«Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios;
Salmos 143:10
Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud«
Este salmo me ha permitido reflexionar con intención, acerca de la plegaria del salmista; quién desde una posición «penitente» o de alguien que implora por incapacidad propia, pide a Dios que le enseñe a hacer su voluntad (la de Dios)
Este verbo hebreo tiene como sinónimos: acostumbrar, adiestrar, aprender, domar, instruir y hacer hábil. Pero también, el verbo tiene la implicación que, para lograr que los hijos de Dios adquieran tales capacidades; se debe hacer a fuerza de «aguijonear con vara» (Estimular a fuerza de picar con vara)
En oriente, la vara que servía particularmente para guiar a una yunta de bueyes, o guiar ovejas; se ha convertido en una metáfora latente en la Biblia; que nos ayuda a comprender la necesidad que tenemos los creyentes, de ser instruidos con la disciplina de Dios; comparada con el constante aguijoneo (punzadas con algo puntiagudo, picar, estimular)
Los seres humanos solo podemos aprender a hacer lo bueno, o el bien de Dios (voluntad divina) a fuerza de la constante estimulación de Dios; de ser necesario por su punzante disciplina.
La segunda estrofa es una repetición o paralelismo; que nos enseña que «la voluntad de Dios» es esa tierra de rectitud. O como la traducen otras versiones: Tierra llana, terreno firme, camino recto, pasos firmes, terreno sin obstáculos, etc.
El salmo es considerado junto a otros seis, como salmos penitenciales, por la entonación de su clamor. Es un poema lírico (poema musical que se hacía acompañar por la lira) Una vez más, nos debe recordar con cuanta vehemencia y sentido de impotencia debemos pedir a Dios que nos instruya; de ser necesario a través de la vara de la corrección, para que terminemos haciendo lo recto ante sus ojos.
El único terreno firme para nosotros, es hacer lo que Dios quiere que hagamos (La voluntad de Dios) Todo lo demás, será arena movediza, que tarde o temprano nos tragará.
Deja un comentario