palabra medida en este texto nos llega del griego: “ἀναλογία = analogía”. Es una palabra compuesta por: Aná = preposición que significa en, entre, a través de. + Logos = algo dicho (implica el mensaje y el sujeto), palabra o verbo, la noticia (se refiere al evangelio) y hay una implicación directa en la Biblia, a Jesús.

La definición entonces puede ser: La medida de fe, es hacer o decir algo en concordancia o a través de lo que dice el Evangelio y el sujeto del Evangelio, que es Cristo. O sea, es pensar, actuar y hacer conforme al Evangelio.

Desde esa óptica, todos los creyentes debemos tener fe, para pensar, actuar y hacer conforme al Evangelio que nos ha sido entregado. Por lo tanto no está hablando de cantidad, sino de cualidad.

Según hebreos 11:1 define la fe como: “Certeza o certidumbre de algo que se nos ha prometido, la convicción de eso que esperamos aunque no lo vemos todavía”. Lo que debemos notar, es que no son obras meramente hechas por las manos humanas, es una actitud.

El amor, sí que son obras hechas con nuestras manos, como resultado de la fe. El texto que estamos leyendo en 1 Tesalonicenses extrae esta frase: “…del trabajo de vuestro amor”. Trabajo aquí no es lo mismo que obras de fe. Es laboriosidad o acciones concretas que estamos llamados a hacer. Por eso la Biblia a través de Pablo nos insta al amor, o sea, a la acción. Pero con fe y esperanza. 1 Corintios 13:13.

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